ORIENTACIÓN PSICOLÓGICA EN PROCESOS DE JUBILACIÓN

 

Mónica Torres Ruiz-Huerta.

Doctora en Psicóloga Social (Universidad Autónoma de Madrid)

Psicoterapeuta individual y de grupo (Nº colegiada: M-18577)

Experta en orientación en procesos de jubilación

 

 

1. INTRODUCCIÓN: REALIDAD ACTUAL

En el año 2000, el 25% de la población europea, es decir una de cada cuatro personas, era mayor de 60 años.

Según la evolución social y las tendencias demográficas actuales, en muchos de los denominados países desarrollados, la pirámide de población se está invirtiendo. Si hasta hace un tiempo, las personas que sobrepasaban los 55 – 60 años no suponían un elevado porcentaje con respecto al total de la población y el mayor número lo encontrábamos en la infancia y la adolescencia, ahora se produce el fenómeno contrario, es decir, la base de la pirámide poblacional, la indicativa del porcentaje de población ocupado por niños y adolescentes empieza a disminuir aumentando su cúspide, que es donde se incluyen las personas de más edad. Esto es debido a ciertos fenómenos que se están produciendo en la sociedad, tales como los cambios en el sistema de organización familiar, la lógica incorporación de la mujer al mundo laboral y su participación en el ámbito público, los avances tecnológicos y médicos, así como la aparición de servicios sociales organizados. El resultado es la disminución del índice de natalidad y el aumento de la esperanza de vida con toda la repercusión social que esto supone.


REPRESENTACIÓN DE LA EVOLUCIÓN DE LA PIRÁMIDE DE POBLACIÓN

ESPAÑA 2000

ESPAÑA 2040

Como se puede ver envejece la sociedad.

Al hablar y reflexionar sobre la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social, las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico, con rasgos culturales específicos, intereses propios, están exigiendo a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el que puedan desempeñar roles que den sentido a sus vidas, desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se de fin a la falta de integración social, a la inseguridad, a la baja calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos que envuelven al proceso de jubilación y el envejecimiento.

Se hace preciso que cada adulto reflexione acerca de lo que el proceso de envejecimiento significa para sí mismo. Para poder reflexionar debe conocer qué se entiende por envejecimiento y cuáles son los cambios esperables y normales a los que se deberá enfrentar. Solo conociendo podrá prepararse y educarse para afrontar dicho proceso, de manera adaptativa y sana.

El desarrollo evolutivo, el paso del tiempo, se ve más claramente en los demás que en nosotros mismos, por eso generalmente se inicia de forma más clara cuando empieza a aparecer la evidencia del fin de la actividad laboral, esta etapa va a identificarse como el cambio que nos hace tomar consciencia del paso inexorable del tiempo y que se identifica como pérdida e inicio de la vejez. La persona en definitiva empieza a cuestionarse más acerca de su identidad y no encuentra una respuesta satisfactoria que disminuya la angustia que a veces produce el ideario compartido sobre el fin de la etapa profesional y el proceso de envejecimiento. Todo esto puede producir que las personas sientan una pérdida de roles y actividades que pueda llegar a dañar su autoestima, llegando a vivir estados de desmotivación e incluso depresión. Cuando la persona se jubila debe enfrentarse más con quién es, con el tiempo y con las relaciones. Pudiendo ser bien un momento de desequilibrio, bien una oportunidad.

No sería adecuado caracterizar a una persona en su “hacerse mayor” con un patrón genérico, cada uno será en su proceso de jubilación y en proceso de envejecimiento, un poco como ha vivido y aprendido, como todo lo humano siempre llevará el sello de lo singular, de lo único, de lo idiosincrásico.

El grado de conflicto que representa para cada uno terminar la etapa de desempeño profesional y las conductas defensivas que se adopten estarán determinadas por la historia personal, las experiencias y representaciones que condicionan habitualmente las ideas, las emociones y la conducta.

Una respuesta que se ha dado desde las ciencias sociales al respecto, son los desarrollos relativamente recientes de disciplinas como la Psicogerontología, que intentan desde una perspectiva interdisciplinaria pensar sobre el envejecimiento desde una óptica no fatalista, sino preventiva, partiendo de la creencia en las potencialidades de las personas que requieren de circunstancias adecuadas que favorezcan el desarrollo personal y la calidad de vida, en la que tengan lugar proyectos y deseos.

