Psicología OnlineESMUbedaArtículosRET y desordenes emocionales en las mujeres
Las mujeres tienen dos veces más desórdenes depresivos que los hombres (Weissman y Klerman, 1977), Seligman (!979) señala que la proporción entre depresión masculina y femenina puede ser tan alta como de 1 a 10. Se incrementan los números de investigadores que han encontrado que la depresión está asociada con el estrés que las mujeres experimentan de bajo estatus social, discriminación legal y económica, e indefensión aprendida (Guttentag y Salasin, 1976; Hare-Mustin, 1983).
Las estadísticas NIMH (Organización Nacional de Salud Mental) (Radloff, 1975) indican que la depresión es más alta entre las mujeres casadas (Franks, 1982). En un intento para evaluar las altas tasas de depresión, los investigadores se han centrado en el rol de las mujeres casadas. Las amas de casa hacen un trabajo considerablemente duro pero raramente se les reconoce o recompensa por su trabajo. Cuando las amas de casa también trabajan fuera de ella, todavía obtienen menos refuerzos en cada área.
Aunque el proceso cognitivo es el mismo tanto para las mujeres como para los hombres deprimidos, la sociedad tiende en especial a reforzar los mensajes negativos que las mujeres se dicen a sí mismos. Entender la ecología de la depresión en términos de roles sexuales es importante al tratar la depresión (Franks, 1982). Con su entrenamiento de ser sumisas, dependientes y pasivas, las mujeres pueden encontrar que tienen menos control sobre su ambiente, de tal modo que la percepción de la relación entre sus esfuerzos y cualquier resultado significativo en sus vidas podría desembocar en aprender sentimientos de indefensión (Seligman, 1975). Al creerse ellas mismas indefensas, fracasan en el intento de las cosas que podrían ayudarlas a lograr algún éxito y dominio sobre su ambiente. Entonces se mandan todavía más mensajes acerca de su indefensión e inutilidad, de este modo se perpetúa el círculo vicioso (Ellis, 1962, 1974). Estos temas tempranos de indefensión consiguen expresar más y más creencias de las clientes de que son estúpidas, inútiles, inadecuadas, e incompetentes, y en su habilidad limitada de centrarse en lo que pueden hacer debido a su sobrefocalización en lo que no pueden hacer.
La meta del terapeuta racional-emotivo es ayudar a una mujer a escoger las cogniciones de desesperanza/indefensión y la consecuencia de auto-condena para debatirlas vigorosamente, aunque en un mundo donde ella tiene de hecho un bajo estatus y donde las personas que logran más que ella refuerzan vigorosamente la .... de su indefensión .... . Es por lo tanto, especialmente .... que las raíces sociales de las prescripciones de los roles de las mujeres sean descubiertos y analizados. Al ayudar a una madre depresiva de familia monoparental a debatir sus ideas de que " soy una madre despreciable" y " soy una persona rechazada porque no tengo un marido" , el terapeuta le ayuda a desafiar no sólo su propia visión, sino la de la sociedad.
El entrenamiento en el dominio ambiental llega a ser un importante accesorio para la RET al trabajar con las mujeres depresivas. El terapeuta puede informar a la cliente de los recursos de la comunidad y de otros lugares, incluyendo formación vocacional, organizaciones de negocios de mujeres, ayuda financiera y centros de acogida de día (Grieger, 1982).
La investigación teórica reciente y los escritos clínicos han caracterizado las fobias clínicas como desórdenes fundamentalmente femeninos (Brehony, 1983; Fdor, 1974). A pesar de la preponderancia de las mujeres en la literatura de las fobias, ha habido pocos intentos de explorar las variables relevantes a esta diferencia sexual.
La ansiedad es un producto natural de las personas cuyo sentido del valor depende en gran medida de agradar a otros (Ellis, 1962, 1974, 1979). La agorafobia, generalmente la más incapacitante de las fobias, se caracteriza por el miedo y pánico extremo en situaciones abiertas que requieren una conducta independiente. Esto lleva generalmente a un estilo de vida dentro de los límites de la casa, sentimientos de indenfensión, y sentimientos de estar atrapado. La agorafobia es mucho más común entre las mujeres (Fodor, 1982); más de un millón de Americanas encuentran sus vidas restringidas por síndromes agorafóbicos (Agras, Sylvester y Oliveau, 1969). Como Fodor (1974) sugiere, las mujeres agorafóbicas son, a menudo, mujeres tradicionales y de rígidos estereotipos sexuales. Con pocas metas en sí mismas, esperan pasivamente que otros las cuiden o las dirijan. Frecuentemente se sigue el resentimiento, la depresión, la actividad restringida, no asertividad y baja auto-estima (Jasin, 1983). Estas conductas temerosas son después reforzadas por otros significativos en la vida de la mujer (por ejemplo, sus maridos) como consonante con su rol sexual (Goldstein y Chambles, 1980).
