ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL ACERCAMIENTO INICIAL ENTRE LOS SEXOS

Lic. Keytel García Rodríguez
Psicóloga Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ)

 

 

“El mecanismo de la seducción es una forma de recobrar la confianza en uno mismo y se detiene ahí, en el umbral del momento en que el amor podría empezar.”

Catherine Rihoit

Breve Evolución Histórica del Galanteo.

En diferentes épocas  y culturas han existido diversas costumbres de establecer contactos para conformar una relación de pareja. En los últimos milenios, a partir de la aparición de la propiedad privada y la sociedad patriarcal, estos acercamientos se han caracterizado por el predominio del hombre, donde este tradicionalmente ha conducido el galanteo y la mujer ha debido esperar a ser cortejada. Alberto Orlandini dedica un capítulo en su libro “El enamoramiento y el mal de amores” para hablarnos sobre la historia del amor y el enamoramiento. Hagamos referencia a algunas de sus reflexiones.

Las sociedades esclavistas de Grecia y Roma concentraron todo el poder y las decisiones del amor en los hombres, percibiendo en su generalidad el enamoramiento como una pasión indeseable. Precisamente fueron los griegos los precursores del mito de la media naranja a partir de la doctrina del Andrógino. Por su parte, en Roma se consideraba una locura el amor romántico y se colocaba al hombre como un modelo de equilibrio y control emocional.

Durante la Edad Media la Iglesia poseía una pésima opinión de la mujer, el sexo y el enamoramiento, percibiéndolos como formas de corrupción y hechicería. Paralelamente, el amor cortés constituyó una utopía erótica de esta época donde se resalta la caballerosidad, la cortesía, el galanteo delicado y la idealización de la mujer. En realidad este no fue el estilo de amor medieval y solamente se empleó en la literatura de mitos eróticos como una forma de protesta a la discriminación femenina.

El romanticismo, por otro lado, representó un movimiento ideológico durante la primera mitad del siglo XIX que ubicó en primer lugar las fuerzas irracionales, las intuiciones, los ensueños, los instintos y la pasión amorosa. El período victoriano corresponde a la segunda mitad de este mismo siglo donde impera la conveniencia en la formación de las relaciones de pareja y “apareció un revolucionario estilo de galanteo que se llamó el flirt, con un renacimiento del erotismo en las miradas y ligeros toques corporales, que por supuesto excluían la copulación” (Orlandini, O., 1998). Con la llegada del siglo XX se instala con mayor fuerza el mito del amor eterno. De manera general, las actitudes, temores, creencias y prejuicios aprendidos en las culturas occidentales respecto al enamoramiento y la seducción a través de la historia, dañan y limitan nuestra capacidad para ello, sustentados en gran medida por la distribución del poder y los preceptos de la sociedad patriarcal.

Muchas cosas han variado a lo largo de los años en los rituales para conseguir el amor. Sin embargo, muchas otras se mantienen intactas. El escenario actual viene marcado por la tecnología, pero también por fenómenos propios del siglo XX: la individualización, la paulatina conquista de la equidad de género, la liberalización de las relaciones amorosas, el acceso a Internet, etc.

En los años veinte comienza la Revolución Sexual de Occidente, pero no fue hasta los sesenta que se cristalizaron cambios reales, trayendo consigo una redefinición de los valores asignados a hombres y mujeres desde una perspectiva genérica en el galanteo y las relaciones de pareja, los roles a desempeñar por ambos en estos espacios, la elección de la pareja por el enamoramiento y no por consideraciones económicas, etc.

Ahora la mujer juega un papel más activo en todas las esferas de la vida cotidiana y entre ellas el proceso de enamoramiento había sido invisibilizado a través de la historia por el género, y por tanto se ha producido a mi entender un alivio al rol masculino en este sentido, pues había mayor presión desde el momento en que debían llevar la conducción del proceso. Históricamente se ha visto el cortejo en el poder de los hombres, incluso los términos que se utilizan como conquista y galanteo denotan la acción exclusiva del sexo masculino desde otros tiempos.

