El portador del No-lugar

Por:  Liliana Gómez Téliz

 

Inmigrantes del siglo XXI

Una de las motivaciones que me llevaron a reflexionar sobre este tema era conocer las causas o los motivos por los cuales las migraciones en este tiempo devienen en crisis vitales traumáticas. La mayoría de las veces cuando se habla de los inmigrantes el discurso se enfoca desde un punto de vista político-económico utilizando términos como los “sin papeles” o mano de obra, o se enfatiza en la problemática que ocasiona a la población autóctona que sean ilegales, que cometan delitos, o que tengan dificultad para integrarse.

También se ha escrito sobre las características particulares de las migraciones en el siglo XXI, del estrés social que conllevan las barreras sociales y ausencia de oportunidades, de persecución y exclusión social, producto de la globalización deshumanizada basada en los criterios neoliberales.

Pero se ha hablado muy poco del inmigrante como un ser humano, que vive unas circunstancias que van a significar un antes y un después en su vida, circunstancias que conllevan una multiplicidad de cambios, pérdidas y movilizaciones a nivel masivo y que debe enfrentar quien vive un proceso de migración.

Escribir sobre este tema, además de un intento de entender cuales y con que intensidad son los cambios que se producen a nivel psíquico, a nivel del mundo interno de la persona que emigra es también un intento de rearmarme, de emerger como ser humano ante una experiencia que, en mi caso la viví como deshumanizante, intensa y desestructurante y también como una posibilidad de crecimiento.

Se considera migrante a aquella persona que se traslada de un lugar a otro considerablemente distinto por un tiempo suficientemente prolongado de modo que pueda considerarse que vive en otro país o región.

No cualquier persona emigra. Si bien los motivos manifiestos de la emigración pueden ser económicos, políticos, religiosos, etc., siempre hay otros factores que conciernen a la historia personal de cada ser humano y son de un nivel inconsciente. La determinación de la migración se inscribe dentro de una historia particular.

En la decisión de emigrar hay una fantasía de cambio para mejor, que puede ser el encuentro con la tierra prometida, la que me permita crear mi lugar en el mundo. También un desconocimiento de lo que va a pasar, por lo tanto estas expectativas también están acompañadas de miedo y ansiedad.

Mudanzas

El mudarse de casa se considera un acontecimiento muy estresante. Mi casa es mi continente, mi refugio, el lugar de descanso del mundo exterior, por lo tanto delimita un adentro de un afuera. En el adentro me siento seguro, discriminado, allí están mis cosas.

Está en un barrio, un lugar que conozco porque es la zona donde camino todos los días y esa parte del hábitat me devuelve la memoria. Una parte de mi historia esta inscripta en el lugar que habito, en los objetos y lugares conocidos donde me re-conozco.

Cuando nos instalamos en una nueva casa nos cuesta un tiempo rearmarla, reacomodar los objetos, acostumbrarnos a esta nueva disposición, hacerla nuestra, reconocernos en ese espacio y en el entorno, conocer el barrio y vecinos.

Hay un sentimiento de pérdida por el antiguo hogar y un sentimiento de desconcierto y estrés durante los primeros tiempos en el nuevo hogar, hay un tiempo de reacomodo, de re-conocimiento.

Mi casa, el lugar donde están mis cosas me define y contiene, delimita un adentro de un afuera y estructura mi realidad. Por eso las mudanzas se viven con estrés. Cuando tenemos una pérdida (o muchas) sentimos que la identidad se pierde porque se pierde también la trama de sostén en la que uno está inserto. Perdida esa trama es muy difícil armar un proyecto de vida.

CAMBIOS Y DUELOS

En la inmigración se viven cambios a una escala masiva. Se cambia de casa, de barrio, de país, de estilo de vida, de estatus, de trabajo. También se pierde la categoría de ciudadano, en el caso que al llegar al país de acogida no se tenga la documentación necesaria. Se pierde el vínculo cotidiano con amigos y familiares, y como esta separación se prolonga en el tiempo hay un inevitable sentimiento de pérdida absoluta acompañado de la angustia que todo duelo conlleva.

