Abuso de Poder y Violencia Laboral

 

Autor: Dra. Isabel Pérez Jáuregui


Introducción

A partir del encuentro con el sufrimiento psíquico significado desde un abuso de poder, maltrato, violencia, surgió el proyecto de investigar el problema, las condiciones de su construcción, las implicancias en la calidad de vida integral de las personas y las organizaciones, con el fin de brindar un aporte en la descripción, comprensión e interpretación del mismo, y poder dar lugar a acciones profesionales de evaluación y abordaje de tipo preventivo y de promoción de la salud.

Reconoce como antecedente, entre otros, la experiencia llevada a cabo en el año 2008, de trabajo con profesionales de la cura y asistencia, sobre “Valores interpersonales en las prácticas del cuidado y asistencia a personas” en el marco de la Jornada de Enfermería “La crisis de enfermería: Oportunidad para el cambio”, organizada en Buenos Aires, Argentina, por la Asociación de Hospitales de Colectividades, el 17 y 18 de noviembre del año 2008.1

La investigación surge en el contexto de la Secretaría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Flores, como proyecto de investigación sobre Calidad de Vida y Sociedad .2

En este artículo abordaremos la temática de la violencia laboral fundamentalmente desde una perpectiva fenomenológica existencial y constructivista, vinculando asimismo otros desarrollos teóricos e investigaciones realizadas.

Integraremos en esta mirada los conceptos de subjetividad, intersubjetividad, significación y sentido, por posibilitar abordajes psicológicos de evaluación e intervención de una problemática que es considerada en la actualidad fuente de sufrimiento psíquico y profundo malestar, uno de los factores psicosociales estresores de mayor relevancia.

Contextualizaremos el enfoque desde el concepto de poder e intersubjetividad, en las experiencias de mundo de vida laboral donde los lugares de poder pueden revestirse de una significación de uso ó abuso del mismo.

Abuso de poder y violencia laboral

Elías Canetti (Masa y Poder, 1960) señala que el poder se ejerce en un mayor tiempo y espacio que la fuerza de un movimiento único. Cuando se manifiesta como abuso, una de sus expresiones puede ser el utilizar el preguntar al otro, al que ocupa el lugar de acosado, abusado, interrogatorios acosadores, como formas de incursionar en el interior del otro para así apoderarse de su espacio más personal e íntimo.

Reconocemos como dato diagnóstico significativo de presencia de indicadores de violencia laboral, el predominio de formas comunicacionales en que las informaciones claves no circulan ni se democratizan.

En organizaciones antirequeridas (Elliott Jaques, 2000) el poder del conocimiento de la información indispensable para orientarse en las situaciones conflictivas ó críticas laborales, se concentra en unos pocos. Y la mayoría queda excluída, en situación de marginación del espacio decisorio e influyente acerca de la marcha de los sucesos centrales en la vida de las organizaciones.

Las acciones tendientes a mejorar la calidad de vida de personas y contextos laborales, advierten señales de sufrimiento vinculadas a esta vivencia de discriminación y la necesidad de operar mejoras y cambios al respecto.

Como señala Berger y Luckman (1996) “La plausibilidad y estabilidad del mundo definido socialmente, dependen de la intensidad y continuidad de las relaciones significativas en las que pueden llevarse a cabo de un modo continuo la conversación sobre este mundo entre sujetos diversos”.

La intervención psicológica en tal sentido busca crear las condiciones individuales, grupales y organizacionales, que hagan posible que el poder se vincule a legitimidad de autoridad y capacidad relacional de integrar a los distintos actores pertenecientes a ese contexto organizacional.

Para lograr este objetivo, se requiere de una cierta continuidad y duración de trabajo interactivo, un proceso en el se cree un espacio y un tiempo de compartir, respetar y expresar con otros, conocimientos, competencias, capacidades.

La fenomenología se pregunta por las formas y procesos que constituyen objetivamente –e instituyen intersubjetivamente- a las estructuras de la realidad, como una construcción y reconstrucción permanente de la vida social, tendiente a que esa vida social pueda ser significada desde el hallazgo de un sentido constructivo para las personas y la organización.

La violencia laboral constituiría un riesgo de que esas potencialidades se enajenen y sean condición de sufrimiento y enfermedad. Fenomenológicamente se expresan como experiencias de un mundo significado como desencuentro, un vivir humano en que no se experimenta el sentimiento de comunidad, sino un aislamiento, marginación, descalificación, abandono.

Como señala M. France Irigoyen, por acoso en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo.

Se puede tratar simplemente de un abuso de poder: un superior - generalmente directivo del sector medio- hace un uso excesivo de su posición jerárquica y acosa a sus subordinados por miedo a perder el control. Hay asimismo maniobras perversas de necesidad de aplastar a los demás con el fin de destacarse, destrozando a un individuo al que elige como chivo expiatorio. Es el “psicópata organizacional” de Piñuel (2004).

Veamos el problema desde las formas de comunicación ya que son los hilos que tejen la construcción social de los contextos de sentido.

