Todos sabemos la importancia que tiene para el desarrollo personal, social y profesional de las personas, la incorporación de nuevos conocimientos, la capacitación permanente y el crecimiento intelectual. Pero muchas veces nos equivocamos al establecer prioridades, porque nos olvidamos de algo fundamental: la educación para la vida emocional. El simple y complejo hecho de vivir supone un aprendizaje, y para mejorar nuestra calidad de vida, debemos aprender a observar, analizar, indagar, reflexionar y utilizar adecuadamente los “saberes cotidianos” que vamos incorporando día a día.
Pero para encontrar nuestro equilibrio interior, actuar con responsabilidad y aspirar a un desarrollo pleno (en la medida de nuestras posibilidades), tenemos también que aprender a distinguir, entender y controlar nuestras emociones y sentimientos. Esto significa saber contextualizarlos, jerarquizarlos, interpretarlos, tomar conciencia de ellos y de sus consecuencias, en nosotros y los que nos rodean. Porque cualquiera de nuestras reflexiones o actos en un momento determinado pueden verse afectadas por nuestro estado anímico y, de esa manera, pueden interferir negativamente en la resolución de un conflicto, en una toma de decisión, o en nuestra interacción con el medio.
Teniendo en cuenta esto, vemos que en la actualidad, nuestra práctica clínica se enfrenta a grandes desafíos y fuertes transformaciones. El quehacer del psicólogo de hoy no puede quedar acotado al tratamiento de estructuras psicopatológicas clásicas, ni a la utilización del método psicoanalítico tradicional. Muchos de nosotros, ubicados en el Paradigma de la Psicología de la Salud, nos hemos visto obligados a proponerles a nuestros pacientes nuevos dispositivos de trabajo con encuadres novedosos, en los cuales ponemos énfasis en la consolidación del vínculo terapéutico y el despliegue de la espontaneidad, el juego y la creatividad. Sólo así nos resulta posible focalizar la problemática y alcanzar cierto nivel de efectividad en la resolución de la misma, sin perdernos en los complicados laberintos de la asociación libre y la interpretación en sentido psicoanalítico estricto.
La psicopatología actual nos demanda una modalidad de trabajo que excede la operatoria clásica del encuadre psicoanalítico. La clínica ha cambiado, y esto es algo que no podemos pasar por alto. Los psicoterapeutas, comprometidos en una realidad social de principio de siglo y de milenio, marcada por cambios de innegable singularidad histórica, nos enfrentamos a nuevas problemáticas que pueden llevarnos al límite del desánimo, o bien a la profundización de nuestro saber y la ampliación de nuestras modalidades de intervención. No podemos desanimarnos. Por lo tanto, (como siempre dice uno de mis maestros) nuestro propósito debe ser el de tener bien claro qué estamos haciendo, y por qué hacemos lo que hacemos, con el fin de intentar hacerlo cada vez mejor.
Nuestro trabajo profesional podría asemejarse a una especie de "navegar" (metafóricamente hablando), similar al que propone J. A. Marina en "Ética para náufragos" . "Navegar, dice Marina, es una gran metáfora del vivir inteligente"; "es una victoria de la voluntad sobre el determinismo". Pero a su vez, el mencionado autor, escribe un libro para náufragos, y no para navegantes, porque considera que "no navegamos en el mismo barco sino que braceamos en el mismo río". Los temas de los que habla en este libro son: cómo mantenerse a flote; cómo construir una embarcación y gobernarla; cómo elegir un buen rumbo y llegar a destino. Creo que nosotros, como psicoterapeutas que todos los días recibimos “náufragos” en nuestros consultorios, tenemos que pensar de qué manera vamos a acompañarlos en su paso por el sobrevivir, sobreponerse y superarse, del que habla Marina, y qué estrategias vamos a implementar para ayudarlos a construir sus proyectos y concretarlos, superando el mal-estar y generando bien-estar. Tenemos que tener muy claro cuáles son nuestros objetivos y de qué manera pensamos alcanzarlos.
