Teatro Terapeútico y Máscaras Cotidianas

Autor: Alfonso Cobas

Arteterapeuta especializado en teatro-terapi, terapeuta gestalt, formador en técnicas expresivas y corporales.

 

Barcelona, 2010

El teatro terapeútico se engloba dentro del concepto más amplio de arte-terapia. Y ¿cómo podríamos definir la arte-terapia? Una definición posible sería: es el uso de la creación artística en sus diferentes ramas (pintura, escritura, danza, teatro, etc...) con el fin de poner a la persona en contacto consigo misma (con sus sentimientos, deseos, temores, creencias, conflictos, aspiraciones...), permitiéndole reconocerse y elaborar sus dificultades a la hora de expresar sus emociones, sus deseos y necesidades, y de actuar en función de ellos. El objetivo último sería superar algunas de estas dificultades con el fin de acceder a una experiencia de la vida más satisfactoria.

¿Y qué tiene de particular el teatro respecto a los otros lenguajes artísticos?, sin duda que el teatro es una casi perfecta imitación de la vida. La producción que deriva de la actividad teatral no se presenta como un “objeto” (un cuadro, una escultura, unos folios escritos) que tienen una entidad propia aparte de quien los ha creado. En teatro la "obra" es una o varias personas que, en un espacio y un tiempo determinados, con sus cuerpos, sus gestos, sus movimientos, sus palabras y emociones, componen un retazo de vida.

Imaginemos una pareja discutiendo acaloradamente dentro de un vagón del metro ¿qué diferencia habría entre que esa fuese una verdadera pareja teniendo una verdadera discusión, o que fuesen dos actores ejercitando sus habilidades y su audacia? Para los demás ocupantes del vagón no habría ninguna diferencia. En cuanto a las emociones que los protagonistas están sintiendo durante la discusión no habría ninguna diferencia. La diferencia crucial estaría en que cada uno de los actores sabría que esa es una situación ficticia, que ellos están imaginando ser una pareja y están imaginando tener una discusión. El saber que se trata de un juego compartido les permite mantener una distancia con las emociones que están sintiendo y expresando. Las sienten, y actúan impulsados por ellas, pero pueden dejar de sentirlas en cualquier momento, pueden apearse del juego cuando así lo decidan. Podríamos decir que se han puesto la máscara del enfado por unos momentos y que pueden volver a quitársela cuando lo deseen.

Una manera esclarecedora de mirar las dificultades que atravesamos a la hora de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida es en términos de “máscaras”. Quizás llevamos permanentemente puesta la máscara de "la empatía y la compasión", una máscara muy adecuada si se trata de atender a una persona amiga que está pasando por un mal momento. Pero resulta que estamos en una circunstancia en que hemos de defender nuestros derechos, y nos conviene ponernos la máscara de la "exigencia y la firmeza". Si no somos capaces de cambiar de “máscara” no podremos manejar adecuadamente la situación y nos retiraremos maltrechos de ese encuentro con la vida. O imaginemos que llevamos incorporada la máscara de la "contención emocional", una máscara adecuada para un camillero que ha de atender a las víctimas de un accidente, por ejemplo. Si a la hora de despedirnos de un ser querido no nos quitamos esa máscara, poniéndonos la de una "espontánea emotividad", nos quedaremos con el sinsabor de no haber sabido expresar a esa persona todo lo que sentimos por ella.

La vida nos pide constantemente que cambiemos de máscara, para adecuarnos de manera satisfactoria a las circunstancias cambiantes. Las situaciones en que no somos capaces de "calzar" la máscara adecuada, o en que lo hacemos con torpeza, son las que nos producen sufrimiento e insatisfacción.

Quede claro que cuando hablo de "llevar la máscara adecuada a la situación" no me refiero a una adaptación pasiva a las exigencias del entorno. Ni tampoco me refiero a una apariencia superficial, a una especie de fingimiento. La "máscara adecuada", en el sentido que aquí le doy, representa que lo que muestro hacia fuera es una expresión auténtica, modulada por mi voluntad consciente, de lo que siento, lo que pienso y lo que quiero. Aquí es fundamental el contacto pleno con la energía que bulle en mi interior, en forma de emoción, sentimiento, impulso, imagen, pensamiento, la aceptación de lo que soy en ese preciso momento. Y por otro lado es también fundamental la presencia de la voluntad consciente, es lo que permite la adecuación de mi expresión de eso que soy a la situación concreta, y al efecto que deseo o no producir en el entorno. Se trata por un lado de "soltar", en el sentido de no retener, de no reprimir, de mantenerme en contacto con el flujo de impulsos, emociones y deseos que bulle en mi interior, y por otro lado se trata de mantener la conciencia y la capacidad de control. Los contenidos del yo, para engranarse armoniosamente con el tú, con el mundo, han de ser canalizados y modulados conscientemente.

De forma paralela el actor cultiva el poder de su imaginación y sus emociones, esta es la materia prima de su arte. El arte consiste en canalizar y modular conscientemente este caudal interior para dar lugar a una actuación que ni se salga de tono ni resulte falta de vida, a una actuación que comunique con el público y le haga vibrar.

En este sentido, el teatro terapeútico es un marco perfecto para jugar a "calzarnos" las más diversas máscaras. Máscaras que nos son familiares, máscaras que nos resultan ajenas, máscaras que nos hacen sentir torpes, máscaras que nos dan alas, máscaras que vemos en otros, máscaras que nos atraen, máscaras que nos repelen. La imaginación es la llave que nos abre la puerta a un mundo donde podemos ser de todas las maneras, donde podemos experimentar todos los personajes. Y experimentar quiere decir vivenciar qué desea, que siente, qué piensa, cómo se comporta cada distinto personaje y, sobretodo, qué me pasa a mí cuando trato de dar vida a esa máscara. ¿Cuando entro a actuar la ternura me veo ridículo? ¿Si juego a defender con firmeza mis intereses asoma su nariz la culpabilidad? ¿Cuando represento a alguien que habla sin pensar experimento una liberación?.

Se trata de un ejercicio de conocimiento, un ejercicio de libertad, un ejercicio de flexibilidad, un ejercicio de unidad. Cuando el deseo, el sentimiento y el pensamiento unidos, se vuelcan hacia afuera de forma plena y consciente a través del cuerpo, la palabra, el gesto y la mirada, se revela vibrante la fuerza de lo humano, la presencia del ser plenamente encarnado, la magia del teatro y de la vida. En el teatro, detrás de todas las máscaras, de todos los personajes diferentes, lo que permanece idéntico es el actor. En la vida, detrás de todas las formas cambiantes, incluso contradictorias, en que sentimos y nos manifestamos, está el centro de donde todo surge y a donde todo vuelve, eso que nos permite decir "yo", el corazón invisible del eterno misterio de lo humano.

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