La búsqueda de la victoria de la ciencia sobre los procesos vitales, la tan ansiada prolongación de la vida, se encuentra con que son más los que llegan a viejos, pero el prestigio, el status, el reconocimiento del grupo, que antiguamente se otorgara a los mayores y que hacía más deseable llegar a ese momento, se pierde ante un ideal de eterna juventud, el "valor" de lo joven, lo bello, lo armonioso y lo maleable se vuelve el referente para el consumismo, que va ser el valor social fundamental en la actualidad.

La jubilación supone para muchas personas un fuerte desequilibrio. Hoy en día aun parece natural pensar que jubilarse implica perder bienestar, perder poder adquisitivo, perder función social y perder actividad.

Vamos a ver a lo largo de este artículo algunas formas de trabajar para eliminar estas concepciones inquietantes y perjudiciales y poder enfrentar esta etapa de una manera positiva y vitalista.

2. ORIENTACIÓN Y JUBILACIÓN

La Orientación parece un tema integrado y adaptado a los contextos educativos, sin embargo últimamente es más demandado en el contexto empresarial. En este punto debemos cuestionarnos si ante el fin de la carrera profesional es interesante para la empresa y la persona invertir recursos humanos y materiales, así como tiempo, para llevar a cabo esta orientación o preparación.

La respuesta desde la perspectiva de la calidad de vida, la calidad de puestos de trabajo, la calidad en la gestión de recursos humanos, la calidad en la elaboración de planes de carrera es si. En la medida que una persona pueda conocer sus expectativas de trabajo reales, podrá afrontar mejor el último periodo de desarrollo profesional, siendo además de esta manera mejor transmisor de su experiencia y “knowhow” a otros profesionales, sintiéndose más seguro y cómodo.

Muchos profesionales cuando llega el momento de la jubilación finalmente se ven desbordados por la incertidumbre y se plantean cuestiones tales como si tendrán dinero suficiente para mantener el mismo ritmo de vida, si se aburrirán, se cuestionan su utilidad e incluso su identidad al perder un rol definitorio tan importante. Estos planteamientos pueden generar en la persona inseguridad y angustia respecto al futuro.

El cambio que va a sufrir su vida, en cuanto a hábitos y costumbres es muy brusco y, para tratar de reducir sus efectos, conviene preparar este momento.

La preocupación por los jubilados es cada vez mayor en la sociedad y también las empresas están cada vez más sensibilizadas, aunque debe aumentar esta atención. Hay organismos y compañías que ofrecen a las personas que van a jubilarse, bien por voluntad propia, bien porque se vean afectados por edad o por planes de jubilación anticipada, la posibilidad de recibir asesoría por parte de profesionales especializados para adaptarse a esta nueva situación. Estos programas son tremendamente útiles para acercar la nueva realidad a los trabajadores.

Según diversos estudios las personas que han planificado su jubilación tienen un ajuste muy positivo (Goudy, Powers y Keith, 1975).

Dada la importancia de este proceso vital es imprescindible desarrollar una serie de iniciativas que favorezcan la adaptación de los trabajadores a la nueva situación, proceso que debe ser atendido y focalizado, así la figura del psicólogo orientador en procesos de jubilación será de gran valor y utilidad para favorecer la vivencia de este tránsito vital con éxito.

El asesoramiento fundamental va a darse en cuanto a la actitud que debe tener la persona sobre cómo abordar esta etapa satisfactoriamente lo cual implicará hacer un repaso de vivencias, de conocimientos acumulados, de experiencias, y del rol que se ha desempeñado como profesional o de los roles fundamentales desempeñados a lo largo de estos años, para desde ahí analizar con la persona el sentimiento de pérdida que hace que esta etapa sea percibida como negativa, así como, planificar la nueva etapa desde las motivaciones y potencialidades del sujeto.

La orientación se plantea a partir de una serie de sesiones periódicas individuales y si es posible también grupales donde trabajar miedos, incertidumbres, pérdidas y que la persona a partir de su trabajo de reflexión personal y de la puesta en común vaya identificando quién es, independientemente de un cargo o una función profesional y qué hacer con la gestión del tiempo en esta nueva etapa libre de horarios y actividades fijas.

