EXPERIENCIA DE INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL EN UN CENTRO PENITENCIARIO:
PROPUESTA DE UN MODELO DE TRABAJO PSICOTERAPÉUTICO

 

Mónica Torres Ruiz-Huerta. Doctora en Psicología. Psicoterapeuta. Experta en intervención psicosocial.
Marta Sainz García. Psicóloga. Psicoterapeuta. Experta en intervención en drogodependencias.
Sonia González Rodríguez. Psicóloga. Psicoterapeuta. Experta en terapia de pareja, familiar y otros sistemas humanos.

 

 

“La cultura es la verdad, el pueblo debe saber, para más nunca perder su amor por la libertad” (Gabriel Celaya)

En el momento actual y desde hace ya algunos años se está prestando una mayor atención en las cárceles a lo que se denomina tratamiento penitenciario, entendido como todas aquellas actividades, espacios, talleres ocupacionales, cursos, formas de relación, sistema de evaluación e intervención dirigidas a generar algún cambio, aprendizaje o expectativa de futuro en los internos. Los objetivos planteados a la hora de elaborar los Programa de Intervención en Habilidades Sociales, en los Grupo de Atención al Drogodependiente y en los cursos de Orientación Socio Laboral tienen como finalidad general facilitar herramientas que permitan afrontar de forma más efectiva la adaptación personal, social, laboral, familiar del interno en el entorno penitenciario y en el exterior; y mejorar el autocontrol ante situaciones conflictivas que puedan suponer conductas desadaptativas como son el consumo de drogas y las conductas violentas e intolerantes.

Desde nuestro punto de vista y con cuatro años de experiencia de trabajo como psicólogas contratadas en diversos Centros Penitenciarios de España, consideramos que para conseguir esa adaptación al entorno, y en definitiva, la tan nombrada, reinserción del sujeto, es necesario no solo la integración de nuevas habilidades, es decir, la adquisición de competencias sociales básicas, sino también que exista por parte de estas personas un trabajo dirigido a comprender y aceptar los conflictos internos que han tenido lugar en su vida, desde su infancia hasta la actualidad, y que son el motor de las conductas de consumo y delictivas.

Es en este punto donde consideramos la palabra “saber” de la frase que daba inicio al artículo en toda su magnitud, saber como información, como cultura, como capacidad para leer y escribir, saber como habilidades de comunicación y de interacción social, y saber como consciencia de uno mismo.

Es a partir de la intervención que se ha realizado en diferentes periodos durante estos últimos años y, avanzando desde la experiencia y comparación con los resultados año tras año, donde surge el planteamiento de intervención que aquí proponemos.

Vamos a describir brevemente como se ha ido desarrollando el trabajo a lo largo de los meses y cómo se produce la evolución de la metodología a esta nueva propuesta de intervención:

La intervención inicial fue realizada por los diferentes módulos del Centro Penitenciario. Se oferta la actividad que se va a desarrolla, consistente en un Grupo de Ayuda al Drogodependiente (GAD) y un Curso de Habilidades Sociales, se estimula a participar en ambas actividades si procede; se les invita a inscribirse en el grupo y después de realizar una entrevista y superar un proceso de selección se forman los grupos de trabajo definitivos atendiendo la homogeneidad de los mismos y se elabora la lista definitiva de participantes y la lista de reserva para cubrir posibles vacantes.

Criterios para la selección:

  • Interés y motivación adecuados.
  • Permanencia en el centro durante los meses que dura el Programa.
  • Nivel de alfabetización.
  • Conocimientos de español (nivel medio de comprensión y expresión que le permita la
    participación activa en el grupo)
  • Necesidad real de la mejora en habilidades sociales y de la atención a su problemática de drogodependencia.
  • Aceptación de las siguientes normas:
    1. Asistencia y Puntualidad obligatoria.
    2. Asistencia en condiciones físicas y psíquicas adecuadas que le permitan integrarse y participar de forma activa para que el aprendizaje se consolide.
    3. Respeto a los demás miembros del grupo, a los profesionales, al entorno y al material empleado para la actividad.
    4. Participación activa y realización de tareas para el cumplimiento de los objetivos del Programa.

Criterios de exclusión del programa:

  • No aprovechamiento.
  • Cualquier expresión de violencia verbal o física.
  • Asistir bajo los efectos de cualquier sustancia psicoactiva que dificulte el rendimiento.
  • Manifestar reiterada desmotivación o actitudes y conductas que entorpezcan el trabajo del grupo.

