Valor preventivo de la cohesión y moral de grupo en la reacción de estrés de combate (REC)

Angel Manuel Marcuello García *
Jesús Santiago Barreiro García**
María del Pilar Martínez Seijas***

* Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.
Especialista en Psicología Clínica

** Doctor en Psicología, Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago.
Especialista en Psicología Clínica
Licenciado en Pedagogía, por la Universidad de Santiago.

*** Catedrática de Escuela Universitaria de la Facultad de Ciencias
de la Educación de la Universidad de La Coruña.
Doctora en Educación Física, por la Universidad de La Coruña.
Licenciada en Psicología y licenciada en Pedagogía, por la Universidad de Santiago.
Licenciada en Educación Física, por el INEF de Madrid.

1. Introducción:

En una confrontación bélica entre dos fuerzas, ambas comparten un objetivo: socavar al oponente, quebrando su disposición para combatir. La forma de conseguirlo es, habitualmente, infligiendo al adversario las condiciones más penosas, de modo que resista el menor tiempo posible y surja entre sus miembros el estrés.

El colapso de liderazgo y la cohesión de la unidad suponen el inicio de la caída de uno de los dos bandos. Cuando el líder ya no es percibido como capaz de conducir a una victoria y a la supervivencia, y si además el espíritu de cuerpo se rompe, la batalla parece perdida. En tales condiciones, la ansiedad de los sujetos aumenta y es mas que probable que el número de personas aquejadas por REC sea alto. Los datos, tal y como se ofrecen a continuación, indican que la caída de la resistencia y de la moral están asociados directamente con las REC.

En divisiones de combate de la II Guerra Mundial el porcentaje de REC con apariencia psiquiátrica fue del 28 % de la fuerza (Brill et als, 1953). En batallones de infantería, en avanzada, superó al 33 %. En torno a 1942 las evacuaciones psiquiátricas superaban en número al contingente que podían movilizar los Estados Unidos (Glass et als., 1961). Determinadas divisiones de combate, por cada 1600 bajas anuales, tenían 1000 evacuaciones psiquiátricas (Beebe et als, 1952), llegando a suponer en días puntuales hasta la mitad de las evacuaciones diarias.

A la hora de valorar y ponderar estos datos, dado su volumen, es preciso plantearse cuál es su verdadera magnitud. Respecto al total de bajas, las REC supusieron para el ejército americano entre el 10 % y el 40% en batalla, a lo largo de la II Guerra Mundial. Pero en el Pacífico, a lo largo de toda la guerra, por cada herido se contabilizó un REC psiquiátrico (Glass, op. cit.). En Israel, en la Guerra de Yon Kippur de 1973, en determinadas unidades, las bajas por REC suponían hasta el 70 % de los heridos (Levav et als., 1979).

No obstante, habría que tener en cuenta que tales datos se han obtenido usando una definición restringida de REC. Es decir, sin considerar tal reacción en combatientes con otro tipo de heridas. Estos podrían contribuir a aumentar en un 30 % las cifras de REC (Noy et als., 1986). Así, en batallones israelíes desplegados en la guerra del Líbano de 1982, por cada herido, se daban 1´2 REC. Tales datos, indican que los REC lejos de ser un número fijo, son un valor fluctuante, dependiendo de la severidad y dureza del combate que han experimentado las tropas y su evaluación.

2. Implicaciones de la definición de la REC:

 Las definiciones de REC han experimentado una evolución a lo largo del tiempo. Así se han efectuado según tres niveles de inclusión, desde las más restringidas hasta las más comprensivas. Situándonos en el polo más estricto se consideran bajas por REC solo a los sujetos diagnosticados como tales en el campo de batalla cuando presenta un cuadro clínico establecido. Una definición amplia, sin embargo, considera bajas REC a todos los sujetos identificados para su evacuación y que exhiben algún síntoma psiquiátrico en el campo de batalla. Una tercera definición de conjunto, contempla como REC a todo sujeto herido evacuado por cualquier razón diferente a la de ser alcanzado por fuego enemigo, cuando presenta manifestaciones somáticas y conductuales de estrés.

Aunque pueda parecer un tema trivial, no lo es tanto, sobre todo si nos atenemos a los datos. En la guerra de Vietnam, usando la definición restringida, se dieron bajas tasas de REC, y al mismo tiempo se verificó un número importante de evacuaciones derivadas del uso de drogas, psicosis y problemas disciplinarios debidos al importante estrés sufrido por los americanos.

