Sobre la necesidad  de resignificar el ciclo de vida humano

 

Por: Andrés Gómez Espinosa


La supervivencia de una especie está determinada, entre otros factores, por su capacidad reproductiva. Cuando se menciona la existencia de un número particular de ejemplares pertenecientes a una especie, con amenaza de extinción, la tarea inevitable es cómo generar la reproducción y cuidados de ésta, al punto que el nacimiento de un sólo ejemplar en las especies de mayor amenaza de desaparecer, suele ser acontecimiento mundial. También están las especies con riesgo de extinción con amplia capacidad reproductiva, pero con bajas posibilidades de supervivencia, debido en gran medida a índices altos de mortandad, casi siempre por intervenciones depredadoras.

Reproducción y mortalidad humana

Se calcula que cada 10 segundos nacen 32 seres humanos en todo el mundo, 192 cada minuto, 11,520 cada hora, 276,480 cada 24 horas y,101,015,200 nacimientos anuales; mientras la mortalidad es de 18 muertes cada 10 segundos, 108 por minuto, 6,506 por hora, 156,164 cada 24 horas, y, 57 millones al año. Observándose un saldo de seres humanos vivos superior al 40% con relación a los que fallecen. Sin duda el carácter estimativo se halla sujeto a eventualidades como crisis económicas, desastres naturales, capacidad productiva de alimentos, avance tecnológico, etc. Lo que es claro es la ausencia de riesgo extintivo en los seres humanos. (1)

Año

Tasa de natalidad (nacimientos/1000 habitantes)

2000

22

2001

21.37

2002

21.16

2003

20.43

2004

20.24

2005

20.15

2006

20.05

2007

20.09

2008

20.18

2009

19.95

 

Definición de Tasa de natalidad: Esta variable da el número promedio anual de nacimientos durante un año por cada 1000 habitantes, también conocida como tasa bruta de natalidad. La tasa de natalidad suele ser el factor decisivo para determinar la tasa de crecimiento de la población. Depende tanto del nivel de fertilidad y de la estructura por edades de la población.

La perspectiva del crecimiento humano también se vincula con el incremento del promedio de vida, esperado en más de 70 años, en la mayoría de las sociedades, lo que implica que la presencia de cada uno se prolonga como nunca y con ello la demanda de satisfactores.

Natalidad y cambio climático

En los últimos años se ha manifestado la preocupación de que algo grave está ocurriendo en el planeta. Se habla del mal empleo de los recursos naturales: consumo excesivo de agua potable, desforestación propiciada por métodos de producción que devastan sistemas ecológicos, alteración de distintos órdenes naturales, entre otros muchos aspectos que se  atribuyen ser causales directas que ahora se muestran en el llamado cambio climático, entendido como la modificación sustancial de un esquema natural, expresado principalmente en variaciones térmicas que, a la vez, impactan múltiples dinámicas atmosféricas, como han sido la mayor presencia de huracanes, ausencia de lluvias, deshielo de zonas que proveen de agua a distintos sistemas, inundaciones de poblaciones de seres vivos, riesgo de pérdida territorial, etc. Siendo más constante el reclamo del mal uso de los recursos naturales; no obstante, poco se aborda el papel del crecimiento demográfico como factor de esta transformación de la naturaleza e indiscutiblemente negativa.

No cabe duda que la humanidad ha sido profundamente desigual en el acceso a las variables que determinan su calidad de vida. La hambruna que padecen millones de seres humanos deja ver que la distribución injusta se basa en los absurdos de acumulación y despojo, al menos así se ha planteado durante mucho tiempo, que las carencias elementales de muchos eran efecto de la posesión inmensa de unos cuantos. Sin embargo, quizá la inequidad no sea el factor más relevante de la tragedia de estos millones de seres humanos, pues aún y cuando la repartición se hiciera más justa, las transformaciones  en los medios naturales revelan que no se reduce a un asunto de administración, sino a un factor de carácter global: el planeta no puede producir los recursos suficientes para la supervivencia de la cantidad de seres que hay en este momento, si bien durante mucho tiempo se habló que la producción mundial alcanzaría para varios miles de millones de seres humanos más. Se llegó a mencionar que el nivel de producción de décadas anteriores, de los setenta, bastaría para sostener a más de 10 mil millones de personas, lo cual es completamente difícil de aceptar, dado que en la actualidad  viven aproximadamente 6 mil quinientos millones de humanos, con niveles diversos en su calidad de vida, alrededor del 50% con rasgos de pobreza, por ejemplo insuficiencia alimentaria, expectativas de vida corta, carencia de seguridad social en varios rubros.