La migración implica cambios que reúnen a la vez pérdidas masivas

Los vínculos se pierden al producirse la partida y si los individuos podemos vencer nuestras angustias en el marco de unos vínculos de sostén afectivos y estructurantes, será muy difícil elaborar estas angustias cuando la red afectiva y estructurante ya no está.

PERTENENCIA E IDENTIDAD

Los grupos naturales, las redes sociales con vínculos estables cultivan la memoria y pertenencia a colectivos. El sentimiento de pertenencia así como el anclaje a un lugar (espacio), y a un tiempo compartido con otros individuos desde un tiempo subjetivo que conforma la memoria y la identidad se ven afectados. En el entorno todo es nuevo y diferente, y para ese entorno el sujeto es un desconocido.

Hay vivencia de no pertenencia a ningún sitio ni grupo humano que confirme la existencia del individuo. La migración implica movilización también de carácter masivo, temores a lo desconocido, lo nuevo, lo impredecible.

Los primeros tiempos en el país de acogida

En casi todas las personas que emigran hay un sentimiento de desconcierto por la multiplicidad de estímulos externos hasta ahora desconocidos.

En estos primeros tiempos sucede que, todas las estructuras que nos daban sostén en el país de origen, que nos conformaban pero nos eran invisibles emergen porque en esta nueva situación no están. Es como tomar conciencia del encuadre porque éste se ha perdido.

En el nuevo país la forma de hablar es diferente a la conocida y la forma de pensar y ver y sentir el mundo.

La ciudad, las calles, todo es diferente. Estos referentes que conforman nuestra identidad ya no están. Son muchas pérdidas en un tiempo muy reducido que hay que ir elaborando en la medida que se pueda.

En los primeros tiempos hay que solucionar situaciones de índole práctica como conseguir trabajo, vivienda, residencia y permiso de trabajo. La movilización interna por lo perdido y la adaptación a la nueva realidad externa se da simultáneamente. Por un lado necesitamos un quantum de energía psíquica importante para resolver situaciones prácticas como las que he descrito, a la vez que en nuestro mundo interno están sucediendo movimientos a nivel de la identidad muy importantes

En la mayoría de los casos y por una cuestión de supervivencia y energía psíquica se relega el procesamiento de los cambios internos en pos de la resolución de cuestiones prácticas que deben resolverse en el aquí y el ahora.

Identidad. Crisis migratoria

La identidad es la continuidad del psiquismo y resultado de una construcción imaginaria humana: el tiempo. A lo largo de toda nuestra vida estamos obligados a ser muchas personas ligadas por un núcleo yoico concebido en la infancia a veces en condiciones difíciles y confusas. Nuestro sistema psíquico está en continuo cambio, pero este núcleo yoico nos permite percibirnos como una mismidad sostenida en la cultura. La cultura es un sistema externo a la subjetividad, es un conjunto de explicaciones compartidas y permite coordinar las conductas grupales, las experiencias intersubjetivas. Los vínculos con otros seres humanos son testimonio de nuestra existencia, la mirada del otro sustenta nuestra identidad.

Son estos aspectos espacio tiempo, que conforman nuestra identidad los que se ven más atravesados por el proceso migratorio en cada sujeto singular, atravesamiento que puede derivar en desde un cuestionamiento hasta una desorganización masiva.

En los primeros tiempos de emigrar se pueden vivir diferentes experiencias según la particularidad de cada sujeto. Hay vivencias de despersonalización donde la percepción sensorial está alterada y el procesamiento del tiempo también está alterado. Se puede tener la sensación de perder la capacidad de auto percibirse como el mismo que se era, como si la nueva situación que se esta viviendo arranque al individuo de su historia, volviéndose ajeno para sí mismo.

La crisis migratoria es una crisis particular que afecta íntimamente la identidad, la capacidad de autopercepción.

Como dice Moffatt al hablar de crisis “las circunstancias nos colocan dentro de un personaje que nunca habíamos anticipado”. Al ser tantos los cambios y las pérdidas y sobrevenir tantas situaciones no esperadas que avasallan a la persona hay mucha dificultad para integrarlas y por esto puede sobrevenir el desconcierto, la crisis.

En la crisis migratoria se puede vivir como una imposibilidad la integración de estos nuevos yoes con el anterior. Se produce una ruptura temporal, una discontinuidad del yo, una crisis.