Una segunda dimensión de la definición de REC es la relativa al carácter arcaico y estático frente a uno más funcional y evolutivo. Si se opta por incluir entre las REC a las reacciones en sujetos que han pasado por el combate y no han desarrollado estrés alguno durante los acontecimientos vividos, sino hasta que haya transcurrido un cierto tiempo, cambia totalmente el tamaño de la población considerada. Hasta la guerra de Vietnam y durante los años 60, a estos sujetos no se les consideraba víctimas de las reacciones de estrés y sus alteraciones se atribuían a defectos previos de la personalidad, y no como un retraso en la manifestación de sus desórdenes. En Israel, en la guerra de Yon Kippur, tampoco fueron incluidos, pero cuando solicitaron tratamiento el ejército se lo dispensó, aunque no fueron sistemáticamente aceptados como tales REC. Tras la guerra de Líbano de 1982, la política fue de aceptación de todos los casos (Noy et als., 1986 b).

De modo somero y muy resumido, un combatiente que es baja por REC se siente indefenso, incapaz de enfrentarse tanto con la amenaza externa percibida hacia la propia vida como con secuelas emocionales del trauma, esto es, dificultades prolongadas en una actividad adaptativa, persistentes sentimientos de indefensión y rabia, y reconstrucciones emocionales repetitivas de la situación traumática.

3. Factores causales de la REC:

 Las causas de las REC pueden dividirse en primarias y secundarias. El factor causal primario es la percepción de una amenaza externa inminente hacia la propia vida, acompañada de la ausencia de capacidad para hacer frente a dicha amenaza y el consiguiente sentimiento de rabia e indefensión.

Los factores secundarios son aquellos que hacen su aparición cuando se reducen los recursos personales, disminuyendo la capacidad para afrontar de manera efectiva la desorganización, junto a factores psicológicos disposicionales. Y, en último lugar, el factor de predisposición de la personalidad.
Todos ellos se describen a continuación.

3.1. Factores primarios: temor por la propia integridad.

 El principal conflicto que experimenta un combatiente en la batalla es la pugna entre la supervivencia por un lado, frente al deber y la lealtad (con la misión y sus compañeros) (Spiegel, 1944; Figley, 1978, 1985).

El miedo a morir, común a cualquier situación traumática, en combate se convierte en una amenaza creciente, generando una ansiedad difícil de manejar, vivida de manera diferente antes, durante y después del combate; que se vive más intensamente cuando las probabilidades de mantener la integridad física son bajas, el estrés intenso y prolongado.

La percepción de amenaza crea el estrés y en situación de combate la distancia entre la realidad de la amenaza y la percepción de tal amenaza se estrecha en las personas. A medida que la realidad es más amenazante (por carecer de recursos posibles para evitarla y en ausencia de un adecuado apoyo social), la evaluación o vivencia subjetiva de amenaza eleva el nivel de estrés y ansiedad, y crea sentimientos de indefensión.

Cuando los recursos defensivos del combatiente han sido agotados, debido a una amenaza intensiva y prolongada (Swank et als., 1946) y al mismo tiempo, como consecuencia de un prolongado estrés, la red de soporte social, el liderazgo y la cohesión de la unidad se colapsan (Stouffer et als., 1949), el riesgo de desarrollar REC se incrementa.

De este modo, sujetos que han visto su resistencia agotada, sin la protección del apoyo social de su unidad, pueden sentirse incapaces de resistir la ansiedad creciente por más tiempo, y en consecuencia, dejar de combatir. Este punto de ruptura que impide la propia adaptación al medio y un control de la situación frente a una amenaza existencial resulta traumática. En consecuencia, la personalidad del individuo se ve inundada por sentimientos de indefensión y rabia, punto en el que se inicia la REC e incluso procesos de estrés post-traumático (SEPT).

Las bajas por REC son mayoría entre los combatientes en activo e inexistentes lejos del frente de batalla, lógicamente, pues no en vano son los más expuestos al fuego enemigo, los que perciben más claramente la amenaza a su integridad y están en un mayor riesgo de alcanzar la incapacidad para resistir. Los datos actualmente empleados –número de heridos en acción- como índice del estrés, apoyan la idea según la cual: cuanto más difícil y dura es una batalla, más intenso es el estrés, y mayor el número de bajas, de manera que hay una relación directa entre bajas físicas y REC. En el conflicto del Líbano de 1982, por encima del 90% de las bajas por REC y heridos en acción, se dieron en el primer mes de combate, durante la fase más virulenta, y de manera que aquellos que sufrieron mayor castigo, tuvieron mas REC. La reacción no fue inmediata y tales bajas se sucedieron a lo largo de un período de cuatro años, con diferentes aspectos (en la fase final, tendían a constatarse como bajas somáticas y/o traslados administrativos).

