PSICOLOGÍA CON "P" O SICOLOGÍA SIN "P"

Algo más que una letra omitida.

Confesiones pecaminosas de un pecador confeso y voluntario.

 

Dr. Manuel Calviño

Facultad de Psicología. Universidad de La Habana. Cuba.

 

 

Preliminar. Salutación inicial y emotiva de la “P”

Sainete primero

La acción transcurre en el consultorio de un psicólogo. La recepcionista esta sentada revisando unos documentos. Entra un hombre visiblemente angustiado.

El - Buenas tardes.

Ella – Muy buenas tardes. Bienvenido al consultorio del Dr. Bendito. En que podemos ayudarle.

El – Yo quisiera hablar con el “p”sicólogo.

Ella – Disculpe Sr., pero la “p” no se articula, no se dice.

El – Ah! Mire Usted. Entonces dígale al sicologo, que aquí esta _edro _erez, el que le contó _or teléfono que tiene _roblemas con el _ene.

Por no dejar de vivir en constantes controversias y batallas conceptuales, los psicólogos nos hemos dividido, entre otros muchos, en dos bandos con respecto a nuestra “P”: Los que “psi” y los que “nop”. Apenas el viernes en la tarde me hicieron saber que hay un tercer grupo: los que “Spi” – que nada que ver tienen con el Spiderman, sino con el comedor universitario en donde se les cataloga de “S”picólogos, habitantes de la Facultad de “S”picología.

Los defensores del “si P” han sido claros: siendo la Psicología la ciencia que estudia la psique (psyché), la eliminación de la “P” significa la disolución del objeto de nuestra disciplina (esto es excesivo), al menos la falta de denotación etimológica precisa en la denominación que nos identifica. El nombre de nuestra disciplina, dicen algunos, no comienza con “P”, sino con “psi” y esto hace una notable diferencia. Los des”p”izadores (entiéndase los exorcistas de la satánica p) dicen que la letra “psi” no existe en ninguno de los alfabetos vivientes, para ninguna de las lenguas vivas. Por lo que es apenas un rudimento de un pasado milenario del que deshacerse no es ni más ni menos que un acto de reajuste histórico imprescindible. La exclusión de la “P” no cambia nuestro objeto de estudio. Total que casi nadie la pronuncia.

La Real Academia de la lengua española, siendo un poco más transactiva dice: “En posición inicial de palabra, el grupo ps-, resultado de la trascripción de la letra griega psi, está presente en numerosas palabras cultas formadas sobre raíces o palabras griegas que comienzan por esta letra (psyché ‘alma’, pseudo- ‘falso’, psitakkós ‘papagayo’, etc.).- las asociaciones referidas por la Academia, por cierto, no nos favorecen: alma-falsa-papagayos, es como asociarnos a la idea de habladores de estupideces - En todos los casos se admite en la escritura la simplificación del grupo ps- en s-, grafía que se corresponde con la pronunciación normal de las palabras que contienen este grupo inicial, en las que la p- no suele articularse: sicología, sicosis, sitacismo, sicrómetro, seudoprofeta, etc. No obstante, la norma culta sigue prefiriendo la grafía con ps-: psicología, psicosis, psitacismo, psicrómetro, pseudoprofeta, etc., salvo en las palabras seudónimo y seudópodo, que se escriben normalmente sin p-“. ¿Ser o no ser cultos?. Esa es la cuestión.

Navegando por el “ciberespacio”, en algún lugar encontré los “Textos y pretextos” de Sábato (dicen que de finales de los setenta e inicios de los ochenta), quien molesto por la acción de un editor (me lo puedo imaginar) escribió: “¿Qué argumentos se pueden oponer a la grafía psi? No, por supuesto, la fonética, ya que la gente culta generalmente la pronuncia así. Y en el caso de que no se la pronunciase, tampoco es un argumento, porque si fuéramos a caer en la locura de escribir las palabras tal como se pronuncian tendríamos que poner payasadas… De modo que si a un escritor – léase cualquier persona, incluso un/a psicólogo/a - se le da la real gana de escribirlo sin… – léase con o sin p -, hay que respetarlo. Y si no se lo respeta, hay que protestar” (“Textos y pretextos” E. Sábato )

Podríamos concluir que son “Derecho” y “Cultura” los pilotes sobre los que se sustenta el uso o no uso de la “P”. La cultura nos marca un modo. El derecho nos lo relativiza. Decida cada quien.