Durante las sesiones se trabajan los contenidos, los participantes se van adaptando, fomentándose con el tiempo habilidades y actitudes tales como una mejor escucha, mayor respeto a las demás posturas, un aumento de la confianza, la responsabilidad y la aceptación de las normas en el grupo.

A lo largo del desarrollo del Programa se fue complementando la actividad modular expuesta (Intervención en HHSS y GAD) con una serie de actividades conjuntas intermodulares, es decir, creando un grupo fuera del módulo, formado por personas de distintos módulos, siempre y cuando no existiera una incompatibilidad entre dos personas por problemas previos. Para estas actividades comunes se llevaron a cabo dos talleres: Taller de Género y Taller de Interculturalidad, ya que han sido identificados como temáticas donde es necesario trabajar actitudes y conductas dirigidas a una mayor apertura, tolerancia y respeto.

Los Objetivos de estos grupos han sido:

  • Facilitar un espacio de reflexión sobre valores humanos
  • Favorecer la libertad de expresión de cada miembro del grupo
  • Fomentar el respeto ante las opiniones y creencias del resto
  • Identificar prejuicios, estereotipos culturales, ideas irracionales y cualquier otro pensamiento o actitud que suponga una barrera para la relación interpersonal.

Como dato complementario, señalar que desde el inicio del Programa se consideró importante que los participantes realizaran también una actividad deportiva, por lo que durante todo el periodo se ha trabajado en colaboración con el monitor deportivo del Centro, quien desarrolló una actividad diaria de una hora de duración encaminada a promover hábitos saludables, a que aprendieran la importancia del trabajo en equipo y la cooperación y esfuerzo necesarios para conseguir un buen rendimiento. Para muchos de los participantes ha supuesto la oportunidad de realizar ejercicio físico por primera vez en mucho tiempo, con mejoras para el estado de salud general, diminuyendo los niveles de ansiedad y recuperando el ritmo de sueño, igualmente para muchos ha sido su primer contacto con el deporte en equipo. Esta actividad se mantuvo una vez finalizado el Programa ya que los internos insistieron en ello puesto que estaban muy motivados.

Es a partir de la puesta en marcha y evolución de estas actividades y talleres donde comenzamos a trabajar con una nueva metodología que denominamos, recursos indirectos, esto significa utilizar técnicas aparentemente alejadas de la realidad de cada uno, como vía para facilitar el trabajo personal y grupal. Se consigue así eliminar las resistencias que surgen en el grupo y en cada uno de los participantes, generándose un clima de libertad donde nadie se siente forzado a hablar de sí mismo, pero que el resultado demuestra que la actividad conduce a ello. A través de ideas, emociones y sensaciones producidas por estos recursos indirectos las personas irán expresándose, abriéndose al grupo y profundizando en su realidad.

Cuando hablamos de recursos indirectos nos referimos concretamente a trabajar con textos elegidos, con videos, con películas, con libros, con periódicos, tratando temas de la realidad social, generando debates y de esta manera, tan sencilla y compleja a la vez, han comenzado a aparecer los conflictos internos de los miembros del grupo.

PRINCIPIOS TEÓRICOS PARA ESTA PROPUESTA DE INTERVENCIÓN

Un principio fundamental de todo proceso psicoterapéutico, es que el paciente siempre tiene resistencia al tratamiento; nos referimos tanto a aquellos que acuden motivados para iniciar un proceso de cambio, como aquellos otros que solo acuden pensando en alcanzar otro tipo de beneficios (beneficio secundario – por ejemplo en un Centro Penitenciario lo que se denominan beneficios penitenciarios, mejoras asociadas a participar en una actividad del Centro, créditos, hoja meritoria, permisos, reducción de condena según código antiguo, etc). Estas personas, en un porcentaje elevado, también son susceptibles de tratamiento.

