BULLYNG EN SAN SALVADOR: UN ANÁLISIS DESCRIPTIVO EN CENTROS ESCOLARES DE TERCER CICLO DE EDUCACIÓN BÁSICA

Jorge Luis González López

 

 

Resumen

En este  estudio  se describe la incidencia del bullying en estudiantes de tercer ciclo de  Educación  Básica en la ciudad de San Salvador (El Salvador). Participaron en el estudio una muestra de ciento veinte escolares con edades comprendidas entre los doce y los dieciséis  de edad, que respondieron al cuestionario de secundaria para alumnos elaborados por  el estudio realizado en España, el Defensor del Pueblo-UNICEF (2006). Los resultados muestran que las conductas de acoso más frecuentes entre los alumnos son los insultos, los motes, esconder cosas, a pesar de que la agresión física también tiene un papel relevante. Los lugares de actuación son muy variados y los varones y mujeres se diferencian en el tipo de conductas que llevan a cabo. En cuanto a la comunicación de la conducta de acoso, lo más frecuente es decírselo a la familia o a los compañeros y amigos, pero nunca se les cuenta la situación a los profesores del centro. Los resultados dan una idea de la importancia del fenómeno, así como de sus manifestaciones más frecuentes, lo cual es útil porque en el país no hay estudios similares y pueden ayudar a diseñar líneas de actuación.

Palabras clave: Bullying, víctima, agresor, estudio descriptivo.

Introducción

Con el término inglés bullying se ha definido el acto de molestar o intimidar; es todo comportamiento agresivo que sea intencional y que implique un desequilibrio de poder o de fuerzas, que se repite en el tiempo contra un niño que tiene dificultades para defenderse. Limitado al ámbito escolar y a las relaciones entre iguales, su análisis requiere controlar ciertas variables que lo definen, como es la intención de dañar y la frecuencia o repetición en el tiempo (Olweus, 1978). El bullying puede presentar como características esénciales, en sus diversas manifestaciones, ataques cargados de violencia, agresividad, conflicto, intimidación o victimización de parte de los agresores o matones hacia sus víctimas, no obstante conviene diferenciar el bullying de estas otras manifestaciones.

En lo que respecta a la violencia, resulta un comportamiento evitable que obstaculiza la autorrealización humana. Galtung (1985) sostiene que es aquella situación en que dos o más individuos se encuentran en una confrontación en la cual una o más de una de las personas afectadas sale perjudicada, siendo agredida física o psicológicamente. El conflicto aparece generalmente cargado con una valoración negativa, debido a que se confunde conflicto con violencia, es decir, con su patología (Planella, 1998); un conflicto puede resolverse también de forma no-violenta. Mientras la violencia no es innata en los seres humanos sino que es un aprendizaje, el conflicto sí es consustancial a la vida humana, algo natural y por tanto inevitable. De esta manera, más que eliminar el conflicto, de lo que se trata es de saber regularlo creativa y constructivamente de forma no-violenta, ya que es una energía y una oportunidad para el cambio.

La  agresividad se ha definido por su fin de lesionar a otro organismo o al propio, siendo necesario añadir a lo anterior la intención de producir daño, destruir, contrariar o humillar. No podemos dejar de hacer referencia a la diferencia entre agresividad y agresión, ya que el término agresión debería utilizarse para designar un acto en sí, un acto palpable y efectivo, mientras que la agresividad es el término empleado para designar la tendencia o disposición inicial que dio lugar a la posterior agresión.

Por otra parte, la situación de intimidación o victimización es aquella en la que una persona es agredida o se convierte en víctima cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otra persona o grupo de ellas, entendiéndose por acciones negativas tanto las cometidas verbalmente o mediante contacto físico y las psicológicas de exclusión.Por lo tanto un aspecto esencial del fenómeno es que debe existir  un desequilibrio de fuerza. (Olweus, 1998).

En una posterior investigación (Olweus, 1999) nos señala  tres factores a tomar en cuenta porque ejercen influencia directa en la conducta agresiva: la actitud emocional de los padres hacia el niño en los primeros años de vida, la permisividad y tolerancia hacia la conducta agresiva  y el uso de métodos de disciplina autoritarios. (Jaenés I, 2005).

En el bullying se han podido identificar ciertos factores de riesgo que en un determinado momento lo pueden predisponer si no se abordan a tiempo, entré estos se distinguen: factores internos (familiares y personales) y factores externos (urbanos).

Con respecto a los factores internos en la dimensión familiar hay que señalar que una gran parte de la violencia que existe en nuestra sociedad tiene su origen en la violencia familiar. La intervención a través de la familia es especialmente importante, porque a través de ella se adquieren los primeros esquemas y modelos en torno a los cuales se estructuran las relaciones sociales y se desarrollan las expectativas básicas sobre lo que se puede esperar de uno mismo y de los demás, esquemas que tienen una gran influencia en el resto de las relaciones que se establecen. En determinadas situaciones, sin embargo, especialmente cuando los niños están expuestos a la violencia, pueden aprender a ver el mundo como si sólo existieran dos papeles: agresor y agredido, percepción que puede llevarles a legitimar la violencia al considerarla como la única alternativa a la victimización. Esta forma de percibir la realidad suele deteriorar la mayor parte de las relaciones que se establecen, reproduciendo en ellas la violencia sufrida en la infancia.

Las características de los adultos que viven en familias en las que se produce la violencia reflejan que con frecuencia su propia familia de origen también fue violenta. Existe suficiente evidencia que permite considerar a las experiencias infantiles de maltrato como una condición de riesgo, que aumenta la probabilidad de problemas en las relaciones posteriores, incluyendo en este sentido las que se establecen con los propios hijos y con la pareja. Conviene dejar muy claro, sin embargo, que la transmisión del maltrato no es algo inevitable. La mayoría de las personas que fueron maltratadas en su infancia (alrededor del 67%) no reproducen dicho problema con sus hijos, y el maltrato en la vida adulta se produce también en personas que no fueron maltratadas en su infancia.

El maltrato contribuye a deteriorar aún más la interacción familiar al disminuir la posibilidad de establecer relaciones positivas, repetirse crónicamente y hacerse con ello másgrave, y extenderse a las diversas relaciones que en el sistema familiar se producen. Además, suele darse una estrecha asociación entre la utilización de la violencia con los niños y su uso entre los adultos que con ellos conviven; mas 40% de los padres que maltratan a sus hijos tienen relaciones violentas entre sí.

Respecto los factores internos personales se considera que el ambiente personal inadecuado conlleva a relaciones interpersonales inadecuadas y disfuncionales, que se producen debido a distorsiones cognitivas e ideas erróneas, pensamientos y emociones irracionales que no permiten el afrontamiento y resolución racional de los conflictos.