3.2. Diferencias en la REC debidas a estrés masivo o esporádico.

 La prevalencia de la REC depende de diferentes factores del combate. Un estrés condensado y el colapso de la unidad producen un elevado número de bajas por REC (Noy et als., 1986). Un estrés moderado prolongado conduce a un menor número de bajas por REC, predominando las de carácter somático. El estrés esporádico produce un nivel mínimo de REC, predominando los procesos disciplinarios y administrativos.

Por el contrario, en batallas estáticas intensivas, en las que se experimenta una gran virulencia en el enfrentamiento entre ambos bandos contendientes y sin capacidad para vencer al enemigo a corto plazo, las bajas físicas y por REC van a ser elevadas, se incrementarán más en el bando perdedor cuando la batalla comience a inclinarse en su contra. Así lo indican los datos del ejército alemán tras Stalingrado (Schneider, 1987).

Las reacciones tras batallas intensas son predominantemente psiquiátricas. Avanzando el tiempo predominan las evacuaciones por solicitudes somáticas, y finalmente sobresalen las evacuaciones derivadas de procesos disciplinarios y traslados administrativos. Una explicación plausible de esta evolución es la derivada de un alto nivel de ansiedad en situaciones de estrés, que origina reacciones incontroladas. Un estrés esporádico permite reintegrar a los sujetos a su unidad y la adaptación del individuo, quién presenta desórdenes derivados de una exagerada estructura de defensa mas que la que debiera adoptar ante una ansiedad incontrolable existente en un momento dado de un combate abierto.

3.3. Importancia de los factores físicos y fisiológicos.

 El combatiente está expuesto a situaciones de privación extremas que consumen los recursos internos necesarios para afrontar la amenaza a su integridad física y su supervivencia. Otros factores secundarios coadyuvan al agotamiento: la deshidratación, la congelación, el esfuerzo físico, el insomnio, la inadecuada y escasa alimentación (tanto en cantidad, preferencia y horarios), la carencia de comunicación con sus familiares y seres queridos; y finalmente acaban minando su resistencia.

La falta de descanso y de un sueño reparador agota progresivamente la resistencia de una persona en una semana, pero reduce la eficacia de una unidad drásticamente si dura entre dos a cuatro días, comenzando por su capacidad para planificar, seguido de su incapacidad de improvisación, cambio de objetivos o concentrarse en mas de una tarea simultáneamente. Estudios y experiencias de laboratorio muestran que, por el contrario, unidades con un liderazgo efectivo y cohesión interna, pueden resistir tal situación de insomnio, aunque funcionando marginalmente, el doble de tiempo que otras menos cohesionadas (Noy, 1986 b; Levav et als., op. cit.). Los mandos privados de sueño se mostraron poco efectivos, sin llegar a precisar evacuación del campo de prácticas, pero mostraron un liderazgo tan ineficaz que exponían a sus subordinados a REC. Datos similares se aprecian en laboratorio, dónde no existe la amenaza contra la integridad del supuesto combatiente, ni alteraciones psicológicas, o alteraciones de conducta y somáticas, ni reacciones disciplinarias o traslados administrativos. Con la privación del sueño se desarrollan alucinaciones, reacciones exageradas o erróneas (del tipo: disparos a un enemigo inexistente (Belenky, 1985). Es pues, esperable, que en combate real, al añadir la amenaza a la propia supervivencia, y que estas limitaciones se perciban como una superioridad propia del enemigo que contribuye a la derrota del propio afectado, se den mas REC. A ello debemos añadir el propio conflicto personal (individual, propio e intransferible) que está viviendo el combatiente al afrontar el peligro real y confrontarlo con la propia batalla interna que vive para hacer frente al riesgo que le rodea, y vencer la ansiedad que el temor le genera.

4. Factores de apoyo: liderazgo y cohesión de la unidad.

 El apoyo social es un mitigador del estrés en todo tipo de unidades sociales, contribuye a reducir la intensidad de una amenaza percibida, al tiempo que aumenta la percepción de la propia eficacia para hacerle frente. En suma, alienta una reacción dentro de un grupo.

En el combate, el apoyo del entramado social, circunscrito al grupo o unidad al que pertenece el combatiente, se expresa en un alto nivel de cohesión de la unidad y en la confianza en un liderazgo efectivo. Ambos elementos crean una situación de optimismo y esperanza para superar la amenaza.