En esta experiencia concreta que estamos compartiendo, hay que señalar que los internos no obtenían ningún beneficio penitenciario concreto, ya que se considera que el beneficio directo de la actividad es el máximo beneficio posible y que debían empezar a ser conscientes de ello y así mismo valorar el espacio terapéutico que se estaba creando y por lo que ellos obtuvieran con su esfuerzo e implicación, se trataba de evitar el tan frecuente asistencialismo en estos contextos de “hago algo - dame algo”. De todas formas hay que señalar que al finalizar el grupo- tristemente antes de lo que todos hubiéramos deseado y de lo que hubiera sido necesario – había sido tan bueno el nivel de trabajo, la participación y la actitud de los integrantes del grupo que se solicitó, y obtuvo, de la Junta de Tratamiento una nota meritoria para casi todos los miembros del grupo, equivalente a tres créditos, según el sistema de evaluación actual, lo cual supuso una fuente de motivación importante para todos ellos.

Continuando con los aspectos teóricos hay que decir que, en gran medida, es labor del terapeuta contribuir a eliminar la resistencia aparente para llegar a la resistencia inconsciente; la que emerge de los conflictos intra psíquicos que generaron el síntoma: conducta delictiva, drogodependencia, fobias, trastornos del sueño... todos estos síntomas, tan diferentes unos de otros, solo son la punta de un iceberg del trastorno que los ocasionó, menos notorio en apariencia pero a lo que está dedicada la psicoterapia. Es necesario apartar la vista de lo más notorio para descubrir lo fundamental. Es necesario observar el síntoma para llegar al conflicto y trabajar sobre él. Las técnicas indirectas permiten al paciente ir enfrentando de forma cuidadosa y no agresiva toda su problemática. A partir de los contenidos elegidos asocia aspectos de su vida que de un modo directo no saldrían a la superficie Lo que se busca en un tratamiento son los enigmas psíquicos por los cuales el sujeto enfermó. El descubrimiento de estos conflictos psíquicos es una tarea dolorosa. Exige enfrentarse a los conflictos que el síntoma trató de disfrazar. Los síntomas funcionan enmascarando el conflicto sobre el que es necesario pensar. El sujeto padece su síntoma, pero a su vez lo necesita para ocultar el conflicto que no puede elaborar. Es una renegación del conflicto, que solo está disfrazado, en ningún caso eliminado. Podríamos decir que se trata de una encerrona. El sujeto sufre sin conocer por qué. No es difícil ponerse en el lugar del que inicia un tratamiento. Si durante tanto tiempo se ha evitado este conflicto, enfrentarse a él eligiendo la salud en lugar del síntoma exige un fuerte dolor que habrá que reconducir con sumo cuidado y durante el tiempo que el mismo paciente, o mejor dicho sus elaboraciones o sus levantamientos de resistencias nos vayan señalando. En el caso de nuestro colectivo la sintomatología es en exceso grave para ellos y para la sociedad, por lo que el tratamiento se hace indispensable y la metodología para llevarlo a cabo debe ser muy cuidadosa, adecuada y focalizada en el aquí y ahora (Rubio, 1994).

Continuando con nuestra experiencia en el Centro Penitenciario, en este punto donde nos surge la necesidad de trabajar de una manera más profunda y compleja evolucionando de “grupos formativos” hacia grupos psicoterapéuticos; ya que es en este proceso donde el sujeto comienza a descubrir conflictos que hasta ese momento estaban encubiertos por actitudes y conductas desadaptadas y delictivas.

El trabajo va a consistir en que consigan conocer y aceptar estos conflictos internos subyacentes para favorecer el cambio de conducta y la relación con el entorno, es decir lograr un mayor equilibrio personal y una mayor adaptación al medio.

La palabra terapia proviene de la palabra griega terapéuticos que significa asistente o aquél que cuida de otro. Por lo tanto la psicoterapia va a significar cuidar o asistir al espíritu, corazón o al ser de otra persona (Kleinke, 1995)

La metodología de Psicoterapia grupal permite que los integrantes del grupo consigan construir un proyecto individual al disponer de nuevas estrategias de afrontamiento que anteriormente al tratamiento les eran desconocidas mediante la similitud de conflictos, la identificación de unos con otros, la escucha mutua de la problemática interna, las contradicciones que observan en otros miembros del grupo, la multitud de alternativas de elección posibles para resolver conflictos, la diferente expresión de la afectividad de cada miembro del grupo y las diferentes formas de manifestación de la conducta transgresora