La imagen del enamoramiento siempre fue en muchas sociedades la del varón conquistador y la de la mujer que acepta, recibe su conquista, aunque aún subsisten tabúes en torno a esto. “Por supuesto, no podemos ligar como ellos. Si les hubiera abordado directamente me hubieran tomado por una prostituta. Hay que hacerlo suavemente, mediante una mirada insistente. Entonces el tipo se acerca y tú esbozas una aproximación física casi imperceptible, aunque él lo advierte enseguida. También puedes abordarles pero discretamente. Por ejemplo, puedo pedirle fuego y preguntarle la hora.” (Rihoit, C., 1988) Actualmente, ante la permeabilización de los roles femeninos y masculinos y los cambios en las visiones de género, donde las exigencias y reclamos entre los sexos varían dado el período de transición, hombres y mujeres no saben con claridad cómo interpretar los mensajes del otro en el galanteo.

Muchas personas en la actualidad se cuestionan una posible extinción del amor y junto a él el romanticismo, el encanto del galanteo y el cortejo amoroso. Científicamente estas dudas no están demostradas, pero sí el hecho de que se está generando un cambio en las relaciones entre el hombre y la mujer, en las expectativas que depositamos en una relación futura, en la mirada genérica acerca de temas como los valores en las relaciones de pareja (actualmente no se buscan los mismos valores para formar una pareja que antes), promoviendo la igualdad entre los sexos, la ruptura con modelos tradicionales de relación, en especial el mito del amor romántico que detrás encubre relaciones de poder. Igualmente, pensamos que se está produciendo una aceleración y acortamiento en las etapas del galanteo en general, pero no se ha perdido su función lúdica original.

Ahora bien, ante todo el legado histórico de constante represión y vigilancia sobre las mujeres, generalmente las de clase privilegiada, ellas idearon formas muy sutiles de comunicarse sin pronunciar palabra alguna. (Sierra, A., 2002) En este sentido, los enamorados, durante los siglos XVIII y XIX por ejemplo, empleaban los nombres de las flores en correspondencia cifrada, conteniendo mensajes de amor, horarios de citas, indicando la aceptación o el rechazo del galanteo estableciendo una forma especial y emergente de comunicación entre los sexos. Así, la transmisión de los mensajes de seducción eran mucho más complejas a diferencia de las actuales donde todo es más directo, claro y rápido, aunque como muchos afirman, menos dotado del romanticismo tradicional. Asimismo, el lenguaje de las sombrillas, los pañuelos, las joyas, los postres, la ubicación de los lunares, las aves, los colores y los abanicos completaban toda la gama de enamoramiento. Este último en especial representaba una pieza indispensable para estimular las relaciones iniciales en el cortejo o aspirante a tal y era un traductor de sentimientos y emociones de las damas de aquella época. Las múltiples maneras de abrirlo y cerrarlo con mayor o menor rapidez, así como su ubicación, encerraban disímiles significados.

De manera general, el proceso de enamoramiento en la sociedad patriarcal tradicional se hacía mucho más complejo y había que transitar un camino mucho más largo, pero desde el punto de vista genérico creemos que estaban bien delimitados, dada la rigidez de los patrones de comportamiento asignados culturalmente, los significados de los códigos de seducción para cada sexo. Al cambiar los códigos culturales con relación al género los mensajes se vuelven más difíciles de interpretar.

En cuanto a las estrategias masculinas de galanteo mucho se ha evolucionado a través de la historia. En la antigüedad abundaban los juramentos de pasión, las clásicas misivas de amor, las promesas; el galán cortés, el dramático, el lastimero, el Don Juan como símbolo de superioridad (este modelo de conducta es reafirmado en ocasiones en los varones de la actualidad desde la infancia, debido al estereotipo de masculinidad que aún prevalece asociado a las conquistas numerosas), el galán ardiente, aunque de este último se preserva aún la insistencia del hombre en el cortejo.

Actualmente, abundan los galanes antirrománticos, más bien prácticos, que no se preocupan en regalar una flor o un poema. Los galanes light se encuentran de moda en los tiempos modernos, presentándose como un hombre exitoso, requiebra en los últimos piropos, asiste a lugares de moda y se luce en una conversación ligera. Asimismo los galanes adinerados tratan de seducir a partir de regalos costosos y lugares de lujo. Por otro lado, el conquistador adolescente de los 90 emplea el contacto visual y el baile como formas de acercamiento a las muchachas. Este tipo de seducción es llamado popularmente como “descarga”, donde si se es aceptado se pasa rápidamente a los besos y caricias y generalmente dura sólo una noche, describiéndose como un ligue. (Orlandini, O., 1998)

Los nuevos roles desempeñados por hombres y mujeres han creado nuevos rituales de seducción, por ejemplo, la dinámica de la conversión en tiempo real, la aceleración de las etapas, la accesibilidad al otro, los mensajes de textos, los e-mails y todos los medios que reducen la inhibición para empezar un coqueteo.