Individualmente, el combatiente antes de entrar en acción, cambia su independencia por un anhelo en la seguridad futura. Las condiciones que va a vivir de inmediato no le permiten tener una visión completa del combate y no se ve capaz de defenderse en solitario, por sus propios medios, necesita a sus compañeros.. La seguridad le vendrá de la confianza que tenga en sus mandos y compañeros; si aquella decae, aumenta su ansiedad reaccionando con indefensión y rabia. El mantenimiento o el colapso del entramado social actúa como un amortiguador o acelerador de las REC, así como de la osadía o de la resignación frente al enemigo.

Spiegel (1944) observó que, la ansiedad no es algo ajeno a cualquier soldado, y que permanece en la batalla por sus compañeros, antes que por estar frente al enemigo. Teme perderlos, si los deja, y si lo hace, pierde su apoyo frente a la ansiedad que vive, a la que habría que sumar los sentimientos de vergüenza y culpabilidad.

La ruptura de la cohesión de una unidad se manifiesta como la razón de la desorganización de la personalidad del individuo en muchas ocasiones (Bartmeier et als, 1945). Mientras exista el entramado social, la persona soportará los horrores que haya de presenciar, pero cuando se desintegre tal entramado, sometido al estrés, devendrá indefenso y atosigado por al ansiedad.

Desde los estudios de Stouffer et als. (1949) dirigidos a la moral y la cohesión de las unidades, previos a la invasión de Normandía, se describe la existencia de una relación negativa entre el nivel de moral y la confianza en el liderazgo antes de la batalla, y las bajas por REC en la misma. Los soldados israelíes situaban la competencia de sus comandantes en el frente como el elemento o factor que les proporcionaba mayor seguridad (Solomon, 1986).

Por el contrario, la ausencia de cohesión se atribuyó como un elemento decisivo en la derrota y mayor prevalencia de REC (Marshall, 1978), hasta tal punto que cuando los soldados no podían verse entre sí en la jungla, su resistencia era menor, y al incrementar el contacto visual con sus mandos, el éxito de las operaciones y ejercicios, aumentaba.

En definitiva, la amenaza de aniquilación en un conflicto, y de cara a la prevención de las REC, no puede ser controlada, ni se debe sobrevalorar el apoyo social y el liderazgo de los mandos, pero estos dos elementos sí pueden ser fácilmente controlados, valorados y ponderados in situ por los comandantes de las unidades, contribuyendo de este modo a reducir las REC y mejorar el rendimiento general de la unidad. No todo puede ser confiado, en exclusiva, al apoyo social y liderazgo, pero si puede ser manejado con mayor inmediatez y prontitud. Los estudios realizados sobre la personalidad de los pacientes, antes apuntan a la influencia y favorable pronostico sobre el proceso de recuperación del estrés y la posibilidad de que no devenga en un proceso post-traumático de mayor entidad, que a una posible razón por la cual los combatientes puedan venirse abajo en su moral de combate, frente a la clara influencia del apoyo social y del liderazgo (Noy, 1986 a).

 En España, al estudiar el potencial psicológico de una unidad, García Montaño et als. (1998) estiman que tal constructo –potencial psicológico de la unidad- les permite obtener una medida de la confianza que tiene un grupo militar en llevar a cabo una misión con éxito, a través de un cuestionario de actitudes conocido como CEPPU, materializada a través de la opinión de sus miembros. El potencial psicológico se mide a través de ocho factores, que explicarían, a nivel estadístico, la confianza expresada de un grupo en el éxito de la misión que emprende, y que son: 1) Confianza en el mando (explicaría un 25 % de la variabilidad de los datos encontrados), 2) Confianza en los medios materiales (17% de la variabilidad), 3) Condiciones de trabajo (13 % de la variabilidad), 4) Convicciones personales (11% de la variabilidad), 5) Cohesión de grupo (10 % de la variabilidad), 6) Confianza en sí mismo (9% de la variabilidad), 7) Confianza en la unidad (8% de la variabilidad), 8) Apoyo social (7% de la variabilidad). El constructo potencial psicológico de la unidad, en base a las opiniones de los miembros explicaría el 52,7 %, y el restante 47,3% permanece inexplicada o bien puede deberse a variaciones debidas al azar.

5. Discusión:

 Las reacciones de estrés de combate (ó REC) son una parte importante de las bajas registradas en una fuerza en un combate. Están muy directamente relacionadas con la quiebra de la moral de uno de los bandos contendientes, de manera que se puede afirmar que la caída de la resistencia y de la moral de un grupo están asociados directamente con las REC.

La situación de estrés a la que está sometido un combatiente está directamente relacionado con el sentimiento de aniquilación. Ese temor propio de la amenaza contra la propia integridad física de la persona es común a cualquier otra situación traumática, pero en el combate se va transformando en una amenaza creciente, genera una ansiedad difícil de manejar y se vive más intensamente cuando la percepción que se tiene es que las probabilidades de mantener la integridad física son más bajas y el estrés es intenso y prolongado.

