Ensayo de Epistemología

 

Autor: Yamilka Hernández Guzmán


Cómo la discusión contemporánea de la epistemología ha afectado mi práctica psicológica.

Compartir este módulo y recibir información sobre epistemología ha dejado huellas profundas en mí como profesional de la Psicología dedicada fundamentalmente a la enseñanza de la psicología, soy profesora de un Seminario Teológico Luterano. A la psicología se le concede una parte importante en el currículum de todos los programas de estudio en nuestra institución.

Hay que decir que no siempre fue así en materia de educación teológica. Ha sido necesario recorrer un largo camino.

Tal vez alguien podría preguntarse: ¿cómo relacionar y hacer compatibles la ciencia y la fe?, ¿cómo podría un cristiano utilizar válidamente a la ciencia como una herramienta en su aproximación al mundo, y dentro de ella a la psicología?, ¿cómo armonizar los conocimientos bíblicos y la Biblia misma con los aportes que nos puede proveer una ciencia?

Para estimular la reflexión, a la vez, que intentar responder a algunas de estas interrogantes, a continuación haré ciertas precisiones:

  1. Dios se manifiesta al ser humano a través de la revelación especial (Biblia) y de la revelación general, la cual nos permite acceder a un conocimiento de Dios por medio de la Creación. En otras palabras, las personas podemos llegar a darnos cuenta que hay un Dios creador tras la observación, percepción y descubrimiento de aspectos relacionados con la naturaleza y con el ser humano mismo, por ello se dice que las ciencias nos permiten acceder a un conocimiento de Dios. Esto es posible dado que ellas investigan al ser humano y aquellos aspectos que lo afectan de algún modo, y que no son evidentes a simple vista para un observador.
  2. La psicología, que es un área de estudio dentro del campo de las ciencias sociales, podemos verla —sobre la base de lo dicho en el punto anterior— como una dimensión de la creación de Dios que se encarga de investigar más profundamente aspectos asociados con la persona, desde una perspectiva de su dinámica mental y que se refleja por medio de las conductas. Por lo anterior, su estudio puede ser una útil herramienta en manos de un creyente, quien no solo puede darse cuenta de su utilidad práctica, sino que también logra visualizar a la psicología como un medio más que Dios nos ha dado para entendernos, ayudarnos y prepararnos para apoyar a nuestros semejantes. Aquí es importante recalcar que la psicología debe ser entendida como un complemento de los elementos provistos por la «revelación bíblica». Los aportes de esta disciplina cobran un sentido de mayor profundidad en la medida que se la observa desde una perspectiva cristiana. No es que la psicología o sus postulados dejen de existir si no se basan en un fundamento bíblico, más bien la perspectiva cristiana aclara, sustenta y le da sentido al quehacer científico. Un científico cristiano se aproximará a una determinada disciplina dejando que Dios, por medio del accionar del Espíritu Santo, lo oriente en su interpretación de los elementos de la «realidad» que percibe. El conocimiento de Dios y de la Biblia le permite al cristiano contar con una cosmovisión que lo habilita para integrar los aportes que provengan de las ciencias bajo el modelo de que toda verdad proviene de Dios.

Para poder integrar la fe y la ciencia es indispensable hablar de epistemología. Es decir, de cómo sabemos lo que sabemos. ¿Cómo llegamos al conocimiento?, ¿cómo reconciliamos nuestra creencia con nuestro conocer?

«Toda verdad es verdad de Dios». De esta frase de Gary Collins entendemos que todo lo que es verdad, todo aquello que es cierto en el cosmos, esto proviene de Dios. Lo que el hombre descubre científicamente, mide y cataloga, pertenece a Dios. Porque es obra de Dios. Como vimos antes, «los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19.1). El hombre trabaja con «capital» de Dios. Y aunque el científico sea ateo, él existe, se mueve y descubre en el mundo que pertenece a Dios. Dios es autor de la revelación especial (la Biblia) y es el mismo autor (creador) de la revelación general o natural. Ya que Dios es el creador de todas las cosas, esto establece una unidad básica para toda la verdad, se encuentre en la revelación bíblica o en la experimentación científica. Cuando el psicólogo estudia al hombre, estudia una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios. Si el científico es creyente en Dios, él va a reconocer la mano, la impresión de Dios en todo lo que descubre, y para él el mundo tendrá el sentido que le da la Palabra de Dios. Por su fe en Dios el científico cristiano puede confiar, como lo hizo Newton, en que el mundo funciona de acuerdo a leyes ordenadas y entendibles, porque su creador es un Dios así. El poder predecir y confiar en estas leyes «naturales» es la base de la ciencia. Por lo tanto, el cristiano puede estudiar el descubrimiento científico que hace un ateo y encontrar verdad de Dios en su descubrimiento.