De manera general, las actitudes, temores, creencias y estereotipos aprendidos en la sociedad históricamente respecto al galanteo y la seducción, limitan nuestras potencialidades para ello.

Algunas Investigaciones Sobre el Galanteo Desde las Diferencias Entre los Sexos

Algunos especialistas plantean que casi todos los signos emitidos durante el galanteo pertenecen a las mujeres y que es después de haberse producido esta precomunicación no verbal que el hombre se acerca e intenta iniciar la conversación, afirmando que cuando un hombre se acerca a una mujer desconocida con el fin de conquistarla, con frecuencia sus actos no son más que la consecuencia de una situación previamente ideada por ella poseyendo un gran dominio en el lenguaje no verbal del cortejo. Helen Fisher, antropóloga y especialista del tema opina lo mismo.

Estos estudios, aunque sacan a la luz la importancia de un papel activo de la mujer en el galanteo, creo que son demasiados radicales. Lo único que consiguen es profundizar en la desigualdad. Pienso que tanto hombres como mujeres somos capaces de transmitir mensajes y codificarlos, de iniciar y conducir el galanteo, de expresar sentimientos, etc. Quizás las mujeres a lo largo de la historia debimos aprender a emplear tácticas más sutiles, menos directas, extraverbales, a descifrar y diseñar mensajes cifrados debido a la exclusión del género femenino en este sentido. El amor cortés de la misma manera enseñó al hombre a esperar por la aprobación femenina para iniciar el cortejo.

Son formas como otras cualquieras aprendidas y asignadas para hombres y mujeres en cada cultura y si existe una determinación biológica esta no debe ser la explicación principal, pues como ya hemos referido, pues caeríamos en el grave error de reducir el comportamiento del hombre a causas instintivas comparables con el galanteo animal.

El galanteo femenino mediante los ojos según Orlandini, sigue la secuencia innata siguiente: elevación de las cejas, apertura de los párpados y fijación de la mirada (mirada copulativa), caída de los párpados y desviación de la mirada. No consideramos que sea una secuencia innata, pero sí que constituye una característica muy enraizada en el galanteo femenino, donde hemos aprendido socialmente que las féminas debemos ser disimuladas y discretas en nuestras declaraciones. Asimismo, “los clérigos durante la Edad Media intentaron congelar los movimientos de las damas para evitar que produjeran lujuria, cultivando la gestualidad de la inmovilidad, con modestia, no reír o reír sin mostrar los dientes, no abrir demasiado los ojos, sino tenerlos bajos y entrecerrados, caminar con pasos breves, llorar sin hacer ruido, no agitar las manos, no mover excesivamente la cabeza” (Orlandini, A., 1998)

Carmen Martín (1972) deja traslucir a través de una nomenclatura del código del cortejo en el siglo XVIII cómo la mujer era vista más bien como objeto del mismo que como sujeto digno de amor y de homenajes. Así, se resalta la frivolidad de la misma, algo que se toma o se deja, como un objeto discriminado, de conquistas, identificado con la propia belleza.

La comprensión del galanteo como un fenómeno que inicia el complejo vínculo de la pareja, pasa por la representación social que con respecto al hecho de ser hombre o mujer existe para un determinado grupo social. Así, la perspectiva de género se define como el modo personal con que cada persona siente y expresa su femineidad y masculinidad, y con ello interpretamos el mundo y sus fenómenos. Incluye necesidades, creencias, actitudes, estilos comunicativos, expectativas, valores, entre otros.

Teorías del Enamoramiento

El psicólogo Robert J. Sternberg (1989) ha desarrollado una teoría del amor aplicando algunos aspectos empleados en sus estudios de la inteligencia. Esta puede presentarse en forma triangular y se encuentra compuesta por los lo que él denomina los tres componentes esenciales del amor: la intimidad, la pasión y el compromiso.

teroria del enamoramiento

A Continuación Abordaremos Cada Uno de Estos Componentes:

  •  Intimidad: implica cercanía corporal y emocional entre los amantes favoreciendo el vínculo entre los mismos, desarrollándose a través del tiempo, por lo que generalmente esta se encuentra presente en el galanteo formal o cortejo amoroso constituyendo lo esencial para una buena amistad. Félix López (1998) hace referencia a la teoría de Sternberg y divide la intimidad en los siguientes aspectos: la comunicación, la comprensión, el respeto, los sentimientos de vinculación, unión y proximidad y el apoyo emocional, el deseo de bienestar del otro, etc.
  • Pasión: Consiste en un estado de intenso deseo de unión con el otro, más bien irracional. Incluye una gran dosis de atracción y se puede apreciar en el flechazo amoroso.
  • Compromiso: se basa en la decisión de estar con el otro, de continuidad, de hacer pactos, de aceptación de obligaciones, normas y usos propios de la relación. Reconocimiento manifiesto de la unión ante los demás.