Evidentemente los recursos indirectos son utilizados y seleccionados con un criterio determinado por los psicólog@s responsables del grupo. Se van eligiendo materiales que ayuden en el proceso del grupo, no consiste en pasar de un tema a otro, dado que la conflictividad es muy grande es algo que hay que ir controlando mucho para abrir y cerrar temas y los consecuentes conflictos. Es muy importante el trabajo del psicólogo, guiando al grupo, favoreciendo que los recursos sean bien empleados para obtener partido de ellos, rescatando y reflejando todas las expresiones vivenciales, desde la emoción, facilitando la toma de contacto con uno mismo y con el resto. Es un proceso muy serio y que supone un fuerte desgaste por, como ya se ha dicho previamente, el nivel de conflictividad tan elevado, la dificultad de trabajar en este entorno debido a entre otras cosas, la precariedad de medios, tiempo y espacio. Por eso en esta nueva forma de intervención planteamos la coterapia como herramienta de trabajo que va a ser útil para el grupo y para los profesionales, favoreciendo una mayor integración de los diferentes factores de la personalidad de cada individuo:

  1. Porque los terapeutas tienen más capacidad para observar el conflicto interno de cada sujeto ya que la forma de intervenir debe ser diferente para cada uno.
  2. Los terapeutas reconducen los contenidos de los conflictos que afloran durante la sesión; el punto de partida siempre emerge con una idea irracional que debe ser reconducida durante la intervención favoreciendo el proceso de cambio.
  3. En nuestra experiencia, las tres terapeutas hemos desempeñado un rol diferente y complementario dentro del grupo para conseguir el objetivo común. Estos tres roles han sido: rol normativo, rol emocional y rol racional. Lo que el sujeto proyecta en el exterior hacia estos tres roles va a ayudar a integrarlos dentro de su personalidad como ocurre en el proceso de socialización desde la infancia.
  4. Los terapeutas refuerzan reflexiones o conductas dirigidas a la adaptabilidad y a la no-trasgresión, de modo que el resto de los integrantes del grupo capten en otros compañeros mecanismos adaptativos o menos sintomáticos y que mediante modelos más próximos el proceso de aceptación sea mayor.
  5. Para observar las tensiones que se acumulan en el grupo y que se proyectan en los terapeutas, de modo que el efecto que se produzca en ellos sea de liberación de esa tensión y no de acumulación de la misma.

Como decíamos, el descubrimiento de enigmas psíquicos es una tarea costosa, dura y sobre todo dolorosa. Todo aquel que se enfrenta a un tratamiento va a descubrir zonas desconocidas que hasta ahora no salieron a la superficie por la imposibilidad de tolerarlas. El sujeto enferma – física o socialmente - por tratar de evitar el dolor que le supondría el conocimiento de su conflicto. Pone en marcha mecanismos de defensa que oculten la realidad de lo que siente. Pero tratar de evitarlo no soluciona el conflicto, sino que este aparece desfigurado a través de síntomas y cada vez lo hace con más potencia.

Este proceso grupal en una institución como la cárcel es de mayor intensidad que en otros contextos. Se trata de una población de trasgresores, a la cual es necesario poder transmitir la relación con la ley.

La relación con la ley es algo que no existe en sus mentes y que por tanto hay que construir. Tiene que establecer una relación subjetiva con la ley donde puedan interiorizar pautas, normas y reglas. En la evolución de un individuo esta interiorización tiene lugar en la primera infancia. Estos sujetos, en su mayoría, no las han adquirido jamás puesto que no han tenido pautas formativas de adaptabilidad sino relaciones disfuncionales y propiciadoras de síntomas patógenos. Es más, consideramos que los modelos paternos han sido favorecedores de la trasgresión.

Para poder tener una relación con la ley institucional y social, es necesario construirla primero dentro de su organización psíquica. Esta es nuestra tarea: conseguir que en el proyecto de inserción futura tengan una herramienta propia, que hayan construido un armazón interno del cual han carecido desde la infancia.

De este modo podrán mantener un trabajo, aceptar la ley de un jefe, tolerar la frustración; para desde pautas interiores poder aceptar las exteriores: este es el mecanismo interno que regula la conducta y por tanto la no trasgresión.

Dentro de los estudios de la sociología y la psicología social se ha tratado de forma amplia el concepto de desviación social. Uno de los planteamientos fundamentales es el de Merton quien identificó la anomia, ausencia de normas, con la desviación social, como el conflicto que sufre el individuo ante la contradicción que surge entre los fines o metas que se ha propuesto y los medios existentes, en función del lugar que ocupe en la estratificación social. La hipótesis central que propone Merton es esta: la conducta anómala puede ser considerada como un síntoma de disociación entre las aspiraciones culturalmente prescritas, y los caminos socialmente estructurales para alcanzar dichas aspiraciones.

