Este material es un anexo del caso práctico "La asesina de ancianas" para ilustrar el documento "Perfil psicologíco criminal".
LA VOZ DE GALICIA. Jueves, 6 de Julio de 2006
«Ahora estaría tomando un café tranquilamente sentada en una de esas mesas, como hacía siempre», afirma Maruja, la dueña del bar para el que trabajaba Remedios Sánchez, la presunta asesina en serie detenida el pasado martes en Barcelona. Como Remedios, Maruja y su marido Jaime también son gallegos, de Pedrafita do Cebreiro (Lugo). Precisamente, llamaron Cebreiro al bar que tienen en mitad de la calle Balmes, una de las más céntricas del barrio del Eixample y desde la que quedan muy cerca la mayoría de los domicilios de las víctimas encontradas en las últimas tres semanas.
Ni sus jefes, ni sus compañeros de trabajo, ni los clientes del bar daban crédito a lo que escucharon en las noticias la mañana de ayer: la Reme acusada de asesinato. «Era una persona buenísima, muy maja, en la vida lo hubiera pensado. Era muy equilibrada y tranquila. Podías hablar con ella de cualquier cosa. Cuando Jaime me enseñó su foto en el periódico pensé que se habían equivocado», afirma Sandra, una joven clienta que trabaja en una agencia de viajes cercana y que frecuenta el bar dos o tres veces al día.
Sandra estaba sorprendida pero a Maruja la noticia la había destrozado. Ante las preguntas de los curiosos defendía a su cocinera a capa y espada llena de entereza: «Era la trabajadora más noble que he tenido en los 35 años que llevo en la hostelería. Nunca le pesó la faena, nunca tuvo un mal gesto en estos dos años y medio». Pero cuando las clientas de toda la vida se acercaban para darle dos besos y ofrecerle su consuelo se desmoronaba no pudiendo contener las lágrimas. «No he tenido una bronca con ella, nunca tenía prisa por salir, si podía hacer dos cosas, hacía tres. No lo entiendo. Ojalá fuera mentira». No era la única. Según cuenta su marido, alguna de sus clientas tampoco pudo esconder su tristeza y su incomprensión. «Era amiga de todos», afirma, «incluso, los mossos de la comisaría de aquí al lado la querían un montón».
Familia numerosa
Remedios Sánchez abandonó Cristovo de Dormeá, en Boimorto, cuando tenía dieciséis años de edad. Era miembro de una familia numerosa con una situación muy precaria y que eran muy queridos en el lugar. Se trasladó a Barcelona, se casó y tuvo dos hijos gemelos. Hace cuatro o cinco años, según relató la propia Remedios al dueño del bar Cebreiro, cuando sus hijos tenían unos 20 años, se separó y los chicos se quedaron con el padre. Tuvo una relación con otro hombre, tras la que se vio obligada a vivir en una casa de acogida. «Ella venía como clienta a otro bar que tenía en el Eixample», recuerda Jaime, «y allí me contaba sus penas. En una ocasión me pidió trabajo para una amiga suya árabe y poco después me lo pidió para ella. La contraté». Maruja y Jaime supieron por ella que hace unos dos meses se había separado de una tercera pareja con la que estaba y se había hecho cargo de la hipoteca del piso que los dos habían adquirido en el barrio de San Andrés».
Nadie de su entorno notó ninguna alteración en su carácter en las últimas semanas. Como todos los días llegaba antes de las 6.30 y se quedaba hasta más de las 17 horas charlando con el personal y los asiduos del establecimiento, aunque su labor ya hubiera terminado. Nadie advirtió nada raro. La herida que tenía en una de las manos y que sirvió para identificarla se la había hecho en el mismo bar limpiando una de las planchas de cocina. Y aunque en los medios se aventuró una posible adicción al juego, nadie del bar estaba enterado. Para ellos, la Reme que conocen nada tiene que ver con la asesina descrita.
LA VOZ DE GALICIA. 20/07/2006
La Reme no mató a las ancianas para robarles, según el sumario.
El sumario del caso de la Reme, Remedios Sánchez, la gallega de Boimorto acusada de haber asesinado a cuatro ancianas en Barcelona, parece probar de modo definitivo que la serie de crímenes encadenados entre el 10 de junio y el 2 de julio se debió a un brote de violencia cuyas motivaciones son de orden estrictamente psiquiátrico: el robo se ha descartado como móvil principal de los asesinatos.
