Intervención Rehabilitadora

La mala condición física general de los pacientes que sufren Fibromialgia puede contribuir a la perpetuación del dolor, por lo que uno de los tratamientos más recomendados en la enfermedad consiste en la realización de ejercicio aeróbico de baja intensidad (andar, montar en bicicleta o nadar en piscinas con agua caliente) (Cruz et al. 2005). Según la revisión realizada por Fernández et al. (2008), la prescripción de ejercicio físico ha mostrado resultados significativos en la sintomatología desarrollada por los enfermos que padecen esta enfermedad. Según recoge el autor, los criterios proporcionados por el “American College of Sport Medicine” (ACSM), son los siguientes: “la frecuencia del ejercicio físico debe ser de al menos 2 días por semana, con una intensidad de ejercicio entre 40% y 85% de la frecuencia cardíaca de reserva, o entre el 55% y el 90% de la frecuencia cardiaca máxima. Además, la duración del ejercicio debe ser de al menos 20 min. (entre 20 y 60 min.), ya sea mediante ejercicios continuos o ejercicios intermitentes distribuidos a lo largo del día. El uso de este ejercicio de tipo aeróbico debe extenderse a lo largo de, al menos, 6 semanas”. En una revisión citada por los autores (Busch et al. 2002, citado por Fernández et al. 2008) se estudiaron las conclusiones de diferentes estudios llevados a cabo con pacientes que sufrían Fibromialgia a los cuales se les había aplicado un tratamiento basado en ejercicio aeróbico. Las conclusiones a las que llegaron los investigadores tras el análisis de estos estudios fueron las siguientes: las mejoras más significativas se encuentran en el factor de bienestar personal, aunque también se han encontrado efectos de nivel moderado en la forma física de los pacientes sometidos a este tratamiento. Sin embargo, los efectos de la intervención sobre la fatiga, el dolor o el sueño son, en general, débiles e inconsistentes. Además, tampoco existe evidencia sólida de que el ejercicio mejore de forma significativa el estado psicológico de los enfermos. La combinación de varias modalidades de ejercicio tampoco producía mejores resultados.

Actualmente se han seguido llevando a cabo estudios, donde las intervenciones se han basado en la aplicación de programas de entrenamiento fundamentados en el ejercicio físico. En una revisión más actual de estos estudios (Fernández et al., 2008), se pone de manifiesto que uno de los problemas principales de este tipo de intervenciones es la falta de adhesión al tratamiento. En la mayoría de los casos el dolor intenso, el estrés, la discapacidad, el estado de ánimo depresivo o el apoyo social son factores que impiden al individuo una implicación constante en el inicio y desarrollo del programa. Además, en congruencia con los resultados obtenidos en la anterior revisión, se pone de manifiesto que el ejercicio sigue sin mejorar de forma significativa y estable aquellos síntomas centrales del cuadro clínico, como son la fatiga, el dolor o el estado psicológico. Los datos obtenidos en otras revisiones, resultan similares, aunque difieren en ciertos aspectos (Busch et al., 2008). En esta nueva revisión realizada como actualización por los mismos autores que la llevaron a cabo en el 2002, se obtuvieron resultados parecidos en relación al tamaño del efecto moderado del ejercicio aeróbico sobre la función física y general, pero también se encontraron efectos positivos sobre el dolor. Pese a las numerosas limitaciones que se presentan en los estudios, tal y como se ha descrito anteriormente, esta nueva revisión pone de manifiesto que el ejercicio aeróbico produce efectos significativos en la depresión, los puntos sensibles, el bienestar general, la función física, la autoeficacia y los síntomas.

En general, se hace necesario la investigación más en profundidad en este ámbito, intentando aplicar medidas y técnicas de intervención psicosociales que en un primer momento, fomenten la adhesión al tratamiento por parte de los pacientes, de forma que los investigadores tengan certeza de que éste ha llevado a cabo el programa de entrenamiento de forma adecuada. Para ello, se hace indispensable mejorar aspectos como el dolor o el estado psicológico del sujeto, con el fin de establecer una capacidad funcional base a partir de la cual, el enfermo pueda comenzar los ejercicios. La intervención psicológica en este punto puede ayudar al enfermo en el fomento de la adhesión al tratamiento y anteriormente, en la mejora de la función general del individuo que le permita llevar a cabo los ejercicios prescritos.