“Sternberg sugiere que lo que determina la satisfacción en una relación  amorosa es tanto el grado de ajuste entre los triángulos de amor de cada integrante, como el grado de ajuste del triángulo de amor real de cada uno  con su propio triángulo de amor ideal.” (Masters, W., Johnson, V. y Kolodny, R., 1996)

De manera general, pienso que estos elementos actúan en el espacio del galanteo, cuya predominancia se encuentra determinada en gran medida por las asignaciones sociales a cada sexo. Así, cuando revisamos las teorías de género, lo asignado para la figura masculina está asociado, desde una visión estereotipada y generalizada, a resaltar como de mayor importancia el componente pasión (la atrracción, el deseo), mientras que en la figura femenina la intimidad (el amor, la ternura, el sentimiento de aproximación, la comunicación) y el compromiso (las relaciones estables que contienen un compromiso afectivo con el otro) en el galanteo deben ser los predominantes, limitando así a las mujeres en el disfrute erótico y sexual libre y al hombre en la expresión de sus sentimientos y la negación de los aspectos amorosos, románticos y espirituales reservados desde lo cultural a las féminas.

Félix López plantea tres componentes fundamentales del fenómeno del enamoramiento. Así, dentro de los componentes cognitivos se encuentran:

  • La incertidumbre respecto a la posibilidad de conseguir o no lo que se desea
  • Los pensamientos intensivos y preocupación por la persona amada
  • La idealización del otro o de la relación
  • El deseo de conocer al otro y de ser reconocido por él
  • La facilidad para imaginar, fantasear y explicar la conducta del otro de forma favorable en términos de reciprocidad.
  • La facilidad para olvidar otras preocupaciones y problemas del pasado
  • La focalización de la atención y el contacto visual y sensorial privilegiado

Dentro de los componentes emocionales están:

  • El deseo de una unión completa y permanente
  • Una activación fisiológica
  • La atracción hacia el otro especialmente atracción sexual
  • El estado de ánimo sensiblemente dependiente de las conductas y sentimientos de la persona amada
  • Un profundo y agudo deseo de reciprocidad
  • El temor a la ausencia de esperanza

Por último, dentro de los componentes conductuales se encuentran:

  • Las acciones encaminadas a conocer los sentimientos del otro
  • El estudio detenido del otro
  • El ofrecimiento de servicios y favores al otro
  • Las acciones encaminadas a mantener la proximidad con el otro
  • El alejamiento de todo aquello que no se relacione con la persona amada

Alberto Orlandini en su libro “El enamoramiento y el mal de amores” desarrolla otras teorías acerca del enamoramiento. Aquí presentamos algunas de ellas:

  • Teoría de los instintos: Esta teoría desarrollada fundamentalmente por etólogos refiere que las señales que originan el cortejo son innatas y a causa de ellas podemos ser fascinados por el perfume de una persona, por el tono de su voz o por la silueta, el color de la piel o el cabello o los movimientos de un objeto sexual. Así, “el enamoramiento sería una compleja asociación y sucesión de pautas innatas que se desencadenan por las señales del compañero potencial.”
  • Teoría conductista: Estos psicólogos afirman que uno se enamora de las personas que ofrecen más recompensas que castigos, originándose el amor del refuerzo y la correspondencia de estímulos placenteros.
  • Teoría de Money: Este autor introduce el concepto de mapa de amor en 1980 e incluye la imagen de la persona ideal que tenemos, expresándose en las fantasías, los ensueños, la elección de la pareja, el enamoramiento, el galanteo, etc. Así, el acercamiento inicial dependería tanto de factores internos (mapa del amor) como de factores externos (el amante hace resonar el mapa de amor por su similitud con la imagen ideal).
  • Teoría psicoanalítica: Los psicoanalistas creen que la elección de la pareja está sobredeterminada por la relación que el sujeto ha tenido con sus padres.