Toda verdad que nosotros podamos tener es verdad interpretada. Por lo tanto, para «captar» los «datos» con la mínima distorsión posible es necesario tener un especial cuidado: una revisión epistemológica del método científico empleado en el hallazgo de los datos

La ciencia se ha transformado para nuestra sociedad actual en una ideología y criterio de verdad indiscutible. Sin embargo, la ciencia no es objetiva «la realidad se nos ofrece solo como una posibilidad de objetividad entre paréntesis».  «El mapa no es el territorio». Estos mapas son modelos que están tamizados por filtros culturales, sociales, y psicológicos. En consecuencia, cuando un científico hace una afirmación  lo hace en paradigmas o culturas científicas compartidas.

La ciencia presupone «por la fe» la posibilidad de la existencia de una realidad externa positiva y objetiva. La ciencia es predictiva porque presupone que el cosmos se comporta en forma regular, legal, armónica, e incluso con exactitud matemática. Newton, porque creía en un Dios creador de orden, pudo establecer leyes exactas como la de gravedad.

A pesar de que la ciencia se presenta a sí misma como un cuerpo de conocimientos científicos rigurosos, objetivos, analíticos y sistemáticos, muchos descubrimientos se hacen por el «efecto serendipity» (por simple azar). El descubrimiento de la radioactividad y la penicilina son ejemplos de esto.

La ciencia y su método experimental son aplicables con gran rigor en la categoría ontológica inferior. En este estrato la física y la química han alcanzado éxitos indiscutibles. Estas ciencias han establecido leyes universales, válidas, exactas, verificables y predictivas. En la categoría ontológica inferior, de la materia inorgánica, el científico puede hacer aseveraciones «científicas». No obstante, al subir a un estrato inmediatamente superior, a la materia orgánica, se introduce el complejo fenómeno de la vida, el objeto de estudio científico se complica mucho. El conocimiento científico no puede hablar del amor,  o de cómo se vive la vida con sabiduría.

Dios desde la eternidad supo siempre que esto sería así. De manera que nos habló a través de su Hijo de aquello que el hombre nunca llegaría a conocer. Nos legó la revelación especial, su Palabra, que suple la ignorancia en las cosas importantes que al método científico le está vedado descubrir. En consecuencia, ciencia y fe son compatibles, suplen espacios convergentes del saber humano. Ambas perspectivas tienen límites, y lagunas de conocimiento. La Biblia no dice nada sobre mecánica, de informática o de matemáticas. Sin embargo, no hace falta. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Lo hizo también creativo y le dejó la comisión de señorear, administrar, descubrir y crear. Y el hombre lo ha hecho. Este producto histórico del devenir humano es la cultura. Pálido reflejo de Dios, pero finalmente es don proveniente de Dios. La ciencia es un «mapa» de la realidad empañado por el pecado. (1 Corintios 13.12). La ciencia puede sernos útil, es regalo de Dios, sin embargo, tiene limitaciones. Debemos usarla, amarla, y filtrarla...

Las relaciones entre Psicología y Religión no han sido siempre las mejores. Ha habido períodos tormentosos.

Los psicólogos del tiempo de  Wilhelm Wundt mantuvieron un absoluto silencio con relación a la religión. La tormenta estalla con las posiciones antirreligiosas de Segismundo Freud y John B. Watson. Watson  consideró que la religión era una lapa y una enfermedad del hombre. Las posiciones extremas de Freud y Watson han dejado lugar a otras más moderadas. Por ejemplo Erich Fromm (judío como Freud), aunque reconoce el daño que puede ocasionar una religión autoritaria y estamos en esto de acuerdo con él, (me refiero a una obediencia ciega, a una absoluta sumisión, tal como se practica en algunos grupos religiosos), reconoce que hay una religión verdadera y productiva.

