CAMBIOS EN EL SIGNIFICADO DEL TRABAJO

 

Pilar Martínez Seijas

Catedrática de Escuela Universitaria de la Universidad de A Coruña

Jesús Santiago Barreiro García

Psicólogo Clínico

 

 

Introducción

Con relativa frecuencia los medios de comunicación se hacen eco de la falta de personas para desempeñar determinados puestos de trabajo. Es fácil encontrarse con reseñas de prensa que indican la existencia de un déficit de empleados en el terreno de las nuevas tecnologías, en el campo sanitario, o en las tareas agrícolas e industriales. Y al mismo tiempo, se informa que existe un gran número de personas que incrementan los datos del desempleo, mientras centenares de miles de puestos de trabajo quedan vacantes por falta de personas que estén dispuestas a desempeñarlos. Esta situación, que parece paradójica, puede explicarse, al menos en parte, desde el ámbito de las ciencias del comportamiento.

Los cambios operados en la importancia atribuida por las personas al trabajo, en sus vidas, permite ofrecer una explicación plausible del desajuste existente entre la oferta y la demanda de puestos de trabajo.
Aunque son múltiples las razones y las explicaciones que pueden darse al efecto, pretendemos hacernos eco de algunas aportaciones que en este terreno se están haciendo desde el campo de las ciencias del comportamiento.

La incorporación al trabajo

Las personas atribuimos al trabajo un significado que hemos adquirido a lo largo del proceso mediante el cual adoptamos los elementos socioculturales de nuestro medio ambiente y los integramos a la personalidad para adaptarnos a la sociedad a la que pertenecemos, conocido como socialización.

La socialización laboral básica es un proceso mediante el cual adoptamos un conjunto de valores, creencias, actitudes y normas que la sociedad transmite a sus miembros en relación con el trabajo.

El significado atribuido al trabajo incluye un conjunto de creencias y valores que los individuos desarrollan a lo largo del proceso de socialización laboral. Dicho conjunto de creencias y valores sufre modificaciones en función de las experiencias personales y a las diferentes situaciones que ha de afrontar cada individuo. Es decir, se establecen a través de la educación en la infancia y la adolescencia y tienen un efecto duradero en la personalidad; pero los individuos los adaptan y modifican a lo largo de su vida conforme viven diferentes fases y situaciones (Drenth, 1991).

Los estudios realizados a tal efecto han identificado (Gracia et als., 2001) como principales componentes del significado del trabajo los siguientes: centralidad e importancia concedida al trabajo, las normas o creencias sobre el mismo (MOW, 1987) y los valores laborales, que describiremos a continuación.

Importancia concedida al trabajo

Todos concedemos diferente importancia al trabajo dentro de nuestra vida. Así, escuchamos expresiones tales como: “interés central de la vida”, “implicación con el puesto”, “relevancia de la carrera”, “relevancia del trabajo”, “compromiso con el trabajo”, y otras similares, que no hacen sino determinar el grado con el que una persona se identifica con su trabajo y hasta qué punto éste es central para su identidad. Supone que, de alguna manera, valoramos el trabajo, y el peso comparativo que tiene con otras esferas de nuestra vida, como la familia, el tiempo libre, o el ocio.

La centralidad en el trabajo es una creencia de las personas respecto a la posición del trabajo en sus vidas, y las implicaciones actitudinales y comportamentales para su desempeño. Por tanto, es variable entre unas personas y otras, e incluso diferente en cada etapa de la vida de una persona.

Normas y creencias sobre el trabajo

Cuando las personas hacemos valoraciones sobre el trabajo, efectuamos afirmaciones desde la perspectiva del individuo y de la sociedad. Esas creencias que explicitamos, muestran valores culturales y pueden variar entre culturas y países. Pero en general, reflejan dos grandes posturas: la consideración del trabajo con un derecho o como un deber. Al manifestarnos, expresamos las creencias que como miembros de la sociedad mantenemos sobre las obligaciones y derechos del trabajador, y sobre las obligaciones y derechos de la sociedad respecto al mundo del trabajo. Tales posturas son independientes y no alternativas, puesto que podemos estar de acuerdo con la consideración del trabajo como derecho y también como un deber.

La creencia del trabajo como una obligación del individuo respecto a la sociedad, supone que el trabajo debe valorarse con independencia de su naturaleza, pues es un medio a través del cual se contribuye al buen funcionamiento de la sociedad y se debe velar por la seguridad futura a través del ahorro. Supone estar de acuerdo con afirmaciones tales como “es el deber de cada ciudadano contribuir a la sociedad con su trabajo”, “una persona debe valorar su trabajo incluso si es aburrido o monótono”, “las personas deberían ahorrar parte de sus ingresos para su futuro”.