A mi personalmente, me gusta la “P” de la Psicología. Es cierto que le da “prestancia”. La sonoridad de la que convierte a la “n” en “m”, le da a nuestro continente algo así como una marca de abolengo. No me imagino a nuestros ancestros omitiendo la “P”. Muchos esfuerzos se cristalizan mnemicamente en la “P” (ahora mismo, lo mnémico sin la “m” pierde carácter). Aquí en Cuba Bernal del Riesgo la defendió por escrito en el mismo año en que yo nací (Revista Cubana de Psicología. 1951). No puedo menos que secundar su defensa. La ensalzo con un soneto que acabo de escbir para la ocasión.

“Soneto a la P de la Psi”

Te prefiero “p” en todo momento
Como tronco silabario del saber.
Y asociado al pecado del placer
Te defiendo a pesar de rudimento.

Eres “p” con “s” como el viento
Que al sonar va cantando su sentido.
Quien te excluye adormece reprimido
Lo que yo exhalto, defiendo y siento.

Cese ya la sectaria alevosía.
Quédate “p” labrando este destino.
No hay destierro posible en el camino.

Quien dudó súmese hoy a nuestro sino.
Vengan ya. “Hoy es siempre todavía”
para escribir con “p” Psicología.

Puede que sea cosa de viejo. Pero puede que no. Puede que sea una discusión más de las tantas sin mucho sentido que existen entre nosotros. Sin embargo, desde esta, quizás bizarra discusión, podríamos llegar a otra (a lo mejor no menos bizarra, pero al menos potencialmente útil): ¿Qué distancia demarcaría para nuestra disciplina el uso o desuso de la “P”? La “P” se los aseguro, es apenas el pretexto. Los invito a mi aventura pecaminosa que no tiene otro fin que el de pensar en voz alta y ojala que en coro.

Tópico II. Con “P” y sin “P” el problema sigue en p-i-e.

Sainete segundo

El profesor de Historia de la Psicología se desempeña a fondo con Descartes en el aula 1 de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Profesor – Así Descartes reconoce “Yo puedo admitir que me engaño o soy engañado. Puedo suponer que no existe Dios, ni el cielo, ni los cuerpos, y que yo mismo no soy cuerpo. Pero para engañarme o ser engañado, para dudar o admitir que todo es falso, es menester que piense que soy algo y no nada. Emerge entonces la única proposición absolutamente verdadera porque la misma duda la confirma: “Cogito ergo sum”.

Atrás una estudiante, oriunda del Oriente del país, santiaguera, que hasta ese momento andaba en plan si me ves es falso y escuchando con una perfecta atención equivocada dice:
Alumna – Profesor, un momentico. Me puede decir otra vez eso del “coito” porque eso si que me interesa.

Tengo a mano un viejo diccionario (bueno, es más joven que yo. Apenas tiene 19 años): The Penguin “Dictionary of Psychology” de Arthur Reber . Busco en sus páginas “sychology” sin “P”. No esta. Obvio es un diccionario culto y tiene el derecho de escribirla como quiera. (por cierto, tampoco esta sin “P” en el clásico de Warren, ni en el de Székely, y no tengo ninguno más reciente. Ni tampoco más antiguo… no tengo ninguno más). Entonces busco “psychology”. Me responde (mi traducción libre): “La Psicología simplemente no puede ser definida; efectivamente no puede ser fácilmente caracterizada. Incluso si alguien lo hiciera hoy, mañana el esfuerzo resultaría inadecuado”. Ahora escribamos la misma frase sin “P”: “La Sicología simplemente no puede ser definida; efectivamente no puede ser fácilmente caracterizada. Incluso si alguien lo hiciera hoy, mañana el esfuerzo resultaría inadecuado” No cambia nada. El mismo perro con diferente “p”ollar. Desde su denominación nuestra disciplina parece condenada a la plurisemántica de la repetición compulsiva denominada por Watzlawick “más de lo mismo”, en la que esencialmente la diferencia no es un cambio, sino que “parece” un cambio.

