La prevención del suicidio y la familia

 

Autor: Prof. Dr. Sergio A. Perez Barrero
Fundador de la Sección de Suicidiologia de la Asociación Mundial de Psiquiatria
Fundador de la Red Mundial de Suicidiología


Resumen:

La familia es un eslabón clave en la prevención del suicidio si realiza la detección y asistencia precoz a los servicios de salud mental de los integrantes con riesgo de cometer suicidio. Para lograr tales objetivos se impone su capacitación.

Palabras claves:

prevención, suicidio, familia, capacitación.

Abstract:

The family is a key of suicide prevention if they do a correct detection and early assistance of suicide risk members to the mental health care. These objectives can be obtained by adequate qualification.

Key words:

prevention, family, suicide, qualification.

Introducción:

El suicidio constituye una de las diez principales causas de muerte en la mayoría de los países por lo que la familia constituye un factor esencial en su prevención ya que se trata de una causa de muerte evitable.

Desarrollo:

Para que los familiares puedan prevenir el suicidio entre sus integrantes es necesario que eliminen los mitos en relación con dicha conducta.

Los mitos son criterios culturalmente aceptados y entronizados en la población que no reflejan la veracidad científica pues se trata de juicios de valor erróneos con respecto al suicidio, a los suicidas y a los que intentan el suicidio, que deben ser eliminados si se desea colaborar con este tipo de personas.

Con cada mito se intentan justificar determinadas actitudes de quienes los sustentan, las que se convierten en un freno para la prevención de esta causa de muerte.

Existen muchos mitos con respecto al suicidio, los suicidas y quienes lo intentan, Pasemos a enunciar algunos de ellos, no todos, desde luego, y expondremos los criterios científicos que desde este momento deben primar en la familia para poder hacer efectiva su ayuda en prevenir el suicidio de alguno de sus integrantes:

1.-Mito: El que se quiere matar no lo dice.

Criterio equivocado pues conduce a no prestar atención a las personas que manifiestan sus ideas suicidas o amenazan con suicidarse.

Criterio científico: De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida.

2.-Mito: El que lo dice no lo hace.

Criterio equivocado ya que conduce a minimizar las amenazas suicidas las que pueden ser consideradas erróneamente como chantajes, manipulaciones, alardes, etc.

Criterio científico: Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.

3.- Mito: Una persona que se va a suicidar no emite señales de lo que va a hacer

Criterio equivocado que pretende desconocer las manifestaciones prodrómicas del suicidio.

Criterio científico: Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.

4.- Mito: El que intenta el suicidio es un cobarde

Criterio equivocado que pretende evitar el suicidio equiparándolo con una cualidad negativa de la personalidad.

Criterio científico: Los que intentan el suicidio no son cobardes sino personas que sufren.

5.- Mito: El que intenta el suicidio es un valiente

Criterio equivocado que pretende equiparar el suicidio con una cualidad positiva de la personalidad lo cual entorpece su prevención pues lo justifica haciéndolo sinónimo de un atributo imitable y que todos desean poseer como es el valor.

Criterio científico: Los que intentan el suicidio no son valientes ni cobardes, pues la valentía y la cobardía son atributos de la personalidad que no se cuantifican o miden según la cantidad de veces que usted se quita la vida o se la respeta.

6.- Mito: Preguntar a una persona en este riesgo si ha pensado en el suicidio se le puede incitar a que lo realice

Criterio equivocado que infunde temor para abordar la temática del suicidio en quienes están en riesgo de cometerlo.

Criterio científico: Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos.(1)(2)

Además de los mitos sobre el suicidio, la familia debe conocer los grupos de riesgo de suicidio.

Los grupos de riesgo de suicidio son aquellos conjuntos de personas que por sus características particulares tienen mayores posibilidades de cometer un acto suicida que los que no están incluidos en ellos

Los grupos de riesgo de suicidio son los siguientes:

  1. Los deprimidos.
  2. Los que han intentado el suicidio.
  3. Los que tienen ideas suicidas o amenazan con suicidarse.
  4. Los sobrevivientes.
  5. Los sujetos vulnerables en situación de crisis.(3)

Pasemos a describirlos someramente.