Es cierto que la presunta homicida se llevó algún dinero, tarjetas de crédito, joyas y otros objetos de valor de los pisos de sus víctimas. Sin embargo, tanto los investigadores del caso como el propio contenido del sumario han hecho ver que el robo era un acto más circunstancial que premeditado por parte de la asesina en serie.
Esta tesis se sostiene básicamente sobre el hecho de que Remedios no revolvía los pisos en busca de sumas importantes de dinero o de objetos más valiosos. Simplemente se llevaba lo que tenía a su alcance de modo sencillo, a pesar de que siempre llegaba un momento en el que su víctima estaba a su merced -inconsciente en algunos casos, muerta en otros- y a que disponía de tiempo. Así, pese a recoger algunas cantidades que gastaba en bingos y salones de juego, las circunstancias de sus entradas en los domicilios de las ancianas no revelan una actitud codiciosa, sino un acto más bien impulsivo, achacable a unas razones que tendrán que discernir los psiquiatras.
El Juzgado número 16 de Barcelona, que se encarga de la instrucción del caso, levantó el martes el secreto sumarial, que ayer trascendió por diversos medios. Mientras tanto, de todos modos, la investigación permanece abierta: la policía sigue indagando en muertes anteriores a las ya atribuidas a Remedios, ante la posibilidad de que pudieran estar relacionadas con el caso. De hecho, hay decenas de objetos encontrados en el piso de la gallega, robados en los domicilios de las víctimas, que no han sido identificados por las familias. «Está previsto que se haga una exposición pública de esos objetos, en cuanto el juez dé su autorización», confirmó ayer a La Voz un portavoz policial.
A la espera de que aparezca algún otro hecho violento en el que pudiera haber participado Remedios Sánchez, el sumario recoge las pruebas por las que se le atribuyen cuatro asesinatos consumados (ocurridos los días 10, 27 y 30 de junio y el 2 de julio), otros cinco homicidios frustrados (los días 18, 20, 24 y 25 de junio y el 3 de julio) y nueve robos con violencia.
Se niega a declarar
Remedios Sánchez fue detenida el 4 de julio, el día siguiente a su última agresión, mientras jugaba en una tragaperras en una sala próxima al paseo de Gràcia. Desde su puesta a disposición judicial, la presunta asesina permanece ingresada en el módulo psiquiátrico de una cárcel situada en la periferia de Barcelona. Hasta ahora se ha negado a prestar declaración, tanto ante la policía como en instancias judiciales. Tampoco ha querido revelar detalles a su abogado, de modo que habrá que esperar para conocer las motivaciones que la movieron.
EUROPA PRESS. 6 de julio de 2006
Vecinos de la presunta asesina de ancianas dicen que era "muy seria, que iba a lo suyo" y que frecuentaba poco el barrio.
Los vecinos de la calle Mossèn Quintí Mallofré, donde vivía Remedios S.S., la presunta asesina de cuatro ancianas en Barcelona, aseguraron en declaraciones a Europa Press que "era una persona muy seria, que iba a lo suyo" y que "se la veía poco por el barrio" de Sant Andreu.
Uno de los comercios donde solía ir más es una frutería que regenta Felisa Barragán, quien aseguró que "la veía una persona normal y corriente, no se veía nada extraña y me quedé de
Piedra cuando me enteré". Sin embargo, Barragán sí explicó que "siempre iba sola y llegaba tarde muchas veces, a las 11 o 12 de la noche". Por su parte, Esther Folgoso, propietaria de un comercio de ropa infantil explicó que "siempre que venía aquí lo hacía con un hombre, su pareja o su marido o quién fuera". Folgoso reconoció que la presunta asesina le compraba "algún regalo para algún amigo o familiar y me traía mucha ropa para hacer arreglos". Aunque coincidió en que Remedios "era una persona seria", reconoció que "no me lo esperaba, la vi en las noticias y llamé a los Mossos pero ya me dijeron que estaba detenida". Ana María Gallego, una vecina de la zona, afirmó que "sólo la conocía de vista, de coincidir en la tienda, pero la veía seria, una persona que no te llamaba para entablar una conversación o una amistad con ella". Como la mayoría de sus vecinos, Gallego se mostró "sorprendida de ver que alguien que ves casi a diario hace algo así".
La detenida, que ayer fue acompañada por los Mossos d'Esquadra a su domicilio para proceder a registrarlo, aún se encuentra arrestada en las dependencias policiales de Les Corts y a la espera de pasar a disposición judicial probablemente mañana.