El parto de la Psicología como “ciencia independiente” (al decir de los manuales clásicos), se atribuye, más bien se distribuye, a un grupo imaginario en el que, según la denominación del narrador, el titular puede ser Wundt, o Brentano, o James, o incluso Weber y Fechner, Pavlov o Bejterev… sí, es cierto que algunos pondrían a Watson, y otros a Freud… - Este parto, que no fue natural, sino por cesárea, tiene para cualquiera de los cuentos que se tome por cierto o fundamental un común denominador: la pretensión de construir una Ciencia. Palabra mayor.

El modelo de ciencia como propuesta finisecular “objeto-método”, encontró en la “P”psi (no cola, sino cología) su eje estructurante. Lo definió, por decirlo de un modo aglutinador de las comunidades y las diferencias, como “la experiencia subjetiva”. Las distancias entre los defensores de la consciencia (o el inconsciente) y los defensores de la conducta es más fenomenológica que de esencias. Declárenme loco de atar (no es nada nuevo): el conductismo fue, en su albor, una psicología de la experiencia subjetiva, solo que de la experiencia subjetiva alcanzable objetivamente (no en balde Vygotsky afirmaba que la construcción de una psicología científica pasaba inexorablemente por el conductismo, claro el que él conoció). Los tópicos de al menos las dos o tres primeras generaciones de conductistas (léase Watson, Tolman, Guthrie) eran los mismos que los de la llamada Psicología mentalista. Así como Marx sentenció en su momento “la unidad del mundo no reside en su ser, sino en su materialidad”, en humilde paráfrasis diría que “la unidad de la psicología no residía en sus modelos teóricos, sino en su intención de ser ciencia de la experiencia subjetiva”.

La “P”psi es entonces la definición de un objeto, de su objeto (vuelvo al clasicismo del mundo antiguo: “alma”- “psyché”. Estamos hablando de la definición de un “objeto” para una “ciencia”. Insisto si el modelo es “objeto-método” la disquisición sobre el objeto realiza el 50% del carácter científico de la Psicología: Slogan - “Tenga un objeto y hágase ciencia”. Hacer ciencia en Psicología es desde entonces, y espero que no para siempre, estudiar su objeto (digo en esta porción del porcentaje medio). La “P” nos remite al carácter científico y lo hace desde el objeto.

¿Pero que estudiamos cuando estudiamos “el objeto de nuestra ciencia”? Avancemos un poco en esta dirección.

En cualquiera de sus variantes conocidas, y que antes me tomé el atrevimiento de aglutinar en el concepto de “experiencia subjetiva”, lo que la Psicología como Ciencia ha propuesto estudiar es un “no es”. Para ser admitida en el Círculo de las Ciencias había que renunciar a toda carga de subjetivismo (subjetividad) para en su lugar instaurar el discurso de la objetividad. Historia bien conocida por todos los presentes. Sin embargo, la objetividad de la Psicología, ya saben, se dejó en manos del método. Para la objetividad del objeto basta con la objetividad del método – quiere decir que algún Babalao “monetarizado” podría encontrar en los caracoles (naturaleza muerta, pero naturaleza) la fundamentación científica de la veracidad de sus predicciones y por ende del costo de su sesión. En realidad, volviendo a nuestro “bembé” (para los becados y estudiantes que son del “interior”, entiéndase del campo, introduzco la palabra “guateque” . Para los que son del “exterior” digo “discurso” – este último suele ser el más aburrido), se le concede status de objeto de una ciencia a un “objeto no ontológico” sino “gnoseológico”. Dicho de otro modo un objeto no “ser”, sino abstracción del ser. Nada nuevo: un objeto teorético. Pero no solo esto, sino un objeto teórico abstracto. Si quieren más evidencias los remito al “padre inseminador” de la Psicología, Guillermo Wundt y su proceder científico denominado como “introspección experimental adiestrada”. Tras su huella recordemos el “error del estímulo” – Titchener: “la percepción de objeto real, de realidad, es un error”. Ustedes me verán gordito, pero es un error. Yo soy Brad Pitt. La dimensión esencial y primaria del objeto no se encuentra en el ámbito de la realidad sino de la subjetividad.