Las formas comunicacionales son consideradas bajo las dimensiones privilegiadas de la mirada y la escucha, ya que constituyen los caminos de interacción por excelencia con el mundo. Trabajamos las unidades de significación manifestadas en estos dos canales.

¿Qué ven y qué escuchan en las interacciones? ¿Cómo lo hacen?

Si enfocamos el ángulo del otro, ¿es considerado desde su singularidad ó es solo visto y escuchado como reflejo de uno mismo?

Pueden revestirse de formas poco visibles de la violencia, y es esa sutil, encubierta, indirecta, manifestación de la violencia, lo que la hace más difícil de ser abordada y trabajada. Nos referimos a diagnosticar y hacer conscientes formas comunicacionales que pueden quedar en lo inadvertido ó consideradas irrelevantes, pero que de modo acosador e insistente, van destruyendo insidiosamente la autoestima del acosado.

Es a partir de cómo se configura la mirada y la escucha hacia uno y hacia el otro, que se construye un sentido ó un sinsentido a la experiencia vivida. Definimos e interpretamos al mundo y a lo social a partir de las relaciones e interacciones que vivimos, de sus influencias en la construcción de una identidad valorada y un mundo valorable.

Y el acoso y la violencia laboral degrada el sentimiento de identidad y torna incierto y temible al mundo en el que la persona debe actuar.

La experiencia laboral se da en el mundo cotidiano, del aquí y ahora de las interacciones, donde puede construirse ó dificultarse la constitución de un universo simbólico de sentidos compartidos que posibiliten la integración desde las diversas subjetividades.

Ser víctima de violencia laboral genera la detención (también regresión si el problema perdura en el tiempo y/o se intensifica en sus rasgos de cosificación y anulación de la autoestima y constitución del Si Mismo) del movimiento vital de pro-yección y futurización. La víctima permanece cautiva en un presente terrorífico congelado.

Podemos preguntarnos ¿Cuál es el lugar del que padece en el medio laboral una interacción abusiva de poder, violenta?

Marc Augé (1993) afirma que el lugar/no lugar es un instrumento de medida del grado de socialización, circulación, comunicación del individuo con los otros. La identidad se construye siempre en relación y negociación con la alteridad. La globalización actual es una globalidad en red, que produce el efecto de homogeneizar y también de excluir.

Este lugar del no lugar, el lugar significado desde la victimización, la descalificación, discriminación, exclusión, puede implicar ser visible y escuchado desde un ataque que aniquila, ó el no ser visible ni escuchado, signo de no existir para el otro. Puede conducir a una revictimización del trabajador por parte de otros actores sociales (por ejemplo) a quienes les cuesta sostener en el tiempo una actitud de mirar y escuchar el sufrimiento de un ser querido. Ellos a su vez también sufren una afectación ligada a vivencias de impotencia, injusticia, desesperación, depresión.

Respecto de las interacciones sociales, incluimos en esta fundamentación teórica al fenomenólogo Alfred Schutz ( 1971) quien afirma que el tejido social consistente en brindar continencia y continuidad a la realidad de las relaciones sociales, depende del grado de presencia cara a cara, del grado en que sean estimados como importantes los participantes de tal encuentro, siendo esto más dificultoso en contextos estructurales grandes, altamente formalizados, donde el contacto interpersonal se distancia y anonimiza.

Es decir, subraya la necesidad de rescatar en el mundo actual interacciones en que las personas puedan “ver/se” y “escuchar/se”, percibir que su participación es significativa y valiosa desde el lugar que le corresponde en la organización formal, algo que ayuda y sostiene un proceso de trabajo que interconecta con los otros, en los distintos pasos y funciones. Lo contrario (violencia y maltrato laboral) consistiría en ser blanco continuo y sostenido de descalificaciones, agresiones, mentiras y humillaciones por parte del victimario, ó bien el lugar del ser invisible, no ser para los otros, y la muerte social va de la mano de la destrucción de la identidad.

También es importante destacar que puede sobrevenir como mecanismo defensivo frente a ataques sistemáticos, el comportamiento de buscar “desaparecer” de la vista del acosador, no ser visto ni escuchado por él, no verlo ni escucharlo, para evitar el contacto amenazante y perturbador. Si el maltratado no tiene otras redes socioafectivas de sostén, ni otros lugares que lo signifiquen como valioso y útil, esta estrategia defensiva puede convertirse en una autovictimización: el individuo se anula a sí mismo para evitar ser anulado por el otro. Sería el último reducto en el que puede experimentar que decide algo, aun a costa que ese algo sea la autodestrucción, la autoexclusión y marginación.

Un espacio que en estos casos aparece destinado a cargar con la violencia, es el cuerpo. Es así que se traslada al propio cuerpo esta violencia sufrida, implicando serios riegos de enfermar y autoagredirse, como desesperado intento, no consciente ni deliberado, de escapar de una situación a la que no encuentra salida alguna.

Integramos los desarrollos que el psicólogo fenomenólogo Philipp Lersch (1967) realizara sobre los modos de configurarse el vincularse con otros, fundamentos para que se construyan procesos de preservación y despliegue de los sujetos, o lo contrario, condiciones para que aparezcan comportamientos de abuso de poder y violencia.