Con respecto a los factores externos conviene tener en cuenta que determinadas actitudes y creencias existentes en nuestra sociedad hacia la violencia y hacia los diversos papeles y relaciones sociales en cuyo contexto se produce (hombre, mujer, hijo, autoridad, o personas que se perciben como diferentes o en situación de debilidad) ejercen una decisiva influencia en los comportamientos violentos. De lo cual se deriva la necesidad de estimular cambios que favorezcan la superación de dichas actitudes, entre las que cabe destacar:

  • La crítica de la violencia en todas sus manifestaciones y el desarrollo de condiciones que permitan expresarse y resolver conflictos sin recurrir a ella.
  • El reconocimiento  de la violencia como un problema que nos afecta a todos y todas, contra el cual todos podemos y debemos luchar.
  • La sensibilización sobre los efectos negativos que tiene la violencia no sólo para la víctima sino también para quién la ejerce, al deteriorar las relaciones y el contexto en el que se produce.
  • La comprensión del proceso por el cual la violencia genera más violencia así como de la complejidad de las causas que la originan; y la superación del error que supone atribuir la violencia a una única causa (la biología, la televisión...) que suele utilizarse como chivo expiatorio, excluyendo a quién realiza dicha atribución de la responsabilidad y posible solución al problema.
  • El desarrollo de la tolerancia como un requisito imprescindible del respeto a los derechos humanos, y la sensibilización de la necesidad de proteger especialmente a las personas que se perciben diferentes o en situación de debilidad.
  • La superación de los estereotipos sexistas, y especialmente de la asociación de la violencia con valores masculinos y la sumisión e indefensión con valores femeninos. (Barrera, A, 2005).

En el fenómeno bullying se pueden distinguir varios actores, y cada uno presenta sus características particulares. En el caso del agresor, diferentes estudios (Olweus, 1998; Ortega, 1994) señalan como agresor principalmente al varón. Otros (Smith, 1994) señalan a las chicas como protagonistas de actos que utilizan más elementos psicológicos en sus intimidaciones de forma sutil y poco evidente. En cuanto a la personalidad, Olweus (1998) señala al agresor con temperamento agresivo e impulsivo y con deficiencias en habilidades sociales para comunicar y negociar sus deseos. Le atribuye falta de empatía hacia la víctima y falta de sentimiento de culpabilidad. También denota falta de control de la ira y nivel alto de los sesgos de hostilidad que hace que interprete sus relaciones con los otros como fuente de conflicto y agresión hacia su propia persona. Son, según este autor, violentos, autosuficientes y no mostrarían un bajo nivel de autoestima. Manifiestan una gran belicosidad con los compañeros y con los adultos y una mayor tendencia hacia la violencia y son impulsivos y necesitan imperiosamente dominar a los otros. En cuanto a sus características físicas, son, por lo general, del sexo masculino y tienen mayor fortaleza física.

En el ámbito social, García-Orza (1995) señala que padecen un problema de ajuste en sus reacciones con una carga excesivamente agresiva en las interacciones sociales. En este sentido suelen ser chicos que están ubicados en grupos en los que son los mayores por haber repetido curso; su integración escolar, por tanto, es mucho menor (Cerezo, 1997). Son menos populares que los bien adaptados pero más que las víctimas, su contacto con los padres es también inferior y suelen carecer de fuertes lazos familiares y estar poco interesados por la escuela.
Olweus (1998) define dos perfiles de agresor: el activo, que agrede personalmente estableciendo relaciones directas con su víctima, y el social-indirecto, que logra dirigir el comportamiento de sus seguidores a los que induce a actos de violencia y persecución de inocentes. Además de estos prototipos se identifica a otro colectivo que participa pero no actúa en la agresión que son los agresores pasivos (seguidores del agresor).

En cuanto a la víctima, (Mooij ,1997) señala como rasgos frecuentes en la víctima niveles altos de permisividad para ser intimidado directa, regular y frecuentemente, y para ser intimidado indirectamente y excluidos por sus compañeros (especialmente en el caso de las chicas). También suelen ser sujetos identificados fácilmente como víctimas y ser menos apreciados. El papel de víctima se reparte en porciones iguales entre sexos aunque muchas investigaciones dicen que existen más chicos implicados (Defensor del Pueblo, 1999) o similar número (Fonzi et al., 1999; Mellor, 1990; Ortega, 1990, 1992), excepto en las realizadas en Japón en las que las intimidaciones se dirigen mayoritariamente a las chicas (Mombuso, 1994) o hay más chicas entre las víctimas (Taki, 1992). Sin embargo, según (Olweus, 1998) la agresividad intimidatoria entre chicas se ha estudiado mucho menos. Se suele señalar a las víctimas como débiles, inseguras, ansiosas, cautas, sensibles, tranquilas y tímidas y con bajos niveles de autoestima (Farrington, 1993). Especialmente se ha valorado en el comportamiento de las víctimas de la violencia la autoestima y su relación con los efectos contextuales de sus compañeros (Lindstrom, 1997) considerándose una constante entre el alumnado que sufre violencia, en el que la opinión que llegan a tener de sí mismos y de su situación es muy negativa. (Aviles, J, 2005)

Gracias a la realización de estudios epidemiológicos, en los últimos años, (Defensor del Pueblo- UNICEF,1999, 2006) se ha podido determinar con bastante precisión los principales tipos de manifestaciones de maltrato por abuso de poder entre iguales, siendo los más frecuentes hasta ahora detectados: la exclusión social (ignorar, no dejar participar), agresión verbal (insultar, poner motes ofensivos, hablar mal de otros a sus espaldas), agresión física indirecta (esconder cosas de la víctima, romper cosas de la víctima, robar cosas de la víctima), agresión física directa (pegar), amenazas (amenazas solo para meter miedo, obligar hacer cosas con amenazas, chantaje, amenazar con armas) y el acoso sexual (acosar sexualmente con actos o comentarios). En otras ocasiones, estas manifestaciones de maltrato escolar o bullying se  suele clasificar en físico: como empujones, patadas, puñetazos, agresiones con objetos. Este tipo de maltrato se da con más frecuencia en la escuela primaria que en la secundaria; verbal: que se manifiesta principalmente mediante insultos y motes o apodos, siendo frecuentes los menosprecios en público o resaltar y hacer patente de forma constante un defecto físico o de acción. El teléfono móvil  se está convirtiendo en vía para este tipo de maltrato; psicológico: que son acciones encaminadas a minar la autoestima del individuo y fomentar su sensación de inseguridad y temor; y social: modalidad que pretende aislar al individuo respecto del grupo y hacer partícipes a otros individuos de esta acción.  (Aviles, J ,2005).