Cuando la resistencia se agota, por la dureza de la situación y su duración, las personas ven su resistencia disminuir con rapidez, y precisan la protección que les brinda el apoyo social de su unidad (mandos y compañeros).

Un mitigador del estrés que contribuye a reducir la intensidad de la amenaza percibida es el apoyo social. No solo reduce la percepción de amenaza sino que aumenta la percepción de la propia eficacia a la hora de hacer frente a tal amenaza. Y al revés, la desintegración del entramado social que le sirve de apoyo, mina su resistencia frente a la ansiedad, el estrés al que está sometido incrementará el sentimiento de indefensión y se verá atosigado por la ansiedad, resignándose frente al enemigo.

Otro elemento de igual importancia es la percepción de un liderazgo eficaz, originado por la convicción en la capacidad técnica de sus mandos para la conducción del conflicto y la seguridad para conducir el combate de modo que garantice la integridad de todos los miembros de la unidad.

La cohesión del grupo y el liderazgo eficaz son elementos fáciles de manejar, ponderar y valorar, de la manera más inmediata y con menor menoscabo para la unidad, frente a otros elementos de más difícil manejo, bien por la dificultad técnica y material, bien por que se escapan a las posibilidades del mando de la unidad (material, entorno físico, personalidad de los miembros de la unidad, recursos disponibles, apoyo percibido por la sociedad).

Bibliografía:

  • Bartmeier, L.H. et als. (1945): Combat exhaustion. Journal of Nervous and Mental Disease, 104, 358-389 y 489-525.
  • Beebe, B. W. et als. (1952): Battle casualities, incidence, mortality, and logistic considerations. Springfield, Illinois, Charles Thomas Publishers.
  • Belenky, G., et als. (1985): Battle intensity, morale, cohesion, combat effectiveness and psychiatric casualities: The Israeli experience. Military Review, 65 (7), 28-37.
  • Brill, N.Q. et als. (1953): Age and resistance to military stress. U.S. Armed Forces Medical Journal, 4 (9), 1247-1266.
  • Figley, C.R. (ed) (1978): Stress disorders among Vietnam veterans: Theory, research and treatment. New York: Brunner / Mazel.
  • Figley, C. R. (1985): Traumatic stress: the role of the family and social support system. En C.R. Figley (ed.): Trauma and its wake. Vol. II: Traumatic stress: theory, research and intervention. Psychosocial Stress Series. New York: Brunner / Mazel.
  • García Montaño, J.M.. et als. (1998): Cuestionario de actitudes: potencial psicológico de la unidad. Proyecto de investigación 98/10 denominado “Modelo Español de Potencial Psicológico de Unidad” Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. UNED.
  • Levav, I. et als. (1979): Psychiatric combat reactions during the Yon Kippur war. American Journal of Psychiatry. 136 (5), 637-641.
  • Marshall, S.L.A. (1978): Men against fire: The problem of battle command in future war. Gloucester, Mass.: Peter Smith.
  • Noy, S., et als. (1986 a): Battle and military unit characteristics and the prevalence of psychiatric casualties. En N. A. Milgram (ed.) : Stress and coping in time of war: Generalizations from the Israeli experience. Psychological Stress Series. En C. R. Figley (ed.): Psychological Stress Serie. New York : Brunner / Mazel Publishers.
  • Noy, S., et als. (1986 b): The forward treatment of combat stress reactions: a test case in the 1982 conflict in Lebanon. En N. A. Milgram (ed.): Stress and coping in time of war: Generalizations from the Israeli experience. C. R. Figley (ed.), New York: Brunner / Mazel Publishers.
  • Schneider, R. J. (1987): Stress breakdown in the Wehrmacht: Implications for tuday’s army. In Belenky, G. L. (ed.): Contemporary studies in combat psychiatry. Westport, CT: Greenwood Press.
  • Solomon, Z., et als. (1986): Life events and combat reaction in the 1982 war in Lebanon. Israeli Journal of Psychiatry, 23 (1), 9-16.
  • Spiegel, H. (1944): Psychiatric observations in the Tunisian Campaign. American Journal of Orthopsychiatry, 14, 381-385.
  • Stouffer et als. (1949): The American Soldier. Vol II: Combat and its Aftermath. Princetown University Press.
  • Swank, R.L. et als. (1946): Combat neuroses, development of combat exhaustion. Archives of Neurology and Psychiatry. 55, 236-247.