La autoestima tiene un influjo decisivo en todo el proceso de maduración personal y es un objetivo fundamental en la educación ya que condiciona el aprendizaje y el rendimiento académico (baja autoestima = peor rendimiento = peor autoestima) y se proyecta en todo el comportamiento escolar, familiar y social.
Una alta autoestima hace que la persona sea capaz de enfrentar los fracasos y los problemas que le sobrevengan al tiempo que encuentra en su interior los recursos necesarios para superar las dificultades inherentes a su compromiso, en definitiva, fundamenta la responsabilidad. Asimismo para poder ser creativo, la persona debe autovalorarse positivamente y tener autoconfianza.
La alta autoestima permite que la persona elija las metas que quiere conseguir, que decida qué actividades y conductas son significativas para ella y que asuma la responsabilidad de conducirse a sí misma sin dependencia de otros ni apoyos del medio. Ademís es la plataforma adecuada para relacionarse con el resto de las personas debido a que al irradiar un ambiente positivo en nuestro entorno, seremos mejor aceptados y podremos estimar mejor a los otros. Por otra parte hace que la persona se autoimponga unas aspiraciones más altas, alimentadas por la esperanza, haciendo posible ser agente de cambio social.
Siguiendo la corriente humanista, la fuerza más profunda del hombre es su tendencia a llegar a ser él mismo, captarse a sí mismo, la autorrealización. El problema del hombre moderno es su vacío existencial. Por todo ello uno de los principales objetivos en la educación es promover la autoestima.
La autoestima es una actitud hacia uno mismo, la línea conformadora y motivadora de nuestra personalidad, que la sustenta y le da sentido.
La autoestima no es innata, sino que se genera como resultado de la historia de cada persona. El aprendizaje de la autoestima no es intencional generalmente, ya que se nos modela desde contextos informales educativos, aunque a veces es el fruto de una acción intencionalmente proyectada a su consecución.
Es una estructura consistente pero no es estática. Puede crecer o decrecer, es pues dinámica. Es funcional y engloba y orienta todo el dinamismo humano. Es la raíz de nuestra conducta y posee dos cualidades muy importantes: la transferencia y la generalización. Gracias a ellas podemos responder a móltiples y diferentes operaciones.
La autoestima tiene tres componentes:
Estos operan íntimamente correlacionados, de modo que si uno de ellos se deteriora, los otros dos también quedarán negativamente afectados, y a la inversa. Hay que tener esto en cuenta a la hora de plantear la pedagogía de la autoestima.
La autoestima nace de dos causas:
Siguiendo el orden de los tres componentes vamos a explicar diferentes estrategias para desarrollar la autoestima o educarla.
Componente Cognitivo. Estrategias:
El reflejo consiste en reflejar las cualidades, capacidades y competencias que venimos observando en el educado. Esto le proporcionará un conocimiento objetivo de sí mismo en el aspecto positivo (por ahora dejaremos de lado los defectos).