REFLEXIÓN SOBRE LA EXPERIENCIA DE LA PRÁCTICA UNIVERSITARIA
PSICOLÓGICA EN INSTITUCIONES PENITENCIARIAS Y EL TRABAJO QUE EN ELLAS SE DESARROLLA.

 

Autor: Javier Diz Casal

En primer lugar sería preciso mencionar algunos aspectos que dificultan el trabajo psicológico dentro de la prisión y lo hacen diferente del trabajo con las personas que acuden voluntariamente a una consulta y no están privados de libertad  y en cierto sentido no han de demostrar nada.

El trabajo psicológico dentro de prisión conlleva una realidad intrínsecamente ligada a la situación de todos los internos, a saber:

La ayuda psicológica siempre llega tarde, habida cuenta de la situación en la que se encuentran todos los presos, ya que están cumpliendo una condena en la que su estilo de vida disfuncional tiene mucho que ver.

La ayuda psicológica no es voluntaria ya que constituye otro elemento terapéutico más dentro de prisión y esta realidad difiere de la mayoría de los casos que se podrían tratar como psicólogos en un entorno no penitenciario, donde las propias personas solicitarían ayuda psicológica.

La incapacidad generalizada por parte de la mayoría de los presos de reconocer los hechos probados y los problemas psicológicos y factores disfuncionales que conforman su personalidad y que en parte son causas directas de su situación actual.

La falta de habilidades sociales en general y autocontrol conductual y emocional que en la mayoría de los casos es menor y más precaria que en cualquiera de los casos típicamente cotidianos de las personas que no se encuentran en un entorno penitenciario.

El interés y la motivación para el compromiso en el cambio hacia la consecución de una vida funcional y libre de problemas judiciales en la mayoría de las ocasiones no va necesariamente a la par de la adquisición de un insight que haga posible un verdadero cambio y un anclaje de los conocimientos generales, específicos, teóricos y prácticos que el interno pueda percibir y aprehender.

La responsabilidad profesional en cuanto a las decisiones que tengan que ver con la privación de libertad de una persona o la concesión de permisos o libertad a un preso conllevan un ascenso de la dificultad; a nivel deontológico, ya sea ético o del deber de discernir que está primero, que es mas justo o importante; de las resoluciones profesionales que se toman.

Por último me pregunto por la posibilidad de que los trabajadores en general y más concretamente psicólogos y trabajadores sociales sufran con el tiempo las consecuencias de un trabajo que pone de manifiesto lo más miserable del género humano: los hechos más atroces, las lógicas privadas más alejadas de la del común de todos nosotros, lo injusto, la mentira, el asesinato, la violación, la pederastia……concretadas y evocadas en forma de burnout o de algún otro trastorno que afecte a su vida laboral y/o personal, y si así fuese cual o cuales serían los mecanismos necesarios que desde instituciones penitenciarias habría que poner en marcha o crear para evitarlo o superarlo habida cuenta de la dificultad de la que venimos hablando, inherente al trabajo psicológico en prisión.

Al margen de las dificultades que subyacen al trabajo psicológico en prisión, este es fundamentalmente necesario en una sociedad que no debe dejar de lado unas obligaciones que garanticen la posible reinserción de los condenados en la misma y la consecuente reeducación que haga posible una vida funcional por parte de los internos que salgan de nuevo a la sociedad.

Es necesario por otra parte que el paradigma penitenciario siga apostando por la intervención y la rehabilitación de una manera exponencial, elaborando nuevos métodos, programas, herramientas, etc….  Mejorando con el tiempo la calidad de vida de los internos dentro de prisión a la par que se mejoren los resultados terapéuticos reflejados en las estadísticas de rehabilitación de los reclusos que salen de prisión y no reinciden.

Las prácticas permiten aprender sobre el trabajo en la prisión y la dinámica que conforma la realidad entre la gente que trabaja allí y la gente que está allí condenada.

Ha sido posible aprender las funciones que desempeña, además de el psicólogo las demás figuras profesionales de que se compone el Equipo de Tratamiento.

A título personal me ha facilitado la decisión sobre un futuro laboral y sobre el camino a seguir en mi desarrollo profesional como psicólogo en potencia. Es ya una certeza para mi, que el trabajo en prisión con todo lo que conllevaría hacerlo como psicólogo desbordaría mi capacidad y mi juicio ético y cuestionaría el grado en que estoy seguro de que lo que estoy haciendo  es lo justo o si sería la persona más adecuada para decidirlo, al menos de momento.

Extrapolando una frase de Gandalf el Gris el Maiar más sabio, personaje de la conocida obra de J. J. R. Tolkien El Señor de los Anillos, a un momento y características más actuales que se ajusten al contexto penitenciario pongo de manifiesto mi percepción de enorme dificultad del trabajo psicológico y todo lo que conlleva dentro de prisión:

"Muchos que viven merecen la muerte, y muchos que han muerto merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a adjudicar muerte o juicio, pues ni el mas sabio conoce el final de todos los caminos."