Distingue como modos auténticos de interacción, dialógicos, en que aparecen mundos a ser compartidos desde el encuentro intersubjetivo, que nosotros los vinculamos desde la especificidad del tema que tratamos en esta investigación, con la no violencia:

1.El uno-con-otro, 2.uno-hacia-otro y 3.uno-para otro

Pueden ajustarse aquí las reflexiones que el especialista en Maltrato y Violencia Laboral Iñaki Piñuel Zabala (2004) ha afirmado respecto a un tipo de liderazgo sin abuso de poder, en que las interacciones se basan en la confianza como centro, como núcleo, como base de todas las relaciones y como fundamentación de la mismísima actividad como líder.

Las configuraciones opuestas, inauténticas, condición para el desarrollo de sufrimientos y desencuentros existenciales, como por ejemplo, la violencia laboral, son:

1.uno-yuxta-otro: comportamientos de indiferencia, no ver al otro, aislarlo, 2.uno-separado-de-otro:alejamientos, antipatía y prejuicios y 3.uno-contra-otro: especialmente significativo en la violencia laboral. Implica acciones de desconsideraciones,abandonos, oposiciones a lo que el otro necesita legítimamente, agresiones, competencias hostiles, ironías, cinismo, violencias y abusos de poder.

Paul Watzlawicz (1990) afirma que “la cuestión del significado no debe tomarse aquí en su connotación semántica, sino existencial. La ausencia de significado es el horror de la Nada existencial. Es ese estado subjetivo en que la realidad ha retrocedido o desaparecido por completo y con ella toda conciencia del self y de los otros…La pérdida o la ausencia de un sentido de la vida es, quizás, el denominador más común de todas las formas de perturbación emocional…”

Experiencias laborales significadas como lugares de sufrimiento por acoso, maltrato, violencia amenazan con: 1. el no hallazgo del sentido de vida, la experiencia de vacío existencial, y 2. la pérdida de un sentido de existir constructivo, significado como algo valioso y deseable.

Como dice VíKtor Frankl (1967) “El trabajo puede representar, en particular, el espacio en el que la peculiaridad del individuo se enlaza con la comunidad cobrando con ello su sentido y su valor”.

Y podemos agregar que la experiencia vivida de maltrato, acoso, violencia laboral, es la cara opuesta a esta situación.

Una alternativa válida para abordar esta problemática es profundizar sobre su significación y sentido, evaluando sus variables en juego.

Mirar y escuchar a sus actores posibilitaría su comprensión e interpretación.

La Psicología como ciencia aporta por tanto caminos válidos de prevenir y promover salud donde hay violencia y sufrimiento en el contexto laboral.

Bibliografía

  • Augé, Marc (1993) Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona, Gedisa
  • Berger, Peter L.y Luckmann Thomas, “Modernidad, pluralidad y crisis de sentido”, en Estudios públicos, 63, invierno 1996
  • Canetti, Elias (1960) Masa y Poder, Barcelona:Edit. Alianza (2002)
  • Ege, Harald (2005) Mobbing. Conoscerlo per vencerlo. Milano: Franco Angelelli
  • Frankl, Víktor,(1967) Psicoanálisis y Existencialismo, Mexico: FCE, pág. 144
  • Irigoyen,Marie France (2001), El acoso moral en el trabajo, Bs As: Paidos
  • Jaques, Elliott (2000), La organización social requerida, Buenos Aires: Granica
  • Lersch, Philipp (1967): El hombre en la actualidad, Gredos, Madrid
  • Leymann, H. (1996), Mobbing: la persecution au travail. Paris: Seuil
  • Pérez Jáuregui,I., Rosso, Victoria,”Search for meaning, work-stress and Burnout Syndrome. A phenomenological-existenctial approach, en Encyclopaideia, Rivista di fenomenología pedagogía formazione. Bolonia Univ.Press. Indice 31, ott.2011 (en edic)
  • Pérez Jáuregui,I. Sufrimiento y Sinsentido en el trabajo. Burnout y Estrés laboral. Bs. As.: Psicoteca Edit.
  • Piñuel Zabala, Iñaki (2004) Neomanagement: jefes tóxicos y sus victimas. Madrid: Aguilar
  • Schutz, Alfred (1971): Estudios sobre Teoría Social, Amorrortu, Buenos Aires
  • ------- y Luckmann,Thomas (1973), Las estructuras del mundo de la vida, Amorrortu,Bs.As.
  • Watzlawicz, Paul (1990), Teoria de la comunicación humana, Bs As, Tiempo contemporáneo, pág.240

Notas al Pie

  • 1 La experiencia de trabajo fue publicada en Encyclopaideia, Rivista di fenomenología pedagogía formazione. Bolonia Univ.Press. Indice 31, ott.2011 (en edic)
  • 2 El proyecto de investigación “Maltrato laboral.: Su evaluación” está siendo dirigido por la Dra.Isabel Pérez Jáuregui, 2011-2013