Recuerdo a finales de los ochenta, (mil novecientos, no mil ochocientos) miraba estupefacto en la dirección de un “morro fabelado” en Río de Janeiro, cuando el psicoanalista que me acompañaba intervino: “Interesante no e… as pessoas estruturan a sua vida desde a cartografía de o seu desejo mesmo” (me perdonan mi pésimo portuñol: “que interesante no… las personas estructuran su vida desde la cartografía de su propio deseo” (que clase de estupidez = las personas son fabelados porque desean serlo… vamos a desear que Bush no sea presidente de los Estados Unidos). Pero el tema es claro: el objeto teórico sustituye a la realidad y la realidad es apenas un escenario para interpretar la verdad subyacente en la estructura subjetiva. En mis tiempos de estudiante (que no de estudioso, porque eso si sigo siendo) eso se llamaba esquizofrenia. Entonces tras cierta defensa de la “P” (el objeto de la Psicología) la cosa es “p”eo-r de lo que uno puede suponer.

¿Alguien conoce algún objeto de ciencia que sea verdaderamente un “no es”? ¿Un objeto que se defina por sí mismo? ¿Alguien conoce, fuera de un museo – oficial o domestico – un objeto que no se modifique cuando menos bajo la acción del tiempo? ¿un objeto que por su inmovilidad no se “obsoletice”? ¿Qué objeto es ese que se “encarna en la P” y que transita, o pretende transitar, a la Psicología, como diría Mazota “desde y para siempre”?.

Las cosas no han sido tampoco tan intransitables. Hoy ni el más furibundo discípulo de Füerbach defendería el carácter “objetal material” del objeto de la ciencia psicológica a despecho de su dimensión subjetiva. Tampoco la viva encarnación del Obispo irlandés Berkeley, ni contando con una eufórica “hinchada” de constructivistas a ultranza, admitiría hoy que no se puede chocar con un “objeto objetal material” que no sea un objeto pensado (es como admitir que los accidentes de transito no existen, son pura imaginación). Ya Weber lo había dicho a su manera: “La creencia en el valor de la verdad científica no procede de la naturaleza, sino que es producto de determinadas culturas”. Sin embargo, aburre, indigna, y aún inmoviliza la consideración del objeto de la Psicología al margen de su historicidad, de su contextualización. Al fin y al cabo, si sabemos que el objeto de una ciencia es sobre todo una convención, por qué entonces desde aquí no se entiende que su carácter es ineluctablemente dinámico, quiere decir con capacidad, más aún con necesidad (demanda), de incluirse no solo como objeto en sí, sino como objeto para sí y para los demás. Es objeto de un sujeto: un sujeto colectivo, histórico. El sujeto no del objeto, sino de la vida en la que el objeto tendría su sentido esencial.

Quién lo diría: la “P” dando sentido a la Psicología como ciencia. “P”psi (adelante que podremos hasta ser una “Ciencia Light”, baja en calorías, plástica). Entonces hemos, han, venido hasta este lugar a hablar de la “psyché”, con el propósito de entender mejor que es la “psyché”, para escribir artículos sobre la “psyché” y al final “p –si – y qué” ¿Y qué? Y nada. Entonces, no se ustedes, pero yo me he equivocado de Congreso. Ustedes también no se me hagan los “plasticientíficos”, no tiene sentido. ¿Qué tendrá que ver esa “P”psi todo lo que van a hacer, escuchar, debatir, aquí?

Me uno en esta disquisición al análisis de Marcos Murueta . Él aboga por una reinstitución de la noción de praxis: “Los psicólogos – dice – estamos involucrados con el fenómeno más complejo que existe: la praxis…estudiar a los seres humanos de carne y hueso” (Murueta M. 2002. p.33, 57). Pero lo real dominante es que la construcción de la identidad científica de la psicología ha estado construyendose (en realidad destruyendose) en una suerte de “autofagocitosis conceptual” típica de lo que Asebey, también identifica con la tragedia de Narciso. En simple plagio, espero que, autorizado por la autora diría: “la Psicología tradicional, académica es narcisista, se identifica con lo que quiere ser y no con lo que es, se enamora de su imagen idealizada, y funciona con este falso yo, su carácter de ciencia anclado a su objeto” (la semicita es del texto aún inédito “El narcisismo ¿salud o enfermedad del neoliberalismo?” y que, como les dije, podrán escuchar en este Encuentro).