ASPECTOS A TRABAJAR EN LA ORIENTACIÓN
ROLES DESEMPEÑADOS
MIEDOS
ACTIVIDADES – INTERESES
GESTIÓN DEL TIEMPO - PLANIFICACIÓN
INFORMACIÓN (Recursos, cambios físicos y psicológicos, mayor autoconocimiento...)

 

3. OBJETIVOS DE LA ORIENTACIÓN

  • Aportar información suficiente que permita afrontar con más conocimiento y con herramientas específicas la orientación en la transición en procesos de jubilación.
  • Favorecer la reflexión sobre esa realidad y ese momento vital para ser capaces de orientar fomentando la calidad de vida de los futuros jubilados y jubiladas.
  • Entender la jubilación como otro momento del devenir de los sujetos, con particularidades propias. Otro, ni más ni menos, que otro momento del desarrollo, con grandes posibilidades para el desarrollo y el crecimiento personal.
  • Conocer, para poder afrontar, aspectos psicosociales del envejecimiento, desasociando el significado de jubilación a las características culturales prejuiciosas del envejecimiento, tales como pasividad, inactividad, pérdida de estatus y poder, asimismo, afrontar con seguridad los temores e incertidumbres posibles, de las personas que viven esta etapa.

Los orientadores apoyarán a personas en el proceso final de su trayectoria profesional y en el inicio de un nuevo ciclo vital:

  • Informando y facilitando el descubrimiento de ventajas personales que puede suponer la jubilación.
  • Desasociando jubilación a mitos y prejuicios.
  • Conociendo los cambios psicosociales asociados al envejecimiento para facilitar el afrontamiento y eliminar prejuicios.
  • Formando para orientar en la adquisición de hábitos saludables y en la planificación de los años de vida venideros.
  • Elaborando estrategias para fomentar el autoconocimiento y el crecimiento personal asociado e esta etapa.

Es importante que el orientador se plantee ciertas preguntas y que reflexione para posicionarse e identificar dificultades propias ante este tema:

¿Es necesario prepararse para afrontar la jubilación?, ¿Puede significar la jubilación, como el término latino indica, júbilo, o por el contrario representa un “Fin” con mayúsculas con todo lo que eso conlleva?. ¿Se puede uno preparar para este acontecimiento?, ¿Cómo me sentiría ante el hecho de mi jubilación?, ¿Significa que se está envejeciendo?, ¿Cómo se puede orientar a alguien en esta etapa vital?.

Los datos nos dicen que existen una serie de alteraciones psicológicas y sociales frente al hecho de la jubilación y posiblemente todos tenemos experiencias de algún ser cercano o conocido sobre la vivencia de su jubilación. Sabemos que se va a tener más tiempo después del momento de jubilarse y que se está repleto de datos y de experiencia, y la cuestión es:

Qué significa para cada uno este periodo y de que manera se puede orientar personal y socialmente.

4. EJERCICIOS Y PROPUESTAS PARA TRABAJAR COMO ORIENTADORES

Se plantean a continuación algunos ejercicios de reflexión interesantes para llevar a cabo con las personas a orientar en su proceso de jubilación:

  • De qué me jubilo / de qué no me jubilo. La persona deberá indicar estos datos tratando de concretar lo más posible, poniendo ejemplos claros de su cotidianeidad.
  • Desarrollar el propio proyecto de vida.

En líneas generales, desarrollar un proyecto de vida supone, después de informarnos y reflexionar, pensar, planificar y decidir cómo queremos vivir esos años del proceso de envejecimiento, preparándonos, eligiendo que actividades (que sean fuente de placer, de esparcimiento y de desarrollo personal) vamos a incluir en él, desarrollando hábitos de autocuidado, participando en la sociedad. Tiene que ver con el sentido que cada uno de nosotros le demos a nuestra vida y a nuestra independencia, entendiendo que ésta es siempre parcial, y a nuestras potencialidades.

La clave está en buscar cuales son las motivaciones, los motores para seguir viviendo con intensidad. Cultivar las aficiones propias que uno ha dejado olvidadas, o a las que no ha podido dedicarse suficientemente con anterioridad.

El objetivo a largo plazo al desarrollar nuestro proyecto de vida es mejorar nuestra calidad de vida, es decir, llegar a experimentar un sentimiento de bienestar psicofísico y socioeconómico en el que influyen tanto factores personales o individuales (salud, independencia, satisfacción con la vida, autoestima) como factores socioambientales. Dicho proyecto de vida debe, asimismo, ser lo suficientemente flexible como para permitir ir añadiendo cambios en función de nuestras expectativas con respecto al proyecto y la contrastación del mismo con la realidad que nos rodea.