El miedo del mundo exterior tiene sentido cuando comprendemos que las mujeres han tenido sistemáticamente negada la entrada (y se han negado el acceso a sí mismas) a habilidades que les permitirían enfrentarse con situaciones adultas comunes; viajar solas, comprar un coche, solicitar un crédito, o presentarse a un trabajo (Heriot, 1983). Ellas carecen especialmente de habilidades de asertividad adecuadas, un déficit conductual que se correlaciona y está significativamente incluido en la agorafobia.
Otras fobias también tienden a reflejar al tendencia de las mujeres a verse a sí mismas como incapaces e impotentes. Su mitigación puede significar la eliminación de los bloqueos importantes para el crecimiento personal y el éxito educacional o vocacional. La ansiedad ante los exámenes, por ejemplo, más alta en las mujeres que en los hombres. Si se requiere la evaluación para entrar en una profesión, para cambiar de carrera, o subir a un nivel más alto en un trabajo, la ambición de una mujer puede estar minada por el miedo. La ansiedad a hablar en público ha sido también mostrada por ser más alta entre las mujeres (Moulton, 1977) y puede ser uno de los factores más importantes que limita el ascenso profesional de las mujeres.
Las mujeres también exceden a los hombres en las fobias sociales, las cuales les preserva de metas tales como encontrar nuevos hombres, mezclarse en negocios, y tener nuevas amigas. Su tarea llega a ser entonces más difícil que la de su oponente masculino. Además de los miedos generales de rechazo, las mujeres se enfrentan con el prejuicio social de que una mujer es anormal o " necesitada" si inicia un contacto social con un hombre. En términos de mezclarse en negocios, puede ser más difícil acercarse a un contacto de hombre potencial porque la mayoría de los tratos de negocios ocurren principalmente entre los hombres (la esfera de " los hombres de negocios" ).
Un billón de dólares de la industria médica, farmacéutica y publicitaria centrada en la reducción de peso, se sustenta por veinte millones de mujeres con exceso de peso, o aproximadamente de una cuarta a una tercera parte de la población femenina americana (Fodor, 1982). Los roles sexuales y los estereotipos de los roles sexuales se correlacionan con problemas de peso (Stuart, 1979). En nuestra cultura, la auto-valía de la mujer se ve dependiente de su imagen corporal y nuestra delgadez característica media, las niñas prepuberales como reflejo de lo que se considera sexy. Este es un ideal difícil de alcanzar para las mujeres adultas; es biológicamente realista para las mujeres tener un cuerpo más grueso que los hombres o que las quinceañeras. El peso de las mujeres Victorianas, que incluía pechos exuberantes, y muslos rellenos y voluptuosos, está mucho más acorde con el tipo de cuerpo natural de las mujeres.
En contraste están los estándares para los hombres: El hombre gordo, fumador de cigarrillos, es visto como atractivo, seguramente menos estigmatizado que una mujer gorda comparativamente, a pesar del hecho de que tener un exceso de peso supone un riesgo mayor para los hombres que para las mujeres.
Tan distorsionada llega a ser la imagen corporal de las mujeres que los terapeutas de conducta informan que casi una tercera parte de las aplicaciones de los programas de control de peso conductual es para las mujeres de peso normal (Fodor, 1982). Las prescripciones culturales para el peso ideal tienen una naturaleza obsesiva que ha animado a muchas mujeres a ser desgraciadas cada vez que pasaban por un espejo, o se sentían tan incómodas mientras tenían una relación sexual que ocultaban sus muslos. Sería mejor que los terapeutas intentasen comprender el papel que juegan los estereotipos de rol-sexual en la perturbación de las clientes anoréxicas o bulímicas que están extremadamente obsesionadas con la comida y permanecen delgadas y están confusas acerca de su imagen corporal. La incidencia de estos desórdenes es espantosamente alta: Las estimaciones de la proporción de la anorexia en las quinceañeras oscilan entre el 0.4% al 4%. En un programa de bulimia llevado a cabo en la Universidad de Cornell, un anuncio en un periódico estudiantil atrajo 65 respuestas en dos semanas (Boskind-White y White, 1983).