Una cultura puede ser tal, que induzca a los individuos a centrar sus convicciones emocionales sobre el complejo de fines culturalmente proclamados, con mucho menos apoyo emocional para los métodos prescritos de alcanzar dichos fines. Tal es la situación que aquí interesa analizar, es decir, las culturas donde lo importante es alcanzar ciertos fines, no importando por qué medios. Se elige así el procedimiento más eficaz desde el punto de vista técnico, sea legítimo o no, convirtiéndose en el método preferido. Si este proceso continúa, la sociedad se hace inestable y se produce lo que Durkheim llamó "anomia" (o falta de norma).

Así, la cultura impone la aceptación de tres axiomas culturales: primero, todos deben esforzarse hacia las mismas metas elevadas, ya que están a disposición de todos; segundo, el aparente fracaso del momento no es más que una estación en el camino hacia el éxito definitivo; y tercero, el verdadero fracaso está en reducir la ambición o renunciar a ella. Hay una desviación de la crítica desde la estructura social hacia uno mismo.

Debemos ahora preguntarnos cuales son las posibles reacciones adaptativas de las personas de una cultura que, como la descrita, da gran importancia a las metas-éxito y se ha alejado cada vez más de una importancia equivalente de los procedimientos institucionalizados para alcanzar aquellas metas.

La estructura social examinada produce una tendencia hacia la anomia y la conducta divergente. Cuando la importancia cultural pasa de las satisfacciones derivadas de la competencia misma a un interés casi exclusivo por el resultado, la tendencia resultante favorece la destrucción de la estructura reguladora. El excesivo interés por una meta pecuniaria obliga a buscar medios alternativos, se rompen las normas institucionalizadas y se da paso a la anomia.

La familia es la principal cadena de transmisión para la difusión de las normas culturales a las nuevas generaciones. Sin embargo, transmite en gran parte solo aquello que es accesible al estrato social de los padres. No pocas veces, por otra parte, los niños son capaces de descubrir y asimilar uniformidades culturales aún cuando estén implícitas y no hayan sido enseñadas como reglas.

El niño está también laboriosamente ocupado en descubrir y actuar de acuerdo con los paradigmas de valoración cultural, de jerarquización de las personas y las cosas, y de concepción de objetivos estimables. La proyección de las ambiciones de los padres en el niño tiene también fundamental importancia.

Cuando hay aspiraciones elevadas pero hay pocas oportunidades reales para cumplirlas, queda favorecida la aparición de conductas divergentes. La anomia significa dificultad para poder predecir las relaciones sociales, ya que no hay reglas, o estas se destruyeron.

Desde este planteamiento, es por tanto necesario, que los internos establezcan desde su realidad metas y que se faciliten los medios o recursos necesarios para conseguir tales fines, recursos no asistenciales, sino propios, que surjan de la liberación de sus conflictos psíquicos, de una mayor confianza en sí mismos y en la capacidad de conocer y expresar sus emociones.

Hemos expuesto brevemente algunos conceptos teóricos para introducir como desde las ciencias sociales, psicología clínica, psicología social y sociología, se han ocupado de las conductas desviadas tratando de conocerlas y paliarlas.

Cualquier profesional que trabaje en contextos de exclusión social sabe las complejas raíces del problema, que tiene relación con la persona marginada, con su entorno más próximo, y a menudo con carencias estructurales del sistema social. Por ello se nos hace más necesario compartir nuestra experiencia en un intento de aunar los esfuerzos de intervención, desde una experiencia real y posible. Planteando la necesidad de trabajar sobre el individuo, sobre el ambiente y sobre su percepción de sí mismo y por lo tanto sobre su percepción de su ambiente. El entorno institucional es difícil de modificar pero hemos podido probar una intervención que favorece el auto conocimiento, generando una mayor adaptabilidad al entorno.