Haciendo “eco actvio” (entiéndase transformador, creativo, con luz propia) de Lakoff y Johnson , dice Clara Jasiner “nuestros conceptos, en términos de los cuales pensamos y actuamos, son fundamentalmente de naturaleza metafórica… lo que caracteriza a las metáforas es entender y experimentar una cosa en términos de otra; ellas estructuran lo que hacemos y cómo entendemos lo que hacemos” de donde se entiende como imprescindible “revisar nuestras metáforas referidas a la Psicología… pues las mismas, más que dar cuenta de una realidad, nos delimitan cierto abanico posible de percepciones, nos abren algunas posibilidades de construir el mundo y nos impiden otras; impedimento que, habitualmente, no percibimos”.

No es difícil imaginar por donde ando tomando como cómplice a Clara (ella no estará en este Encuentro…en realidad ni la conozco, pero los cubanos somos así: confianzudos. Además me “a”clara). El objeto de una ciencia, el objeto definido para la Psicología es una metáfora consensuada (bueno, más o menos consensuada) un “modo consensuado de metaforizar” la percepción de la Psicología, del aparato conceptual que presumiblemente se desprende de dicha percepción. ¿Tienen alguna idea cuantas metáforas consensuadas por adeptos y adictos de una misma percepción pueden encontrarse definiendo el objeto de la Psicología y por tanto el 50% de su carácter de Ciencia? ¿Cuál ha de ser nuestra metáfora? ¿A qué tipo de práctica científica y profesional nos convoca?

Tópico III. Entre “P” y “S” hay quien se decide por la “Q” o la “R”

Sainete Tercero

Un grupito de alumnos se acerca al Profesor de Estadísticas aplicadas a a la Psicología, quien unos minutos antes acababa de publicar las notas del examen final de la asignatura. Dentro del grupo uno de los muchachos resultó suspenso en la prueba, obtuvo menos de setenta puntos. Le dice a sus amigos: “Tengo que impresionar al profe para ver si me da los dos puntitos que me faltan para aprobar”. Entonces, con sus otros tres compañeros se acerca al Profesor.

Alumno – Profesor, me permite un momento.

Profesor – Dígame Sebastián.

Alumno – Profe, mire: Miguel Antonio saco 98 puntos en la prueba.

Profesor – Correcto.

Alumno – María Felicia sacó 98 también.

Profesor – Cierto. Así es.

Alumno – Marcela sacó 96… y yo 68.

Profesor - ¿Y qué pasa?

Alumno – Estaba pensando en que podríamos aplicar la fórmula de la media: sumamos 98 +98 +96 +68 lo dividimos entre cuatro y los cuatro tenemos 90.

El profesor se queda impresionado. Estaba convencido que la única media que conocía Sebastián era su “media naranja”. Por lo que para ponerlo a prueba definitiva le dice:

Profesor – Por mi no habría problemas, Sebastián, pero la “desviación estandar” lo permitiría.

Sebastián con la ingenuidad del que no sabe ni que no sabe, le riposta:

Alumno – Déjeme hablar con ella y estoy seguro que la convenzo.

“Si alguno que me escucha se viera retratado” en lo que va de Conferencia (ahora tomo prestado un fragmento de “Resumen de Noticias” de Silvio Rodríguez a quien citocanto con mucha frecuencia) o alguno que me lea en caso de que me publiquen, (“sépase que se hace con ese destino”) Me podría increpar porque la cientificidad del objeto es solo un aspecto (ya lo dije, el 50%). Y me diría quizás que me falta el método.

Demasiada tela por donde cortar. ¿De qué me hablan cuando me dicen “el método”? Las cosas han cambiado, eso espero, pero les cuento de mi “frustración primaria”, la decepción que convocó a mi “disidencia pecaminosa” (que no es una disidencia cualquiera, sino comprometida).

