Tanatología y criticidad

 

Por: Andrés Gómez Espinosa


                                                             
No cabe duda que se ha suscitado en los últimos años un crecimiento muy grande en el número de estudios sobre la muerte. Entendiendo por estudios la apertura formal de planes y programas para preparar sujetos en esa especialidad; pero, también, han aumentado considerablemente los estudios que se pueden llamar investigaciones en los que se van construyendo nuevos significados a propósito de este hecho, la muerte.

Es común que la escasa investigación sobre un hecho o fenómeno se enfrente en mayor medida a una montaña de ideologías, siendo justamente éstas los componentes a depurar en la labor investigativa, el terreno a superar para transitar a un espacio de mayor racionalidad y solvencia explicativa, que viene a ser precisamente la comprensión ofrecida por la ciencia. (i)  De esta manera, hay una suerte de jaloneo entre en cúmulo de explicaciones que históricamente han sido empleadas y la gestación de perspectivas novedosas para dar cuenta de un hecho.

Elaborar significados sobre la muerte parece ser tan remoto como el surgimiento de las formas más elementales de cognición en las que la conciencia, entendida como una condición en la que el sujeto puede actuar de manera voluntaria sobre lo que está viviendo en un momento determinado, aún en esquemas sencillos, conduce a intentar comprender por qué se vive y al hacerlo también se interroga sobre el por qué no se vive. Estudiosos de los otros seres vivos han observado múltiples expresiones sobre la muerte sin encontrar rasgos comunes que se atribuyan al universo del mundo animal: desde las especies que muestran definiciones muy claras sobre la ausencia de vida, como se ha dicho de los llamados funerales, por ejemplo, en elefantes, (ii) hasta la indiferencia, así significada por los observadores, en varias especies sobre la muerte. Asimismo, las variaciones dentro de una misma especie.

El no realizar estudios con mayor sistematización, rigor, profundidad, intercambio informativo con otros observadores, etc., no impide el surgimiento de productos explicativos, dicho coloquialmente, lo que no se sabe, se inventa. Tal es el caso de infinidad de definiciones que son parte de la vida en general, principalmente en lugares en donde el papel de la ciencia resulta más accesorio que esencial en la determinación de la vida cotidiana. De esta manera, en la conciencia exclusivamente humana se han emitido las más amplias explicaciones sobre la muerte, cada una arrogándose el estatus de autenticidad del que carecen las demás, abundando el ingrediente mágico, pues en la simpleza del cuestionamiento, nadie ha realizado estudios sobre la muerte, estando muerto, se exhibe lo que parece ser una adversidad sustancial en la comprensión de la muerte.

No es de ninguna manera requisito la vivencia para que la explicación sea sólida, pues existe un número considerable de hechos explicados y admitidos como auténticos sin que se experimenten, en el sentido vivencial. Nadie ha ido a otra galaxia, no se ha estado en ningún hoyo negro, ni el médico requiere haberse enfermado para dar cuenta fiel de una enfermedad, tampoco se ha viajado a 300 mil kilómetros por segundo para reconocer que esa es la velocidad de la luz, de esta forma, se podría hacer una lista increíblemente grande de explicaciones consistentes y desprovistas de empirismo en distintos modos y que, no obstante, se han ganado un sitio de reconocimiento que se halla por encima de otros significados o simplemente son las únicas explicaciones.

Si se deja a un lado el conflicto idealismo versus materialismo para posicionarse en la visión de este último, lo cual ha ocurrido prácticamente desde el periodo moderno, los sujetos y los grupos elaboran los significados de las cosas desde sus circunstancias materiales, que implican no sólo su patrimonio material, sino sus desplazamientos, sus vivencias, la longitud de su visión, el tamaño de sus territorios, el número de interacciones, la conservación del hecho pretérito, la intención en el futuro, sus posibilidades en el presente, entre muchos aspectos que se pueden considerar su mundo material; es posible inferir que las ideas sobre la muerte también se sujetarán a esta materialidad, sin que ésta sea reducida al plano de lo tangible, como podría ser la percepción atribuida a un sujeto con escasa o nula movilidad física, que no se halla impedido a construir una cosmovisión que sea claramente más amplia que la de quienes se mueven en proporciones inobjetablemente mayores. Desde el materialismo la muerte se concibe en la base física, palpable, agregándose componentes que suponen la diversidad conceptual en elementos cuantitativos: mayor materialidad; mayor complejidad conceptual sobre la muerte, y así, en sentido inverso, lo que no es un “edificio” a toda prueba, pues basta relacionar que los pueblos pobres materialmente suelen sustituir esa precariedad con abstracciones, expresado en aquello que se llama “espiritualidad”. Quizá sea más cercano sostener que la carencia material arroja menos sistematización, tiempo, racionalidad, y, por supuesto, recursos a la comprensión de la muerte, por el factor simplista de que producen menos de eso que se llama ciencia.     
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Así por igual, lo reducido de la materialidad se compensa con la idealización plagada de fantasía que se distancia del trabajo de ideas confrontadas con cualquiera otra existente. Se idealiza hasta alcanzar su producto más representativo, el dogma. Mismo que llega a instalarse en un grupo social durante mucho tiempo, con su correspondiente anquilosamiento. Hasta que algún impertinente se presenta a suscitar dudas en tal panorama explicativo provocando crisis en los esquemas de comprensión, (iii) en este caso, de la muerte. Por ello, la muerte se significa, como se ha dicho en orientaciones marxistas, a través de la división de clases de los vivos.