LA VOZ DE GALICIA. 09/07/2006
Retrato de una asesina
Cuando el dinero no le llegaba, se lo pedía a sus conocidos. Últimamente, la tenían que expulsar de los bares a la hora de cierre, porque ella seguía metiendo monedas en la tragaperras a la espera de un último premio
Eran las nueve de la noche y Montserrat, de 84 años, estaba sola y tranquila en casa. Vivía en uno de esos pisos enormes, tan característicos del barrio del Eixample barcelonés, y alquilaba las habitaciones a los camareros del bar que un amigo suyo tenía a pocos metros de su casa. Ramón y Mary, que compartían el piso con ella desde hacía unos meses, no volverían hasta pasada la medianoche, ya que ese lunes hacían turno doble. Por eso, cuando a las nueve, escuchó el interfono contestó extrañada, no esperaba a nadie. Desde la calle una mujer muy amable le dijo que traía un paquete para una de sus vecinas que parecía no estar en casa, por eso, le pedía si le haría el favor de dárselo ella. Montserrat le abrió para que subiera. Ella misma se lo entregaría porque sabía que su vecina estaba pasando una mala época desde que recientemente perdió a un ser querido.
Cuando abrió la puerta de su domicilio se encontró ante la imagen de una mujer de mediana edad, de complexión fuerte y que mediría cerca de 1,60 cm. Llevaba una camisa blanca y una falda oscura como sus ojos y sus cortos cabellos. Con una dulce voz y un reconocible acento gallego, le volvió a repetir si le haría el favor de darle el paquete a su vecina al día siguiente por la mañana y le pidió si la dejaba entrar al lavabo. Montserrat confiada accedió. La desconocida entró al baño y tardó más de lo normal en salir. Cuando por fin se abrió la puerta del lavabo, Montserrat la esperaba en el comedor. De repente, la desconocida se abalanzó sobre ella y le golpeó con fuerza en la frente, haciéndola sangrar abundantemente. Después cogió una toalla y la intentó estrangular. Montserrat sentía como se ahogaba, no podía respirar y perdió el conocimiento pensando que su hora había llegado de aquel modo tan brutal.
Alarma en el cuello
La anciana pasó más de una hora tendida en el suelo sobre un charco de sangre, mientras, su agresora, recaudaba su botín por todas las habitaciones de la casa. Cuando Montserrat recuperó el conocimiento accionó la alarma de socorro que llevaba colgada del cuello por si le pasaba algo estando sola. Para cuando los servicios de emergencia llegaron a su casa, la agresora, que más tarde la víctima identificó ante los Mossos de Escuadra como Remedios Sánchez, ya estaba lejos del lugar del crimen.
A la mañana siguiente, martes 4 de julio, antes de las 6.30 de la mañana, como cada día, Remedios, de 49 años y nacida en Boimorto (A Coruña), ya estaba ante la puerta del bar donde trabajaba desde hacía dos años y medio. Sus jefes, un matrimonio también de emigrantes gallegos, abrieron el establecimiento e iniciaron la rutina diaria, sirviendo desayunos en una de las calles más céntricas de la Ciudad Condal. Sus primeros clientes comenzaron a llegar, miembros de la Policía Nacional que trabajaban en la comisaría situado a unos metros del bar. Adoraban las tapas y los bocadillos, como casi toda la clientela, de aquella gallega agradable y simpática.
Tras pasarse horas en la cocina, al mediodía no podía ocultar el cansancio mientras compartía la comida con una de las clientas habituales. Vanessa, que trabajaba en un local de belleza próximo, al verla tan cansada le preguntó si le pasaba algo. La cocinera tan sólo comentó que hacía días que no dormía. Terminó de comer y continuó con la faena. Cuando acabó, a eso de las cinco de la tarde, tomó un café tranquilamente charlando con los clientes y con el personal del bar. Igual que cada día. Manuel y Maruja, sus jefes estaban muy contentos con ella. Era muy noble en el trabajo y nunca tenía prisa por salir. Remedios les estaba muy agradecida desde que la habían contratado dos años atrás, cuando estaba sin trabajo y viviendo en una casa de acogida. La última pareja que había tenido tras separarse de su marido no resultó como ella esperaba. Estaba sola. Poca relación tenía ya con sus hijos gemelos mayores de edad desde que los dejó junto con su padre y el piso en el que habían vivido juntos más de 20 años.
