El juego

Son varios los investigadores que consideran el juego como un factor importante en el desarrollo social (Vygotsky, 1984), intelectual (Piaget, 1986) y lingüístico (Pellegrini, 1983). Jugar es una actividad espontánea, gratuita en la que están presentes la emoción, la expresión, la comunicación y la actividad inteligente (Garvey, 1990; Lázaro, 1995), por lo que el juego pasa a ser una acción esencial en el desarrollo infantil y facilitador de las capacidades individuales. Martínez Criado (1999) asegura que en las primeras edades la integración de todos los niños, independientemente de la raza o que posean algún tipo de discapacidad, es total. En cuanto a los componentes psicológicos, el juego requiere que el niño disponga de una serie de habilidades que van a ser imprescindibles para su desarrollo, es por ello que los juegos forman y contribuyen a que el niño desarrolle los factores cognoscitivo, afectivo-motivacional y social, produciéndose esto de manera espontánea en todas las situaciones. (Bonnemaison y Trigueros, 2005). El juego tiene dos componentes, uno de entretenimiento y otro educativo. Cuando los niños juegan y se divierten también se educan. En el juego, el niño controla sus emociones, en él se canaliza la energía. Al principio es individual y va evolucionando hacia formas más sociales. Desde la perspectiva piagetiana la evolución de los juegos en el niño se relaciona con los principios del desarrollo de las estructuras cognoscitivas. Piaget clasifica y explica la evolución de los juegos partiendo del periodo sensoriomotriz, centrándose en las características estructurales de los mismos y desechando la clasificación por el contenido, la función y el origen. Elabora tres grandes categorías (el juego de ejercicio, el juego simbólico y el juego reglado) que le permitirán luego dar su explicación e interpretación del juego según la estructura del pensamiento del niño (Piaget, 1969).

A partir de los 7 años y hasta los 12, aparece el juego reglado, que implica relaciones interindividuales o sociales, donde la regla supone una regularidad impuesta por el grupo y cuya trasgresión merece sanción. En esta etapa los niños compiten y colaboran en el juego. Por eso hemos elegido para nuestro estudio una muestra de niños de 7 a 9 años. Y hemos decidido como variable independiente a manipular un tipo de juego, el cooperativo. En los juegos cooperativos los participantes dan y reciben ayuda para conseguir unas metas comunes. Fueron creados como una alternativa a las actividades competitivas, teniendo como objetivo incrementar los sentimientos de felicidad y de compartir entre los participantes (Orlick, 1986). Los juegos cooperativos suscitan la comunicación, la cohesión grupal y la confianza, con la idea central de aceptarse, cooperar y compartir (Garaigordobily Fagoaga, 2006). Los juegos cooperativos contribuyen positivamente en la formación del menor, especialmente en el desarrollo de las variables socioemocionales que permiten conductas positivas de socialización y, por tanto, pueden ser utilizados como una medida preventiva de la violencia escolar (Rosado, 2007). Además de la interacción, con los juegos cooperativos se ayuda a fomentar la cohesión grupal, se reducen los conflictos intergrupos, y se potencian las conductas prosociales. A su vez, disminuye las conductas sociales negativas e incrementa la aceptación de los miembros del grupo, aumentando las habilidades sociales, la capacidad para resolver problemas y el desarrollo moral (Garaigordobil, 2004). Por otra parte, las técnicas de aprendizaje cooperativo resultan especialmente útiles para la integración de niños aislados o de niños de otras culturas (Díaz-Aguado, 1994, 2005).