La etología, por su parte, ha brindado valiosas investigaciones en torno al galanteo humano. Estos son algunos de los resultados del antropólogo David Givens (1983, 1986) y el biólogo Timoteo Perper (1985). Estos autores se dedicaron a estudiar la conducta galante durante cientos de horas, observando las parejas en clubes y bares de E.U. y Canadá, y a partir de ello establecieron varias etapas regulares que ocurrían durante el desarrollo del cortejo:

  • Primer paso: el sujeto llama la atención del otro mediante gestos y movimientos corporales exagerados, que incluyen el contoneo de caderas de la mujer.
  • Segundo paso: las miradas se encuentran, se dilatan las pupilas y comienza el “coloquio de ojos”.
  • Tercer paso: se inicia la conversación en la cual resulta más importante que los contenidos, que consisten generalmente en trivialidades. Para romper el hielo se usan frases para pedir la hora, un cigarro, u otras cosas comunes.
  • Cuarto paso: de modo aparentemente casual los interlocutores se tocan los cuerpos en una suerte de caricias sutiles.
  • Quinto paso: los sujetos se colocan cara a cara, se alinean los hombros y se sincronizan los movimientos corporales. (Referido por Orlandini, A, 1998)

Ellos señalan que los primeros pasos son generalmente iniciados  por la mujer, pero en las etapas posteriores, que incluyen el beso, el preludio sexual y la copulación, la iniciativa pasa a ser masculina.

Todas estas investigaciones y teorías sólo intentan describir el galanteo humano desde su ciencia, cada uno con una visión diferente. Sin embargo, todas poseen algo en común, y es que de alguna manera realizan un reduccionismo del fenómeno, se limitan a describir el proceso obviando elementos fundamentales para su análisis, descuidándose la variedad de su expresión. No profundizan en los determinantes y factores psicosociales, la dinámica interaccional en la cual se ponen de manifiesto y poseen una gran influencia, las representaciones de género de las personas que interactúan en ese proceso de seducción. En este sentido, ninguno de estos estudios muestran una perspectiva de género.

Así, no investigan las percepciones de género de los interactuantes en el proceso del enamoramiento, integradas por sistemas de valores, ideales, cosmovisiones, motivaciones, expectativas de género, creencias, juicios de valor relacionados al sexo que se pertenece, asignados y pautados socialmente, que orientan determinadas actitudes y modos de actuación en el galanteo. La perspectiva de género indica además, cómo se ha interiorizado la relación entre los sexos, el modelo sociocultural, los roles de género, etc. y es por donde se expresa de manera subjetivada las desigualdades de poder.

El fenómeno en estudio se ve como un proceso de dos sin tener en cuenta que son dos subjetividades en interacción atravesadas por sus perspectivas genéricas como mujeres y hombres. Las expectativas, conductas de acercamiento, pautas de selección, los códigos, actitudes asumidas en el flirteo y el cortejo amoroso no se ven a partir de las diferencias de género.

Distinción entre las formas o etapas del galanteo.

A través de la historia en las diferentes culturas han existido diversas formas de denominar este fenómeno, y que en ocasiones esconde de base una diferenciación genérica importante, que va a pautar las relaciones entre los sexos y su actuación en el mismo. El cortejo por ejemplo, derivado del latín cohors significa “tratar de enamorar a una mujer”, “hacer la corte”, lo que nos da la idea que el uso de este vocablo surgió en las clases altas de la sociedad y en los salones de la corte. El galanteo, por su parte, proviene del vocablo galán que representa a un hombre enamorado, atrevido, emprendedor. Así, el conquistador amoroso se encontraba asociado al poder, a la ocupación y la dominación de algo o alguien.

“Paralelamente al cortejo masculino se desarrolla la coquetería con la cual las hembras estimulan más la conducta sexual del varón para luego resistirse y así seleccionar su pareja”. (Diccionario Integrado de Sexología de México, referido por Rodríguez, Y., et al.) Etimológicamente este vocablo constituye desde sus inicios un adjetivo femenino y se aplica a la mujer presumida, que se preocupa mucho de su arreglo personal o de gustarle a los hombres, aunque en los últimos tiempos este término se está empleando para describir la seducción de ambos sexos. Otras formas de denominar el coqueteo en la actualidad son la satería y el flirteo femenino, y dentro de sus formas de expresión en la sociedad cubana actual están los mecanismos de seducción y coqueteo que ella emplea para coger la famosa “botella” o aventón, aunque esto se está manifestándose en los hombres también.