No se podía imaginar la muchacha adolescente que dejó la aldea de O Cando en busca de mejores oportunidades los derroteros por los que seguiría su vida. Ella y sus once hermanos eran demasiadas bocas a alimentar para unos caseiros que trabajan tierras ajenas. Así que decidió emigrar a la capital catalana en la que encontró trabajo como cocinera, marido e hijos. Sin embargo, su vida no le satisfacía. Tan sólo encontraba desahogo y placer jugando. Las máquinas tragaperras y el bingo eran su refugio. Cuando el dinero no le llegaba pedía préstamos a sus conocidos que luego no podía devolver.
Una adicción oculta
Se avergonzaba de su adicción por eso, ahora, en el bar, aunque la tentación era grande jamás cayó echando una moneda en la tragaperras que podía ver y escuchar constantemente desde la cocina. Sabía que en cuanto saliese de allí podría ir a uno de los bingos o salas de recreativos cercanos, antes de volver a su barrio, San Andreu, donde tampoco querían que la viesen jugando. Sólo lo hacía cuando no lo podía evitar. Como aquella noche, hace unos meses, en la que la dueña del bar Las delicias, situado en una calle muy próxima a la de su vivienda, la tuvo que echar para poder cerrar, sin dejar que pudiese ver el fruto de todo lo que había estado metiendo en la tragaperras. Desde aquél día, no podía mirarla a la cara cuando se cruzaban por la calle.
Al igual que se avergonzaba de su ludopatía, también lo hacía de su vida. Ricardo, dueño de una frutería situada a unos metros de su vivienda que la gallega frecuentaba, la cogió en un renuncio del que los dos jamás hablaron después. Cuenta el frutero que a pesar de que solía ser bastante callada y mantener una expresión seria, en una ocasión le dijo que era dueña de un bar en la calle Balmes. Un día, casualmente, Ricardo tuvo que ir a poner en regla los papeles de un conocido a la comisaría de la Policía Nacional localizada en Balmes. Cuando salió decidió tomarse un café en el bar de al lado. El bar Cebreiro. Nada más entrar y mirar hacia la cocina situada al fondo la vio. Allí estaba la Reme, como era conocida, ante la plancha de la cocina. Lo miró y se sonrojó, él intento saludarla pero no le dirigió la palabra. También cuenta a una vecina de Dormeá, su parroquia natal, que en una de las veces que viajó de vacaciones a su tierra, Remedios le había dicho que trabajaba como servicio doméstico por Johan Cruyff, el famoso jugador y entrenador de fútbol.
Pero contaba con recursos. Aunque no pudo sacar dinero con la tarjeta de crédito de la anciana que había intentado asesinar la noche anterior, pagaría con ella directamente en los bingos. En los que la dejasen entrar, ya que no era la primera vez que se lo prohibían por formar parte de los ludópatas habituales.
Se pasó toda la tarde jugando hasta que a las nueve de la noche una pareja de los Mossos la interrumpió mientras estaba en una de las máquinas de un salón recreativo del Eixample. La habían descubierto, habían averiguado que ella era la culpable de las agresiones que sufrieron al menos 8 ancianas, tres de ellas mortales. Reaccionó sin alterarse, sin sorprenderse, como si de algún modo estuviese esperando ese momento. Cuando llegó a la comisaría no se inmutó ante los flashes y las cámaras de televisión. Le daban igual. Todo le daba igual. Eso sí, no se iba a rendir. No diría una palabra.
El perfil psicológico de los asesinos en serie españoles al descubierto. Este libro explica la moderna técnica del perfil de la personalidad criminal tal y como se emplea en la policía actual para capturar a los asesinos en serie. Está pensado para que el lector, entre fascinado y horrorizado, asista al desafío de sentir y comprender lo que se esconde detrás de la personalidad del asesino y violador en serie.
Robert K. Ressler, antiguo agente del FBI, investigó a estos criminales a lo largo de su carrera profesional, acuñó el término "asesino en serie", ayudó a desarrollar las técnicas de redacción de perfiles criminales, fue asesor de diversas películas -entre ellas "El silencio de los corderos"- y realizó una extensa serie de entrevistas a los más sanguinarios asesinos recluidos en las cárceles estadounidenses. En este libro, ameno y asequible para el gran público, Robert K. Ressler nos cuenta sus andanzas en el FBI, presenta casos de asesinato en serie y otros crímenes, y proporciona una valiosa visión científica del área.