Nos cuidamos en la medida en que conocemos los cambios a los que nos vamos a enfrentar en este proceso y prevenimos con nuestras actitudes y comportamientos los procesos de un envejecimiento patológico.

La disminución de nuestros temores y miedos a no saber como manejarnos en situaciones complejas, mejora nuestra salud bio-psico-social, de manera que aportemos vida a los años y no años a la vida, como dice la OMS.

En la medida en que la vivencia de este proceso sea positiva y se pueda ir cumpliendo el propio proyecto de vida se podrán desarrollar estrategias y mecanismos de participación social para poder llegar a ser agentes de cambio en la sociedad, generando nuevos modelos de jubilación distintos al actual modelo algo deficitario.

  • Hacer una lista de lugares nutricios, actividades nutricias, personas nutricias. Este ejercicio ayudará en la elaboración del Proyecto de Vida.
  • Hacer un nuevo Currículo. Análisis DAFO: Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. Estableciendo los objetivos que se desearían alcanzar
  • Fomentar las relaciones sociales. Gozar de la relación con los demás es toda una garantía de salud mental: cultivar los vínculos de la familia, de las amistades, es una buena manera de sentirse vivos, de constatar que para los demás tenemos un valor y una significación. Mantener nuestras vinculaciones con el entorno y las personas es también una forma de aferrarnos a la realidad y de relativizar las dificultades. La importancia de las relaciones con el entorno ha venido subrayada por las investigaciones relacionadas con el apoyo social, y el nivel de estrés y calidad de vida. La conclusión es clara: hay una relación inversa entre la red social de una persona y las disfunciones físicas y / o psicológicas; cuánto menores son las redes sociales, mayores son las patologías, (Albarracín y Goldestein, 1994).
  • Participación en todas aquellas actividades que además de suponer una vinculación social, activan y mantienen las capacidades intelectuales y emocionales: actividades culturales o artísticas, estudios, visitas culturales, viajes, utilización de nuevas tecnologías (Internet, correo electrónico).
  • Realización de actividades individuales o grupales:
    • Video Forum: "En el estanque dorado", (Universal, 1981) con Henry Fonda, Katharine Hepburn y Jane Fonda como protagonistas, donde aparece el tema de la Jubilación y el declive físico.
      "Las ballenas de Agosto", (Alive Films,1987), con Bette Davis, Lilliam Gish y Vincent Price, en la que se presenta el tema de la dependencia y dos formas diferentes de enfocar el envejecimiento.
    • Lecturas: La hoja roja: Miguel Delibes.

El as en la manga: Rita Levi Montalcini (Drakontos. Ed. Crítica. Barcelona, 1999)

La orientación va a ser asimismo información, asesoramiento sobre dudas, sobre aspectos de la propia persona que ella misma desconocía, sobre recursos, sobre procesos psicológicos, va a ser un proceso de aprendizaje que puede generar mucha ilusión y motivación a la persona que va a jubilarse. Puede resultar una experiencia muy gratificante, un comienzo y además un encuentro del que orientador también se verá beneficiado pudiendo enriquecerse mucho de la experiencia de estas personas.

5. CONCLUSIÓN

Como hemos ido viendo a lo largo de este artículo es necesario que los orientadores se identifiquen con quien trabajan y que puedan reflexionar sobre la problemática que van a afrontar. Es en el movimiento de acercamiento al otro, en el intento de ubicarnos en su situación y problemática donde se ponen en juego las acciones y también las limitaciones de los técnicos. Es fundamental que el orientador crea en el proyecto de vida de la persona que se jubila, discriminando claramente el proyecto de vida de la idea de plan, que afronte sin temores el desarrollo evolutivo en esta etapa y que no lo vea con la distancia de su edad sino con cercanía, con autoridad y con confianza en las potencialidades mutuas. Es necesario la responsabilidad y la aceptación de la precariedad de todos los proyectos, en todas las edades. Es necesario que el orientador tenga claro desde donde y para qué realiza las intervenciones.