Como ocurre al despertar, hay un extrañamiento de la propia persona. Una persona me decía que, en los primeros tiempos no reconocía su cara en el espejo ni su voz, como una imposibilidad de juntar los diferentes pedazos de identidad.

Las crisis son una posibilidad de crecimiento o el aumento de la vulnerabilidad a la enfermedad mental.

Como transitar la transicionalidad:

Las transiciones se dan en todas las etapas de la vida, son un recorrido natural entre una etapa y otra. Todos los cambios vitales discurren por un espacio de transición donde se elaboran las ansiedades básicas de persecución y depresivas.

Las ansiedades básicas se trabajan en ese espacio de transición, que ahí tiene una función instrumental, porque se sale con una nueva construcción del mundo externo y del mundo interno en la forma de adaptación activa a la realidad modificándola y siendo modificado por ella.

Lo característico de la transición migratorio es que, por su movilización, cambios y duelos masivos puede constituir una crisis traumática, donde la energía psíquica necesaria es tanta que puede agotarse la función adaptativa y esta crisis puede instalarse como algo permanente o de larga duración.

Lo que al principio era una dialéctica del cambio puede llegar a rigidizarse, lo que dirigía a una adaptación activa a la realidad se transforma en adaptación pasiva con el consiguiente estancamiento en el proceso de aprendizaje y propensión a patologías.

Otro de los factores que dificulta la transitoriedad son las dificultades burocráticas con las que se enfrenta el inmigrante sin papeles, quedando por fuera de un sistema, con deberes y sin derechos.

Categorizar de “ilegal” al inmigrante, con círculos legales que no llevan a ninguna parte, lo eterniza en esa posición, lo estanca, entonces eso que era su espacio transitorio hacia una nueva adaptación que puede enriquecerlo como ser humano, lo deja eternamente ahí, en eterna transición, no se termina de elaborar lo que se pierde y lo que viene porque al no ser aceptado por esa nueva sociedad, no es “sostenido”, entonces no hay mediación, no hay estructuración. Acá el problema, no es la desestructuración que pesa sobre la psiquis del inmigrante, eso seria un proceso lógico, acá el problema es que no hay un espacio para volverse a estructurar

En estas circunstancias hay un peligro de quedarse instalado en el tránsito, en la crisis. El tránsito, que es un lugar de “pasaje hacia”, se cristaliza.

Quedarse anclado en el tránsito es estar ni adentro ni afuera, sino en el vacío, descolgado de tu propia historia que te da identidad. Es quedar instalado en un tránsito entre el pasado –el que fui- y el que seré. Habitar un no-lugar.

Angels Vives define este estado de la mente como “Zona trans”. En la zona trans las percepciones sensoriales están alteradas, el procesamiento del tiempo también está alterado, tiene carácter de cambio catastrófico y la vivencia de haber llegado a un punto de no retorno.

La única identidad posible en esa zona es ser “Nadie”.

¿Cómo hacer habitable ese espacio?

¿Cómo potenciar la creatividad en ese espacio potencial?

¿Cómo transitar la transicionalidad que es una experiencia dolorosa sin quedar anclada en ella?

León y Rebecca Grimberg en su libro sobre migraciones postulan que el inmigrante necesita “un espacio potencial que le sirva de lugar y de tiempo de transición, entre el sitio nuevo y el de origen, que le permita vivir la migración como un juego, con toda la seriedad e implicaciones que éste tiene para los niños”

Atención en crisis:

“En el compromiso terapéutico hay que meterse en el profundo pozo donde está el paciente, pero con una soga (la soga es el método o la técnica) y entonces ayudarlo a subir, en lugar de gritarle desde arriba “salga del pozo que afuera brilla el sol....”

Alfredo Moffatt, “Terapia de Crisis”

No tengo conocimiento de cuales son las técnicas apropiadas para ayudar a un individuo que está viviendo estas experiencias traumáticas. Lo que escriba de aquí en adelante se va a basar en mi propia experiencia y en lo que he leído del libro Terapia de Crisis de Alfredo Moffatt.