El Dr. Erich Fromm afirma: “No existe nadie sin necesidad religiosa, la necesidad de tener un marco de orientación y un objeto de devoción”. Nótese que Fromm coloca primero el aspecto moral y después el devocional. Afirma Fromm que esta doble necesidad: Un marco de orientación y un objeto de devoción, está enraizada en las condiciones de la existencia humana, lo cual parece estar ampliamente verificado por el hecho de que la religión es un hecho universal

W. Allport, afirma que la religión contribuye a la integración de la personalidad, dando a la vida paz y significado eliminando la confusión y la tragedia. En el campo religioso han surgido muchas sospechas sobre los valores de las técnicas psicoterapéuticas, sobre todo el psicoanálisis ha recibido grandes ataques. 

La psicología ofrece modelos teóricos o mapas acerca de cómo describir y entender la «realidad». Sin embargo, un mapa es sólo eso, un modelo que intenta «acercarse» lo más fielmente posible al territorio que pretende presentar, pero que no logra reemplazarlo. La utilidad del mapa puede variar según la cantidad de elementos con que cuenta y la relevancia de los mismos. En este sentido la psicología ofrece distintos tipos de mapas que intentan describir, explicar y predecir la conducta del ser humano, pero estos modelos no son los procesos ni las conductas que las personas emiten.

Muy ligado con lo anterior está el hecho de que, si bien las ciencias sociales, y en particular la psicología pretende ser descriptiva y explicativa, ella no logra proveer una completa explicación del por qué de la conducta humana. En este sentido es importante resaltar lo tremendamente beneficioso que resulta el integrar y complementar los aportes que pueden proporcionar distintas disciplinas, distintos modos de conocer o diferentes enfoques acerca de un mismo hecho. Aquí no se trata de juntarlo todo, sino más bien de examinar distintas posturas, teorías, formas de explicar un mismo fenómeno, etc., y a partir de ello extraer lo más relevante y atingente. Así como tener como base una visión que permita integrar la diversidad dentro de condiciones de coherencia interna, con el fin de que al enfrentarnos a una situación contemos con los «mejores» elementos a mano para su explicación, resolución, predicción, etc.

Las ciencias están ocupadas de generar conocimientos, describir y explica aquellos ámbitos a los que cada uno se aboca, pero ellas no definen límites o responsabilidades por la utilización de los conocimientos que se derivan de ella. También, dependiendo del modelo o teoría que se utilice, no logran definir con precisión cuál es o hasta dónde llega la responsabilidad del individuo en sus actos. En este punto se hace relevante contar con un marco de referencia más amplio que guíe, oriente y proporcione criterios, a la vez que nos sitúe a un nivel superior de comprensión de lo que acontece a nuestro alrededor.

La Teología necesita de la Psicología como ciencia auxiliar para comprender al hombre. El hombre responde a la revelación objetiva de Dios, pero también siente dentro de sí mismo la necesidad de completamiento.?

Creo que las dos disciplinas pueden ayudarse mutuamente. Para el profesor Gustave Richard, “un medio aparentemente simple de resolver la cuestión sería el de reunir las dos funciones en una sola, el de tener pastores–psicólogos y psicólogos–pastores… es evidente que esta doble función, sólo es realizable en limitadísimo número de casos”.?

La Iglesia tiene que ser entonces una comunidad terapéutica.

PSICOLOGIA PASTORAL  es una frase moderna, resultado del impacto del desarrollo de la psicología en el ?siglo XX. En el sentido técnico no es una verdadera psicología en sí. Según Paul Johnson, ?significa? simplemente «la aplicación de la psicología al trabajo pastoral.» Para Charles F. Kemp tiene que ver con «el cuidado pastoral.» Se trata, pues, de los estudios teóricos y clínicos del ministerio pastoral.

La consejería pastoral cristiana tuvo sus inicios en la tradición judía. El rabí era el consejero comunal, además de maestro de la Torah (la Ley o instrucción divina). El facilitaba el que las personas pudieran solucionar sus situaciones de vida y manejar los conflictos y cambios cotidianos con sabiduría e integridad.