Como consecuencia de todos estos tipos de manifestaciones de maltrato por abuso de poder la salud de las víctimas se  ve afectada ocasionando secuelas a nivel cognitivo, emocional y conductual, y que suelen presentarse a través de cambios comportamentales,  tales como: estados de humor, tristeza, llantos o irritabilidad, pesadillas, cambios en el sueño y/o en el apetito, y dolores psicosomáticos (dolores de cabeza, de estómago, vómitos). También sucede que se pierden o se deterioran sus pertenencias escolares o personales (gafas,
mochila, pantalones, estuche) de forma frecuente; aparece con golpes, hematomas o rasguños, ante los cuales el niño dice que tiene frecuentes caídas o accidentes; no quiere salir, ni se relaciona con sus compañeros; no acude a excursiones o visitas del colegio; quiere ir acompañado a la entrada y salida y se niega o protesta para ir al colegio. (Godoy, M ,2005).

Esta preocupación por las inevitables y muchas veces duraderas secuelas heredadas por las víctimas del bullying, ha propiciado la realización de estudios de índole epidemiológica. Entre ellos merece especial mención el pionero estudio realizado por Olweus (1983) en Noruega, en el que concluye que la violencia entre escolares afecta directamente al 15% de los alumnos de primaria y secundaria, el 9% de los cuales se reconoce como víctima, el 7% como agresor y el 1,6% en ambos papeles. En contra de lo que suele creerse, las agresiones se producen con mucha mayor frecuencia (el doble o el triple) dentro de la escuela que en el camino entre dicho contexto y el familiar y, sobre todo, en aquellas situaciones del recreo en las que hay muy poca presencia de adultos dispuestos a intervenir, y no se observan diferencias asociadas al tamaño de la escuela ni al de las aulas (Olweus, 1993).

La investigación más amplia realizada sobre este tema la llevo a cabo en escandinavia también Olweus (1993; 1994), quien halló que aproximadamente que el 15% de los niños y los adolescentes con edades comprendidas entre los 7 y 16 años habían estado implicados en intimidaciones, tanto en el papel de matones como en el de victimas,(aproximadamente el 9% como victimas, él 7% como matones y el 1,7% como matones y como victimas, resultados muy similares a los encontrados. Además halló que el 60% de los niños clasificados como matones con edades comprendidas entre los 11y los 15 años fueron condenados por lo menos por un delito a la edad de 24, y que del 35% al 40% de estos matones habían sido condenados tres o más veces a esta edad comparado con solo un 10% de los niños del grupo de control (Olweus, 1994). Instituto de la Juventud (2007).

En el Reino Unido destaca el Proyecto Sheffield,(1994),  que refleja  el porcentaje de los escolares que se reconoce como víctima de la violencia de otros alumnos se sitúa en las escuelas de primaria (junior and middle schools) en torno al 27%, y como agresor en torno al 10%, porcentajes que descienden al 10% y 4%, respectivamente, en las escuelas de secundaria. En primaria, casi todos los episodios de violencia se producen fuera de clase, en el espacio del recreo y en los pasillos. En secundaria, las diferencias con la violencia en el aula son muchos menores, aunque van en la misma dirección. La frecuencia con la que se produce dicho problema al ir o venir de casa al colegio es menos de la mitad de la que se produce dentro de la escuela (Smith y Sharp, 1994).

En el estudio realizado en España (Defensor del Pueblo, 1999, 2006), sobre la incidencia de este problema en la Educación Secundaria Obligatoria, se encuentran los siguientes porcentajes para situaciones específicas. Se reconoce como víctima un 33,8% en insultos, un 4,1% en agresiones físicas y un 0,7% en amenazas con armas, y se reconocen como agresores un 40,9% en insultar, un 6,6% en agresiones físicas y un 0,3% en amenazar con armas. Declara haber visto episodios de violencia sin participar directamente un 31,3% para insultar, 45% para agresiones físicas y un 5,5% para amenazar con armas. El número de profesores que declara haber visto este fenómeno en su centro es de un 63% para insultar, 62,7% para pegar y el 10% para amenazar con armas. El recreo es el escenario más frecuente para las agresiones físicas y la exclusión directa, mientras que los insultos, los motes y las agresiones a las propiedades se producen con mayor frecuencia en el aula. No se observan diferencias significativas entre centros públicos y privados. Además, encontramos que tanto los adultos como los jóvenes se comportan de forma agresiva después de observar un acto de agresión. El informe de Monbuso (1994) indica que el 50,6% de los padres no sabe que sus hijos son víctimas y que el 67,4% de los padres se entera por las víctimas y no por el centro escolar. Estos datos apoyan la idea de que una parte muy importante del profesorado no se entera de lo que está pasando (Byrne, 1994; Defensor del Pueblo, 1999; Monbuso, 1994) y tampoco se siente preparado para afrontarlo (Byrne, 1994), de hecho es el último colectivo al que el alumnado victimizado comunica lo que le sucede (Defensor del Pueblo, 1999; Whitney y Smith, 1993).En una encuesta realizada a más de 15.000 alumnos entre los grados seis y diez, tanto en colegios privados como públicos en los Estados Unidos, el 30 % de estos alumnos reconocieron haber abusado de alguien, ser el blanco del acoso o ambos casos. (Bowman, 2001). (Lumsden,L. (2002).

La información obtenida, como parte de la World Health Organization’s Health Behavior in School-Aged Children Survey (2001) señala la preponderancia de los actos de molestia o intimidación, y pone de manifiesto que entre el 15% y el 25% de los estudiantes de los Estados Unidos son molestados o intimidados con alguna frecuencia (“a veces” o “a menudo”), mientras que un 15% y 20% reportan molestar o intimidar a otros con cierta frecuencia (Melton, G.B., Lamber,S.Flerx,V.Cunninghan, P,. Osgood,D.W.,Chamber,J. Henggler,S.,& Nation, M.1998) (Nansel, T.Overpeck,M.,Pilla,R.S.,Ruan,W.J.,Simmons-Morton,B.Schmidt,P.2001). La incidencia de comportamientos de molestia o intimidación ha incrementado en un 5% (Departamento de Educación de los Estados Unidos,  2002) y ha sido identificados como una preocupación central por escuelas de todo el territorio de los Estados Unidos (NEA3, 2003).Departament of Health and Human Services.U.S.A.