Desde el Modelo Dinámico Resolutivo consideramos que un punto esencial del encuadre es privilegiar la construcción del vínculo terapéutico, dando lugar a los distintos modos de comunicación que puedan surgir (ya sean verbales o no verbales), y a la relación empática. ¿Qué entendemos por empatía? "Empatía significa concordancia, o aproximaciones a una concordancia en torno a cualidades de experiencias, intensidades, ritmos, modos de carga y de descarga, de comunicación y de reservas a la comunicación" .
El vínculo empático se construye entre consultante y terapeuta. El espacio de la relación empática es un espacio vincular que está sometido a una constante exploración y que sólo es posible a partir de una experiencia constructiva. Entonces, hablar de una actitud del terapeuta dispuesta a la relación empática no significa suponer una actitud afectuosa o simpática, sino una actitud abierta y activa, orientada a detectar las condiciones facilitadoras que para cada vínculo configuran empatía, respondiendo adecuadamente a ellas.
Una de las condiciones para crear el área vincular es tener en cuenta que el diálogo relacional actuado sólo puede ser veraz y colaborador en la medida en que mantiene alguna conexión con formas coherentes del diálogo padre - niño. La díada padres - bebé, o más tarde padres - niño, proporciona una analogía válida para la díada terapéutica.
"El estudio del proceso de la comunicación padres - niño proporciona un laboratorio desde el que observar cómo distintas organizaciones del diálogo afectan a las etapas del desarrollo. Los estudios longitudinales sobre el apego proporcionan ciertos insights en relación con los tipos de diálogo padres - niño que atañen al desarrollo infantil de patrones procedimentales actuados, coherentes y flexibles, para tramitar relaciones. Los diálogos padres - niño que son colaborativos y flexibles han sido denominados comunicación abierta, pero este término es susceptible de ser mal interpretado. Un diálogo coherente o "abierto" no se caracteriza por una supuesta "apertura parental" en el sentido de que los padres se manifiesten descontroladamente desinhibidos ante el niño, sino por la "apertura parental" ante los estados mentales del niño, incluyendo toda la amplitud de las comunicaciones de éste, de manera que sus estados afectivos particulares y sus motivaciones (rabia, pasión, malestar) no resulten excluidos de una intersubjetividad regulada y compartida" .
En los casos en que el diálogo entre padres e hijos es incoherente, esquemático y poco flexible, es probable que se susciten tendencias de acción desadaptativas y defensivas, debido a que las interacciones interpersonales que tienen lugar en el primer año de vida, están completamente desequilibradas. Las mismas generan afectos negativos y modos de intercambio disfuncionales que serán excluidos de ser negociados, articulados e integrados debidamente. En ocasiones, las defensas del sujeto pueden operar como mecanismos necesarios y saludables y, por ende, no pueden considerarse como algo que obstaculiza el acceso al inconsciente, sino más bien como un potencial de energía creadora para vivir en un mundo difícil.
Las investigaciones más recientes sobre el apego "señalan que los procesos implícitos bipersonales deben estar incorporados a cualquier teoría del desarrollo de las defensas. Sin embargo, la mayor parte de la teorización ha permanecido con una orientación intrapsíquica. Los teóricos del apego proponen que los procesos defensivos sean comprendidos como resultantes de la distorsión, la exclusión o la insuficiente integración de la información y la experiencia emocional, y ponen un énfasis particular en la génesis y la persistencia de múltiples modelos de experiencia relacional que son inconsistentes" .
Karlen Lyons - Ruth propone una correlación entre lo constitutivo temprano del sujeto y lo que se reedita en la relación con el terapeuta. Sostiene que "gran parte de nuestra experiencia relacional es representada en una forma procedimental implícita o actuada que es de naturaleza inconsciente" . Por lo tanto, "considero de singular valor el concepto de tonalidad dialógica, según el cual cada sujeto establecería un diálogo con su ambiente originario (paleoambiente), que es atemporal y se impregna tonalmente con su actualidad vivencial, según la distonía o sintonía con esa tonalidad básica preponderante. O sea, existirían dos "conversaciones" simultáneas", en la vida de cada uno de nosotros: una se establece con ese paleoambiente y opera como fondo; la otra se genera en el aquí y ahora, y opera como figura" .