Uno de los deseos más arraigados del ser humano es querer soluciones completas y rápidas para resolver conflictos. Con los tratamientos psicoterapéuticos también ocurre esto. Existen métodos que parecen ser mágicos pero a la vuelta de un cierto tiempo, de nuevo emergen los flecos que quedaron sueltos. Es difícil tolerar que no todo lo podemos solucionar o que no podemos hacer todo lo que nos gustaría, que tenemos limitaciones, carencias. Exigirse una meta demasiado alta agrava el conflicto, lo hace más sólido. Esto lo vemos en aquellas personas que trabajan hasta agotarse, en aquellos exageradamente meticulosos con el orden y la limpieza, en aquellos que no disfrutan con ninguna actividad que se propongan, o en aquellos que han roto definitivamente con las normas sociales por sentir que no pueden adaptarse, incorporarse a las exigencias externas, las personas reclusas en un centro penitenciario, mantienen unas expectativas de su vida futura muy positivas, necesitan creer en ello, pero también es importante que construyan esa idea desde la realidad de sus posibilidades, desde sus miedos y carencias, construyendo una opción interna sólida. Siempre hay una vida mejor que no han elegido y por la cual sufren. Sería dejar de vivir por no poderlo vivir todo. Y en lugar de ello hay que construir la opción de vivir valorándose a uno mismo, a la libertad, y respetando los límites y frustraciones inevitables.

El conflicto que buscamos aparece en el desequilibrio entre lo que el sujeto hace y lo que en realidad desea hacer y detectar cuáles son los patrones – siempre repetitivos – que están manteniendo esta distancia, este va a ser el objetivo de la psicoterapia. Los delincuentes, las personas que llenan las cárceles, en su mayoría, son claros ejemplos de la puesta en marcha de un patrón que impide vivir lo que uno realmente desea.

CONCLUSIÓN

Consideramos, por tanto, que la evolución del Programa ha sido satisfactoria permitiendo introducir elementos de tratamiento, más completos y de los que se pueden obtener cambios más estables y duraderos.

La complejidad de la intervención psicoterapéutica, el elevado número de personas que se mantuvieron participando en los grupos y la mayor cantidad de horas de intervención dirigidas al tratamiento psicoterapéutico de la patología de los internos, suponen un avance del tratamiento dentro del medio penitenciario que sería interesante considerar en la planificación de futuros programas de intervención y en la gestión de recursos de cara al tratamiento penitenciario actual y en el futuro.

Nos atrevemos a creer y a proponer desde nuestra experiencia y formación la necesidad de llevar a cabo intervenciones más arriesgadas e innovadoras dentro de los centros penitenciarios, siempre por profesionales cualificados, que permitan trabajar desde una perspectiva psicológica global, emociones, cogniciones, conductas, así como un trabajo corporal que permita a los internos tomar conciencia de sus emociones liberando el conjunto de tensiones musculares crónicas del cuerpo, que actúan como armadura protegiendo al individuo de las experiencias emotivas dolorosas y amenazantes.

Evidentemente estamos convencidas de la necesidad de trabajar desde intervenciones globales, sin límite especificado de antemano de tiempo, así como, de la importancia de la evaluación de las intervenciones, para poder aprender y seguir mejorando y que el trabajo no sea parcelado, sino que pueda ser compartido por los diferentes profesionales interesados en mejorar y avanzar con ilusión y con esfuerzo en la intervención dentro del medio penitenciario.

ANEXO

EJEMPLO DE TRABAJO: Breve muestra de como han funcionado los recursos indirectos en el trabajo terapéutico.
Recogemos a continuación un fragmento aterrador de Carta al padre de Kafka y señalaremos algunos breves apuntes de las sesiones siguientes a su lectura en el grupo:

<< (...) Puedo recordar directamente un solo suceso de mis primeros años; quizá también tú lo recuerdes. Una noche, al mismo tiempo que gimoteaba, yo pedía agua sin cesar; desde luego no tanto por sed, sino probablemente, un poco por fastidiar y un poco para entretenerme. Como no dio resultado ninguna amenaza violenta, me sacaste de la cama, me llevaste en brazos hasta el balcón y allí me dejaste solo en camisón, parado ante la puerta cerrada. No quiero decir que esto fuera incorrecto; quizá de otra forma no habrían logrado descansar realmente en toda la noche, pero con ello quiero caracterizar tus métodos educativos y el efecto que tenían sobre mí. Es indudable que esa vez me torné obediente, pero a costa de algún trauma interno. Años más tarde, aun me perseguía la visión torturadora de ese hombre gigantesco, mi padre, que en última instancia, casi sin causa podía venir una noche y trasportarme de la cama al balcón: a tal punto era yo una nulidad para él>>.