De manera general, estos términos y el uso que se les ha dado evidencian las relaciones de poder que han determinado en las sociedades patriarcales, la discriminación y la asimetría entre los sexos, asignando la dominación a la figura masculina (hombre que enamora, inicia, busca, conquista) y la subordinación a la figura femenina (mujer que es enamorada, estimula, provoca, recibe).

Para un uso más didáctico le atribuiremos significados a algunos términos que nos facilitarán la comprensión de este fenómeno. Galanteo, seducción y proceso de enamoramiento constituirán la expresión general de este proceso. Ahora, este proceso puede manifestarse de dos maneras diferentes que los asumiremos como flirteo para designar un galanteo más rápido, eventual y dotado de mayor atracción física (el enamoramiento inicial) y como cortejo amoroso para nombrar la manera de llegar a la conformación de una pareja con intenciones de estabilidad y de desarrollar la intimidad.

Es necesario tener en cuenta que ambos pueden ser fases o momentos de un mismo proceso, o sea, que se puede pasar de un momento inicial de atracción a la acción más planificada de estrategias con el fin de conformar una relación de pareja más formal, o dos momentos por separado sin relación alguna entre sí, como por ejemplo es el caso de lo que muchos llaman en las actualidad “las descargas” o “las relaciones musicales” que no implican ningún tipo de compromiso y que pocas veces pasa a una fase de mayor seriedad del vínculo. En este caso puede pasarse directamente al sexo sin muchos preámbulos ni galantería. Así, muchas veces no importa a qué persona se está seduciendo y si esta rechaza, apuntamos inmediatamente nuestra flecha a otra diana.

Casi siempre la diferencia radica en el grado de intimidad, compromiso y la existencia o no de un vínculo afectivo. “Ligar no tiene nada que ver con la seducción. Cortejar es más refinado, la misma palabra lo dice. Seducir es escoger el objeto, sentir la psicología del otro y adaptarse. En lo demás lo que uno pretende es gustar, sin reflexionar más. Es como la publicidad, no necesitas ser, basta con parecer”. (Rihoit, C., 1988) De todas formas constituyen procesos de interacción atravesados por una asignación genérica, y por lo tanto determinados sociohistóricamente y culturalmente.

De manera general, la fase inicial de acercamiento es un proceso entre dos desconocidos. Al no existir claridad en la definición de la relación los mensajes son ambiguos y se vuelven polisémicos, o sea, que tienen muchas lecturas. Si a esto se suma, que al cambiar los códigos culturales con relación al género, las conductas de acercamiento se vuelven difíciles de descifrar. Así, al no conocer al otro en la fase inicial sólo entendemos los mensajes a partir de nuestras expectativas, creencias, valores asignados al sexo opuesto, visiones de género, pero al estar estas percepciones cambiando se producen ambigüedades y confusiones que pueden bloquear el proceso de acercamiento, produciéndose distanciamientos y puntos de desencuentro entre los sexos.

“Los roles sociales se vuelven estereotipos rígidos disfuncionales con el transcurso del tiempo como ocurre con los roles masculinos y femeninos en la mayoría de las culturas; con los cambios sociales actuales esos roles se van volviendo obsoletos. Hasta que se establezcan nuevos roles más adecuados, se incrementan los conflictos en cuanto a la elección de pareja pues los nuevos roles aún no están asimilados; así esperando encontrarse con un candidato moderno encuentra una mujer que el hombre espera que siga siendo la mujer que ella ya no quiere ser.” (Downing, 1991; Kohlbenschlag, 1994; referido por Vírseda, J. A., 1995)

El flirteo constituye una forma de seducción sin intención de iniciar una relación de pareja. Posee un carácter casual, eventual, momentáneo. Es un juego cortés informal que se manifiesta con mayor espontaneidad, un menor nivel de reflexión y que no implica compromiso. Media la atracción y no el enamoramiento. Es un enamoramiento rápido e intenso provocado por cualquier detalle atractivo para esa persona. En otros países como España se le denomina como ligue o “transa” al amor de una noche con besos y caricias. En Cuba se le conoce mucho como “descarga” entre los más jóvenes y “relación musical”.