En otro estudio realizado recientemente en Nicaragua,  (Ortega, R; Sanchez, V; Ortega-Rivera, J; Del Rey, R; Genebat, R. 2005). Con una muestra de 5.855 alumnos de educación primaria y secundaría, se observo que la percepción de la victimización por parte de quienes sufren violencia de sus iguales fluctúa entre el 25% y 50%, y en la agresión sexual desciende por debajo de 5%. Los datos muestran que al 48,3% le robaron en la escuela, el 45,3% es insultado, el 37,5% es golpeado, el 37,2% excluido o aislado, el 25,5% amenazado y un 4% afirma ser victima de agresiones sexuales. En total el 51,7% dice insultar a los demás. Por otra parte, más hombres que mujeres dicen ser insultados por sus maestros (7,5% y 4,5% respectivamente). El 11,9% de ellos y 9,5% de ellas dicen insultan a sus iguales muchas ocasiones y el 44 y 39,1% respectivamente pocas. También, el 42,6% de los varones afirma golpear a sus compañeros y el 16,6% de las mujeres lo hace muchas veces.

Después de observar las consecuencias y la magnitud de este fenómeno en los centros escolares de distintos países, y en vista de que no hay estudios similares realizados en El Salvador, el objetivo de este trabajo es evaluar el bullying en un centro escolar de El Salvador, así como sus diversas manifestaciones.

Método

Diseño

Se enmarca  en un estudio de poblaciones mediante encuestas con muestras probabilísticas, de acuerdo a la clasificación propuesta por (Montero y León ,2005).

Materiales

Se empleó el Cuestionario para alumnos de Educación Secundaria utilizado en el informe del (Defensor del Pueblo-UNICEF, 2006). Consta de 31 preguntas que evalúan el fenómeno del bullying dentro de las escuelas a través de diferentes bloques: lo que ocurre en el centro, visto como espectador; relaciones sociales y sentimientos vividos por el alumnado encuestado; trato del que es objeto el alumnado; características del agresor; lugar en el que ocurre el maltrato; personas a quienes se comunica el hecho; el alumno como agresor.

Participantes

En el estudio participaron 120 escolares del Centro Escolar Antonio José Cañas del municipio de Soyapango (El Salvador). De los participantes 80 eran varones (66,7%) y 40 mujeres (33,3%), con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años (M = 14,24; DT = 1,23). La distribución por cursos fue la siguiente: 33 (27,5%) eran de 7º curso, 49 (40,8%) de 8º y 38 (31,7%) de 9º curso.
Procedimiento

En un primer momento se hizo una evaluación sobre la base del mapa delincuencial de El Salvador, siendo la ciudad de Soyapango el segundo municipio más afectado por la violencia social, alta densidad poblacional y sectores en vías de desarrollo (Ministerio de Gobernación de El Salvador,2005).

Una vez ubicada la ciudad para llevar a cabo el estudio, se seleccionó un centro escolar que contara con una  población escolar significativa para cubrir la muestra mínima, con alumnos de ambos sexos, y que con estudiantes de sexto curso hasta bachillerato (que corresponde a edades entre 12 y 16 años), resultando seleccionado el Centro Escolar Antonio José Cañas. Entonces se solicitó una reunión con la directora del centro, para exponerle el objetivo del trabajo y solicitar su permiso para trabajar en el centro, que aceptó a cambio de que a los alumnos de noveno grado se les pudiera brindar asesoria psicología vocacional, de la entrega de una copia del informe final del estudio y de la presentación de una carta extendida por la institución auspiciadora de dicho estudio. También, se coordinó con la subdirectora del centro escolar la recolección de las cartas firmadas por los padres en las que autorizaban la participación de sus hijos en el estudio.

Posteriormente se realizó una adaptación del cuestionario a través de una prueba de jueces/expertos que valoraron la pertinencia y adecuación del vocabulario y la redacción del cuestionario para ser utilizado en El Salvador, una vez realizadas las modificaciones, se procedió a la aplicación de el cuestionario a un grupo de alumnos/as de características similares a la población objeto de estudio, confirmando que no había problemas en la comprensión del instrumento, lo que  permitió finalmente la aplicación del mismo de forma colectiva y garantizando en todo momento el anonimato de las respuestas.

Resultados

Se describen, a continuación, los resultados de las respuestas al cuestionario organizadas por bloques de información.

Lo que sucede en el centro visto como un espectador

En la tabla 1 se puede observar que las situaciones que más están sucediendo en el centro escolar son poner motes y esconder las cosas, ya que sólo un 15,8% de los alumnos afirman que nunca ocurre. Y a éstas le siguen otras acciones como hablar mal de él o ella (no sucede nunca según un 23,3%), pegarle (29,2%) o insultarle (30%). Las conductas menos frecuentes son amenazar con armas (85%), obligarle a hacer cosas que no quiere (81,7%) y acosarle sexualmente (80,8%).

TABLA 1. Frecuencias (f), porcentajes (%) y mediana (Mdn) de las respuestas a lo que está sucediendo en el centro.


Situación

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Ignorarle

61 (50,8%)

42 (35%)

4 (3,3%)

4 (3,3%)

1

No dejarle participar

55 (45,8%)

39 (32,5%)

10 (8,3%)

8 (6,7%)

2

Insultarle

36 (30%)

34 (28,3%)

25 (20,8%)

14 (11,7%)

2

Ponerle motes

19 (15,8%)

32 (26,7%)

23 (19,2%)

39 (32,5%)

3

Hablar mal de él o ella

28 (23,3%)

45 (37,5%)

24 (20%)

12 (10%)

2

Esconderle cosas

19 (15,8%)

42 (35%)

29 (24,2%)

21 (17,5%)

2

Romperle cosas

74 (61,7%)

29 (24,2%)

5 (4,2%)

4 (3,3%)

1

Robarle cosas

59 (49,2%)

40 (33,3%)

4 (3,3%)

6 (5%)

1

Pegarle

35 (29,2%)

40 (33,3%)

24 (20%)

12 (10%)

2

Amenazarle para meterle miedo

68 (56,7%)

29 (24,2%)

10 (8,3%)

9 (7,5%)

1

Acosarle sexualmente

97 (80,8%)

10 (8,3%)

2 (1,7%)

3 (2,5%)

1

Obligarle a hacer cosas que no quiere

98 (81,7%)

8 (6,7%)

1 (0,8%)

6 (5%)

1

Amenazarle con armas

102 (85%)

9 (7,5%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1

 

Respecto a la ocurrencia de las situaciones de acoso a través del teléfono móvil o de Internet, un elevado porcentaje (61,7%) afirma que nunca lo ha visto en su centro, y sólo un 16,7% afirma haberlo visto a veces (ver tabla 2).

TABLA 2. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) de la ocurrencia de las situaciones de acoso por teléfono móvil o Internet.


Situación

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Acoso a través de teléfono móvil o Internet

74 (61,7%)

20 (16,7%)

9 (7,5%)

3, (2,5%)

1


Cuando se pregunta a los alumnos si existen situaciones de acoso entre profesores y alumnos, lo que se observa es que en la mayoría de los casos no se ha visto que los alumnos se metan con un profesor (73,3%), y de la misma manera tampoco que un profesor se haya metido con un alumno (70,8%), tal y como puede verse en la tabla 3.