La circunstancia de crisis de un concepto es condición para el papel crítico como intervención constructiva de nuevas visiones, sin incurrir en la ramplonería de crítica positiva y crítica destructiva. La crítica en su naturaleza no es inocua, tiene como objetivo el revelar las inconsistencias de alguna creación, planteando su crisis, intentando dibujar las dificultades fácticas o potenciales en conceptos, modelos, planteamientos, fórmulas u obras en general. Como se puede advertir, la acción crítica es en sí misma desestabilizadora; sin embargo, no toda intervención puede ser susceptible de admitirse como labor crítica, por el sólo hecho de poner adversidades, sería tanto, como equiparar el viejo axioma de la letra con sangre entra al señalamiento piagetiano de conflicto cognitivo. No, no, el papel de la crítica requiere elementos teóricos y desde luego una formación racional con capacidad de profundización, para percibir lo que otras perspectivas omiten.

La intervención crítica como tarea generadora de nuevos significados es también una propuesta de investigación cuyos antecedentes se remontan a las más viejas de las actitudes de desconfianza ante un concepto, explicación, solución, hecho o fenómeno. Algunos ubican los antecedentes en los griegos escépticos (s.III A.C.), otros señalan a Immanuel Kant (1724-1804) como el gran fundador del pensamiento crítico, aunque probablemente la precisión sea denominarlo, fundador de la filosofía crítica.

En donde sí existe un consenso es en ubicar a la llamada Escuela de Frankfurt como la cristalización del pensamiento crítico. Nombres como Max Horkheimer (1895-1973), Walter Benjamin(1892-1940), Theodor Adorno (1903-1969),  sin dejar de lado a figuras tan importantes que estuvieron afines o se involucraron en posteriores momentos como  Erick Fromm(1900-1980), Hebert Marcuse(1898-1979) y Jürgen Habermas(1929- ).  Esta reunión de pensamientos apareció como una respuesta a los esquemas imperantes a finales del siglo XIX y comienzos del XX, que se fueron considerando insuficientes para dar cuenta de los hechos humanos y sociales, debido a que en esencia recuperaban los métodos, técnicas y rutas de estudio propios de las ciencias naturales.

Esta visión crítica produjo la construcción de un paradigma de investigación en varias disciplinas sociales permitiendo la formulación de vías y recursos para la comprensión de múltiples hechos, que en el caso de los estudios sobre la muerte no les vendrían mal. La intervención crítica requiere de una mirada profunda, desprovista de complacencias, particularmente las propias. Considerando que sus fundamentos teóricos fueron los estudios freudianos y marxistas, el papel de la criticidad se dirige hacia la concepción con el fin concreto de encontrar aspectos a revisar, corregir o suprimir. La crítica es imprescindible al tratar de hacer inteligible el sentido que para los seres humanos tiene la muerte. Permite avances más sólidos. Puede fungir como contrapeso a la tendencia literaria que, históricamente, se ha desarrollado cuando se aborda la muerte.

(i) Justamente Néstor Braunstein en su célebre libro Psicología, ideología y ciencia (1977), junto con otros autores, sostiene que la ideología es el componente a transformar en el quehacer científico, pues son explicaciones que dejan de ser insuficientes para comprender lo que intenta explicar el investigador

(ii) La empresa Discovery Channel ha realizado diversos documentales al respecto.

(iii) Thomas S. Kuhn (1962) en La estructura de las revoluciones científicas sostiene que el avance principal de la ciencia y del conocimiento científico en general se suscita mediante la ruptura de modelos científicos de estudio y explicación que denomina paradigmas.

Fuentes:

  • Bottomore, T.B. (1984). The Frankfurt School. Horwood, Londres, Inglaterra
  • Braunstein, Néstor et al. (1977/2001). Psicología, ideología y ciencia. Siglo XXI, México
  • Geyer, C.F. (1985). Teoría crítica, Alfa. Barcelona, España
  • Horkheimer, Max (1974). Teoría crítica. Amorrortu, Buenos Aires, Argentina
  • Jay, M. (1989). Theodor W. Adorno. FCE. México
  • Kuhn, T.S. (1962/1993). Estructura de las revoluciones científicas. FCE, México
  • Muñoz López, Blanca (2002). Frankfurt: primera generación. EN: Paideia. Divulgación de pensamiento crítico. Septiembre 2002, No. 1, año 1
  • Therboorn, G. (1972). La Escuela de Frankfurt. Anagrama, Barcelona, España

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