Orlandini en el Diccionario del amor refiere que el flirt, palabra de origen inglés que se puso de moda a fines del siglo XIX, se define como un galanteo sin coito donde se flirteaba con los ojos, con ligeros roces del vestido y la piel, el contacto de rodillas en un carruaje o por debajo de una mesa.

Heinrich Bruckner, en su célebre libro ¿Piensas ya en el amor? Lo define como una forma real de relación con rasgos eróticos y un juego cortés informal que no implica ningún tipo de compromiso, constituye más bien una forma de trato social sin particularidad interna esencial; un atractivo estado de mutua estimación sin intimidades. Así, por insinuaciones uno le hace notar al otro que le agrada y el otro corresponde cautelosa y provocativamente al mismo tiempo. Se elige sin asumir responsabilidades.

Las estrategias en este tipo de enamoramiento son muy comunes y rápidas, valiéndose de las miradas, las sonrisas. Las mujeres coquetean, preguntan la hora, piden un cigarro, invitan a bailar, mientras que los varones son más directos. Ellas tratan más bien de estimular la conducta de acercamiento del varón. Se establecen para compartir un rato. Todo esto, descrito en las diferentes investigaciones aludidas, a nuestro entender está condicionado por factores de género, donde desde lo sociocultural se pautan las formas de acercamiento que emplean hombres y mujeres, además del estilo comunicativo más adecuado en el cumplimiento de sus roles de género. Así, para las mujeres una forma más indirecta y pasiva y para los hombres una manera más activa y directa es lo establecido y lo asignado para sus sexos si tenemos en cuenta que la perspectiva genérica atraviesa nuestra actuación en cada una de los espacios de la vida cotidiana.

Aracelis Bedevia (2003) en su artículo “Las claves del amor”, del periódico Juventud Rebelde, presenta una investigación de Karl Grammer, director del Instituto de Etología Urbana Leidwig Boltzmann en Viena, Austria, y analiza el comportamiento de hombres y mujeres desconocidos en una situación experimental de flirteo, llegando a la conclusión de que estos siguen unos esquemas bien definidos. Aunque estos estudios de manera general no tienen presente en sus análisis las particularidades psicológicas de las personas estudiadas, ni la perspectiva de genéro desde un análisis profundo de las expectativas, creencias, percepciones de género que marcan las diferencias en cuanto a las actitudes y las conductas de acercamiento, nos sirven para tener una idea de cómo se comporta el fenómeno en otros contextos culturales.

Ahora bien, sus resultados arrojaron que la edad similar de los participantes invitaba al acercamiento. Además, cuando el interés era recíproco seguían un patrón de movimientos que se repetía invariablemente en cada pareja. Así, en tres ocasiones los muchachos se apoyaron en el respaldo de la silla, mostrándose relajados; seguidamente las muchachas se tocaban el cabello y después la cara. Estos movimientos son interpretados por los expertos como señales de apertura y disponibilidad. Durante el primer minuto de grabación, ella señala su disponibilidad a través del lenguaje corporal. Él intenta entonces establecer un contacto más directo entablando una conversación. En este punto, si ella está interesada se ofrece al diálogo, mientras sigue mostrando apertura y simpatía con movimientos del cuerpo. Además, se quedan en la descripción conductual del fenómeno, perdiendo su riqueza de expresión.

El cortejo amoroso por su parte, representa la forma de seducción con la intención explícita de iniciar una relación entre dos personas portadoras de determinadas visiones de género. Generalmente implica la planificación de acciones y estrategias para la conformación de la pareja, constituyendo un proceso más estable en el tiempo. Media la atracción y el enamoramiento. Supone mayor intencionalidad que el flirteo.

El cortejo constituye la aproximación progresiva de dos personas en la conformación de la pareja, donde en una primera fase o momento se produce un intercambio de miradas y gestos como formas de comunicación esencialmente extraverbales, que de manera consciente o inconsciente indican las señales iniciales de atracción. Posteriormente, en diversos encuentros con previa planificación o no se produce intercambio de información, sentimientos, creencias que pueden dar la idea de intereses comunes, el conocimiento de la biografía del otro y otros aspectos que brindan seguridad y seriedad a la interacción.