Si una persona está atravesando una crisis traumática importante con vivencia de estancamiento del tiempo se necesitará en un primer momento una continentación y un maternaje. Con continentación me refiero a mantener con el paciente una comunicación no verbal, de miradas y sostén. Con maternaje me refiero al apoyo, a la continentacion que el terapeuta puede ofrecer desde la mirada, la escucha y el abrazo, de modo que el paciente recupere el sentimiento de existencia corporal perdido, los limites de su cuerpo, de su yo. Un primer paso para recomponer un yo fragmentado, para que el individuo pueda recuperar aunque sea en parte su sentimiento de mismidad.

Un segundo paso sería brindarle un encuadre grupal donde pudiera encontrarse con otras personas para irse reconociendo en la mirada del otro y poder poner en palabras e intercambiar sus diferentes situaciones actuales. La palabra, lo simbólico es un elemento cultural, un elemento de ingreso a los códigos compartidos, una entrada a la realidad, una conexión con el no-yo.

Paralelamente a los encuentros grupales se desarrollarían instancias individuales con el objetivo de trabajar aquellos aspectos de su historia que no fueron trabajados y que son reactivados con la crisis migratoria. Cabe recalcar que el modo que cada inmigrante viva la crisis migratoria es una muestra clara de cómo se fue armando su yo a lo largo de su vida. El cristal se rompe por donde había grietas. Las crisis de los procesos migratorios son una segunda oportunidad de revivir, elaborar y poder resolver aquellas grietas inscriptas en la historia del individuo que quedaron sin resolver.

Otro paso sería el rearmado de la historia, esto es, hablar sobre su pasado, su presente, unirlos y de esta manera poder armar un proyecto de futuro. El objetivo aquí seria que la persona recuperara su continuidad psíquica, que rearmara su identidad. Este proceso se realizaría en grupo, en un grupo de pertenencia transitoria, donde pudiera conocerse en esta nueva situación, reconocerse en la mirada de los otros y finalmente poder armar un proyecto de futuro.

Conclusión: habría un trabajo individual paralelo a un trabajo grupal. El trabajo grupal oficiaría de referencia y el trabajo individual como guía y sostén.

El trabajo individual seria en un primer momento de la crisis, y las técnicas la continentación y el maternaje. En un segundo momento en que el yo estuviera rearmado ya se trabajaría la regresión a aquellos momentos de su vida conflictivos que salen nuevamente a la luz reactivados por la crisis migratoria. Recuperar baches pasados e integrarlos al presente para recuperar una linealidad temporal que le permite armar esta nueva identidad en pos de un proyecto de futuro.

El trabajo grupal sería para recuperar un grupo transitorio de pertenencia, donde compartir vivencias pasadas y actuales. Un continente provisorio cuya finalidad es construir un proyecto de futuro

Algunas reflexiones:

La crisis del inmigrante y el inmigrante en si son síntomas de los tiempos actuales. El inmigrante es el gran portador del no-lugar, de la transitoriedad e inestabilidad que se vive a todos los niveles. Quizás lo que se rechaza muchas veces es lo que el inmigrante representa.

La crisis a nivel de la identidad es la crisis del siglo. La enfermedad de los tiempos actuales gira en torno a la identidad, y en el caso de las crisis migratorias ésta se revela con claridad por su intensidad.

Las crisis se dan en contextos específicos y tienen una multicausalidad social y económica que no está explicitada en este trabajo, pero es indispensable tenerla en cuenta si se quiere entender el problema en su complejidad. En cada momento emergen protagonistas de la transitoriedad, como las personas que se encuentran desempleadas que desconocen si el estado en que se encuentran es provisional o no.

Una persona amiga me decía que en este orden social todos somos inmigrantes de una forma u otra, todos ocupamos un "no lugar", cualquier habitante de una gran metrópoli de hoy esta en un "no lugar" lleno de desencuentros, un universo del des-vinculo que hace que nadie esté en "su tierra".

Este trabajo empezó en un primer momento centrándose en la problemática de identidad del inmigrante, no solo desde un punto de vista teórico sino también desde el abordaje práctico. La crisis de identidad que se da en la migración muestra claramente lo que se esta viviendo en todos los niveles. Mi esperanza es que este trabajo sea un disparador para la reflexión y la acción.

  • facebook
  • twitter
  • google
  • delicious
  • digg
  • Reddit
  • technorati