TABLA 3. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) de la ocurrencia de acoso de alumnos a profesores y de profesores a alumnos.


Situación

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Alumnos se meten con un profesor

88 (73,3%)

16 (13,3%)

8 (6,7%)

2 (1,7%)

1

Profesor se mete con un alumno

85 (70,8%)

23 (19,2%)

3 (2,5%)

5 (4,2%)

1

 

El acoso por parte de bandas organizadas no es algo que se presencie de forma frecuente. El 55% afirma que nunca ha visto a bandas de alumnos meterse con un chico o chica del centro, el 56,7% tampoco ha visto que bandas de alumnos se metan con grupos de alumnos, ni con otras bandas (62,5%). Tampoco es frecuente que bandas organizadas ajenas al centro se metan con alumnos (el 51,7% afirma que nunca lo ha visto) (ver tabla 4).

TABLA 4. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) del acoso realizado por bandas organizadas.


Situación

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Bandas de alumnos se meten con un chico/a

66 (55%)

44 (36,7%)

1 (0,8%)

5 (4,2%)

1

Bandas de alumnos se meten con grupos de alumnos

68 (56,7%)

33 (27,5%)

11 (9,2%)

2 (1,7%)

1

Bandas de alumnos se meten con otras bandas

75 (62,5%)

28 (23,3%)

4 (3,3%)

6 (5%)

1

Bandas de fuera se meten con alumnos

62 (51,7%)

39 (32,5%)

8 (6,7%)

6 (5%)

1

 

Relaciones sociales y sentimientos vividos por los alumnos encuestados

Cuando se pregunta a los alumnos si han sentido miedo al acudir al colegio en este año el 57,5% afirma no haber sentido miedo nunca, el 36,7% afirma haber sentido miedo alguna vez, sólo un 2,5% lo ha sentido a menudo y un 1,7% casi todos los días. Además las causas de ese miedo (cuando se ha sentido) están muy focalizadas en el trabajo escolar (10,8%), y son muy pocos los que sienten miedo hacia algún profesor (2,5%) o hacia algún compañero (3,3%), como se muestra en la tabla 5.

TABLA 5. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las causas más frecuentes de miedo en los escolares.


Causa del miedo

f

%

No siento miedo

55

45,8%

Algún profesor o profesora

3

2,5%

Uno o varios compañeros

4

3,3%

El trabajo de clase, las notas.

13

10,8%

Una escuela nueva con gente diferente

4

3,3%

Otras causas

9

7,5%

 

Las relaciones sociales con los compañeros son buenas; el 75% afirman llevarse bien y tener muchos amigos, y solo un 1,7% afirma no tener casi amigos (ver tabla 6).

TABLA 6. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las respuestas a las relaciones con los compañeros.


Relación con compañeros

f

%

Me llevo bien y tengo muchos amigos

90

75%

Me llevo bien con bastantes, pero nadie en especial

12

10%

Me llevo bien con dos o tres amigos

10

8,3%

No tengo casi amigos o amigas

2

1,7%

 

Y con los profesores la situación es similar. Tal y como puede verse en la tabla 7, la mayoría de los alumnos dicen llevarse muy bien o normal con los profesores (46,7% y 2,5%, respectivamente), y sólo hay un alumno (0,8%) que afirma llevarse muy mal.

TABLA 7. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las respuestas a las relaciones con los profesores.


Relación con profesores

f

%

Muy bien

56

46,7%

Normal, bien

51

42,5%

En general bien, pero mal con algún profesor

8

6,7%

Mal

2

1,7%

Muy mal

1

0,8%

 

Las causas de esas relaciones es que al 80,8% de los alumnos los profesores les tratan bien, y el mayor problema de las malas relaciones es que los profesores exigen demasiado (5,8%) (ver tabla 8).

TABLA 8. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las causas de las relaciones con los profesores.


Causas

f

%

Me tratan bien

97

80,8%

Me exigen demasiado

7

5,8%

Me etiquetan (me tienen manía)

1

0,8%

Me ridiculizan

2

1,7%

Me insultan

0

0%

Me agraden físicamente

0

0%

Otras causas

3

2,5%

 

Trato del que es objeto el alumno

Al analizar las situaciones de que es objeto el alumno, se puede observar como la mayoría de ellas suceden en muy pocas ocasiones. Las que se presentan más a menudo, y suceden sólo a veces, son: hablan mal de mí (35,8%) y me esconden cosas (31,7%). Otras dos situaciones de acoso que también suceden a veces son los insultos (23,3%) y los motes (21,7%). Además, si se observa la mediana, todas las situaciones presentan mediana con valor igual a 1 (ver tabla 9).

TABLA 9. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) de las situaciones de acoso que sufren los alumnos.


Situación

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Me ignoran

92 (76,7%)

17 (14,2%)

0 (0%)

2 (1,7%)

1

No me dejan participar

89 (74,2%)

14 (11,7%)

2 (1,7%)

8 (6,7%)

1

Me insultan

66 (55%)

28 (23,3%)

7 (5,8%)

8 (6,7%)

1

Me ponen motes

67 (55,8%)

26 (21,7%)

11 (9,2%)

8 (6,7%)

1

Hablan mal de mi

59 (49,2%)

43 (35,8%)

3 (2,5%)

6 (5%)

1

Me esconden cosas

61 (50,8%)

38 (31,7%)

5 (4,2%)

8 (6,7%)

1

Me rompen cosas

91 (75,8%)

15 (12,5%)

0 (0%)

4 (3,3%)

1

Me roban cosas

89 (74,2%)

15 (12,5%)

6 (5%)

3 (2,5%)

1

Me pegan

83 (69,2%)

23 (19,2%)

3 (5%)

6 (2,5%)

1

Me amenazan para meterme miedo

103 (85,8%)

8 (6,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me acosan sexualmente

108 (90%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me obligan a hacer cosas que no quiero

110 (91,7%)

0 (0%)

2 (1,7%)

2 (1,7%)

1

Me amenazan con armas

110 (91,7%)

3 (2,5%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

 

Igual que sucedía en el caso anterior, el 84,2% afirma que estas situaciones nunca le suceden por teléfono móvil o por Internet, un 5% afirma que a veces sí le suceden por estos medios, y únicamente al 1,7% siempre le sucede a través del teléfono móvil o Internet.

Características de quien agrede

Al analizar el curso al que pertenece el agresor (ver tabla 10), lo que se observa es que en la mayoría de los casos no se da acoso, pero cuando se da, sucede más con compañeros de la propia clase. Lo que sí sucede en muchas ocasiones es que es más común que lo haga alguien ajeno al centro que una persona de cursos superiores o inferiores. Incluso en el caso de las amenazas para meter miedo, lo realizan más personas ajenas al centro que de la propia clase.