Un programa racional-emotivo eficaz para trabajar con mujeres con problemas de peso consiste en ayudar a las clientes a subrayar algunas de las creencias culturales irracionales acerca de tener exceso de peso y reconocer cómo se han convertido en creencias irracionales personales (Fodor, 1982).
Mensaje Cultural |
Creencia Irracional Personal |
|---|---|
La mujer ideal debería parecerse a Brooke Shiels (modelo quinceañero) |
Si mi cuerpo no se parece al de una modelo, entonces estoy gorda y repugnante. Es horrible estar gorda. |
| Las personas gordas son perezosas e indisciplinadas. | Debería ser capaz de perder peso por mí misma y si no lo hago, soy una persona perezosa, sin valía. |
Las mujeres delgadas son más valiosas. |
No puedo, posiblemente tener una relación sexual amorosa, auto-aceptarme, o disfrutar de la vida hasta que esté delgada. |
Muchos profesionales de la salud también mantienen prejuicios de la sociedad contra las mujeres con sobrepeso y establecen programas conductuales y cognitivos diseñados para dar forma a la mujer dentro del modelo de delgadez deificado en nuestra cultura, raramente considerando otras alternativas. Tales terapeutas harían bien en desafiar las suposiciones de que hay un peso estándar para cada persona, que el sobrepeso moderado no es insano y mortal; que el auto-control es fácil, y que las mujeres no son inatractivas e indeseables cuando tienen un sobrepeso moderado. Al elevar el conocimiento de las clientes, el terapeuta puede señalar que los prejuicios contra las mujeres obesas pueden verse como " gordismo" o " pesismo" , semejante a sexismo o racismo. Puede animarse a las clientes a presentar sus propios ejemplos, de experiencias en revistas, Tv y de compras, de los mensajes societales relevantes a la delgadez, a la deseabilidad sexual, a la salud, y al auto-control. Pueden recomendarse lecturas tales como Fat Is a Feminist Issue de Orback (1978). El centro está en ayudar a las clientes a aceptarse a sí mismas incondicionalmente, no importando el tamaño de su cuerpo.
El debate incluye " ¿Dónde está la evidencia de que no merezco disfrutar de la vida por ser una persona gorda?" " ¿Por qué no pueden ser felices las personas gordas?" . A la larga las clientes empiezan a entender que el " sobrepeso" no es el problema; más bien, son sus evaluaciones negativas acerca de eso y de ellas mismas. (" No puedo aguantar estar obesa" o " Soy una persona horrible por estar obesa" ). Estas irracionales perpetúan el sufrimiento y la preocupación por la dieta.
A. Matrimonio, Divorcio y Problemas de Relación
Los estudios sugieren que la institución social del matrimonio plantea el riesgo de trastorno para las mujeres, pero, ofrece protección para los hombres (Bernard, 1972). Las mujeres casadas que no están trabajando fuera de la casa tienen un riesgo más alto de trastorno psicológico. Tienen proporciones más altas de entrar en tratamiento psiquiátrico en algún grupo ocupacional; ellas solicitan (y reciben) la mayor cantidad de drogas prescritas para modificar el ánimo (New York Narcotic Addiction Control Commission, 1971); y narran una incidencia más alta de síntomas psicógenos tales como nerviosismo, pesadillas, vértigo, dolores de cabeza, y síntomas relacionados (Lief, 1975).
La RET se especializa, en particular, en ayudar a las mujeres (y a los hombres) con problemas maritales y de relación (Ellis, 1957, 1977, 1979a, 1982; Ellis y Harper, 1961, 1975) mostrando a las personas sus creencias irracionales acerca de la relación y cómo debatir estas creencias. Las creencias irracionales típicas de las mujeres en conflicto matrimonial son " Si la relación termina, soy culpable" ; " No fui bastante agradable, bastante interesante" ; " Era demasiado pulcra, demasiado sosa, demandaba demasiado, inadecuada, perezosa, no bastante sexy, exigía demasiado sexualmente" . Las mujeres con problemas maritales se condenan a sí mismas si lo hacen y se condenan a sí mismas si no lo hacen, reflejando las reglas sociales de que la mujer es responsable del éxito o fracaso de la relación. Lleva una buena cantidad de reestructuración racional ayudarle a ver que hay dos personas implicadas.