Más recientemente, en nuestro ayer, puede decirse que la consejería pastoral se circunscribía sólo a los púlpitos o altares de las iglesias. Eran los sacerdotes o pastores los únicos que podían ministrar a los necesitados de asistencia psicológica o a los feligreses angustiados, según Hoff en su libro El pastor como consejero Su voz, mandatos, recomendaciones y juicios evaluativos eran como órdenes que no se podían cuestionar. Sin embargo, ciertos conflictos de más profundidad y disfunción en la feligresía quedaban sin resolver por la falta de herramientas adecuadas, y por el desconocimiento, los prejuicios y el miedo a faltar a Dios u obstruir sus designios por parte del pastor. Es importante señalar que dicha concepción y práctica del consejo pastoral dista mucho de lo que es la consejería pastoral cristiana formalmente concebida y practicada como disciplina. Es aquí donde el movimiento integrador entre psicología y teología inicia su proceso dentro de la iglesia cristiana. Al hablar sobre la consejería pastoral como disciplina nos referimos a la interacción de carácter religioso, caracterizada por un adiestramiento profesional formal que toma en consideración los marcos de referencia clínicos y las técnicas y destrezas necesarias para ofrecer asistencia en el área de la salud mental.

El consejero pastoral que ha sido entrenado dentro de la disciplina de la consejería pastoral formal se desempeñará, sin mayores dificultades, como un profesional altamente capacitado para apoyar y asistir a sus aconsejados en la prevención, manejo y resolución de sus conflictos de vida tomando en cuenta las Sagradas Escrituras y los demás recursos de la fe.

La consejería pastoral como disciplina requiere algo más que fe y buena voluntad por parte del consejero. Reclama el uso de un sinnúmero de estrategias para el manejo de los conflictos y las situaciones de vida que provocan crisis y desorientación en aquellos que buscan nuestra ayuda.

Los líderes congregacionales, pastores y maestros de educación cristiana son quienes están más cerca de los pesares, aflicciones, temores, aspiraciones, esperanzas, tentaciones, transgresiones y decisiones personales de mucho peso que afrontamos todos dentro de la comunidad de fe.. Es por ello que la necesidad de un proceso de consejería pastoral formal tiene mayor pertinencia que nunca.

Es importante recalcar que el proceso de la consejería pastoral como disciplina exige el conocimiento de las teorías de la personalidad y de los marcos teóricos de intervención.

Hay quienes piensan que un creyente o una congregación no pueden estar enfermos mentalmente. Están en un error, así como la fe no es una vacuna contra la gripe o el sarampión, tampoco lo es contra los trastornos mentales. Un cristiano puede enfermarse emocionalmente igual que se puede enfermar de cáncer o de tuberculosis. Una congregación puede ser una comunidad psíquicamente enferma como puede ser diezmada por una epidemia. No obstante, la fe siempre es un elemento positivo y poderoso tanto para el que padece de cáncer como para aquel que padece trastornos emocionales.

Por otro lado, no es posible considerar a la salud mental como un equilibrio inmóvil, fijado en forma absoluta y definitiva. La salud mental es tan móvil como la vida humana, que está en perpetua fluctuación.

Creemos que la salud y la enfermedad mental es un problema que debe tomar muy en serio la Iglesia. Porque una comunidad enferma es incapaz de cumplir la misión para la cual el Señor la ha colocado en el mundo. Así encontramos grupos que se encierran como en ghettos y por esa razón no pueden ejercer una influencia cristiana sobre los demás. Se alienan, se hacen ajenos, extranjeros al mundo por el cual Jesucristo dio su vida (Juan 3:16).

Es necesario que tengamos en cuenta la higiene mental tanto como la higiene del cuerpo. La higiene mental es el conjunto de medios empleados para preservar o para mejorar la salud de la mente.

La Iglesia debe ser una comunidad terapéutica, dinamizada por el Espíritu Santo para hacer posible la vida plena, en Cristo, del creyente y de la congregación.

HACIA UN NUEVO PARADIGMA EN PSICOLOGÍA PASTORAL

Las consideraciones anteriores nos indican la dirección que marca un cambio de rumbo tanto en la práctica como en la teoría de la psicología pastoral.? A continuación indicamos cuatro pautas específicas a la manera de hipótesis normativas; las mismas definen una buena parte del contenido del nuevo diseño y deben considerarse como íntimamente relacionadas entre sí.