Sucedió hace apenas unos años. Recién se iniciaba la década del setenta. Probablemente la mayoría de ustedes no había nacido (aunque sus progenitores ya ensayaban para hacerlos). Yo era un “bastante bueno” estudiante de la Escuela de Psicología de esta Universidad de La Habana, que por los avatares de un destino escrito por seres humanos a su criterio y antojo, formaba parte de la Facultad de Ciencias. Eramos “colegas de ciencia” con los matemáticos, físicos, químicos, biólogos, etc. Había cursado ya una cantidad tal de materias de la carrera que me sentía “cuasipsicólogo” y discutía de “tú a tú” con los matemáticos las especificidades numéricas de las ciencias naturales. Estabamos en la Ciencia dura y pura. Pero a los ojos de los “naturales”, nuestra imagen no era tan clara. Para ellos siempre hemos sido una ciencia menor (Times New Roman punto 8).

Pues bien, un día, un “trasnochado” físico, hablando de la Psicología, me dijo: “¿Cómo se le puede decir Ciencia a un conjunto de representaciones que no tiene leyes establecidas? Ustedes no tienen ni denominación propia de fenómenos”. Por suerte en esos días transitaba yo por el estudio de la Gestalt en la asignatura Historia de la Psicología y, a pesar de que mi memoria se encontraba a un dieciseisavo de su funcionamiento a causa de las emociones que me embargaban, reaccioné y le dije: “Acaso sabes lo que es el Efecto Zeigarnik, o el Fenómeno Phi, o las leyes de la buena forma”. Lo cogí fuera de base. Y con la victoria en la mano le di la espalda y me fui. La Ciencia Psicológica se había anotado un triunfo y el que no sabe lo que es triunfar “no sabe lo que la vida”.

Pero, llegado a la biblioteca, y con el ánimo de que me dieran “A” en el seminario que tenía al otro día, me fui a los textos de los discípulos fenomenólogos de Brentano. Fue entonces que descubrí que el Efecto Zeigarnik, reconocido como inscripción cientítifca de nivel laboratorio experimental, se obtuvo de la aplicación de ciertos crucigramas y construcciones de collarcitos a un grupito no mayor de 22 sujetos (sujetos a la impertinencia e insistencia del investigador). Oh, Oh!. El “phenomeno phi”, arquetipo de ley universal en la Ciencia Psicológica había sido “descubierto” y devino en hecho científico por medio de un procedimiento pecaminoso ante los ojos de “La Santa Inquisición metodologicista”: Kohler “aplicó” el test a Werthwimer y a Koffka. Koffka a Kohler y a Werthwimer. Wertheimer a Kohler y a Koffka. Total: seis casos de estudio. Seis sujetos investigados. Una muestra representativa que era en realidad la población de “psicólogos” presentes en el tren que los llevaba a no recuerdo dónde y desde el que, a través de la ventanilla, percibían que la hilera de árboles que se erigía a lo largo de la línea del ferrocarril, árboles que obviamente estaban inmóviles, a la percepción de los tres progenitores de la llamada Psicología de la Gestalt, parecían estar en movimiento. Que cosa. Resulta que “los grandes” fueron disidentes de lo mismo que defendían o imputaban. Resulta que la “P” de la Psicología puede significar algo mucho más vivo y real que la tendencia númérica de “la psyché”.

Entonces para no extenderme demasiado en este “primer tope” del Congreso les recordaría que si juzgo por el aliado fundamental de la cientificidad sustentada en el método me pondría de bruces en los brazos de la estadística o de algún que otro modelo matemático. (Líbreme Dios! ya con mi profesora y amiga Martha Vázquez pacté hace muchos años, para no conflictuar, que hasta en las ciencias hay “males necesarios”). En este caso solo les digo una cosa (que no se si alguien la dijo antes, va y a lo mejor es una cita): “Cualquier estadística convenientemente torturada acaba por hacer la confesión que nos conviene”. Como siempre, ahora con Engels F: “los hechos siguen siendo hechos, no importa cuan falsas sean las representaciones que de ellos se hacen”. ¿Y quién dictamina el carácter de hecho? ¿la ciencia o la vida? El Dr. Ernesto González Puig, profesor de profesores, hombre lleno de amor a la vida, con el sagrado don de expresarla hasta por los poros me aconsejo: “Si quieres morir de desengaño dedícate a la ciencia. La vida te pasará por al lado sin darte cuenta (esto se parece a Lennon.. lo citaré más adelante). Pero si te dedicas a la vida, algo harás de bueno para la ciencia”. Gracias Profe.