Marta Torres, en su libro “Familia. Unidad. Diversidad”, nos plantea el cortejo como un proceso de formación de la pareja que tiene una trascendencia en tanto influye en el desarrollo posterior del vínculo; y además transita por etapas que son importantes para la solidez de todo el proceso formativo. A continuación presentamos su propuesta de las etapas en la formación de la pareja:

  • Encuentro: es un primer contacto donde puede haber o no atracción. Ser simplemente un momento de saber que él otro existe.
  • Contacto real: aparece una primera intención de comunicarse y quizás hasta alguna necesidad de continuar el contacto.
  • Familiaridad: hay un contacto más frecuente, comienzan a tener información sobre intereses, gustos y otras características personales.
  • Amistad: se profundiza en la relación. Existe un placer por estar juntos, compartir, conversar. Se crean convenios, complicidad. Se siente como una relación especial.
  • Intimidad emocional: se va sintiendo la necesidad de establecer una relación más íntima. El tiempo para estar juntos siempre parece corto. Sienten la necesidad de compartir de forma más estrecha.
  • Intimidad física: hay una necesidad del contacto piel con piel, cualquier roce físico con el otro produce un intenso y agradable placer. Se disfruta entre temores y goce las primeras caricias y el deseo de mutua entrega.
  • Compromiso: sienten que la importancia de la relación requieren reglas básicas para mayor permanencia juntos y para confirmar su unión.
  • Relación: tiene un significado más permanente. Se cree que esa es la persona esperada y se está dispuesto a compartirlo todo.

La autora aclara que estas etapas no se transitan rígidamente, sino que depende de las características individuales de sus protagonistas y de los contextos donde estas se produzcan. Aunque ella nos describe de manera detallada los aspectos psicológicos que intervienen en este proceso de enamoramiento, no quedándose en la mera descripción conductual y superficial de otros especialistas, creemos que descuida igualmente la influencia las actitudes, creencias, estereotipos, pautas de comportamiento, valores para cada sexo que son asignados y asumidos para cada género conformando perspectivas genéricas determinadas por las relaciones de poder.

Lourdes Fernández (2002) resume de alguna manera ambas etapas o fases del enamoramiento. Para ella, un primer momento lo constituye el encuentro inicial, donde ya se encuentran presentes las subjetividades iniciales, los ideales, expectativas de género que contribuyen a la calidad del vínculo futuro que ya se está configurando. Ella refiere que aquí se produce lo que otros autores llaman como el flechazo inicial, el cual es imprevisto, violento, poco reflexivo, visto como un proceso de seducción o encantamiento. A nuestro entender, esta atracción primaria o predisposición a evaluar positivamente a otra persona, y cuya naturaleza resulta de difícil precisión, brinda ya información de las visiones de género, los valores asignados y asumidos a cada sexo, las necesidades, las creencias, las actitudes, los estilos comunicativos, las expectativas, los prejuicios, entre otros, muchas veces inconscientes, involucrados en la configuración del vínculo. El atractivo físico se registra y valora inmediatamente, cediendo espacio a otros elementos con el paso del tiempo como la intimidad.

Para concluir estas reflexiones acerca de esta etapa en el ciclo de formación de la pareja, le proponemos la lectura de un poema de un poeta y mártir cubano de incalculable valor.

Declaración

En la penumbra del jardín silente
vibró la voz de mi febril anhelo,
y el tímido relato de mi duelo
movió tu corazón indiferente.

La voz al cabo se tornó valiente
y al varonil reclamo de mi celo
se volvieron tus párpados al suelo
y sonrojada se dobló tu frente.

Mas tu boca impasible quedó muda.
El “no” que siempre te dictó la duda
abrió apenas la curva purpurina,

y por ahogarla, de pasión obseso,
desfiguré tu boca peregrina
bajo la ruda compresión de un beso.

Rubén Martínez Villena

 

Referencias Bibliográficas

  • Arés, P.  (1995): “La pareja, problemática actual” en Revista Sexología y Sociedad, #1, Ciudad de la Habana.
  • Bedevia, A. (2003): “Las claves del amor” en Juventud Rebelde, 22/11, Ciudad de la Habana.
  • Brückner, H. (1981): “¿Piensas ya en el amor?”, Editorial Gente Nueva, Ciudad de la Habana.
  • Fernández, L.  (2002): “Personalidad y relaciones de pareja”, Editorial Félix Varela, Ciudad de la Habana.
  • López, F. (1998): “Afecto y sexualidad II” en Revista Sexología y Sociedad, # 11, Ciudad de la Habana.
  • Martín, C. (1972): “Usos amorosos del dieciocho en España”, Siglo XXI de España Echtores S.A., Madrid.