TABLA 10. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) del curso al que pertenece el agresor.


Situación

No se meten conmigo
f (%)

De mi clase
f (%)

No es de mi clase pero sí de mi curso
f (%)

De un curso superior
f (%)

De un curso inferior
f (%)

Personas ajenas al centro
f (%)

Mdn

Me ignoran

96 (80%)

9 (7,5%)

3 (2,5%)

0 (0%)

2 (1,7%)

3 (2,5%)

1

No me dejan participar

94 (78,3%)

11 (9,2%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

6 (1,5%)

1

Me insultan

79 (65,8%)

17 (14,2%)

5 (4,2%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

4 (3,3%)

1

Me ponen motes

74 (61,7%)

25 (28,8%)

4 (3,3%)

3 (2,5%)

1 (0,8%)

4 (3,3%)

1

Hablan mal de mi

71 (59,2%)

18 (15%)

4 (3,3%)

3 (2,5%)

3 (2,5%)

8 (6,7%)

1

Me esconden cosas

74 (61,7%)

31 (25,8%)

4 (3,3%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me rompen cosas

98 (81,7%)

6 (5%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

1

Me roban cosas

91 (75,8%)

14 (11,7%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

1

Me pegan

85 (70,8%)

16 (13,3%)

3 (2,5%)

0 (0%)

0 (0%)

4 (3,3%)

1

Me amenazan para meterme miedo

98 (81,7%)

4 (3,3%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

0 (0%)

5 (4,2%)

1

Me acosan sexualmente

106 (88,3%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me obligan a hacer cosas que no quiero

105 (87,5%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1

Me amenazan con armas

107 (89,2%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

 

La tabla 11 muestra el sexo al que pertenece el agresor, y permite observar que muchos de los actos de acoso son perpetrados por un chico.

En la situación de esconder o romper las cosas, suele ser llevado a cabo con mayor frecuencia por varios chicos (15% y 6,7%, respectivamente), y lo mismo sucede con las amenazas para meter miedo (4,2%), y las amenazas con armas (1,7%). Las chicas llevan más a cabo la conducta de ignorar (6,7%), y el acoso sexual se da en mayor parte tanto por una chica (1,7%) como por varias (1,7%).

TABLA 11. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) del sexo al que pertenece el agresor.


Situación

No se meten conmigo
f (%)

Un chico
f (%)

Unos chicos
f (%)

Una chica
f (%)

Unas chicas
f (%)

Chicos y chicas
f (%)

Todo el mundo
f (%)

Mdn

Me ignoran

92 (76,7%)

5 (4,2%)

2 (1,7%)

8 (6,7%)

4 (3,3%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1

No me dejan participar

99 (82,5%)

5 (4,2%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

4 (3,3%)

1

Me insultan

72 (60%)

10 (8,3%)

6 (5%)

6 (5%)

3 (2,5%)

7 (5,8%)

4 (3,3%)

1

Me ponen motes

40 (33,3%)

19 (15,8%)

14 (11,7%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

5 (4,2%)

4 (3,3%)

2

Hablan mal de mi

73 (60,8%)

7 (5,8%)

9 (7,5%)

8 (6,7%)

8 (6,7%)

4 (3,3%)

0 (0%)

1

Me esconden cosas

79 (65,8%)

10 (8,3%)

18 (15%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

Me rompen cosas

96 (80%)

3 (2,5%)

8 (6,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1

Me roban cosas

97 (80,8%)

6 (6,7%)

5 (4,2%)

0 (0%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1

Me pegan

94 (78,3%)

7 (5,8%)

6 (6,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

3 (2,5%)

0 (0%)

1

Me amenazan para meterme miedo

102 (85%)

3 (2,5%)

5 (4,2%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me acosan sexualmente

106 (88,3%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me obligan a hacer cosas que no quiero

111 (92,5%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me amenazan con armas

111 (92,5%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1

 

Lugar donde ocurre el maltrato

El análisis de los lugares donde ocurre el maltrato (tabla 12) muestra que muchas de las situaciones ocurren en varios lugares de forma similar. Merece la pena destacar el caso de poner motes que sucede con más frecuencia en el patio (14,2%); hablar mal del alumno, que sucede fuera del centro, pero realizado por alumnos del mismo (8,3%); esconder, romper o robar cosas, que se da más en la clase cuando el profesor está ausente (14,2%, 6,7% y 7,5%, respectivamente), al igual que la conducta de pegar al alumno (5%

TABLA 12. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) del lugar donde ocurre el acoso.

Situación
No se meten conmigo
Patio
Aseos
Pasillos
En la clase sin profesor
En la clase con profesor
Comedor
En la salida del centro
En cualquier sitio
Fuera del centro aunque son alumnos del centro
Fuera del centro por personas ajenas al centro
Mdn

Me ignoran

95 (79,2%)

3 (2,5%)

0 (0%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

No me dejan participar

95 (79,2%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

6 (5%)

4 (3,3%)

0 (0%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me insultan

86 (71,7%)

7 (5,8%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

7 (5,8%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

1

Me ponen motes

45 (37,5%)

17 (14,2%)

1 (0,8%)

5 (4,2%)

5 (4,2%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

8 (6,7%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1

Hablan mal de mi

79 (65,8%)

4 (3,3%)

3 (2,5%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

3 (2,5%)

10 (8,3%)

2 (1,7%)

1

Me esconden cosas

80 (66,7%)

8 (6,7%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

17 (14,2%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me rompen cosas

98 (81,7%)

3 (2,5%)

0 (0%)

0 (0%)

8 (6,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me roban cosas

98 (81,7%)

3 (2,5%)

1 (0,8%)

0 (0%)

9 (7,5%)

0 (0%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me pegan

95 (79,2%)

3 (2,5%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

6 (5%)

0 (0%)

0 (0%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me amenazan para meterme miedo

102 (85%)

4 (3,3%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

2 (1,7%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Me acosan sexualmente

107 (89,2%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1 (0,8%)

0 (0%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1

Me obligan a hacer cosas que no quiero

107 (89,2%)

1 (0,8%)

3 (2,5%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Me amenazan con armas

109 (90,8%)

2 (1,7%)

2 (1,7%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

0 (0%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

 

Personas a quienes comunica el hecho y que intervienen para ayudar

Al observar las personas con las que se habla del acoso recibido (tabla 13), podemos observar que lo más frecuente es hablar con la familia (10%), con algún compañero (9,2%) o con los amigos (7,5%), no obstante, también hay un alto porcentaje de escolares que no se lo cuenta a nadie (5,8%).

TABLA 13. Frecuencias (f) porcentajes (%) de las personas con las que hablan del hecho.


Con quien habla

f

%

No se meten conmigo

42

35%

Con mis amigos o amigas

9

7,5%

Con mi familia

12

10%

Con algún compañero

11

9,2%

Con los profesores

0

0%

Con el orientador

0

0%

Con los servicios de ayuda

0

0%

Con otros

2

1,7%

Con nadie

7

5,8%

 

En el caso de las personas que intervienen para ayudar cuando se produce una situación de acoso, lo más frecuente es que algún amigo o amiga intervenga (12,5%), no obstante hay un porcentaje elevado de casos en los que nadie interviene para prestar ayuda (10%) (ver tabla 14).

TABLA 14. Frecuencias (f) porcentajes (%) de las personas que intervienen para ayudar.


Con quien habla

f

%

No se meten conmigo

44

36,7%

Algún amigo o amiga

15

12,5%

Algunos chicos o chicas

4

3,3%

Un profesor

4

3,3%

Alguna madre o padre

5

4,2%

Algún adulto

3

2,5%

No interviene nadie

12

10%

 

El alumno como agresor

Cuando analizamos cómo los alumnos se meten con otros se puede observar que lo más frecuente es insultarle, ponerle motes o hablar mal de la víctima, aunque también sucede bastante esconder cosas a otros alumnos e ignorarle, no obstante todas estas conductas de acoso se realizan a veces, y no es muy frecuente que se realicen siempre (ver tabla 15).

TABLA 15. Frecuencia (f), porcentaje (%) y mediana (Mdn) de la forma en que los alumnos acosan a otros.


Conductas

Nunca
f (%)

A veces
f (%)

A menudo
f (%)

Siempre
f (%)

Mdn

Le ignoro

92 (76,7%)

19 (15,8%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1

No le dejo participar

96 (80%)

9 (7,5%)

0 (0%)

4 (3,3%)

1

Le insulto

73 (60,8%)

29 (24,2%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

1

Le pongo motes

74 (61,7%)

29 (24,2%)

6 (5%)

1 (0,8%)

1

Hablo mal de él o ella

76 (63,3%)

29 (24,2%)

5 (4,2%)

0 (0%)

1

Le escondo cosas

87 (72,5%)

19 (15,8%)

1 (0,8%)

4 (3,3%)

1

Le rompo cosas

101 (84,2%)

4 (3,3%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

Le robo cosas

105 (87,5%)

3 (2,5%)

0 (0%)

0 (0%)

1

Le pego

94 (78,3%)

12 (10%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1

Le amenazo para meterle miedo

107 (89,2%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

1 (0,8%)

1

Le acoso sexualmente

108 (90%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1 (0,8%)

1

Le obligo a hacer cosas que no quiere

111 (92,5%)

3 (2,5%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

Le amenazo con armas

108 (90%)

2 (1,7%)

1 (0,8%)

0 (0%)

1

 

Cuando se pregunta si estas conductas las realizan por medio del teléfono móvil o a través de Internet, el 8,3% afirma utilizar a veces este medio, solo un 0,8% afirma utilizarlo a menudo y otro 0,8% lo utiliza siempre.

Las conductas que realizan los compañeros cuando el agresor está acosando a alguien normalmente pasan por no hacer nada (15%), sin embargo un elevado porcentaje (13,3%) le animan y le ayudan. Únicamente en un 2,5% de los casos, los compañeros le rechazan o no les gusta que lo haga (ver tabla 16).

TABLA 16. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las conductas de los compañeros cuando se mete con alguien.


Conductas

f

%

No me meto con nadie

79

65,8%

Nada

18

15%

Me rechazan, no les gusta

3

2,5%

Me animan, me ayudan

16

13,3%

 

Por otro lado, las conductas que se realizan cuando ven que otro compañero se está metiendo con alguien (ver tabla 17) son meterse para cortar la situación si la víctima es su amigo (43,3%) o bien informar a un adulto (20%). También hay un porcentaje elevado que se meten para cortar la situación, aunque la víctima no sea su amigo (12,5%), y son pocos los que no hacen nada (3,3%) o los que también se meten con él (5%).

TABLA 17. Frecuencia (f) y porcentaje (%) de las conductas que realiza cuando otro compañero acosa a alguien.


Conductas

f

%

Me meto para cortar la situación si es mi amigo

52

43,3%

Me meto para cortar la situación aunque no sea mi amigo

15

12,5%

Informo a algún adulto

24

20%

No hago nada, aunque creo que debería hacerlo

8

6,7%

No hago nada, no es mi problema

4

3,3%

Me meto con él, lo mismo que el grupo

6

5%

 

También se ha observado que son pocos los alumnos que se han unido a otros compañeros para meterse con alguien, pues un 8,3% afirma haberlo hecho una o dos veces, un 9,2% algunas veces, y sólo un 0,8% lo hace casi todos los días. Y en cuanto a las conductas de los profesores ante estas situaciones, la mayoría castigan a los agresores (20,8%) y sólo un 1,7% no hacen nada a pesar de conocer la situación.

Discusión

A lo largo de los años se realizado una fructífera labor investigativa que aborda la violencia escolar, con lo que se ha logrado establecer con bastante aproximación su definición conceptual; factores de riesgo; características; actores implicados; tipos de manifestaciones  y consecuencias.  Todo ello ha conducido a la realización de un estudio en El Salvador cuyo objetivo era evaluar el bullying y sus diferentes manifestaciones en un centro escolar de San Salvador.

Los resultados del estudio ponen de manifiesto que las conductas de acoso más frecuentes que observan los propios alumnos son poner motes o esconder las cosas a los compañeros (aproximadamente un 85% lo ha visto alguna vez, a menudo o siempre). También es frecuente ver como pegan, insultan o hablan mal de otras personas, resultados que son coherentes con los encontrados por el Defensor del Pueblo en sus estudios realizados en España (1999, 2006), donde lo que principalmente ven los alumnos es que pegan a otros y les insultan. En este trabajo, aunque también se encontró que la amenaza con armas era de las conductas menos frecuentes, el porcentaje es más elevado que en el estudio español (Defensor del Pueblo, 1999, 2006). Los resultados también mostraron que no se suele ver que este tipo de conductas se realice a través de Internet o del teléfono móvil, al igual que tampoco son frecuentes los episodios de conflicto entre profesores y alumnos.
En cuanto a este tipo de actuación por medio de bandas, más de la mitad de los encuestados afirman que nunca han visto que bandas de alumnos se metan con un chico, con grupos de alumnos, con otras bandas, o que bandas de fuera se metan con  alguien del centro escolar. No obstante, entre un 23% y un 36% afirman que han visto que esto haya sucedido a veces, lo cual es preocupante pues las bandas organizadas que operan en El Salvador son las conocidas maras, a las cuales se atribuye (junto con la delincuencia común) un 31,8% de los homicidios acaecidos en El Salvador entre enero y septiembre de 2006 (que ascendió a un total de 2.931 personas) (Instituto de Medicina Legal, 2006).