El libre ejercicio del pensamiento, acto desde el que escribo esta Conferencia para ustedes, estudiantes de Psicología, tiene estas desventajas: de pronto ando en broncas que colman nuestro día a día y que llamamos la construcción de nuestra disciplina, de pronto ando como perdido en un laberinto. No hay tras mis palabras otro afán que el de participar en esta misión que nos compete a todos los presentes: ser luchadores por el bienestar de las personas. No soy anarquista (bueno, no mucho). No estoy tratando de hacer un “piercing” posmoderno para la Psicología. Mucho menos estoy tratándo de decirles “cuál es la verdad”. Estoy, eso sí, haciendo una opción. Y cuando de opción se habla, se habla de compromiso. Y cuando de compromiso se habla es imprescindible saber con que nos comprometemos y cuáles son los costos de ese compromiso.

Lo único que he intentado decir es que la “P” que defiende un objeto nombrado desde “psi” habla de una insuficiencia histórica que como accidente lógico y eficaz del pasado ha de conformar nuestra memoria pretérita. Pero en nuestro despliegue proactivo no significa más que una alternativa incompleta e inepta para la constitución de la ciencia psicológica y de su devenir profesional hoy, para hoy, para este tiempo. Como ya he dicho esa Psicología que defendió (y defiende) esa “P”, con o sin “P” esta muerta o en trance de suicidio

Tópico IV. Para toda psicología hay más de una “P”. “P”ongámos la nuestra.

Sainete IV.

Inicio de curso en una típica Escuela de Psicología de una no menos típica Universidad latinoamericana hecha típicamente a la imagen y semejanza de una típica Escuela de Psicología de una no menos típica Universidad de los Estados Unidos de Norteamérica. Es el típico primer día de clases para los típicos recién ingresados en la carrera , y el Profesor dicta su típica conferencia sobre el carácter de ciencia de la típica Psicología. Un típico alumno que hace apuntes (no, si hace apuntes es un atípico), se queda dubitativo y pregunta al profesor.
Alumno – Disculpe profesor, Psicología se escribe con “P”… con “P” de “p”olítica.

Profesor – Jovencito, Psicología sí se escribe con “P”, pero con “P” de psique y no tiene nada que ver con la política.

Me acerco al final de mi enconada y espero que también lúdica (quien sabe si hasta lúcida) diatriba probablemente con lo que es el inicio. Los que me conocen y me han escuchado otras veces saben que es mi obsesión, es, no me avergüenza decirlo mi típico final (que más quisiera yo que pudiera ser otro, pero como Maná digo “no puedo”.

Para que no me acusen de “proselitismo nacional chovinista” comienzo con Frei Betto (cuando lo conocí, en 1986, organizábamos aquí en La Habana un Encuentro latinoamericano de Psicoanalista y Psicólogos marxistas, me dijo: “Tenga mucho cuidado con los psicoanalistas… lo quieren llevar todo al diván” (se equivocó, por cierto, no eran los psicoanalistas, sino las psicoanalistas)

“Cuatro norteamericanos…poseen juntos una fortuna superior al PBI de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, tres jugadores…reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes… Dos terceras partes de la población mundial -4 mil millones de personas- …ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 a 80.… la publicidad invade nuestro universo psíquico, que llega a invertir la relación persona mercancía…El producto pasa a tener más valor que la persona…Un pequeño grupo de privilegiados … controla el juego de poder en este mundo en que la política es siempre dirigida por la economía” (Frei Betto “Cuatro Economías”)

Ahora sigo con Galeano

“El mundo está destinando 2.200 millones de dólares por día a la producción de muerte… Nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, escuela y remedios a todos los niños que no tienen… Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

Perdónenme, pero les quiero decir algo más. Ahora son las Naciones Unidas quienes hablan. Doy sus cifras y valoraciones. “Saquen ustedes sus propias conclusiones”.