El trabajo concebido como derecho se materializaría en las opiniones de personas que opinan que cualquier miembro de la sociedad no solo tiene derecho a tener un empleo, sino un trabajo interesante y con sentido, a participar en las decisiones concernientes al mismo, a una educación que le prepare adecuadamente para él y a la actualización de sus conocimientos, cuando quedasen desfasados. Esta nueva visión emerge en los últimos años 60, en el marco de un cambio de valores general en las sociedades occidentales y tiene un alcance mucho más amplio, desplazando, mayoritariamente, a la que concibe el trabajo como una obligación.

Valores laborales

El segundo concepto implicado en el estudio del significado del trabajo es el de los valores laborales. En general, un valor es una concepción que una persona y/o un grupo tienen de los aspectos deseables que influyen en la selección de modos, medios y fines disponibles para llevar a cabo una acción (Rockeach, 1973).

Por extensión, los valores laborales hacen referencia a qué aspectos o características del trabajo son importantes para una persona y preferiría encontrar en su trabajo. Algunos autores (entre otros, Broedling, 1977) distinguen entre una valoración intrínseca y otra extrínseca. La primera, intrínseca, sería la provocada en el individuo por aspectos característicos de la propia actividad, motivadores por sí mismos, y que caen bajo el control del sujeto; es decir, todos los relacionados con aspectos motivadores del contenido de la tarea, su variedad e importancia. En ese caso la actividad es un fin en si misma y es una actividad expresiva, valorada y satisfactoria para la persona.

La valoración extrínseca vendría provocada por las recompensas o incentivos independientes de la propia actividad del sujeto y cuyo control depende de eventos externos. Conduce al individuo a valorar determinados aspectos del contexto del trabajo, sean el salario, las relaciones interpersonales o la estabilidad del trabajo. En este caso, estaríamos ante una actividad laboral realizada para obtener unos beneficios, no es un fin en si misma, sino un medio para obtener un fin. La actividad adquiere un carácter instrumental y la desempeña un sujeto, porque le proporciona unos ingresos económicos.

Valores laborales más extendidos

La evolución experimentada, desde una perspectiva comparativa, por los valores laborales en una muestra española a lo largo de una década, ha sido importante, tal y como García Montalvo et als. (1997) indican en su trabajo. Los resultados ponen de manifiesto que los aspectos más valorados en el trabajo son: los ingresos, la seguridad en el empleo y los buenos compañeros de trabajo. Del posterior análisis de los datos de las diferentes valoraciones surgen dos aspectos como primordiales, a la hora de valorar el trabajo: uno, relativo a aspectos de desarrollo personal y, el segundo, agrupa los aspectos relacionados con las condiciones materiales, siendo éste el más valorado.

Comparando los resultados en una perspectiva temporal, se constata la pérdida de compromiso con el trabajo, con el consiguiente alejamiento de los objetivos de autorrealización personal en el trabajo, importando menos las funciones de utilidad social del mismo. La autorrealización personal se reserva a otras áreas distintas del trabajo, aunque las condiciones de trabajo sean el soporte básico de las acciones sociales que emprendan fuera del mismo.
Por géneros, los hombres tienden a demandar más el trabajo que las mujeres, y presentan una mayor motivación por los aspectos relativos a los valores laborales, especialmente, los más jóvenes. Valoran menos la seguridad en el empleo y valoran más las vacaciones. Valoran poco un trabajo bien considerado, con prestigio social, y prestan más atención a una buena relación personal, con un ambiente de trabajo agradable y tratar con gente.
Indican, que los jóvenes son los que más persiguen el factor de desarrollo personal, mientras que el grupo de 55 a 64 años, sigue preocupado por las condiciones materiales.

Cambios en el significado del trabajo

Parece obvio que los valores laborales se van a formar a través del contacto con la realidad laboral. El contacto con el trabajo permitirá que los jóvenes aprendan a valorar con mayor realismo ciertos resultados o características del mismo y a preferirlos por delante de otros, por eso presentarán un carácter más situacional y dinámico, especialmente en los primeros años de empleo. Al incorporarse a una actividad laboral, cualquiera que sea ésta, se produce una confrontación entre los valores del joven y las demandas de la organización, y entre sus expectativas y la realidad del mundo laboral. Se producirán cambios en el individuo y en la organización, en un intento por ambas partes para conseguir un ajuste óptimo, bien mediante el cambio propio o de la otra parte.