Primero, la psicología pastoral debe definirse en términos de los ministerios de la iglesia y de la teología práctica y pastoral. En tanto quehacer práctico, la psicología pastoral debe percibirse y realizarse como un «campo», es decir como psicología aplicada en el contexto de la vida y el ministerio de la iglesia y, por lo tanto, una dimensión de la pastoral. Aquí entendemos pastoral como la tarea multifacética de la comunidad de fe a la luz del proyecto de Dios para el mundo en medio de nuestra realidad social concreta. En tanto quehacer teórico, la psicología pastoral debe percibirse como una «disciplina». La disciplina de la psicología pastoral contribuye a la antropología teológica y sirve para fundamentar parcialmente la práctica y la teoría del ministerio cristiano en sentido amplio así como en sus diversas modalidades (tales como el cuidado y el consejo pastoral, la orientación y la terapia de la pareja y la familia, la educación cristiana, la predicación, y otras). Las dimensiones prácticas y teóricas de la psicología pastoral deben entenderse y apreciarse como íntimamente relacionadas entre sí y contribuyendo especialmente a la teología práctica y pastoral.

Segundo, por ser un aspecto de la pastoral de la iglesia y de la teología pastoral, la práctica y la teoría de la psicología pastoral al servicio de la iglesia y sus ministerios deben privilegiar sus fundamentos pastorales y bíblico-teológicos. Esto desde luego implica un rico diálogo y también un trabajo interdisciplinario creativo, especialmente con las ciencias humanas ? En el caso particular de la psicología, la presencia de elementos metapsicológicos, es decir incorporados desde más allá de la psicología misma como ciencia, nos presenta un doble desafío. Tal desafío consiste en que todas las corrientes o escuelas psicológicas, y de manera especial aquellas aplicadas a la psicoterapia (y por lo tanto potencial y directamente útiles para el consejo pastoral especialmente) incluyen supuestos básicos sobre la naturaleza de la realidad y también diversas implicaciones ético-valorativas Por tal motivo es necesario ejercer constantemente un discernimiento cuidadoso de nuestros marcos normativos respecto a la visión del mundo y de la vida y la naturaleza de la realidad que es parte del contenido de nuestra fe. Y también es indispensable mantener claridad respecto a las cuestiones epistemológicas y metodológicas involucradas en el trabajo interdisciplinario. En el próximo párrafo explicitamos brevemente nuestra manera de abordar este desafío.

Las perspectivas y contribuciones psicológicas deben considerarse como diferentes de las interpretaciones teológicas pero junto con ellas. Además, el material psicológico debe utilizarse crítica y constructivamente dentro de nuestra comprensión y marco teológico normativo más amplio. En otras palabras, privilegiar los fundamentos pastorales y bíblico-teológicos en la relación entre la psicología y la teología para nosotros significa la aplicación del llamado «modelo de Calcedonia» con sus tres rasgos formales:

  1. diferenciación—las disciplinas no deben confundirse o cambiarse en forma reduccionista (por ejemplo interpretando toda conducta psicológicamente o teológicamente) sino que debe preservarse la integridad única de cada cual.
  2. unidad—ambas disciplinas se consideran lado a lado, sin separación o división porque las dos presentan lecturas necesarias y complementarias de la situación humana.
  3. orden o asimetría—las disciplinas se relacionan en forma asimétrica, es decir con la prioridad conceptual de la teología sobre la psicología.

Tercero, la psicología pastoral ha de dar atención prioritaria a la formación, la transformación y la capacitación de la comunidad de fe. Como hemos afirmado reiteradamente, la iglesia debe ser un contexto de salud y sanidad y una ecología de cuidado y discipulado. Ahora debemos destacar que nuestros esfuerzos específicos han de estar enfocados principalmente hacia la formación de la iglesia en conformidad con la vida de Dios en el mundo. En otras palabras, las consideraciones que tradicionalmente han predominado en nuestra comprensión de la psicología pastoral con respecto a la «salud mental y emocional» por cierto no se descartan; seguirán atendiéndose pero pasarán a un segundo plano. Lo que importa prioritariamente es la formación de discípulas y discípulos de Jesucristo según criterios de fidelidad y madurez espiritual. De modo que el valioso instrumental de la psicología, y muy especialmente en el caso del consejo pastoral, recibe un nuevo ímpetu, un nuevo sentido de dirección, y un nuevo reto.

