Personalidad y Relaciones Humanas

 

Autor: Gemma Ruiz Purcet - Psicóloga Humanista Integradora


Con el objetivo de relacionarnos de una forma más satisfactoria en los diferentes ámbitos de nuestra vida, resulta útil conocer algunos aspectos de la personalidad humana. El modelo psicológico del Análisis Transaccional explica de una manera sencilla su estructura y funcionamiento, por lo que conocerlo nos puede ayudar a comprender mejor nuestras interacciones con el mundo y con el otro.

Veamos primero la estructura básica de la personalidad desde el Análisis Transaccional:

Cómo aclaración, especificar que cuando escriba "niño", "adulto", "padre" con letra minúscula me referiré a la persona real y cuando lo haga con mayúscula me estaré refiriendo al Estado del Yo de la personalidad.

La personalidad del ser humano puede estructurarse en  tres Estados del Yo:

Estado Padre (P): comportamientos, pensamientos y sentimientos copiados de las figuras parentales que hemos tenido. Desde él usted siente, piensa y actúa igual que lo hacía su padre o su madre cuando usted era pequeño/a, o según los mensajes interiorizados de maestros/as u otros adultos de relevancia en su vida.

Estado Adulto (A): aprecia la realidad presente en el “aquí y ahora” de forma objetiva. Calcula las posibilidades y las probabilidades sobre la base de su experiencia y conocimientos.

Estado Niño (N): contiene los impulsos innatos y los recuerdos de sus primeras experiencias, de cómo respondió a ellas y de las posiciones que adoptó con relación a usted mismo y a los demás. Es la parte que siente, piensa y actúa igual que lo hacía cuando era un/a niño/a.

De forma muy simplificada: Cuando emito juicios o valores, estoy en mi estado Padre. Cuando pienso y analizo las posibilidades que tengo de conseguir algo y busco información objetiva y me planifico para lograrlo, estoy actuando desde mi Adulto. Cuando siento vergüenza, rabia, alegría o cualquier otra emoción, estoy en mi estado Niño.

Profundicemos un poco más en las funciones de estos Estados:

  • Análisis funcional del Estado Padre: P

Cuando la persona activa su Estado Padre puede funcionar de diferentes maneras, en relación a cómo se trata a ella misma y a los demás:

PADRE NUTRICIO (PN):

Padre Nutricio positivo (PN+): trato protector y considerado: ayudando, dando permisos adecuados, explicando lo que está bien y es justo, acariciando y consolando cuando conviene, haciéndose cargo de los problemas y favoreciendo soluciones.

Padre Nutricio negativo (PN-): sobreprotector, da permisos inadecuados y ayuda menospreciando, desde una postura superior, demasiado posesivo.

PADRE CRÍTICO (PC):

Padre Crítico positivo (PC+): puede comportarse protegiendo cuando es necesario, dando normas oportunas, orientando de forma conveniente, velando por la seguridad de los demás.

Padre Crítico negativo (PC-): demasiado crítico, juzga y evalúa descontando las propias capacidades o las del otro, prohibiendo, acusando, señalando.  Acompleja o inhibe, infunde miedo. Se piensa poseedor de la verdad absoluta, está lleno de opiniones y prejuicios, generalmente irracionales.

  • Análisis funcional del Estado Adulto: A

Se caracteriza por su objetividad. Es como un ordenador que capta los datos, los combina y los trata de forma lógica para tomar la decisión más adecuada. Cuando la persona funciona de esta manera lo hace desde su Adulto de una forma positiva (A+).

Sin embargo, en ocasiones la persona puede engañarse,  interpretar mal o actuar con demasiada frialdad y entonces actuará desde un Adulto Negativo (A-).

  • Análisis funcional del Niño: N

También en el Niño existen diferentes formas de funcionar:

NIÑO NATURAL (NN):

Esta parte del Estado Niño es la que responde impulsivamente a las sensaciones de su propio cuerpo sin atender a las normas. Es la parte más natural, sin censuras. No obstante, el NN no siempre es positivo, también puede ser miedoso o egocéntrico.  Si bostezo sin taparme la boca en público, estoy satisfaciendo los impulsos del NN, pero no resulta muy adecuado.

EL PEQUEÑO PROFESOR (PF):

Es la parte del Estado Niño intuitiva, pre- lógica, la que nos da soluciones creativas.  Es como el Adulto del Estado Niño, busca el equilibrio entre las demandas del exterior y las de su interior. Pero a la vez  es simple y primitivo, no razona, por lo que, a menudo, toma decisiones equivocadas y saca conclusiones erróneas. Por ello es conveniente que funcione en la persona conjuntamente con el Estado del Yo Adulto.

NIÑO ADAPTADO (NAS / NAR):

El niño, desde el instante en que fue engendrado, está en continua interrelación con su medio. Su proceso de adaptación y desarrollo va a depender de las condiciones ambientales y de cómo responde a ellas. El Niño Adaptado es la parte de nuestra personalidad que se amolda a su entorno para adaptarse y sobrevivir. Todos estamos gran parte del tiempo en el Niño Adaptado, debemos seguir miles de normas para vivir en sociedad y ser aceptados en ella.

La persona, en su infancia, tiene diversas posibilidades de responder a su medio: puede tender a hacer aquello que los demás esperan de él, de forma sumisa, Niño Adaptado Sumiso (NAS), o puede actuar haciendo lo contrario o demorando lo que se le pide, Niño Adaptado Rebelde (NAR). Este tipo de comportamientos se inician en la infancia y suelen mantenerse durante la edad adulta como un patrón automático de funcionamiento en el mundo.