El estudio de Gracia y sus colaboradores (2001), referido a los cambios operados en los componentes del trabajo en los primeros años, apuntan que afectan negativamente al significado entre los jóvenes. En sus palabras: “se produce un descenso en la centralidad del trabajo y en la consideración del trabajo como un deber, y un aumento en el valor que conceden a aspectos extrínsecos e intrínsecos del trabajo. Es decir, durante los primeros años de empleo ha disminuido en los jóvenes la importancia que conceden al trabajo en sus vidas, y el grado de acuerdo con toda una serie de obligaciones que perciben que como trabajadores pueden tener en relación con el mundo del trabajo. Por el contrario, ha aumentado el valor que conceden a la mayoría de las características que puede tener un trabajo, es decir, otorgan más valor a las compensaciones que pueden recibir por realizar un trabajo, seguramente porque han encontrado que este es menos satisfactorio de lo que esperaban, como manera de restablecer la equidad” (pág. 216).

En la misma línea se encuentran los datos que ofrece el Estudio de inserción laboral 2003 (EIL), de la Universidad Carlos III de Madrid (ABC, 2003). Tiempo libre y estabilidad, son los principales valores laborales entre los jóvenes, relegando al séptimo lugar la remuneración económica por el puesto laboral desempeñado. Disfrutar el tiempo libre del fin de semana es la prioridad para los jóvenes, en tanto que el posible beneficio social derivado de su labor profesional es un factor que apenas se tiene en cuenta.

No obstante, los antes señalados, Gracia y colaboradores, destacan como conclusión que, nada indica que el significado del trabajo se configure durante la infancia y permanezca inalterable el resto de la vida, sino que puede variar cada uno de los significados, y en diferente magnitud. Alertan sobre la importancia de que las organizaciones y la sociedad cuide las características del trabajo que ofrece a los jóvenes, en la medida que la precariedad puede originar cambios de orientaciones favorables a otras desfavorables, y viceversa, e incluso la pérdida de efectivos desanimados por las condiciones laborales.

Conclusiones

En suma, parece evidente que existe un desajuste entre los puestos de trabajo que el sistema económico de la sociedad ofrece y lo que los demandantes de empleo buscan. Parte de esta situación puede explicarse por los cambios operados en el significado del trabajo para los sujetos en edad de trabajar, a tenor de los resultados obtenidos de su estudio y consistentes en muestra estudiadas internacionalmente. La importancia concedida y las creencias sobre el trabajo, bien como derecho del individuo o bien como deber de la sociedad, y la valoración extrínseca o intrínseca que hacemos de nuestros empleos, varían de unos sujetos a otros, o incluso en cada individuo, a lo largo del tiempo.

El desajuste entre lo que las personas esperamos de una actividad y aquello que nos ofrece una organización al incorporarnos a ella, puede explicar que queden puestos de trabajo vacantes, por falta de personas dispuestas a desempeñarlo. Es importante, especialmente en las primeras experiencias laborales, prestar atención a una adecuada socialización laboral, tal y como nos indica la evolución que experimenta la valoración del trabajo. La pérdida de compromiso con el trabajo o la autorrealización personal a través de la actividad laboral, con frecuencia, parecen dar paso a la preocupación por las condiciones materiales (salarios, vacaciones, días libres, horarios, etc.), entre las personas a las que se solicita su opinión. Estas mismas personas indican que su autorrealización personal se reserva a otras áreas distintas del trabajo (horario libre, en unión del grupo de amigos y personas de su edad, realizando actividades placenteras, de ocio, etc.). El trabajo pasa a ser valorado en cuanto soporte material para llevar a cabo las acciones sociales que se emprenden al margen o fuera del mismo.

 

Bibliografía.

  • ABC (2003): Suplemento NT, del día 7/9/2003, pp. 16 - 17.
  • Enciclopedia Microsoft® Encarta® (2002). © 1993-2001 Microsoft Corporation
  • Drenth, (1991): Work Meanings: A conceptual, semantic and developmental approach, European Work and Organizational Psychologist, 1, 125-133.
  • Gracia, F.J.; Martín, P.; Rodríguez, I., y Peiró, J.M. (2001): Cambios en los componentes del significado del trabajo durante los primeros años de empleo: un análisis longitudinal. Anales de Psicología. Vol. 17, nº2, 201-217.
  • MOW International Research Team (1987): The meaning of working: An International view. Academy Press, London.
  • Rockeach (1973): The nature of human values. Josey-Bass, San Francisco.
  • Broedling, L.A. (1977): The uses of the intrinsic-extrinsic distinction in explaining motivation and organizational behavior. Academic of Management Review, 2, 267-274.
  • García Montalvo, J.; Palafox, J., Peiró, J.Mª y Prieto, F. (1997): La inserción laboral de los jóvenes en la Comunidad Valenciana. Valencia, Fundación Bancaixa.
  • Gracia, F.J., Martín, P., Rodríguez, I., y Peiró, J.M. (2001): Cambios en los componentes del significado del trabajo durante los primeros años de empleo: Un análisis longitudinal. Anales de Psicología., vol. 17, nº 2, 201-217.