David Liberman sostiene que el psicoterapeuta, en primer lugar, debe establecer una relación de confianza y diálogo con su paciente, con el fin de consolidar una base sólida que posibilite, más tarde, la emergencia de un "juego" de construcción y creatividad permanente. A la terapia la podríamos definir, entonces, como una instancia lúdica constituida por un inter-juego entre fondo y figura, en donde el terapeuta oscila entre su función de contención (consolidando el vínculo empático) y su función de intervención e interpretación; como una figura que se destaca sobre el fondo del encuadre, alternando ambas funciones según las necesidades del paciente.
La re-organización constante de esta relación y la permanente apertura del espacio intersubjetivo, permite a ambos participantes convertirse en agentes activos con iniciativas y acciones interpersonales espontáneas, lo cual los conducirá a la construcción de nuevas y diferentes maneras de encuentro.
Greenberg y Paivio , en su libro “Trabajar con las emociones en psicoterapia” mencionan algunos de los aspectos más importantes del trabajo psicoterapéutico con las emociones en los procesos de cambio:
El proceso de cambio terapéutico implica un movimiento que va desde la evitación, la evaluación negativa o las reacciones emocionales excesivas, a una actitud de reflexión, aceptación y transformación. "Cuando el enfado o la vulnerabilidad se reconocen, se convierten en información y en recursos internos. Los actos de aproximación, de atender y de aceptar verdaderos, o de evaluar positivamente los sentimientos llevan a su transformación" . En el caso del autoengaño, la re-incorporación de la experiencia emocional previamente disociada promueve su asimilación y activa plenamente la memoria emocional, organizando mejor dicha experiencia en el conciente, donde ésta puede ser simbolizada en el darse cuenta, haciéndose más comprensible. De esto se desprende además, que lo fundamental no es el proceso de hacer conciente lo inconciente, sino la posibilidad de reapropiación de la experiencia disociada, que es lo que permite el fortalecimiento del sí mismo.
Por otro lado, cuando los sentimientos de malestar producen reacciones emocionales extremas que resultan desbordantes, el trabajo psicoterapéutico tendrá que orientarse al control de la intensidad de las emociones y a la disminución de las elevadas reacciones de rápida escalada interna. Esto conduce a su vez a contactar con los sentimientos primarios de manera más regulada, reorganizando las secuencias cognitivo - afectivas, y manejando mejor las emociones secundarias que se habían desbordado. "Para muchas personas, desarrollar capacidades de autorregulación afectiva en áreas de malestar, constituye el corazón de los procesos de cambio. Ser capaz de regular la ansiedad y la activación afectiva desarrollando la habilidad de calmar los miedos, ayuda a la persona a sentirse a salvo y segura, así como a mantener una sensación de autocoherencia y de competencia. Fallar a la hora de desarrollar esta habilidad da como resultado muchos trastornos emocionales" .
;¿De qué manera se podrían llevar adelante procesos de cambio emocional de este tipo? ¿Cuál es la función del psicoterapeuta en dichos procesos? ¿De qué modo debe intervenir? Según Greenberg y Paivio lo primordial es brindarle al paciente un entorno seguro y de contención, en el que se consolide una relación de apoyo y un vínculo empático. El terapeuta debe focalizar, con la ayuda del consultante, los conflictos emocionales del mismo, para así reconocer, comprender y validar sus sentimientos dolorosos, fortaleciendo la alianza terapéutica. Esta será la única manera de acceder al componente afectivo de la experiencia problemática.
"La psicoterapia sigue la secuencia de evocar los sentimientos de malestar, explorar estos sentimientos y sus determinantes, acceder a las emociones primarias o a los esquemas emocionales centrales desadaptativos y utilizar los nuevos recursos a los que se ha accedido para facilitar la reorganización de dichos esquemas centrales. La secuencia termina con la afirmación y validación del sentido del sí - mismo que emerge, y la consolidación del cambio en una nueva narrativa de la identidad" . Por lo tanto, el cambio terapéutico se basa más en las representaciones actuadas implícitas y en las transacciones consultante - terapeuta, que en el conocimiento simbolizado y la interpretación.