Las siguientes son algunas advertencias que los terapeutas RET hacen a las parejas en counseling, que deberían conservar siempre en mente:
Tener algunos hechos a mano puede a menudo ayudar a elevar la consciencia y desarrollar nuevas opciones. Una pareja puede ser informada, por ejemplo, de que los hombres generalmente hacen un tercio de las tareas de la casa que hacen sus mujeres, tanto si las mujeres trabajan como si no (Baruch y Barnett, 1983), y que las mujeres que trabajan fuera hacen casi tanto trabajo diario en la casa como lo hacen las amas de casa, mientras sólo un 23% de los hombres casados empleados relatan una actividad similar (Radloff, 1975).
Pocas áreas son tan patéticas como la situación de una mujer maltratada. Contemplando cómo queda después de ser golpeada por cuarta vez por su marido alcohólico, una cliente (quien era realmente la principal mantenedora de la familia) decía, " Si él me trata de esta forma, debo ser una persona terrible. Los chavales le necesitan, y yo también" . Esta mujer es un ejemplo particularmente triste de la falta de auto-confianza y de habilidades de solución de problemas y de fijarse metas comunes en las mujeres que se han resignado a vivir hasta el fin de sus matrimonios. El pensamiento de tales mujeres puede estar directamente derivado de los estereotipos limitados reforzados por nuestra cultura. Ella puede ser totalmente incapaz de imaginarse a sí misma en otro rol (Martin, 1976). Con su marido, ella está maltratada y magullada, pero casada; sin él, ella se ve a sí misma como si no fuese nada.
El grupo de la mujer divorciada o viuda es igualmente inflexible. La mujer que considera el divorcio puede sufrir de una acumulación de desventajas que limita severamente las opciones que tiene para el resto de su vida. Su capacidad económica es generalmente mucho más baja que la de sus maridos. Ella no ha tenido las mismas oportunidades educativas y vocacionales y su carrera, si tiene alguna, ha sido generalmente secundaria e interrumpida por necesidades familiares.
Uno de los problemas mayores a los que se enfrenta de nuevo la mujer sola es el de sacar adelante a los niños solas. El censo de los Estados Unidos de 1970 señala que más del 85% de los padres únicos son mujeres. Las madres solas se enfrentan a la soledad, y a fondos insuficientes, y a temas legales, así como a los problemas de desarrollar nuevas relaciones, dependencia y autonomía.
El trabajo del terapeuta racional-emotivo en tales casos es monumental: (1) ¿Cómo podemos contrarrestar la auto-culpa en una sociedad que nos enseña que es la mujer quien es responsable primariamente del éxito de su matrimonio y de la salud mental de sus hijos? (2) ¿Cómo podemos construir al auto-aceptación cuando cualquier cosa que una mujer tiende a comprar con ser valiosa (matrimonio, una casa feliz, éxito profesional) no lo tiene? (3) ¿Cómo podemos ayudarla en las tareas miríadas de apoyarse a sí mismas y reconstruir su vida, cuando ha tenido mensajes cebándola de indefensión desde su infancia temprana en adelante?
B. Maternidad
Para muchas mujeres, independientemente de sus otros intereses, relaciones y logros, la maternidad es la función central a sus percepciones (Oliver, 1977). Todavía en el proceso de emprender esta tarea enormemente difícil del crecimiento de un niño, ellas están a menudo prendidas entre dos difíciles alternativas. Si tienen los medios económicos para no trabajar fuera de casa, entran potencialmente en la categoría del grupo con una proporción más alta de depresión: las mujeres con niños pequeños que son a tiempo total amas de casa. Sin embargo, la opción de ser amas de casa y madres a tiempo total es un " privilegio" asequible a menos mujeres. Hoy, el 37% de las mujeres con niños menores de 5 años trabajan en comparación con el sólo 13% de 1948. Muchas mujeres que trabajan deben tratar con los prejuicios de la sociedad y de ellas mismas, por ejemplo, que está perjudicando a sus hijos permanentemente por trabajar y que si deciden trabajar deben ser supermujeres Ä manteniéndose en su puesto, atendiendo las necesidades físicas y emocionales de sus hijos, y haciendo todas estas cosas perfectamente hasta el punto del agotamiento físico y psicológico (Zachary, 1980).
La opción de permanecer sin niños está también llena de dificultades. Hay todavía un estigma atacando a las mujeres sin niños. Tiende a estar etiquetada, desviada, infantil, o poco dispuesta a aceptar el " rol femenino" .
La siguiente es una lista de advertencias para trabajar con mujeres en temas de maternidad: