LA INFLUENCIA DE LA PERSONALIDAD EN LA ADAPTACIÓN PSICOSOCIAL DE LOS PACIENTES CON TRASTORNOS PSICÓTICOS

 

 

Por: José Andrés Guerrero Blanco

y

Pilar Martínez Narváez

 

Resumen

En el presente estudio investigamos el grado de relación existente entre las distintas dimensiones de personalidad y el nivel de adaptación psicosocial que presentan los  sujetos con trastornos psicóticos. Seleccionamos una muestra de 20 pacientes con diagnósticos de esquizofrenia paranoide, esquizofrenia tipo catatónico, trastorno esquizoafectivo y esquizofrenia residual, que cumplimentaron las siguientes medidas: la Escala de los Síndromes Positivo y Negativo (PANSS), el Inventario NEO reducido de Cinco Factores (NEO-FFI), el Inventario de Estrategias de Afrontamiento (IEA), la Escala Global de Funcionamiento (EGF), y la Escala de Calidad de Vida en la Esquizofrenia (ECVE). Las distintas dimensiones de personalidad mostraron importantes vínculos con la mayoría de las subescalas de las medidas estudiadas, siendo las correlaciones más elevadas las presentadas entre Neuroticismo y sintomatología negativa y calidad de vida. Asimismo, el Neuroticismo fue la variable que mejor predijo la calidad de vida. Además, dividiendo la muestra en sujetos “altos y “bajos” en Neuroticismo y en Afrontamiento centrado en el cambio, constatamos que los sujetos altos en Neuroticismo mostraron más síntomas psicóticos y peor percepción de la calidad de vida que los bajos en esta dimensión de personalidad. Los sujetos con bajas puntuaciones en Afrontamiento centrado en el cambio, frente a los sujetos con altas puntuaciones, también mostraron estas mismas tendencias. Se discuten las aplicaciones clínicas de los resultados y diversas líneas de investigación futura.

Palabras clave

Trastorno psicótico; personalidad; habilidades de afrontamiento; calidad de vida.

INTRODUCCIÓN

Según la cuarta edición revisada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR) (American Psychiatric Association, APA, 2000) la característica común de los trastornos psicóticos es la presencia de sintomatología psicótica, aludiendo de este modo a la desconexión entre la realidad objetiva, entendida como compartida por los demás, y la realidad subjetiva, exclusiva de la persona. Así, el sujeto hace una valoración distorsionada de la realidad objetiva, que se acompaña de graves alteraciones en la mayor parte de las funciones psicológicas (atención y percepción) y áreas de comportamiento (hábitos de autonomía y relaciones personales) dificultando en gran medida e incluso imposibilitando su adaptación al entorno. Como síntomas principales destacan los delirios y las alucinaciones, a los que les siguen otras manifestaciones psicopatológicas como pueden ser el lenguaje desorganizado, el comportamiento extravagante, el aplanamiento afectivo, o los trastornos formales del pensamiento.

Los trastornos psicóticos representan un conjunto de problemas mentales que afecta a millones de personas en el mundo; a pesar de lo cual, según la Asociación Mundial de Psiquiatría (2007), el 83% de la población general desconoce qué es la esquizofrenia. Se calcula que una de cada 100 personas padece esquizofrenia. En España, los expertos estiman que afecta a cerca de 400.000 personas, de las que el 85% están diagnosticadas, aunque sólo el 50% recibe tratamiento (Saludalia, 2008) y que cada año se diagnostican entre 15 y 30 casos nuevos de personas afectadas por trastornos del espectro de la esquizofrenia por cada 100.000 habitantes (Rebolledo y Lobato, 2005).

En los países europeos se destina a la atención en salud mental un presupuesto que supone el 5,8% del total invertido en salud (Organización Mundial de la Salud, 2005). El coste económico y de recursos que estas enfermedades suponen para el estado es de suma importancia, ya que se calcula que comprende en torno al 4% del producto nacional bruto de la Unión Europea, alrededor de 182.000 millones de euros (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2006). Se estima que aproximadamente un 75% de las personas con esquizofrenia grave son incapaces de trabajar, lo que se traduce en una importante pérdida de productividad y un elevado coste de tratamiento de por vida (Rebolledo y Lobato, 2005).

Los trastornos psicóticos tienen un impacto de gran magnitud en diversas áreas de vida de la persona. El sujeto puede presentar uno o más de los siguientes síntomas (DSM-IV-TR, 2000): distorsión importante en la percepción de la realidad; deterioro de la capacidad de razonar, hablar y comportarse de manera apropiada; y una alteración de la capacidad de responder espontáneamente con afecto y motivación adecuados. Esta sintomatología, a nivel personal, se puede traducir en una reacción de inseguridad y desconfianza percibida por parte de la persona sobre todo el entorno que le rodea. En el ámbito familiar este trastorno supone un importante desequilibrio en la dinámica de comunicación e interacción habitual. La familia, por lo general, no cuenta con recursos de actuación ni formación específica para afrontar esta situación y las demandas que requiere. Por ello, a menudo los allegados refuerzan conductas disfuncionales, se sienten desbordados, y la relación familia-enfermo se va deteriorando progresivamente en ambas direcciones. A nivel social, según recogen Sierra, Buela-Casal, Miró y Martínez (2001), encontramos un importante descenso de la iniciativa en general, disminución del interés por todo tipo de actividades, pérdida de las habilidades sociales básicas, una tendencia al aislamiento social, dificultades para mantener el rendimiento en cualquier tipo de tarea, pérdida de interés por las relaciones sexuales, etc.

Respecto a la etiopatogenia de los trastornos psicóticos, cabe señalar que existen múltiples factores que podrían ser los responsable de que una persona llegue a desarrollar una patología del espectro de la esquizofrenia. No existe una certeza absoluta acerca de cuáles serían esas causas específicas que originan esta enfermedad ya que no es posible hablar de una sola patología bien delimitada y con unos orígenes precisos sino, más bien, de distintos tipos de manifestación de dicha patología con diferentes causas precipitantes.

Desde el modelo de vulnerabilidad-estrés de la esquizofrenia y los trastornos psicóticos se propone que existen ciertos factores que participarían en la aparición y desarrollo de estos trastornos (Mueser, 1997). Por una parte intervendría la vulnerabilidad, referida a la predisposición que tiene una persona a padecer un determinado trastorno y que vendría determinada por influencias genéticas y ambientales tempranas. Por otra parte participaría el estrés socio-ambiental, que alude a los acontecimientos que requieren un cambio en el individuo con el fin de reducir los efectos negativos de éstos. El modelo también plantea la existencia de factores de protección del sujeto, tales como las habilidades de afrontamiento, entendidas como la capacidad para minimizar los efectos del estrés sobre la vulnerabilidad.

Considerando el modelo anterior, revisamos los factores implicados en el desarrollo de los trastornos psicóticos tomando como referencia la exposición de Rebolledo y Lobato (2005). Uno de los factores de mayor peso es la herencia genética. Estos autores indican que, en general, la probabilidad de padecer esquizofrenia para la población normal está alrededor del 1%, pero, si un sujeto tiene un familiar de primer grado con esquizofrenia, la probabilidad se incrementa hasta un 10%, y, si ambos padres padecieran este trastorno, la probabilidad se elevaría hasta el 40%. A nivel bioquímico, y según la experimentación científica, estos trastornos se caracterizan por un exceso de dopamina, serotonina y glutamato en el cerebro. Estas sustancias son  mediadores químicos que regulan la comunicación de estructuras cerebrales específicas y, al encontrarse en cantidades excesivas, alteran el funcionamiento óptimo de las áreas cerebrales implicadas (estructuras límbicas, ganglios basales y  lóbulos frontales).

Otro factor precipitante que puede contribuir a la enfermedad es el consumo de sustancias estupefacientes. Estas sustancias actúan sobre las áreas cerebrales alterando el funcionamiento adecuado de los mediadores químicos anteriormente citados y propiciando así una serie de desajustes cerebrales propios de estos trastornos que favorecen la sintomatología psicótica y aumentan la vulnerabilidad frente a la aparición de algún brote o aparición de la propia enfermedad. Según un estudio de Vicente, Díaz y Ochoa (2001) muchas de estas sustancias provocan una reactivación de la sintomatología psicótica, aumento de los trastornos de conducta y peor cumplimiento terapéutico en pacientes diagnosticados de esquizofrenia y/o trastornos psicóticos.

Los factores psicosociales también tienen una gran relevancia en el desarrollo de los trastornos psicóticos. La etapa crítica de aparición de esta enfermedad coincide con el inicio de la adolescencia y primeros años de la edad adulta, y es en estas etapas cuando se da el mayor número de demandas ambientales, y se incrementan de forma notable los estresores del entorno. Si la persona no está dotada de los recursos necesarios para solventar dichas demandas o no dispone del apoyo social y/o familiar preciso para hacerles frente, puede sentirse emocionalmente desbordada. Por lo tanto, las características psicológicas de afrontamiento pueden funcionar como intensificadores (o amortiguadores) del estrés. De este modo, la interacción entre las condiciones ambientales del sujeto y su perfil psicológico y de personalidad puede contribuir a la manifestación y desarrollo de estos trastornos. Moreno, Morante, Rodríguez y Rodríguez (2008) proponen que disponer de un sistema cognitivo estructurado puede actuar como protector ante una posible situación traumática, así como interpretar dicha situación como un reto potencial, entendido como incentivo para el crecimiento personal. Lejos de esto, y en líneas generales, los sujetos con trastornos psicóticos suelen presentar mayores índices de introversión, carencias de distinto orden en competencias sociales, inestabilidad emocional y afectiva, abulia y falta de motivación e interés por cualquier actividad.

Como se ha señalado anteriormente, ciertas características psicológicas como la personalidad están vinculadas a los trastornos psicóticos. Diversas líneas de investigación concernientes a esta relación se han centrado en explorar el modo en que los diferentes estilos individuales de personalidad repercuten en la esquizofrenia. Así, algunos estudios han examinado la influencia de la personalidad en el curso (p. ej., Torgalsboen, 1999) y estabilidad del trastorno (p. ej., Kentros et al., 1997). Otros se han ocupado de determinar su contribución a los síntomas, a las estrategias de afrontamiento (p. ej., Lysaker, Wilt, Plascak-Hallberg, Brenner y Clements, 2003) o a los déficits neuropsicológicos (p. ej., Silverstein y McDonald, 1988). Y finalmente, otros estudios recientes se han centrado en examinar el impacto del estilo de personalidad en el funcionamiento del paciente en diversas áreas de vida (p. ej., Eklund, Bäckström y Hansson, 2003; Herrán, Sierra-Biddle, Cuesta, Sandoya y Vázquez-Barquero, 2006; Lysaker, Bell, Kaplan y Bryson, 1998).

De forma específica, se ha constatado que las personas diagnosticadas de alguna patología dentro del marco de la esquizofrenia, comparadas con la población sana, se caracterizan por tener unos mayores niveles de neuroticismo y bajos niveles de apertura, extraversión, agradabilidad y conciencia de control, así como elevadas puntuaciones en predisposición psicótica, ideación mágica y percepción aberrante (Camisa et al., 2005). Asimismo, se ha evidenciado que el neuroticismo tiene una repercusión directa sobre el modo en que el paciente afronta situaciones de estrés o resuelve problemas. Esto indica que un sujeto con niveles elevados de neuroticismo evitaría afrontar un posible evento estresor cuando éste se presenta (Lysaker, Wilt, Plascak-Halleberg, Brenner y Clements, 2003). De este modo observamos la existencia de un nivel de interacción bastante significativo entre las diferencias individuales en el ámbito de la personalidad de los sujetos que padecen esta patología y los recursos y habilidades de afrontamiento que utilizan ante situaciones de la vida cotidiana. Este tema es de gran relevancia hoy día dado que la mayoría de los programas de intervención y rehabilitación incluyen entre  sus principales objetivos dotar de recursos de actuación y capacidades de afrontamiento al paciente, con el fin último de facilitar su integración normalizada en la comunidad.

Estrechamente vinculado a las cuestiones precedentes encontramos diversos estudios, como el llevado a cabo por Eklund, Bäckström y Hansson (2003), donde se aborda la posible relación existente entre las características de personalidad citadas y otras variables del ámbito psicosocial, como las circunstancias objetivas de la vida del sujeto. En dicho estudio se plantea que la percepción de la calidad de vida es un fenómeno complejo producto de la interacción de un conjunto de factores de naturaleza muy dispar. Así, se propone que ciertos índices objetivos de la vida del sujeto (p. ej., vivienda), sumados a características individuales del mismo (p. ej., rasgos de personalidad) explicarían la mayor variación en la propia percepción del sujeto de la calidad de vida. El factor psicopatológico, por otro lado, explicaría una parte de la percepción de la calidad de vida, pero serían las circunstancias personales del sujeto y no las de carácter material, las que inciden en mayor medida en la percepción del sujeto de la calidad de vida.

Como vemos, al hablar de la relación existente entre esquizofrenia, personalidad, afrontamiento y calidad de vida encontramos numerosas variables de diversa índole que interactúan a distintos niveles unas con otras condicionando, según la dirección y proporción de dicha interacción, las conclusiones a las que podemos llegar y con las que podemos trabajar desde un punto de vista profesional y aplicado.

Pese a los avances en esta área de conocimiento, existen todavía muchas lagunas respecto a la posible contribución de la personalidad a la sintomatología psicótica, las estrategias de afrontamiento y el ajuste social/calidad de vida. Por ello, en el presente estudio nos hemos

planteado explorar esta cuestión.  En concreto, los objetivos específicos que perseguimos son:

  • Examinar la relación entre los rasgos de personalidad y la sintomatología psicótica, las estrategias de afrontamiento y el ajuste psicosocial/la calidad de vida.
  • Determinar el papel predictor de los rasgos de personalidad en el ajuste psicosocial/la calidad de vida.

MÉTODO

Muestra

En este estudio se seleccionó una muestra representativa de la población de interés que estuvo compuesta por 20 personas con diagnóstico de trastorno psicótico (según criterios del DSM-IV-TR, APA, 2000) y que estaban participando en programas psicosociales reglados. Los participantes fueron seleccionados de la fundación A.I.S.E.M (Fundación Andaluza para la Integración Social del Enfermo Mental) de Granada. Como criterios de exclusión para participar en el estudio se consideraron: 1) edad inferior a 18 años o superior a 60 años; 2) historia de consumo de alcohol u otras sustancias; 3) enfermedad física grave; 4) ideación suicida; y 5) dificultades de compresión lectora. Todos los sujetos dieron su consentimiento para participar en el estudio.

De los 20 sujetos seleccionados para el estudio, 9 fueron hombres (45%) y 11 mujeres (55%) con una media de edad de 35,75 años (DT = 9,19; rango 22-58) de los cuales 18 eran solteros (90%), 1 casado (5%) y 1 divorciado (5%).  Respecto a la situación laboral, 13 de ellos (65%) se encontraban en condición de baja laboral por incapacidad permanente, 3 (15%) de baja por incapacidad transitoria, 1 jubilado (5%), 2 en paro (10%) y 1 estudiante (1%). Trece sujetos (65%) vivían integrados en el núcleo familiar o con algún familiar cercano, 3 vivían solos (15%) y 4 (20%) en algún tipo de recurso social al que se encontraban adscritos. Diecisiete sujetos (85%) se encontraban participando en algún dispositivo social diario y los 3 restantes (15%) participaban semanalmente.

En lo referente al diagnóstico, y siguiendo los criterios del DSM-IV-TR (APA, 2000), 8 sujetos fueron diagnosticados de esquizofrenia paranoide (40%), 6 de esquizofrenia residual (30%), 1 de esquizofrenia tipo catatónico (5%), y 5 de trastorno esquizoafectivo (25 %). Catorce sujetos contaban con antecedentes familiares de historia de algún trastorno de carácter psicótico (70%). La media de edad de inicio de la enfermedad fue de 18,50 (DT = 3,81; rango 13-27) y respecto a los años de evolución de la misma, encontramos una media de 17,25 (DT = 9,39; rango 2-44). Los sujetos tuvieron una media de ingresos hospitalarios de 7,15 (DT = 9,60; rango 0-30), y 10 de ellos contaban con tratamiento psicológico regular (50%). Todos los sujetos tenían un seguimiento psiquiátrico y farmacológico normalizado.

Variables e instrumentos de evaluación

1) Variables socio-demográficas. Se recogieron datos de edad, sexo, estado civil, nivel de estudios, profesión, estatus-socio-demográfico y laboral, a través de una entrevista semi-estructurada elaborada por el autor de este trabajo.

2) Variables de historia clínica. Se recogieron datos referidos al diagnóstico psiquiátrico, historia del problema, ingresos hospitalarios, tratamientos recibidos (farmacológicos y no farmacológicos), antecedentes familiares, repercusiones en la vida cotidiana, relaciones familiares y red de apoyo social. Esta información fue recabada a través de una entrevista semi-estructurada elaborada por el autor de este estudio y a través de la consulta del historial clínico de los pacientes.

3) Variables de sintomatología. Se utilizó la Escala de los Síndromes Positivo y Negativo, PANSS (Kay, Fiszbein y Opler, 1987), que explora sintomatología positiva, sintomatología negativa y psicopatología general (adaptación castellana de Peralta y Cuesta, 1994). Está compuesta por 30 ítems (7 para la escala positiva, 7 para la escala negativa y los 16 restantes para la escala de psicopatología general, existiendo además otra escala adicional que resulta de restar la puntuación de la escala negativa a la de la escala positiva, es la escala compuesta). Cada ítem se puntúa con valores comprendido entre 1 (ausente) y 7 (extremo). Los rangos de puntuaciones comprenden desde 7 a 49 para las escalas positiva y negativa, desde 16 a 112 para la de psicopatología general, y desde -42 a +42 para la compuesta.

4) Variables de personalidad. Se utilizó el Inventario NEO de Cinco Factores, NEO-FFI (Costa y McCrae, 1992; TEA Ediciones 1999) para valora los cinco grandes factores de personalidad: Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y Responsabilidad. Está compuesto por 60 ítems divididos en 6 subescalas con 12 ítems cada una (Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y Responsabilidad). Cada ítem se puntúa según un rango de respuesta comprendido entre 0 (totalmente en desacuerdo) y 4 (totalmente de acuerdo), siendo el rango de puntuación de 0 a 48 para cada subescala.

5) Variables de afrontamiento. Se utilizó el Inventario de Estrategias de Afrontamiento, IEA (Tobin, 1983; adaptación española de Peralta, Figuerola, Recasens, Tous y Raich, 1992) para valorar los estilos empleados para manejar los problemas. Se consideraron las cuatro subescalas de segundo orden: 1) estrategias activas centradas en el problema; 2) estrategias activas centradas en la emoción; 3) estrategias pasivas centradas en el problema; y 4) estrategias pasivas centradas en la emoción. Consta de 43 ítems repartidos entre 8 categorías de 5 ítems cada una (resolución de problemas, reestructuración cognitiva, contacto social, expresión de las emociones, evitación de problemas, pensamientos de esperanza, retractación social y autocrítica). Cada ítem se puntúa en un rango de respuesta comprendido entre 1 (en absoluto) y 5 (muchísimo).  La combinación de diversas categorías da lugar a dos puntuaciones totales que conforman dos subescalas generales: técnicas de afrontamiento centradas en el cambio (rango de puntuación entre 20 y 100) y técnicas de afrontamiento centradas en el estancamiento (rango de puntuación entre 23 y 115).

6) Variables de adaptación social y calidad de vida. Se utilizó la Escala Global de Funcionamiento, EGF (del DSM-IV-TR), para estimar el funcionamiento psicosocial general; y la Escala de Calidad de Vida en la Esquizofrenia, ECVE (Heinrichs, Hanlon y Carpenter, 1982) para evalúa el deterioro social en forma de pérdida de calidad de vida. La EGF está dividida en 10 niveles de actividad (cada nivel consta de 10 puntos) y su valoración total implica la selección de un único valor con un rango de puntuaciones entre 1 y 100. La ECVE consta de 21 ítems agrupados en 4 complejos sintomáticos: 1) relaciones interpersonales; 2) rol instrumental; 3) funciones intrapsíquicas; y 4) objetos y actividades comunes. Los ítems se puntúan a través de una entrevista clínica semiestructurada con la cual se recoge información sobre el funcionamiento del sujeto durante las últimas 4 semanas. Cada ítems se puntúa en una escala de 0 (deterioro)  a 6 (funcionamiento normal). La suma de los valores obtenidos en las subescalas conforman el valor total de la escala, con un rango de puntuaciones entre 0 (máxima disfuncionalidad) y 126 (máximo ajuste).

Procedimiento

Se siguió el modelo de estudio ex post facto según la clasificación de Montero y León (2007). La recogida de datos comenzó a mediados del mes de Abril de 2008 y terminó a finales del mes de Mayo del mismo año. El lugar donde llevamos a cabo el proceso fueron las propias instalaciones de la Fundación A.I.S.E.M., con el consentimiento de los responsables de la misma y en horario de tarde.

Comenzamos citando a los participantes individualmente para realizar una entrevista inicial donde se recabaron una serie de datos socio-demográficos y clínicos. La participación en el estudio fue voluntaria y todos los sujetos recibieron información general sobre el mismo, garantizándoles el anonimato y estricta confidencialidad de los datos. A continuación, aplicamos las pruebas psicológicas anteriormente detalladas para recoger datos acerca de las variables de estudio. El tiempo total empleado en la recopilación de la información socio-demográfica y clínica y en la cumplimentación de las pruebas fue de una hora aproximadamente. Por último, pasamos a la calificación de los instrumentos aplicados y al procesamiento estadístico de los datos recogidos.

Tratamiento estadístico

Los datos obtenidos fueron analizados con el programa SPSS 15.0 para Windows. Se calcularon los estadísticos descriptivos básicos (media, desviación típica) de las variables evaluadas. Para examinar las relaciones entre las variables se recurrió al coeficiente de correlación de Pearson y para determinar la contribución de la personalidad al ajuste psicosocial/calidad de vida se recurrió al análisis de regresión múltiple. Para el análisis de regresión, y atendiendo al tamaño de la muestra, se tomó como requisito incluir un número máximo de 3 variables predictoras, por lo que dicho análisis ha de considerarse a título  aproximativo. En los análisis estadísticos se consideraron niveles de significación <0,05.

Para examinar las diferencias entre los sujetos altos y bajos en Neuroticismo y los altos y bajos en Afrontamiento centrado en el cambio, respecto a las medidas de calidad de vida y sintomatología psicótica, se utilizó la prueba U de Mann-Whitney. Los grupos de altos y bajos fueron establecidos de acuerdo con los percentiles 30 y 70.

RESULTADOS

Análisis descriptivos

En la tabla 1 podemos observar los estadísticos descriptivos de las medidas utilizadas en el presente estudio, especificando los valores mínimos y máximos resultantes en cada subescala, así como su valor medio y desviación típica.

Tabla 1

Considerando los baremos del NEO-FFI para varones y mujeres, se constata que la puntuación media del grupo en Neuroticismo (M=27,15; DT= 10,22) alcanza el percentil 95, mientras que las puntuaciones medias en Extraversión (M=28,95; DT=10,92) y Apertura (M=25; DT=10,07) se sitúan en el percentil 25, y las de Amabilidad (M=27,65; DT=9,70) y Responsabilidad (M=24,95; DT=11,51) en el percentil 15 y 3, respectivamente.

Centrándonos en la PANSS podemos encontrar datos de relevancia en las diferentes subescalas. En la subescala Positiva, observamos un valor medio de 19,45 (DT= 5,75) que se situaría en el percentil 20 según los baremos de la adaptación española de este instrumento. En la subescala Negativa, encontramos un valor medio de 21,50 (DT= 6,16) al que le correspondería el percentil 35. Continuando con la subescala Compuesta, el valor medio es de -2,15 (DT= 2,79) ubicado en el percentil 45. Y por último, en la subescala de Psicopatología General podemos observar un valor medio de 46,50 (DT= 10,34) que se situaría entre en el percentiles 55.
En la EGF encontramos una media de 59,35 (DT= 10,92) con valores comprendidos entre 41 y 75.

Análisis correlacionales

En la tabla 2 se muestran los coeficientes de correlación de Pearson obtenidos entre las distintas subescalas del NEO-FFI y de la ECVE. Podemos observar, en términos generales, índices de correlación de significación estadística entre las mismas, encontrándose todos los valores entre r= -0,85, p< 0,01 (relación entre Neuroticismo y la subescala Total de la ECVE) y r= 0,74; p< 0,01 (relación entre Apertura y la subescala Total de la ECVE).

Tabla 2

Los resultados que muestra la tabla 3 hacen referencia al análisis de correlación entre el NEO-FFI y el IEA. En ella podemos observar correlaciones estadísticamente significativas entre las distintas subescalas del NEO-FFI y ciertas subescalas de IEA (Resolución de problemas, Reestructuración cognitiva, Contacto social y Afrontamiento centrado en el cambio). Dichos índices de correlación se encuentran comprendidos entre los valores r= -0,72; p< 0,01 (relación entre Neuroticismo y la subescala de Afrontamiento centrado en el cambio de la IEA) y r= 0,78; p< 0,01 (relación entre Apertura y la subescala de Resolución de problemas de la IEA).

Tabla 3

En el análisis correlacional realizado entre las subescalas del NEO-FFI y las de la  PANSS encontramos, como podemos observar en la tabla 4, correlaciones estadísticamente significativas que oscilan entre los valores r= -0,73; p< 0,01 (relación entre Responsabilidad y la subescala General de la PANSS) y r= 0,80; p< 0,01 (relación entre Neuroticismo y la subescala Negativa de la PANSS).

Tabla 4

En cuanto al análisis correlacional llevado a cabo entre la subescala Total de la ECVE y las subescalas del IEA, encontramos resultados estadísticamente significativos comprendidos entre los valores r= -0,47; p< 0,05 (relación con la subescala de Retractación social de la IEA) y r= 0,74; p< 0,01 (relación con la subescala de Afrontamiento centrado en el cambio de la IEA).

Del mismo modo, encontramos índices de correlación estadísticamente significativos cuando analizamos la asociación existente entre la subescala Total de la ECVE y las subescalas de la  PANSS, con valores que oscilan entre r= -0,82; p< 0,01 (relación con la subescala Negativa de la PANSS) y r= 0,33 (relación con la subescala Compuesta de la PANSS).

Análisis de regresión

En cuanto al análisis de regresión en el que se tomó como variable criterio la subescala Total de la ECVE, se seleccionaron como variables predictoras las siguientes: Neuroticismo, subescala Positiva de la PANSS, y subescala de Afrontamiento centrado en el cambio de la IEA. Incluimos las subescalas que mostraron índices de correlación más elevados con la variable criterio.

Como puede observarse en la Tabla 5, las variables que resultaron predictores significativos de la calidad de vida fueron el Neuroticismo y la subescala Positiva de la PANSS. El Neuroticismo fue la variable más destacada, dando cuenta del 71% de varianza explicada. Cuando se añadió al modelo la subescala Positiva de la PANSS, el porcentaje de varianza explicada se incremento sólo ligeramente (R2=76%).

Tabla 5

Análisis comparativos

Para el análisis comparativo realizamos una división de la muestra en dos grupos atendiendo a las puntuaciones medias obtenidas en la subescala Neuroticismo del NEO-FFI: uno de valores altos y otro de valores bajos. El grupo de valores bajos está compuesto por los sujetos que obtuvieron puntuaciones medias inferiores a  21,60 (percentil 30) y el grupo de valores altos está compuesto por los sujetos que obtuvieron puntuaciones medias superiores a 33,70 (percentil 70).

Se compararon ambos grupos en las puntuaciones medias obtenidas en las distintas subescalas de la ECVE y de la PANSS. Como podemos observar en la tabla 6, los grupos difirieron de manera estadísticamente significativa en todas las medidas consideradas (valores de U comprendidos entre 0,00; p< 0,01 y 9,50; p<0,05).

Tabla 6

La mayor diferencia entre los grupos se encuentra en las subescalas de Relaciones Interpersonales (M=34,16 vs. M=11,16),  Funciones Intrapsíquicas (M=34 vs. M=17,66) y Total (M=91,83 vs. M=37,16) de la ECVE, y en la subescala Negativa de la PANSS (M=16,66 vs. M=27,50).
Del mismo modo que se procedió antes, realizamos el análisis comparativo de las puntuaciones medias obtenidas en la subescala de Afrontamiento centrado en el cambio de la IEA, dividiendo la muestra en dos grupos atendiendo a dichas puntuaciones medias: uno de valores bajos y otro de valores altos. El primer grupo, el de valores bajos, lo conforman los sujetos que obtuvieron puntuaciones medias inferiores a 49,40 (percentil 30) y el segundo grupo, el de valores altos, está compuesto por aquellos sujetos que obtuvieron puntuaciones medias superiores a 70,70 (percentil 70).

De nuevo, comparamos ambos grupos en las puntuaciones medias resultantes de las distintas subescalas de la ECVE y de la PANSS. Como podemos observar en la tabla 7, los grupos difirieron de manera estadísticamente significativa en todas las medidas consideradas (valores de U comprendidos entre 0,50; p< 0,01 y 8,00 p< 0,05).

Tabla 7

La mayor diferencia entre los grupos la encontramos en las subescalas de Relaciones Interpersonales (M= 14,66 vs M= 29,66) y Total (M= 41,83 vs M= 79,50) de la ECVE  y en las subescalas Negativa (M= 28,16 vs M= 16,50) y General (M= 58,66 vs M= 38,50) de la PANSS.

DISCUSIÓN

El objetivo  principal de este estudio consistió en analizar el papel de los rasgos de personalidad en la adaptación psicosocial de las personas con trastornos psicóticos. Asimismo, se analizó el vínculo que mantiene la personalidad con otras variables psicológicas significativas como la sintomatología positiva y negativa y las estrategias de afrontamiento que exhiben estas personas.

En cuanto al patrón correlacional entre variables, podemos constatar que el Neuroticismo muestra índices de correlación significativos con todas las medidas de calidad de vida y sintomatología psicótica, y con algunas subescalas de afrontamiento. Estos resultados revelarían que los sujetos que puntúan más alto en Neuroticismo, esto es, aquéllos con tendencia a experimentar sentimientos negativos, tener ideas irracionales, mostrar menor capacidad de respuesta ante el estrés, tenderían a presentar niveles pobres de calidad de vida, mayor sintomatología psicótica, y déficit en habilidades de afrontamiento (para manejar problemas, reestructurar cogniciones desajustadas y lograr apoyo social).

La dimensión de Extraversión muestra correlaciones significativas con todas las medidas de calidad de vida, y algunas subescalas de la PANSS y de la IEA. Esto pone de manifiesto la tendencia de los sujetos más extravertidos (sujetos con mayores niveles de asertividad, actividad, habilidades de comunicación, enérgicos y optimistas) a exhibir mayor calidad funcional en diversas área de vida, menos síntomas negativos y mayor capacidad de resolución de los problemas.

La característica de personalidad de Apertura presenta correlaciones significativas con todas las medidas de calidad de vida y con algunas subescalas de la  PANSS y de la IEA. Cabe apuntar por tanto, la tendencia de los sujetos con mayor apertura (mayor preferencia por la variedad, integración activa, curiosidad intelectual, atención a los sentimientos interiores, independencia de juicio, etc.) a mostrar mejor calidad de vida, menos sintomatología positiva y negativa y mayor capacidad de afrontamiento a nivel de resolución de problemas, reestructuración de cogniciones y apoyo social.

Del mismo modo, la dimensión de personalidad Amabilidad muestra correlaciones significativas con algunas subescalas de calidad de vida, de la PANSS y de la IEA. Esto indicaría la mayor tendencia de estos sujetos (altruistas, simpáticos, dispuestos a ayudar a los demás y a pedir ayuda cuando lo precisen) a mostrar un mayor ajuste funcional respecto en sus vidas, menos manifestaciones psicóticas, y mayor habilidad de afrontamiento relativa al manejo de creencias y a la obtención de ayuda interpersonal.

Por último, encontramos correlaciones significativas entre la dimensión de personalidad Responsabilidad y todas las subescalas de calidad de vida, y algunas de la PANSS y de la IEA. Así, interpretaríamos, que los sujetos con mayores puntuaciones en Responsabilidad, esto es, aquéllos voluntariosos, porfiados y decididos en general, mostrarían mayores niveles de satisfacción en calidad de vida en todas las dimensiones, mayor ajuste en habilidades de afrontamiento, sobre todo en las dimensiones de reestructuración cognitiva, contacto social y resolución de problemas, y menor nivel de manifestación sintomática psicótica.

Mediante el análisis de regresión constatamos que el Neuroticismo es la característica psicológica que mejor explica la variabilidad en la calidad de vida de los pacientes. Esto viene de nuevo a indicar que el que estos sujetos experimenten en mayor o menor medida patrones de ideación irracional, sentimientos negativos, falta de control de impulsos y vulnerabilidad ante el estrés, está fuertemente asociado al nivel de calidad de vida que perciben. La subescala Positiva de la PANSS también fue un factor interviniente, aunque de menos peso, en la calidad de vida percibida.

De los análisis comparativos entre pacientes altos y bajos en Neuroticismo y entre paciente altos y bajos en Afrontamiento, respecto a las subescalas de calidad de vida y de sintomatología psicótica, se constataron diferencias significativas entre los grupos comparados en todas las subescalas consideradas. Por tanto, cabe señalar que los pacientes “altos en Neuroticismo” muestran mayor disfuncionalidad en todas las dimensiones de calidad de vida estudiadas y mayores índices de sintomatología psicótica a todos los niveles que los sujetos “bajos en Neuroticismo”. Y, del mismo modo, en los pacientes “bajos en Afrontamiento” se observó una menor satisfacción respecto al nivel de calidad de vida percibido en las distintas dimensiones y unos valores de manifestación de sintomatología psicótica mayores respecto a los “altos en Afrontamiento”.

En líneas generales, los sujetos presentaron una tipología de personalidad caracterizada por elevados niveles de Neuroticismo (existiendo tan sólo un 5% de la población que superaría los valores obtenidos) y bajos niveles de Extraversión y Apertura (un 75% de la población normal obtendría puntuaciones mayores a las obtenidas en este estudio) lo cual, como indican los trabajos de Lysaker et al. (2003), les sitúa en una posición de importante desventaja  para afrontar cualquier evento estresor (o interpretado como tal) o resolver problemas de manera efectiva, generándoles sentimientos de insatisfacción y baja autoestima e incrementando el estado de ánimo ansioso y depresivo.

Los bajos niveles de Extraversión que muestran los pacientes podrían contribuir al pobre auto-concepto y al ánimo disfórico, pues el sujeto no dispone de iniciativa social o una red de apoyo en la que deposite su confianza en situaciones problemáticas, lo cual le puede llevar al aislamiento y, a un incremento posterior del malestar emocional. Así, como exponen Camisa et al. (2005), los pacientes diagnosticados de esquizofrenia que presentan mayores niveles de Extraversión frente a los que no y un buen ajuste social, tendrían un mejor pronóstico en la evolución de la enfermedad.

Los resultados que ofrece este estudio siguen la misma línea de los obtenidos en el trabajo de Eklund et al. (2003), donde se determina la principal responsabilidad de las variables de personalidad en la modulación de las capacidades de afrontamiento en la vida cotidiana, la vivencia de la propia enfermedad por parte del enfermo y su manifestación sintomática y, en consecuencia última, el nivel de satisfacción y adaptación psicosocial que los sujetos  diagnosticados con trastornos del espectro de la esquizofrenia desarrollan en su vida diaria.

La muestra de este estudio no presenta valores demasiado altos respecto a los índices de sintomatología psicótica evaluados por la escala PANSS, resultando en todos los casos valores iguales o inferiores a los representados por el percentil 55. Esta discrepancia en los resultados frente a estudios que abordan temáticas similares se puede deber a que la muestra estudiada en el presente informe está compuesta por sujetos que se encuentran incorporados a programas de integración social reglados, con un seguimiento terapéutico y psiquiátrico regular y están, en líneas generales, bastante estabilizados respecto a su situación clínica.

A tenor de los resultados obtenidos, podríamos suscribir líneas de actuación interesantes para optimizar el abordaje clínico de este tipo de pacientes. Parece claro que es conveniente fomentar programas de intervención que trabajen de manera específica el entrenamiento en habilidades sociales y de comunicación, con el objetivo de reducir la introversión, facilitar la iniciativa hacia la acción y dotar a los sujetos de una red de apoyo bien estructurada y una mayor percepción de seguridad en sí mismos. Añadir dinámicas programadas de técnicas de control de estrés y habilidades de afrontamiento y resolución de problemas puede resultar muy positivo como complemento a la formación que precisa el paciente en materia de habilidades personales y de actuación en el entorno para paliar, en la medida de lo posible, las carencias que pueda plantear la enfermedad.

Los dispositivos de intervención diaria a nivel social y sanitaria que trabajan con colectivos de enfermos mentales con trastornos psicóticos (como el caso de F.A.I.S.E.M. en nuestro estudio) intervienen ya desde esta línea que hemos comentado, confirmando que los sujetos que asisten de un modo regular a este tipo de recursos sociales, en combinación con un tratamiento terapéutico y farmacológico ajustado y personalizado, reducen la manifestación sintomática positiva y negativa característica de estas patologías.

De manera más específica y desde la perspectiva del abordaje terapéutico precoz, debemos entender el constructo de la personalidad en los trastornos psicóticos como un factor de gran relevancia para el proceso evolutivo. La detección temprana de ciertos patrones de conducta podría facilitar una intervención más eficaz y precisa y favorecer un ajuste social apropiado y un nivel de vida aceptable para las personas que padecen estos trastornos. La intervención individualizada que precisa un paciente con trastorno psicótico en función de sus características de personalidad y las manifestaciones propias de la enfermedad, es de suma importancia para evitar la cronicidad de la enfermedad y garantizar unos niveles mínimos y satisfactorios de calidad de vida.

 En esta dirección deben ir los esfuerzos de los profesionales del ámbito de la salud, favoreciendo esta dinámica de integración social, de un valor decisivo para luchar contra la cronicidad de estas patologías, ofreciendo intervenciones terapéuticas personalizadas,  apoyo psicológico regular y un seguimiento psiquiátrico ajustado al individuo y equilibrado según la evolución de la enfermedad.

El presente estudio tiene algunas limitaciones. La muestra utilizada ha sido pequeña y ha estado compuesta por pacientes con diversos diagnósticos psicóticos. Asimismo, hubiese sido conveniente examinar el tamaño del efecto, lo que hubiese ayudado a matizar algunos de los vínculos identificados entre las variables.  En estudios futuros y para obtener datos más concluyentes, se debería disponer de una muestra mayor y de carácter más homogéneo, y contar con la posibilidad de implementar una metodología longitudinal que ofrecería datos más fidedignos y precisos.

Agradecimientos

La elaboración de este estudio ha sido posible gracias al consentimiento y la gentileza del personal responsable de la fundación A.I.S.E.M. (Fundación Andaluza para la Integración Social del Enfermo Mental) de Granada y a la colaboración desinteresada de  los usuarios de los distintos recursos del centro: Taller Ocupacional, Centro de Día y Club Social. A todos ellos expresar mi más sentido agradecimiento.

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