En la actualidad, se desconocen con exactitud cuáles son las causas que provocan el desarrollo y mantenimiento de la enfermedad. Tal y como afirman Cruz et al. (2005), es muy probable que el surgimiento de la enfermedad tenga una base multicausal. Como apuntan los autores, pese a que la mitad de enfermos niega la experiencia de factores desencadenantes, la otra mitad sí reconoce la existencia de algún proceso al inicio de la patología. Las causas más comunes suelen ser procesos o enfermedades de tipo viral, traumatismos, intervenciones quirúrgicas o estrés emocional.
Aunque se ha sugerido que el origen de la enfermedad puede deberse a un trastorno de somatización, la experiencia clínica y las investigaciones obtienen resultados que no apoyan esta idea, sino que giran en torno a procesos de tipo psicofisiológico (Leza, 2003 citado por Cruz et al. 2005).
Pese a que el estudio de los desencadenantes de la patología ha sido uno de los campo de estudios más productivos en la investigación de la enfermedad, todavía no existe un conocimiento claro de las causas y mecanismos que provocan la misma. En una revisión realizada por Restrepo-Medrano et al. (2009) se identifican algunos factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad que se han estudiado desde el año 1992 (año en que la enfermedad fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud).
Los resultados obtenidos fueron los siguientes:
En la mayoría de estudios se investigó la relación del estrés con la aparición de la enfermedad. Debido al sufrimiento de estrés, se producirían cambios fisiológicos a nivel cerebral, cuyas manifestaciones se revelarían en cambios hormonales y funcionamiento anormal del Sistema Nervioso Autónomo. Este tipo de alteraciones provocaría el inicio de los síntomas en los enfermos. También se encontraron estudios que investigaban la relación del estrés ocupacional y la Fibromialgia, obteniendo resultados significativos; o el padecimiento de Trastorno por Estrés Postraumático (TEP) y su comorbilidad con la enfermedad (individuos que sufren TEP tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir Fibromialgia que la población general).
Otro de los resultados obtenidos en la revisión tiene que ver con la ocurrencia de traumas físicos o de tipo sexual y la aparición de la enfermedad. En todos los estudios revisados se encontró que las personas que habían sufrido algún tipo de trauma, tanto de tipo físico (principalmente cervical) como de tipo sexual (violación) o maltrato infantil, tenían mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad en comparación con la población general.
En la revisión citada también se estudiaron investigaciones que evaluaban otro tipo factores de riesgo, como la presencia de Hepatitis C, el tipo de ocupación, factores sociodemográficos, hábito tabáquico o factores hormonales, encontrando resultados significativos solamente para la asociación del virus de la Hepatitis C, el tipo de ocupación y variables sociodemográficas (nivel educativo y desempleo) con la Fibromialgia.
En un estudio teórico llevado a cabo por García-Bardón et al. (2006), se pone de manifiesto la ausencia de alteraciones a nivel anatomopatológico en las estructuras del aparato locomotor. Además, según los autores, tampoco existen evidencias claras de las disfunciones existentes en los tejidos musculares, aunque parece que existen ciertas alteraciones en la morfología y función del tejido blando. Tampoco existen resultados concluyentes con los que se pueda afirmar que existe una lesión en el Sistema Nervioso (tanto periférico como central). La evidencia de las diferentes investigaciones, pone de manifiesto que sí que existe una alteración a nivel de los mecanismos de procesamiento del dolor, debido a una alteración en los moduladores que se encargan de esta función en el Sistema Nervioso Central (Rivera et al., 2006). En este sentido, una justificación a este tipo de alteración reside en el impacto que, el estrés, produce a nivel cerebral y por tanto a nivel hormonal, modificando estructuras y funciones que podrían desencadenar en el desarrollo de la patología. (Van der Hart et al. 2002; Sandi, 2004; citados por García Bardón et al. 2006) Este resultado iría en consonancia con los obtenidos por las investigaciones que han estudiado la relación existente entre trauma (acontecimiento vital estresante), sufrimiento de estrés emocional, TEP y Fibromialgia, anteriormente descritas. La experiencia de acontecimientos vitales estresantes puede desencadenar diversos procesos en el organismo que puedan resultar en el desarrollo de la enfermedad a través de diferentes procesos psicofisiológicos. En este sentido, la investigación debería encaminarse a la evaluación de los factores de vulnerabilidad y predisponentes que sostienen el factor distintivo entre aquellos pacientes que, a pesar de sufrir un acontecimiento vital estresante, no desarrollan la enfermedad.