La ausencia de tratamientos eficaces lleva a los pacientes a buscar intervenciones alternativas que puedan calmar los síntomas que padecen. En este sentido, las terapias alternativas son un campo de estudio olvidado en el desarrollo de las investigaciones en Fibromialgia, pese a que los pacientes hacen uso de ellas en mayor o menor medida. La literatura actual no ofrece investigaciones suficientes para obtener conclusiones fiables acerca de la efectividad de la aplicación de este tipo de métodos en la reducción de los síntomas y la mejora de la calidad de vida de los pacientes, aunque algunos estudios ya empiezan a ofrecer algunos resultados.
En una revisión realizada por Llor (2008), se evidencia la capacidad de las terapias alternativas en la mejora de los síntomas de diversas patologías reumatológicas. En relación a la Fibromialgia, la balneoterapia reduce el dolor de forma similar al ejercicio físico, además de mejorar la sintomatología clínica, principalmente el sueño. Por otro lado, la Talasoterapia, junto con ejercicio físico y la educación sanitaria contribuye a una mejora de los síntomas y de la calidad de vida en los pacientes. Respecto a la Termoterapia, esta mejora notablemente los síntomas al establecer baños de agua caliente (38 ºC) durante quince minutos junto con el tratamiento rehabilitador propio de la patología. El ejercicio en medio acuático es una de las terapias que más evidencia posee en relación a sus efectos sobre los síntomas. Los ejercicios en piscinas de agua caliente mejoran notablemente el dolor, los síntomas psicológicos, la capacidad física y la calidad de vida a corto plazo, manteniéndose a medio plazo la mejora en el dolor y los síntomas psicológicos.
Sin embargo, Thieme et al. (2003) encontraron evidencias en contra de la aplicación de programas de termoterapia en combinación con técnicas de relajación. Tras la aplicación de este tipo de intervención, los individuos mostraron más intensidad de dolor, mayor malestar emocional y mayor interferencia producida por el trastorno en el desarrollo de las actividades de la vida diaria.
De forma general, no existe evidencia empírica fiable acerca de los beneficios de este tipo de terapias en la patología objeto de estudio. Se hace necesario un estudio más exhaustivo de las posibilidades de aplicación de este tipo de intervenciones en los pacientes que sufren Fibromialgia, con el objetivo de incluirlas o no, en planes terapéuticos estandarizados donde se integren diferentes técnicas cuyos resultados hayan sido probados.