Los deprimidos.-  La depresión es una enfermedad del estado de ánimo, muy frecuente. Sus síntomas más frecuentes son la tristeza, pocos deseos de hacer las cosas, la falta de voluntad, los deseos de morir, las quejas somáticas diversas, la ideación suicida, los actos de suicidios y los trastornos del sueño, el apetito y el descuido de los hábitos de aseo.

Algunas particularidades de los cuadros depresivos en los adolescentes son las siguientes:

  1. Se manifiestan con más frecuencia irritables que tristes.
  2.  Las fluctuaciones del afecto y la labilidad son más frecuentes que en el adulto, quien tiene mayor uniformidad en sus expresiones anímicas.
  3.  Los adolescentes tienen la tendencia a presentar más frecuentemente exceso de sueño o hipersomnia que insomnio.
  4.  Tienen mayores posibilidades de manifestar quejas físicas al sentirse deprimidos.
  5.  Muestran episodios de violencia y conductas antisociales como manifestación de dicho trastorno anímico con más frecuencia que en el adulto.
  6.  Pueden asumir conductas de riesgo como abuso de alcohol y drogas, conducir vehículos a altas velocidades, sobrios o en estado de embriaguez.
  7.  Es de suma importancia el reconocimiento de la depresión en el adolescente, pues son más proclives a realizar intentos de suicidio que los adultos en condiciones similares.

En los ancianos, la depresión se manifiesta con algunas particularidades. Paso a describirlas:

I. Depresión que se presenta como el envejecimiento normal.

En este caso el anciano muestra disminución del interés por las cosas que habitualmente lo despertaban, de la vitalidad, de la voluntad; ten­dencia a revivir el pasado, pérdida de peso, trastornos del sueño, algunas quejas por falta de memoria, tiende al aislamiento y permanece la mayor parte del tiempo en su habitación. (Para muchos este cuadro es propio de la vejez y no una depresión tratable.)

II.  Depresión que se presenta como envejecimiento anormal.

En el anciano aparecen diversos grados de desorientación en lugar, en tiempo y  con respecto a sí mismo y a los demás: confunde a las personas conocidas, es incapaz de reconocer lugares; aparece deterioro de sus habilidades y costumbres, relajación esfinteriana, esto es, se orina y defeca sin control alguno, trastornos de la marcha que hacen pensar en una enfermedad cerebrovascular, trastornos de conducta como negarse a ingerir alimentos, etc. (Para muchos este cuadro es propio de una demencia con carácter irreversible y no una depresión tratable.)

III. Depresión que se presenta como una enfermedad física, somática u orgánica.

El anciano se queja de múltiples síntomas físicos, como dolores de espalda, en las piernas, en el pecho, cefaleas. Puede quejarse también de molestias digestivas como digestión lenta, acidez, plenitud estomacal sin haber ingerido alimentos que lo justifiquen; tiende a tomar ­la­xantes, antiácidos y otros medicamentos para sus molestias gastrointestinales; refiere pérdida de la sensación del gusto, falta de apetito y disminución del peso, problemas cardiovas­cula­res como palpitaciones, opresión, falta de aire, etcétera. (Para muchos este cuadro es propio de alguna enfermedad del cuerpo y no una depresión tratable.)

IV. Depresión que se presenta como una enfermedad mental no depresiva.

El anciano se queja de que lo persiguen, que lo vigilan, que le quieren matar, que todas las personas hablan de él, y al preguntarle por que sucede todo eso responde que lo merece por ser “el peor ser humano que hay en el mundo”, “el mayor de todos los pecadores” y otras expresiones similares que tienen un trasfondo depresivo.

V. Depresión que se presenta como enfermedad mental depresiva.

–Ánimo deprimido la mayor parte del día durante todos los días.

–Marcada reducción del placer o el interés en todas o la mayoría de las actividades diarias.

–Disminución de peso sin someterse a dieta o ganancia de peso (del orden de un 5%).

–Insomnio o hipersomnia diarios.

–Agitación psíquica y motora o retardo psicomotor.

–Fatiga o pérdida de energía diariamente.

–Sentimientos de culpa inapropiados, que pueden conducir a delirios de culpa.

–Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse e indecisión la mayor parte del día.

–Pensamientos recurrentes de muerte o de suicidio.

Como se evidencia, no es conveniente atribuir cualquier síntoma del anciano a su vejez, a los achaques de la misma, a una demencia o a una enfermedad física, pues puede ser la manifestación de una depresión tratable y, por tanto, puede recuperar su vitalidad y el resto de las funciones comprometidas. Si no se diagnostica adecuadamente, se puede hacer crónica y en el peor de los casos, terminar su vida con el suicidio.(4)(5)

II.- Los que han intentado el suicidio.

Según algunos estudios entre 1% a 2 % de los que intentan el suicidio se suicidan durante el primer año de haber realizado dicha tentativa de suicidio y entre el 10% a 20% durante el resto de sus vidas.

III.- Los que tienen ideas suicidas o amenazan con suicidarse.

Tener ideas suicidas no necesariamente conlleva riesgo de cometer un suicidio, pues en múltiples investigaciones se ha encontrado un grupo de individuos que durante sus vidas han tenido este tipo de pensamientos y jamás han realizado una autoagresión. Sin embargo, cuando la idea suicida se presenta como un síntoma de una enfermedad mental con una elevada tendencia suicida, con una frecuencia creciente, una detallada planificación y en circunstancias que facilitan que se lleve a cabo, el riesgo de cometer suicidio es muy elevado.

IV.- Los sobrevivientes.

Se consideran sobrevivientes, aquellas personas muy vinculadas afectivamente a una persona que fallece por suicidio, entre los que se incluyen los familiares, amigos, compañeros e incluso el médico, psiquiatra u otro terapeuta que la asistía.

V.- Los sujetos vulnerables en situación de crisis.

Este grupo está conformado principalmente por los enfermos mentales no deprimidos, entre los cuales se encuentran los esquizofrénicos, los alcohólicos y otros drogodependientes, los trastornos de ansiedad y de la personalidad, los que padecen trastornos del impulso entre los que sobresalen el juego patológico.

Se incluyen además aquellos individuos que padecen enfermedades físicas terminales, malignas, dolorosas, incapacitantes o discapacitantes que comprometen sustancialmente la calidad de vida. Son vulnerables también determinados grupos de individuos como las minorías étnicas, los inmigrantes que no logran adaptarse al país receptor, los desplazados, torturados, víctimas de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.(6,7)

Cuando estos individuos  se encuentran sometidos a una situación conflictiva o a un evento significativo que rebasa sus capacidades de resolución de problemas, pueden emerger las tendencias suicidas.

Los sujetos de cualquier grupo de riesgo cuando están en crisis pueden comunicar sus intenciones suicidas de diversas maneras como por ejemplo:

  • Ha amenazado con suicidarse
  • Ha dicho que tiene deseo de matarse
  • Ha dicho que tiene deseos de morirse
  • Ha dicho que los demás se sentirían mejor si el no existiera.
  • Ha dicho que es mejor estar muerto que vivo  
  • Ha dicho que tenía malas ideas
  • Ha dicho que ya no tendrán que seguir soportándolo
  • Ha dicho que no quiere seguir viviendo.
  • Ha dicho que para vivir así es preferible estar muerto
  • Ha dicho que ha pensado acabar con su vida
  • Ha dicho que quiere terminar de una vez por todas.
  • Ha dicho que la vida no es digna de ser vivida.
  • Ha dicho que no quiere seguir siendo una carga para los demás.
  • Ha dicho que la vida no valía la pena vivirla.
  • Ha dicho que quiere matarse.
  • Ha dicho que le gustaría dormirse y no despertar nunca mas
  • Ha dicho que esta cansado de la vida. ( 8, 9) 

Una vez conocidas algunas formas de la comunicación suicida, los familiares deben conocer aquellas situaciones que conllevan riesgo de suicidio para incrementar el apoyo familiar durante las mismas.

Entre estas situaciones tenemos las siguientes:

I.- En la infancia:

  • Presenciar acontecimientos dolorosos (violencia familiar)
  • Ruptura familiar
  • Muerte de ser querido que brindaba apoyo emocional
  • Convivir con un enfermo mental como único pariente
  • Llamadas de atención de carácter humillante.

II.- En la adolescencia:

  • Amores contrariados
  • Malas relaciones con figuras significativas (padre, madre o maestros)
  • Excesivas expectativas de los progenitores que sobrepasan las capacidades del adolescente
  • Embarazo no deseado
  • Embarazo oculto
  • Los periodos de exámenes
  • Amigos con comportamiento suicida o que aprueban la solución suicida
  • Desengaños amorosos
  • Fenómeno trajín
  • Llamadas de atención de carácter humillante
  • Acoso o abuso sexual por parte de figuras significativas
  • Pérdida de figuras significativas por separación, muerte o abandono
  • Periodos de exámenes
  • Períodos de adaptación a regímenes militares e internados educacionales
  • Conciencia de enfermedad mental grave

III.- En la adultez

  • Desempleo (durante el primer año)
  • Esposa competitiva en determinadas culturas machistas
  • Escándalos sexuales en personalidades públicas (políticos, religiosos, etc)
  • Quiebras financieras
  • Hospitalización psiquiátrica reciente
  • Egreso hospitalario por enfermedad mental grave

IV.- En la vejez

  • Período inicial de la institucionalización
  • Viudez durante el primer año en el hombre y durante el segundo año en la mujer
  • Estar sometido a maltratos físicos y psicológicos
  • Enfermedades físicas que deterioran el sueño (insomnio crónico)
  • Asistencia a la pérdida de las facultades mentales (10, 11, 12)

Ante cualquier sujeto perteneciente a uno de los grupos de riesgo que se encuentre inmerso en una situación de riesgo de cometer suicidio como las señaladas con antelación se impone la exploración exhaustiva de la ideación suicida  

Formas de abordar el tema

Primera variante. Se le puede decir lo siguiente al miembro de la familia que se supone en peligro: “Evidentemente tu no te sientes bien, me he dado cuenta de eso, y desearía saber de qué forma has pensado resolver tu situación actual”. En esta variante se realiza una pregunta abierta para que el familiar pueda expresar sus pensamientos y así poder descubrir sus propósitos suicidas.

Segunda variante. Se puede escoger un síntoma de los que más moleste al familiar y apoyándose en él, indagar sobre la presencia de ideas suicidas, como por ejemplo: “Me dices que apenas duermes y yo sé que cuando eso ocurre le vienen a uno a la cabeza muchos pensamientos. ¿Podrías decirme en qué piensas cuando estás insomne?”

Tercera variante. Se puede abordar al sujeto de la siguiente manera: “Durante todo este tiempo que te has sentido tan mal, ¿has tenido pensamientos malos?”. En esta modalidad la idea suicida se hace sinónimo de pensamientos malos, aunque también se le puede calificar de ideas desagradables, barrenillos, pensamientos raros, etc. Si la respuesta es afirmativa, se debe preguntar cuáles son esos malos pensamientos, pues pueden ser temores infundados, miedo a enfermedades, a que le den una mala noticia, etc. y no necesariamente ideas suicidas.

Cuarta variante. Se le puede preguntar directamente al familiar si ha pensado matarse, lo que ­haría como se ejemplifica: “¿Has pensado en matarte por todo lo que te ocurre?; ¿has pensado suicidarte?; ¿has pensado acabar con tu vida?”.

Quinta variante. En ésta es fundamental que ambos familiares conozcan algún caso de suicidio en la familia, amigos o vecinos del individuo en riesgo, para abordarlo como sigue: “¿Estás pensando solucionar tu problema de la misma manera que lo hizo Fulano, quitándose la vida?”.

Una vez determinado si la persona tiene una idea suicida, es aconsejable continuar profundizando, con esta secuencia:

  • Pregunta: ¿Cómo ha pensado suicidarse?

Esta pregunta intenta descubrir el método suicida. Cualquier método puede ser mortal. Se incrementa el peligro suicida si está disponible y existe experiencia familiar previa de suicidios con dicho método. Se incrementa el peligro si se trata de repetidores que incrementan la letalidad de los métodos utilizados para cometer suicidio. Es de vital importancia en la prevención del suicidio evitar la disponibilidad y el acceso a los métodos mediante los cuales se pueda lesionar el sujeto.

  • Pregunta: ¿Cuándo ha pensado suicidarse?

Esta pregunta no trata de averiguar una fecha específica para cometer suicidio sino más bien determinar si el adolescente está poniendo las cosas en orden, haciendo testamento, dejando notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si espera la ocurrencia de un hecho significativo como la ruptura de una relación valiosa, la muerte de un ser querido, etc. Permanecer a solas es el mejor momento para cometer suicidio, por tanto, debe estar acompañado hasta que el riesgo desaparezca.

  • Pregunta: ¿Dónde ha pensado suicidarse?

Mediante esta pregunta se intenta descubrir el lugar en que se piensa realizar el acto suicida. Por lo general los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida, principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y amigos. Los lugares apartados y de difícil acceso, con pocas probabilidades de ser descubierto, y los elegidos por otros suicidas, conllevan un riesgo elevado.

  • Pregunta: ¿Por qué ha pensado suicidarse?

Con esta interrogante se pretende descubrir el motivo por el cual se pretende realizar el acto suicida. Los amores contrariados, la pérdida de una relación valiosa, las dificultades académicas o las llamadas de atención de carácter humillante se sitúan entre los más frecuentes. Los motivos nunca deben ser evaluados a través de la experiencia del familiar y siempre considerarlos significativos para el suicida.

  • Pregunta: ¿Para qué ha pensado suicidarse?

Se intenta descubrir el significado del acto suicida. El deseo de morir es el más peligroso pero no es el único, pues pueden referirse otras como reclamar atención, expresar rabia, manifestar a otros cuán grande son los problemas, como una petición de ayuda, para expresar frustración, para agredir a otros, etc.(2,3)

Mientras más preguntas respondan su familiar eso significa que tiene un plan suicida y el riesgo de cometer suicidio es muy elevado.

Se impone entonces la siguiente pregunta:

¿Qué debe hacer la familia cuando uno de sus miembros tiene ideas suicidas?

 Sugiero estas cuatro medidas:

  1. Nunca dejarlo a solas mientras su familiar tenga ideas de matarse
  2.  Evitar que su familiar tenga acceso a cualquier método
    que pueda ser utilizado para dañarse
  3.  Avisar a otros miembros de la familia para que contribuyan a la observación y apoyo emocional al familiar en crisis suicida.
  4.  Acercar a su familiar en crisis suicida a las fuentes de salud mental para recibir atención especializada

Conclusiones

Recuerde: La crisis suicida dura horas, días, raramente semanas, por lo que el objetivo fundamental es mantener a su familiar con vida hasta llegar a recibir atención especializada

Nunca  olvide: El suicidio es una muerte EVITABLE

Bibliografía

  1. Pérez Barrero SA; Sereno Batista A. Conocimientos de un grupo de adolescentes sobre la conducta suicida. Revista Internacional de Tanatología y Suicidio Vol 1.N° 2 Junio.  7-10. 2001.
  2. Perez Barrero SA. Psicoterapia para aprender a vivir.
  3. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. .2003
  4. Pérez Barrero SA.- La adolescencia y el comportamiento suicida. Ediciones Bayamo. 2002.
  5. Perez Barrero SA Manejo de la crisis suicida del adolescente BSCP Can Ped 2004;28-Nª 1:79-89
  6. Pérez Barrero, SA.: El suicidio, comportamiento y prevención, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1996.
  7. Pérez Barrero, SA Lo que usted debiera saber sobre... SUICIDIO, Imágenes Gráfica S.A., México DF. , 1999.
  8. Pérez Barrero, SA: Psicoterapia del comportamiento suicida, Ed. Hosp. Psiq. de La Habana 2001
  9. Quinnet P. (1995). PPR. Haga una pregunta, salve una vida. Instituto Quinnet. USA
  10. Wasserman D (2001). Suicide- an unnecessary death. Edited by Martin Dunitz.
  11. WHO. Preventing suicide: a resource for primary health care workers. Geneva, 2000
  12. WHO. A resource for teachers and other school staff, Geneva, 2000
  13. WHO. A resource for general physicians. Geneva, 2000