Cuarto, la psicología pastoral ha de orientarse hacia la meta de promover el emerger humano a la luz de Jesucristo y el evangelio del reino. Como en todo ministerio, en el caso de la psicología pastoral obramos con la convicción de ser colaboradores del Espíritu divino a la manera de socias y socios suyos, por así decir. El aprendizaje transformador, el crecimiento y la maduración, la salud y la sanidad no son el fruto directo de nuestros esfuerzos sino que son dádivas divinas (1 Cor 3:5–11); sin embargo nuestra contribución es indispensable en todo proceso de humanización—o sea, llegar a ser «más humanos»—aunque tal proceso se comprenda primordialmente en perspectiva teológica. En otras palabras, utilizamos la palabra promover en el sentido múltiple de acompañar y colaborar, estimular, apoyar, facilitar y guiar procesos de formación y transformación determinados por la experiencia y la comprensión de Jesucristo como paradigma de vida y ministerio.

En este contexto, por lo tanto, nos referimos al emerger humano en términos de la dádiva y la promesa divina de auténtica libertad y plenitud humana. Estamos aludiendo por lo tanto a la restauración de la imagen de Dios en la persona humana.El emerger humano es visto entonces como promesa y don de Dios y también como invitación suya y responsabilidad nuestra. Es por eso que esta manera de concebir el emerger humano no puede reducirse a las nociones psicológicas de desarrollo, maduración, y salud aunque, como ya hemos señalado, debemos saber establecer conexiones con el desarrollo humano «natural» y con el conocimiento psicológico como tal. Con la frase «a la luz de Jesucristo» se identifica la norma fundamental de la salud y la plenitud humana, tal como se expresa en la Carta a los Efesios (4:15), «…crezcamos en todo…en Cristo». La norma es nada menos que Jesucristo mismo, el paradigma para todas y para todos—es decir, formarnos y trasformarnos a su medida—al tiempo que llegamos a ser versiones personales únicas del amor de Dios—o sea que Cristo va asumiendo nuestra forma especial también.

Nuestra práctica y reflexión nos ha conducido a proponer que la noción de la «forma de Cristo» puede y debe identificarse concretamente también en términos de la estructura del espíritu humano,? si es que habrá de suplir el contenido esencial en la orientación de nuestro ministerio. Así hemos descubierto que cabe hablar de tal forma trinitariamente y en forma correlativa a la concepción trinitaria de la iglesia: la psicología pastoral (y el consejo pastoral en particular) contribuye a promover el emerger humano en la medida en que tal ministerio se orienta hacia el crecimiento de la visión del Dios viviente, la virtud de Cristo, y la vocación del Espíritu; las tres dimensiones son inseparables y deben considerarse en íntima relación entre sí.

CONCLUSIONES

El modelo positivista ha atravesado todas las ramas del conocimiento humano para transformarse más bien en una cultura, y la iglesia cristiana no ha estado exenta. Nos ha constituido como Sujeto cognoscente y al mismo tiempo como Objeto de investigación.  

También yo era del criterio que la epistemología sólo era necesaria para tomar partido a favor de una determinada metodología de investigación. Tal vez debido a las carencias del plan de estudio en que fui formada o a las insuficiencias en mi auto preparación.

El hecho de la constitución múltiple del Objeto, el Sujeto y el Método ha despertado una nueva mirada a mi realidad práctica.

Me ha hecho cuestionar posiciones adoptadas desde lo teórico y buscar nuevas alternativas de respuesta.

La complejidad del comportamiento humano demanda de nosotros nuevos retos, que los paradigmas alternativos tratan de ayudarnos a desentrañar.

Otro aspecto relevante fue la cuestión de la vigilancia epistemológica y cómo son mis intenciones las que determinan cual es la posición metodológica asumida por mí.

Este módulo me enseñó a dudar de todo, no creer nada a pie juntillas, exigir a toda tesis sus fundamentos y sus fuentes del conocimiento, lo cual es según Vigotsky, la primera regla de la metodología de la ciencia.

He perdido el miedo a la discusión epistemológica porque me ayuda a una mejor construcción de mi objeto de estudio y a mantenerme vigilante ante cualquier ruptura epistémica.

ES NECESARIO MANTENER UN ESPÍRITU CRÍTICO, ELEVARSE POR ENCIMA DEL CONTENIDO REAL Y PONER A PRUEBA SU SIGNIFICADO ESENCIAL.