Si pensamos que el objetivo del trabajo con adultos en fase de jubilación o prejubilación, es colaborar con ellos en la tarea de responsabilización de sus propias vidas, generando un nuevo proyecto, se abre una multitud de posibilidades para la integración de propuestas en un proceso donde se comparten la capacidad de reflexión y crítica. Entendiendo que habrá aspectos, emociones y momentos críticos que no hay que negar y que hay que adaptarse a cada persona. Haciendo hincapié en eso, en ser persona sin desempeñar ningún rol profesional, sin ocupar ningún cargo o puesto en determinada empresa o puesto de trabajo. La relación con el otro desde uno mismo, sin ocupación laboral. El orientador no debe verse afectado por la posición u ocupación previa de la persona porque eso ya no desempeña un papel de importancia, excepto en sus experiencias y en su “tener”, pero no en su “ser”, en terminología de Erik Fromm.

Tal vez, a partir de aquí podamos trabajar en temas como el lugar que ocupa en su familia, sus modelos identificatorios, sus miedos e inseguridades. En definitiva, sobre los distintos soportes de su personalidad, los que le permitirán o no profundizar en la intervención y proyección vital haciendo un trabajo conjunto intenso y valioso.

No podemos pensar que no podemos ayudar a una persona de mucha experiencia y que está en ciclo decadente, hay que confiar, no infantilizar ni trivializar, debemos ser capaces de plantear un proyecto de vida serio. Asimismo este trabajo supone un importante papel como agentes de cambio social influyendo con nuestra actitud y propuestas sobre el imaginario social, ayudando a romper prejuicios y moldes excesivamente rígidos que la sociedad ha ido generando respecto a este momento vital.

Como hemos ido viendo toda medida preventiva para conseguir un buen ajuste en el camino hacia la jubilación pasa por mirar adelante tratando de planificar los años venideros, así mismo ha quedado claro que las diferencias individuales van a ser evidentes en este proceso de jubilación y por ello la orientación no puede ser estática, sino que serán acciones dinámicas, que orienten a las personas a concebir su situación futura como algo importante que debe planificarse y que hay varios aspectos que van a influir en la diferente manera de afrontar la jubilación.

Siempre tendremos en cuenta las diferencias individuales en cuanto a necesidades, valores y objetivos de las personas que se jubilan.

ASPECTOS CENTRALES

El orientador trabajará en la orientación teniendo en cuenta:

- La jubilación como tránsito continuo. Para ello planificarán conjuntamente actividades: en el hogar, actividades lúdicas, acciones profesionales independientes. Así como objetivos vitales que se quieren conseguir, además de favorecer la planificación conjunta con el resto de miembros con los que convive y conforman el sistema social y afectivo.

- Planificación de acciones igualitaria ente hombres y mujeres, pero atendiendo a las diferencias de deseos, necesidades, objetivos y valores. Los orientadores deberán ser lo más libres posibles de los estereotipos culturales en cuanto a los roles de género y a los valores y prejuicios sociales, igualmente propios de nuestra cultura, sobre la jubilación y el envejecimiento.

- El desarrollo de habilidades personales y el desarrollo psicológico: Planteando habilidades de comunicación personales, estrategias de prevención de problemas psicológicos, estrés, distimia, inestabilidad, favoreciendo un mayor autoconocimiento ante esta etapa y conceptualizando la nueva situación. Nuevos objetivos personales, familiares, sociales. Dando técnicas de autocontrol, relajación, planificación y gestión del tiempo.

- La aceptación de la nueva realidad física y mental. Informando y facilitando medidas preventivas de salud física y psicológica.

 

Eric Fromm dice que “el ritmo de la noche y el día, del sueño y la vigilia, del crecimiento y la vejez, la necesidad de sustentarnos con el trabajo y de defendernos, son factores que nos obligan a respetar el tiempo si deseamos vivir; pero una cosa es respetar el tiempo y otra es someterse a él y que el tiempo se vuelva el amo. El actual modo de producción exige que cada acto esté exactamente programado y la mayor parte de nuestra vida esta gobernada por el tiempo y su transcurso. Solo en nuestro tiempo libre parece que tengamos cierta oportunidad de elegir”.

La jubilación puede ser esa oportunidad de elegir desde uno mismo, desde el sentido de la propia vida, desde los deseos, produciendo, actuando, viviendo, en definitiva, siendo.

BIBLIOGRAFÍA

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