“Las funciones esenciales de las Naciones Unidas…tienen un presupuesto anual de 1.250 millones de dólares. Esta cifra representa aproximadamente el 4% del presupuesto anual del ayuntamiento de Nueva York, es casi 1.000 millones inferior al costo anual del Servicio de Bomberos de Tokio y 3.700 millones inferior al de la red de universidades pertenecientes al Estado de Nueva York… En todo el sistema de las Naciones Unidas trabajan 52.280 personas, que se reparten por el mundo entero… El número de personas que trabajan en McDonald's es tres veces superior, mientras que Disney World y Disneyland tienen 50.000 empleados…. Las Naciones Unidas …disponen de 4.600 millones de dólares al año para promover el desarrollo económico y social; esta cantidad, que equivale a 81 centavos por ser humano se emplea en asistir a los países en ámbitos como la salud, la sanidad, la agricultura, la distribución de alimentos, etc…La participación de los Estados Unidos en los gastos de mantenimiento de paz…representa menos del 0,2 % del presupuesto anual militar estadounidense”.

¿A dónde hemos llegado? ¿A dónde aún nos vamos a dejar llevar? ¿Cuán cómplices podemos ser de esa realidad? ¿Cuántos ante esta verdad solo dicen: “Psyché” = pSi-y-qué? ¿Cómo se inscribe la Psicología en ese mundo, con “P” o sin “P”?. ¿Nos podemos contentar con la imagen del “nowhere man” que nos dibujaron Lennon y McCarteney: “He’s a real nowhere man, sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody”?. Al final tendremos que, reajustando a Lennon decir: “life's what happens to people when we're busy making Psychology” (la vida es lo que le pasa a la gente mientras estamos ocupados haciendo Psicología).

Mi casi absoluto distanciamiento del pensar y hacer skineriano no me impiden reconocer que Burrus… Frederick alguna que otra vez dijo algo sensato. Incluso muy sensato : "Nos queda por resolver un problema de mayor importancia. Más que construir un mundo en el que todos podamos vivir bien, debemos dejar de construir uno en el que será imposible vivir" (Skinner B.F. 1989.p.84).

A finales del año pasado, junto a un grupo de estudiantes del primer año de la carrera, enviamos una “Carta Abierta a los Psicólogos Norteamericanos” los típicos psicólogos de APA. Queríamos que nos ayudarán en una batalla esencialmente humana que libramos los cubanos por el regreso de cinco compatriotas injustamente detenidos en cárceles estadounidenses. Para entonces escribimos:

“Somos psicólogos, o aprendices de psicólogos, convencidos de que la verdadera ciencia psicológica está ligada al respeto insobornable por la realidad y el análisis científico y socio-político que ésta exige, que la verdadera ciencia psicológica se funda en la profunda comprensión de que la pobreza, el hambre, el analfabetismo, por solo señalar algunos de los apocalípticos acompañantes de la geopolítica finisecular, no son el resultado de cómo nos representamos al mundo, sino de cómo la injusticia histórica del poder nos lo ha construido”.

El centro de gravedad (gravedad en toda la extensión de la palabra) de la psicología ha de estar allí dónde se revele como una real ciencia humana: del ser humano real y concreto, para el ser humano en su realidad concreta, con el ser humano en la realización de su vida y su misión humana. Si la “P” nos “P”sicologiza y nos “P”arapeta “P”arásitamente “p”ara no ver los reales “P”roblemas que sufren los seres humanos, sentido real de nuestra profesión, si la “P” nos convoca a una “P”rostitución de nuestros deberes elementales, entonces con el “P”erdón de los “P”resentes y los ausentes: iAl carajo la “P”! Si es con “P” porque nos liga a la lucha contra la “P”obreza, contra el malsano “P”oder, con una “P” que nos convoca a la “P”articipación con “P”luralismo y “P”rofesionalismo, salutación a la “P”!.

Abramos las puertas a una “icología” o “P”sicología, o Sicología que sea definitivamente “con todos y para el bien de todos”.

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