Cuando se analizó el trato de que es objeto el alumno, igual que en la situación anterior lo más frecuente fue que hablen mal de ellos y que les escondan las cosas, aunque también se presentan los insultos y los motes, de manera que los insultos, al igual que en el trabajo del Defensor del Pueblo (1999, 2006) y el de Ortega et al. (2005) los insultos son de las  conductas que más sufren las víctimas. No obstante es importante señalar que de la misma manera que en el estudio de Ortega et al. (2005) realizado en Nicaragua los porcentajes de violencia física (me pegan) son elevados (un 37,5% en el estudio de Nicaragua, y un 26,7% en El Salvador), mientras que en el estudio español este porcentaje sólo alcanza un 4,1% (Defensor del Pueblo, 1999, 2006), lo cual puede darnos una idea de la mediación cultural en la expresión del bullying.

Todos estos factores hacen que parte de los alumnos sientan miedo alguna vez (36,7%), 2,5% lo siente a menudo, y un 1,7% lo siente todos los días, a pesar de que la causa más frecuente del miedo sea el trabajo escolar (10,8%) y no algún compañero (3,3%). No obstante, en esos casos sería comprensible que el alumno se negase o protestase por tener que ir al colegio (Foro Bullying-Acoso Escolar, 2006). A pesar de todo, y contrariamente a lo que propone el Foro Bullying-Acoso Escolar (2006), los alumnos mantienen buenas relaciones con sus compañeros (75%) e incluso con los profesores (46,7%).

En cuanto a las características del agresor, se observa que en la mayoría de las ocasiones pertenece a la misma clase, y en caso de no ser así, lo más frecuente es que sea alguien ajeno al centro escolar. Y respecto al sexo del agresor, lo más frecuente es que sea realizado por un chico o por varios (dependiendo de la conducta), tal y como señalan Olweus (1998) y Ortega (1994). En el caso de las chicas, que también perpetran conductas de acoso, se dedican más a acciones más sutiles como ignorar (tal y como afirma Smith, 1994), pero también se ha visto que se dedican más a otras conductas como el acoso sexual, que lo realizan tanto de forma individual como colectiva.

También, en el caso de las agresiones físicas, éstas se llevan más a cabo por chicos (12,5%, sumando un chico y varios chicos) que por chicas (0,8%, sumando una chica y varias chicas), como se vio en el trabajo de Ortega (2005).

Los lugares donde ocurre el maltrato son muy variados y no puede establecerse un patrón muy claro. No obstante hay algunos de ellos que sí presentan una mayor diferenciación. Así, la conducta de poner motes sucede más en el patio, mientras que otras como esconder, romper o robar cosas y pegar al alumno, se dan más en la clase cuando el profesor no está presente, que sería similar a aquellas situaciones en las que no hay un adulto dispuesto a intervenir encontrada por Olweus (1993).

En cuanto a las personas a las que se comunica el acoso y quienes intervienen es claro que lo más frecuente comunicárselo a la familia (10%), a algún compañero (9,2%) o amigo (7,5%). Lo que sí resulta relevante es que nadie se lo cuenta a un profesor al igual que se encontró en los estudios del Defensor del Pueblo (1999) y Whitney y Smith (1993), razón por la cual es posible que los profesores no estén enterados de lo que sucede en el centro (Byrne, 1994; Monbuso, 1994). Dada esta situación los que más suelen intervenir son algún amigo o amiga de la víctima, aunque, tal y como señalamos, es sorprendente que haya un elevado numero de casos en los que nadie interviene (10%).

Por último al analizar el papel del agresor, entre las conductas más frecuentes que admiten realizar encontramos insultarle, ponerle motes o hablar mal de la víctima, o esconder cosas a otros alumnos e ignorarle, lo que mantiene coherencia con lo que otros dicen ver y lo que las víctimas dicen sufrir. Tal y como encontró el Defensor del Pueblo (1999, 2006), Ortega (2005) lo más frecuente es que se reconozcan como agresores en insultos. Y de forma coherente con otros resultados anteriores, las agresiones físicas y las amenazas con armas, aunque se manifiestan en porcentajes mucho más bajos que los insultos (12,8% y 2,5%, respectivamente), sí son más elevados que los encontrados en España (Defensor del Pueblo, 1999, 2006). Además, de manera consistente con los resultados anteriores, es muy poco común que estas conductas se realicen a través del teléfono móvil o de Internet.

Como se vio en los resultados, cuando él como agresor se mete con alguien lo más común es no hacer nada, a pesar de que sí hay un grupo de alumnos que animan al agresor e incluso le ayudan (13,3%), y lo que él hace cuando ve a otro agresor es meterse para cortar la situación si es amigo suyo (43,3%) o incluso aunque no sea su amigo (12,5%). También es frecuente que avise a algún adulto sobre lo que está sucediendo (20%).

Estos resultados resultan fundamentales para que se puedan tomar decisiones por parte de las autoridades de los centros educativos, bajo cuya responsabilidad se encuentra la seguridad de los alumnos. Además son interesantes porque permiten conocer las principales manifestaciones en que se da el fenómeno y permite, así, el desarrollo de planes de prevención o políticas de actuación dentro de los centros escolares, así como la asistencia psicológica a los protagonistas de este fenómeno, medidas que impliquen mayor control en los lugares mas frecuentes de ocurrencia (el patio, salón de clase), creación o revisión de reglamentos internos, programas de capacitación del personal docente, campañas internas que eduquen a los chicos para la paz y el respeto mutuo, creación de unidades de mediación y resolución de conflictos, campañas de concientizacion del bullying durante las reuniones de escuela para padres, remisión de chicos a tratamientos psicológicos a instituciones especializadas en estos servicios o poder llegar  contar en un futuro con un programa de intervención psicológica-bullying.

En resumen, es innegable la amenaza que representa el fenómeno bullying para la salud en sus diferentes ordenes; para los chicos y su  entorno así como también para el colectivo social, dado que sino se ataca este problema, la  conducta inadaptada del matón o agresor lo puede predisponer a incurrir en conductas delictivas en su etapa de adolescente o de adulto en su vida el futura. Por consiguiente es urgente su abordaje desde una visión integral en un plano preventivo y curativa, siendo indispensable realizar estudios periódicos para evaluar su comportamiento, no solo para familiarizarnos más sino también para impulsar políticas públicas e implementar las decisiones técnicas que ameriten, por parte de los tomadores de decisiones comprometidos con la educación y la salud de la población.

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