Uno de los sentimientos que se pueden apreciar más claramente en la gente en prisión es la rabia, la agresividad mal encauzada, por eso, uno de nuestros objetivos era permitir crear un espacio cuidado y controlado donde expresar la agresividad y encauzarla hacia el objeto de dolor y permitir tras la expresión de rabia, la expresión de tristeza y dolor oculto. Este fragmento, como recurso indirecto, permitió a muchos de los participantes contar a alguien por primera vez, relaciones que les hubieran causado profundo dolor, recuerdos de su infancia, temores, sentir que no pasaba nada si otros conocían esto, darse cuenta de que otras personas también habían pasado por cosas similares y la dramatización controlada de esa emoción permitió a algunos miembros del grupo aumentar su consciencia y tener una experiencia tranquilizadora.

Algunos relatos de participantes en el grupo:

“mi madre me colgaba de la barra de la ducha y me dejaba allí durante horas y me pegaba mientras estaba allí colgado” (curiosamente mientras lo cuenta se ríe y aparenta estar muy desenfadado, la rabia sale cuando piensa en que alguien pudiera hacerle eso a su hijo. Él no importa tanto, pero su hijo si. – Trabajamos sobre todo ello)
“yo empecé a buscarle la droga a mi mamá y ella me lo dio a probar, cuando yo ya estaba bien y desenganchado me ponía para que ella estuviera contenta, para estar con ella, por eso no puedo verla, si la veo me vuelvo a enganchar” (Trabajamos la vergüenza de que otros sepan que la madre es toxicómana. Las madres son cierta clase de “mitos” en la simbología penitenciaria y hemos observado que en muy pocas ocasiones han sido capaces de hablar de ellas, excepto de forma positiva. Para esta persona fue una experiencia muy dura pero a la vez tranquilizadora)
“todos se reían de mi padre, era un pringado, yo no quiero ser un pringado” (Trabajamos: ¿qué hace para no ser un “pringado”?, le reflejamos como su agresividad es una forma de protegerse de este temor a ser semejante a su padre.

Tratamos de recuperar parte de su identidad, ¿cómo es él?)
La película “American Beauty” y el trabajo posterior realizado a partir de ella, supuso la única manera posible de abordar el tema de la madre, de la imagen de la madre y de poder hablar con libertad de lo que ha sido la relación o vivencia con ella. El elemento desencadenante fue el personaje de la madre pasiva del chico extravagante, surgen sentimientos de rabia y pena por la madre pasiva, aunque se transige, se acepta, cuesta mucho expresar sentimientos negativos.


BIBLIOGRAFÍA

  • Arenal, C. (1861 –2000). El visitador del preso. Editorial Asociación Colaboradores con las Presas (ACOPE), Madrid.
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  • Freixas, G; Miró, Mª. T. (1998). Aproximaciones a la Psicoterapia. Una introducción a los tratamientos psicológicos. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona.
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  • Goffman, E. (1987). Internados: Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu. Madrid.
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  • Rubio Larrosa, V. (1994) "Trastornos de la personalidad" en Salud Mental: Enfermería Psiquiátrica de Bobes, J. Editorial Síntesis. Madrid.
  • Sainz, M y González, S. (2004). "El Vis a Vis como un espacio psicoterapéutico para la reestructuración familiar dentro de la prisión". Comunicación del II Congreso la Familia en la sociedad del siglo XXI Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.
  • Valverde Molina, J. (1997). La cárcel y sus consecuencias. La intervención sobre la conducta desadaptada. Editorial Popular. Madrid.
  • Algunos recursos indirectos utilizados: Textos de Carta al padre de Kafka, El principito, Videos: American Beauty, Familia, Un día de furia, Idiotas.

NOTA DE LAS AUTORAS: Queremos dedicar este trabajo a algunos funcionarios de prisiones que nos llamaban “las del cine de barrio” porque nos hicimos más fuertes para valorar nuestra metodología de trabajo. Y a todos los internos que hemos conocido en este tiempo, sin condenarles ni justificarles, solo desde la cercanía de haber compartido una experiencia personal y profesional muy intensa, y con la solidaridad de saber que sufren y que tal vez no tuvieron oportunidades.