José Antonio Marina en su libro “Teoría de la Inteligencia Creadora” se aparta del concepto clásico de inteligencia y la define como “la capacidad de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces. Es la aptitud para organizar los comportamientos, descubrir valores, inventar proyectos, liberarse del determinismo de la situación, plantear problemas y solucionarlos. Inteligencia es saber pensar, pero también tener ganas o valor para ponerse a ello” .
Desde hace ya varios años, en el ámbito empresarial comenzaron a darse cuenta de que el cálculo matemático y las habilidades numéricas no son suficientes para trabajar en forma eficiente y tener éxito en el plano laboral. Esto es así porque la clave del éxito y el aumento de las ventas no están vinculados a lo administrativo ni al cálculo matemático, sino a la capacidad de los trabajadores de conocer y controlar sus emociones, desarrollando empatía con sus clientes, factores que no pueden ser medidos con ningún test de inteligencia. Fueron las empresas que detectaron esto, las que impulsaron la investigación sobre Inteligencia Emocional, concepto que fue adquiriendo cada vez más fuerza en estos últimos años.
Las definiciones de Inteligencia Emocional que han elaborado los diferentes autores que profundizaron sobre este tema son las siguientes:
En una serie de estudios conducidos por Schutte y colaboradores se centraron en encontrar una conexión entre los niveles de inteligencia emocional, la autoestima y el estado de ánimo positivo, estableciendo una relación entre el concepto de Inteligencia Emocional y ambas variables: las personas con un alto desarrollo en su inteligencia emocional, sienten bienestar anímico, no padecen síntomas depresivos y son capaces de tener una mejor perspectiva de la vida.
Daniel Goleman establece cuáles son los principales componentes de la Inteligencia Emocional:
La Autorregulación Emocional es la piedra angular del concepto, ya que de nada sirve reconocer nuestras emociones si no podemos manejarlas de manera adaptativa. La autorregulación emocional se englobaría dentro del proceso general de autorregulación psicológica: mecanismo propio de los seres humanos, a través del cual mantenemos constante nuestro equilibrio psicológico mediante un sistema de feedback (retroalimentación).
En este sentido, Vallés y Vallés señalan que las emociones tienen tres niveles de expresión: conductual, cognitivo y psicofisiológico, por lo tanto la regulación del comportamiento emocional afectará a estos tres sistemas de respuesta. Esto implica que la autorregulación emocional funcione como un sistema de control, encargado de efectuar y supervisar los ajustes que tienen que darse entre la experiencia emocional y las metas de referencia que cada uno tiene.
Inteligencia Creadora. Espontaneidad y creatividad son conceptos que se relacionan con motivación, voluntad, toma de decisiones, capacidad de actuar, control de los impulsos, etc. A continuación, haré una breve reseña de las características más importantes de algunos de ellos:
Para finalizar, volveré sobre los conceptos de espontaneidad y creatividad, con el fin de marcar el lugar que ocupan en el proceso psicoterapéutico. Remontémonos a un clásico: Donald Winnicott. Este autor afirma: "La psicoterapia se realiza en la superposición de dos áreas de juego, del paciente y del analista. Está relacionada con dos personas que juegan juntas. El corolario de ello es que cuando el juego no es posible la labor del terapeuta se orienta a llevar al paciente de un estado en el que no puede jugar a uno en el que le es posible hacerlo". "El motivo de que el juego sea tan esencial es que en él el paciente se muestra creador". "Cuando un paciente no puede jugar el terapeuta debe esperar este importante síntoma antes de interpretar fragmentos de conducta" .