A más personas, más consumo energético
                                      Santiago Grisolía (2)

En la mayor parte de las culturas el nacimiento de un hijo o hija se mira con alegría, salvo en  países como China en donde el crecimiento demográfico ha llegado a proporciones inimaginables. La llegada de cada humano tendría que verse como un asunto de preocupación por el costo que al resto de los seres vivos conlleva, ya que bajo lo que parece ser una ley natural, que el animal  fuerte mata al débil  para sobrevivir, el ser humano lo hace por condiciones que van más allá del aseguramiento de su existencia, como es el hecho de la búsqueda de mayor comodidad. Los humanos son depredadores porque propician el exterminio de organismos y devastación de regiones tanto para habitar como para obtener medios en la supervivencia propia y de múltiples especies. Su consumo alimenticio y sus esquemas de vida perjudican a muchos otros seres vivos, ya que se presenta como el animal con mayores necesidades que todos.

La pirámide alimenticia(3)
http://kokone.com.mx/tareas/mono/alimentos/piramide.gif

 

Si bien, se podría justificar el consumo energético humano en el terreno alimenticio, no lo son otros: acumulación de bienes como autos, zoológicos, posesión de varios inmuebles, cantidades enormes de vestimentas, bienes ornamentales y todo tipo de objetos y consumos innecesarios, así como los afanes productivos que rebasan los requerimientos de vida.

La reproducción como sentido de logro
El tener muchos hijos, en varias sociedades, fue manifestación de poder, de hallarse en condiciones de superioridad. No sólo era despliegue de virilidad, sino, también, de capacidad de proveer. Muchas bocas que mantener ha sido un mensaje de quien tenía más recursos que los demás. Al paso del tiempo la procreación fue considerándose sinónimo de atraso, de falta de modernidad, no por supuesto, para los que así lo concebían, mejor dicho, para la mirada que no comparte ese esquema de logro, porque atribuye que las realizaciones son más amplias que la mera reproducción.

Los hijos suelen ser la coartada de muchas mujeres para no hacer en la vida algo que valga la pena
                                              Julio Cortázar (4)

Para infortunio de la reproducción sustentada en el estereotipo llevado a la ridiculez por Quino (5) en el personaje de Susanita, en la historieta de Mafalda, para quien ser madre es la razón de vivir; ahora se puede evidenciar que el tener hijos ha sido un medio de control en el que las mujeres se limitan a esclavizarse con la consigna de que era lo mejor que les podía haber sucedido: “la dicha por sobre todas las cosas de ser madre”. No se negará que hayan algunas madres que construyeron la imagen materna como meta existencial, logrando desarrollar un equipamiento de atención a sus descendientes como es la tolerancia, el aprendizaje de la niñez, recursos de comunicación infantil, didácticas maternales, estrategias de disfrute genuino hacia los niños y muchos otros medios que favorecen el cuidado y avance de éstos; no obstante, madres y padres se reproducen con carencias de todo tipo: sin claridad en su sentido, por inercia discursiva de satisfacción, sin reflexiones profundas de la reproducción, apoyándose en el deleite de quien adquiere una mascota o una muñeca, porque no hay ninguna relación entre las manifestaciones de gozo por haberse convertido en madre y la serie de rechazos que ejerce sobre él, además de no contar con posibilidades eficientes de cuidados a un menor.

Si la especie humana no se encuentra en peligro de extinción y cada nacimiento conduce a un desgaste enorme de recursos naturales, si ahora se pueden percibir infinidad de aspectos en los que la racionalidad simplemente no estuvo en la experiencia reproductiva y, pese a ello, se insiste en ubicar a los seres humanos dentro de un proceso supuestamente universal que sitúa la vida en los siguientes momentos: nacer, crecer, reproducirse y morir.  Lo cual se podría modificar sin muchos problemas y sí con muchos beneficios. Existen múltiples ejemplos se seres humanos que optaron por no reproducirse, buscando transformar, crear, trabajar por un mundo más digno y disfrutable. En ese sentido, la propuesta es no insistir en la “fase” de la reproducción, misma que puede ser ocupada por las expresiones  trascender, transformar, construir. Siempre respetando el derecho a decidir en la reproducción y, sobre todo a erradicar la idea de que la única razón de ser de las mujeres es la de convertirse en madre.

Entonces, es posible hablar del ser humano en cuanto a siclo de vida, de la siguiente manera: nacer, crecer, construir y morir, sin que nadie se sienta desgraciado por no reproducirse o por hacerlo, simplemente abrir las opciones en esquemas de vida con mayor sensibilidad a los costos de la reproducción humana, no pasa nada si no hay hijos.

Fuentes:

    (1) Fuente: CIA World Factbook . 2008.

    (2) Genetista español, premio Príncipe de Asturias de Investigación científica y Técnica 1990

    (3) Tomado de www.kokone.com.mx

    (4) Citado en Monsalvo, Sergio (1989)  Del perfecto manual misógino. Tinta Negra-As de Corazones, México.

    (5) Joaquín Salvador Lavado.

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