Cuando una persona espera que se ponga verde el semáforo o pide su turno al llagar a una sala de espera, está actuando desde su NAS+; si alguien se le cuela en una cola y es incapaz de mostrarse asertivo, actúa desde su NAS-. Del mismo modo, quien se manifiesta  y lucha por vencer una injusticia activará su NAR+  y quien siempre hace lo contrario que se le pide o molesta para llamar la atención estará en su NAR-.

En general, estos Estados del Yo, no se manifiestan en la persona de forma equilibrada. Esto depende, por un lado, de las conductas que nuestros padres nos han reforzado más o menos y por otro, de nuestro propio temperamento.  Por ejemplo, podemos observar un estado Padre muy grande, un Adulto mediano y un estado Niño pequeño, en este caso, estaríamos ante una persona que se deja llevar por sus juicios de valor y “lo que debe ser”, atendiendo poco a los datos objetivos de la realidad inmediata y sin tener en cuenta la parte emocional propia y ajena. Posiblemente, a esta persona, le acariciaron mucho cuando cumplía las normas y los “deberías” y no le estimularon que analizara el mundo de una forma objetiva ni que atendiera a las emociones. O podemos encontrarnos con una persona que presente déficit en sus estados Padre y Adulto y muestre un gran Niño, en especial NAS-, por lo que estaremos frente a alguien muy complaciente, conformista, dependiente, que pregunta siempre lo que tiene que hacer. Es muy posible, en este caso, que sus padres fueran unas figuras muy sobreprotectoras y le faltara vivir la fase de exploración y valoración de sus capacidades.

Al observar mis pensamientos, sentimientos y conductas puedo advertir que alguna parte de mis Estados del Yo está siendo poco utilizada o infravalorada y en consecuencia, puedo decidir empezar a practicar comportamientos propios de esta parte. Por ejemplo, si me doy cuenta de que tengo muy desarrollado mi Padre Crítico, porque me paso el día diciendo a los demás lo que tienen que hacer, señalándoles sus errores y teniendo poco en cuenta sus capacidades, ante esto, puedo decidir empezar a potenciar actitudes del Padre Nutricio, que estoy descontando, teniendo una consideración genuina hacia la otra persona, alabando sus cualidades y proponiendo opciones en lugar de imponerlas. De esta manera, al poner más energía sobre el Padre Nutricio, éste irá aumentando y el Padre Crítico irá disminuyendo.

En relación a las interacciones personales, podemos tener presente, desde este modelo, varios aspectos importantes:

En primer lugar, la comunicación adopta una forma de cadena Estimulo – Respuesta, cada respuesta sirve de estímulo para la siguiente. Estas transacciones se dan desde y hacia Estados del Yo concretos y las consecuencias pueden ser diversas según el caso. Si me estoy comunicando contigo, puedo elegir dirigirme a ti desde cualquiera de mis tres estados del yo y tú puedes responderme desde cualquiera de los tuyos. La mayoría de las veces no lo elegimos de una forma consciente, suele ser inconsciente y automático.

Existen diferentes tipos de transacciones en la comunicación entre dos personas:

Pueden ser complementarias, es decir, la respuesta la da el estado del yo al que fue dirigido el estímulo.  Por ejemplo, si desde mi Adulto pregunto “qué hora es” y el otro me contesta desde su Adulto “son las 16:00” o si una mujer, desde su Estado Padre le dice a su esposo “Otra vez los zapatos en medio, esto no puede seguir así” y él contesta desde su Estado Niño “Lo siento, no lo haré más”. La esposa emite su mensaje desde su Padre, esperando que el esposo conteste desde su Niño, y así sucede.

Sin embargo, puede darse el caso de que el receptor del mensaje responda desde un estado del yo diferente al esperado, dando lugar a una transacción cruzada. Por ejemplo, en el caso de la esposa que inicia una comunicación desde su Padre, el esposo puede decidir contestar desde su Adulto en lugar de desde el Niño, como espera su esposa, y redirigir la comunicación con una respuesta desde su Adulto, con voz calmada, “Parece que estas enfadada, entiendo porqué te sientes así, dime qué quieres que haga al respecto”. Con este cambio, el esposo espera que su mujer le conteste desde su Adulto, por ejemplo, “Cuando te quites los zapatos, me gustaría que los guardaras en el zapatero”.

Otra posibilidad en la comunicación es cuando se transmiten dos mensajes a la vez, uno directo, de nivel social, que se suele dar de Adulto a Adulto, y otro subliminal, de nivel psicológico, que generalmente se da de Padre a Niño o de Niño a Padre. Por ejemplo, el marido le dice a su esposa “¿Qué has hecho con mis pantalones?” y la mujer contesta “Los he guardado en el armario”. A simple vista parece una transacción paralela, de Adulto a Adulto, pero si nos fijamos en el mensaje no verbal, el tono de voz y la postura, nos encontramos que el marido pregunta con el ceño fruncido y con un tono severo, desde su Padre, y la esposa contesta con una voz temblorosa y alta y bajando la cabeza, desde su Niño.

Hay que tener en cuenta siempre que en cualquier comunicación, nunca pueden hacernos entrar en un determinado estado del yo, como mucho pueden “invitarnos” a entrar, somos nosotros quienes decidimos desde dónde vamos a responder. En el ejemplo anterior, la esposa puede aceptar la “invitación” de contestar desde el Niño, o puede optar por hacerlo desde su Adulto y no seguirle el juego al marido, diciendo lo mismo pero con un tono tranquilo y una postura neutral, relajada, ignorando la provocación o haciéndosela ver objetivamente.

En este artículo he querido sintetizar de la manera más clara posible la base de la personalidad humana, a modo de introducción, con el objetivo de colaborar en su autoconocimiento desde el Análisis Transaccional. Para profundizar en este tema, recomiendo el libro “Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad”. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1999, 4ª edición.