La psicoterapia se consolida en función del jugar. "El juego es por sí mismo una terapia". Por lo tanto, el proceso terapéutico deberá ofrecer oportunidades para que se desplieguen los impulsos creadores que son la esencia del jugar. El psicoterapeuta, junto con el consultante tiene que recuperar lo lúdico del juego, posibilitando su paso hacia la funcionalidad, y sosteniendo una doble tensión característica de la condición humana: la de lo histórico de cada subjetividad, y de esa subjetividad con su presente familiar, social y cultural. ¿Cómo hacemos para que este espacio lúdico se instaure, logrando a su vez efectividad en el cumplimiento de nuestros objetivos? ¿Qué entendemos por espontaneidad y creatividad, y cómo las introducimos en el ámbito terapéutico?
"El sujeto va a mantener su autonomía dentro de una red compleja de significados y relaciones. Su capacidad de actuar va a depender de creencias íntimas y de estados de opinión sociales, experiencias propias y experiencias ajenas, y entre ese cruce de experiencias tendrá que reivindicar que se trata de su acción o, por el contrario, entregarse a un flujo anónimo de conducta" . Albert Bandura: "La libertad no es concebida de forma negativa como la ausencia de influencias o simplemente la falta de limitaciones externas, sino que se define positivamente como un ejercicio de auto influencia". Según Marina, lo que hace falta que se produzca dentro del campo de la psicología, es un movimiento de recuperación de la voluntad. ". Frese y Sabini reconocen que las teorías actuales dejan sin explicar tres pasos que se convierten en abismos infranqueables:
"Muchas influencias culturales han relacionado la voluntad con aspectos desagradables de la conducta humana: la disciplina, las normas, la rigidez, la tiranía. Nos ha sorprendido constatar que la sociedad actual valora la libertad por encima de todo, pero una libertad sin voluntad" . Esta libertad sin voluntad, no nos sirve, porque en realidad, según este autor, al hablar de voluntad nos estamos refiriendo a un tipo de causalidad, y lo que necesitamos es posibilitar el paso de la causalidad exterior a la interior, de la causalidad determinista a la causalidad libre y espontánea.
La palabra espontaneidad es una adaptación del término latino "sponte", que significaba "voluntariamente". Sin embargo, en la actualidad se ha relacionado principalmente con los términos "automático", "instintivo" e "irreflexivo", y esto ha dado lugar a una caracterización del acto espontáneo como "espasmo automático" o "libertad inmotivada". Siguiendo a Marina, considero que es imprescindible recuperar el concepto de voluntad, entendiendo que el comportamiento voluntario, tiene que emparentarse muchas veces con el esfuerzo. "La patológica incapacidad de decidir, de controlar la respuesta o de mantener el propósito, nos indican que en el comportamiento que llamamos “normal” hay una serie de sistemas reguladores que pueden estropearse. La acción es un proceso largo y si la voluntad se encarga de dirigir y controlar la acción, no es sólo facultad del instante, sino también de la perseverancia" .
¿Qué relación podemos establecer entre creatividad y espontaneidad? ¿Qué entendemos por creatividad? Paso a citar diferentes definiciones:
También podemos realizar un análisis etimológico del término "creatividad": se deriva del latín 'creare' y está emparentada con la voz latina 'crecere', que significa crecer. Creatividad sería entonces, etimológicamente, "crear de la nada" o “hacer crecer”.
La creatividad es la capacidad de crear y producir cosas nuevas y valiosas; es una herramienta que tenemos los seres humanos para elaborar conclusiones y resolver problemas de manera original. La actividad creativa debe ser intencionada y apuntar a un objetivo determinado. En su materialización puede adoptar, entre otras, forma artística, literaria o científica, si bien, no es privativa de ningún área en particular. La creatividad es el principio básico para el mejoramiento de la inteligencia personal y del progreso de la sociedad y es también, una de las estrategias fundamentales de la evolución natural. Es un proceso que se desarrolla en el tiempo y que se caracteriza por la originalidad, por la adaptabilidad y por sus posibilidades de realización concreta.
Todos nacemos con una capacidad creativa que luego puede ser estimulada o no. Como todas las capacidades humanas, la creatividad puede ser desarrollada y mejorada, pero esto sólo será posible en la medida en que el sujeto esté dispuesto a ello y se preste en forma espontánea al desarrollo del proceso creativo.