Intervención Psicológica

La intervención psicológica tiene como principal objetivo controlar “los aspectos emocionales (ansiedad y depresión, principalmente), cognitivos (la percepción de la propia eficacia, la creencia sobre la capacidad personal para sobreponerse o manejar los síntomas de la Fibromialgia), conductuales (actividades ordinarias que se ven reducidas o eliminadas como consecuencia de la Fibromialgia) y sociales (impacto de la enfermedad en la esfera sociofamiliar del paciente) (García-Bardón, 2006).

Como demuestran los estudios, los pensamientos distorsionados y las creencias irracionales sobre la percepción de uno mismo y de su situación actual se relacionan directamente con el dolor y la incapacidad personal en el desarrollo de una enfermedad crónica. Además, el significado que el individuo aporta de la situación, la manera en la que construye y atribuye un significado a la misma, determina la percepción del dolor y la forma en la que se presentan los síntomas. Esta claro que los esquemas cognitivos, al igual que sucede en otro tipo de patologías, juegan un papel crucial en el curso de la patología, suponiendo un importante factor de riesgo. Se ha demostrado que la existencia de cogniciones negativas acerca del dolor correlaciona con la intensidad percibida de este, el malestar emocional general del enfermo y la interferencia del dolor en la vida diaria. Además, los estilos de afrontamiento que pone en marcha el sujeto predicen el curso crónico de la enfermedad, las percepciones catastróficas sobre la misma o el temor a futuros problemas o lesiones. (Mingote et al. 2002).

En el estudio llevado a cabo por García-Bardón et al. (2006), el 68, 5% de los pacientes que se sometieron al programa de intervención desarrollado por los autores presentaban antes del tratamiento algún tipo de trastorno psicológico. Las patologías que aparecían con mayor frecuencia eran la distimia (19.2%), el trastorno depresivo mayor (17.8%), el trastorno ansioso-depresivo secundario a una enfermedad orgánica (12.3%), trastorno de ansiedad generalizada (2.7%) y el trastorno adaptativo (1.4%).

Como se puede observar, la intervención psicológica en este tipo de trastornos se ve justificada por la importante carga que tienen estos factores tanto en la evolución como en el mantenimiento de los síntomas. Pese a no estar clara la influencia de este tipo de factores en el origen de la Fibromialgia, como ya se ha comentado, los estudios apuntan a varias hipótesis donde factores como el estrés o el sufrimiento de traumas pueden tener un papel importante, y por ende, la intervención psicológica a nivel de prevención primaria también jugaría un papel relevante.

La intervención psicológica se ha dividido frecuentemente en los estudios llevados a cabo sobre intervenciones en Fibromialgia en aquellos que emplean terapia cognitivo-conductual y aquellos que emplean la educación/información como proceso terapéutico.

1. Terapia Cognitivo-Conductual

Este tipo de intervención esta basado en la adición a las técnicas operantes propias de la modificación de conducta, todas aquellas estrategias cognitivas basadas en la distracción y en la transformación imaginativa del dolor y del contexto (Cruz et al. 2005). Los resultados obtenidos en este tipo de intervenciones son significativos en la mayoría de investigaciones llevadas a cabo. En un estudio realizado por Moioli y Merayo (2005), tras la intervención donde se trabajaban técnicas de relajación (progresiva, pasiva y autohipnosis), autoconcepto, estados emocionales, habilidades sociales junto con un programa de entrenamiento físico, las pacientes mejoraban notablemente en diversos componentes de la enfermedad. Tras la finalización del programa, los niveles de ansiedad, depresión y dolor disminuyeron notablemente. Estos resultados son comparables a los obtenidos en otro trabajo, donde se aplicó una intervención cognitivo-conductual basada en el entrenamiento en relajación, el desarrollo de estrategias de afrontamiento y la información sobre el dolor. En este estudio, llevado a cabo por Pérez et al (2010), los pacientes obtuvieron una mejoría clínica en la sintomatología ansiosa y depresiva. Según afirman los autores, la eficacia de este tipo de acercamientos en el tratamiento de la Fibromialgia residiría principalmente en la enseñanza de estrategias de afrontamiento eficaces a los pacientes para hacer frente de forma adecuada a las demandas que presenta la enfermedad, haciendo posible una mejor adaptación del individuo al sufrimiento de esta, conllevando así una mejora en su estado emocional y en su calidad de vida.

2. Educación Sanitaria

Las intervenciones que se sustentan en proporcionar al paciente información sobre la enfermedad, el curso de esta y su tratamiento también han resultado tener efectos positivos (García-Campayo et al. 2005; García-Bardón et al. 2007). En un estudio llevado a cabo por Mayorga-Buiza et al. (2010), donde se aplicó un programa de intervención en educación sanitaria, se muestran efectos positivos en diversas variables de la enfermedad. El programa que se aplicó se basaba en el desarrollo de cuatro sesiones de educación, en un intervalo de dos meses, cuyo contenido de las sesiones consistía en información general de la enfermedad, explicación de la naturaleza benigna de la misma, orientación sobre las posibles causas, influencia del estado de animo y de los mecanismos de afrontamiento sobre su curso, información acerca de medidas físico/rehabilitadoras e higiene postural y técnicas de relajación. Tras la aplicación del programa, los pacientes mejoraron la percepción de su calidad de vida, se redujo la sintomatología ansioso-depresiva, y como resultado principal, los pacientes redujeron sus visitas a atención primaria en un 60%. En otro estudio llevado a cabo por García-Campayo et al. (2005), donde se implantó una intervención basada en la exposición de información acerca de la enfermedad (qué es la Fibromialgia, por qué se produce, cuáles son sus síntomas, como se diagnostica y que medios existen para tratarla), los resultados se mostraron, de nuevo, significativos.