Violencia en parejas jóvenes aspectos básicos

 

Autor: Antonio García Mancera (Universidad de Jaén)


¿Quitamos los jóvenes importancia a la violencia?, deberíamos de empezar con la base de que la percepción de la violencia que, como tantas otras cosas, en hombres y mujeres es distinta, los hombres presentan una creencia de que si no hay contacto físico no hay violencia, por su parte las mujeres, cada vez más, generalizan esta violencia no solo al ámbito físico, haciendo cada vez más referencia a la violencia psicológica, económica y sexual.

Muchos investigadores desde hace años vienen prestando atención a este problema, pero con una perspectiva que nunca se había tenido en cuenta.

Tras los desastrosos sucesos que desde hace unos años a esta parte se dan en nuestro país (siempre presentes en nuestra sociedad pero que se quedaban en silencio)  muchos se dedicaron a investigar sobre este tema, pero solo se centraban en el ámbito familiar, en la violencia de genero propiamente dicha en el seno de un hogar, familia o pareja ya consolidados.

Debemos de hacer referencia que algunos estudios realizados en los últimos años ponen de manifiesto algo que todos los investigadores sobre el tema ya se temían, la violencia de género empieza en el noviazgo (Barnett, Miller-Perrin y Perrin, 1997), (Echeburúa y De-Corral, 1998).

Por tanto y atendiendo a nuestro tema nos centraremos en los estudios más relevantes de diversos autores que apoyan empíricamente esta idea de que la violencia empieza en el noviazgo.

Esta violencia, siempre sutil, empieza y se desarrolla de forma gradual, a veces es tan lenta que no se es consciente de ella en muchos años, incluso llegando a estar oculta hasta un desenlace trágico, (Arias, 1987).

Autores como Corsi y Ferreira, (1998), apuntan a varias conductas a tener en cuenta que pueden pronosticar la violencia masculina en relaciones de parejas jóvenes, las cuales podemos englobar en las siguientes:

  • Control y aislamiento: Exige explicaciones por todo, hace prohibiciones, critica a las personas con las que te relacionas, exige que le dediques más tiempo…
  • Agresividad: Sobre todo verbal en jóvenes, tienden a enojarse con frecuencia y por nimiedades…
  • Desprecio y humillación: Deja de hablar o desaparece sin dar explicaciones, se burla, utiliza lo que sabe de tu vida para hacerte reproches, se muestra seductor con otras chicas solo para hacerte daño…
  • Manipulación: Miente, te pone trampas para ver si le eres sincera, te amenaza con su malestar, manipula para hacerte ver que si él está mal es por tu culpa…
  • Negación de los errores: No se disculpa (al principio, si ve que la relación corre peligro si, aunque no se arrepienta de verdad), se niega a discutir de las cosas que para ti son importantes, te culpabiliza (“no te das cuenta, es que haces que me enfade”)…

Según algunos autores (Barnett y col. 1997), indican que hay algunos factores que pueden situar a las parejas en situación de riesgo, lo que por otra parte no significa que está violencia se tenga que dar siempre que se cumplan, estos factores serían:

  • Un deseo excesivo de controlar siempre al otro: donde vas, con quién, controlar sus redes sociales (esto es mio)
  • Violencia en el contexto familiar. Haber sufrido maltrato de niños, o haber observado maltrato en sus figuras de referencia.
  • Tradicionalismo en roles de género: el hombre es el que manda en la casa, la mujer tiene que ser la cuidadora, si una mujer trabaja desatiende su casa (es la que tiene que llevar todas sus tareas)…
  • Visión excesivamente romántica de las relaciones amorosas: “el amor lo puede todo”, “yo puedo cambiarle”, si lo dejo estando mal es que no le quiero”…

A cerca de los agresores/as, podemos apuntar que estos siempre necesitan poseer un control sobre otros si no se obtiene este en un ámbito (v.g. trabajo) se recurre a apaciguarlo en otro (v.g. sometiendo a la pareja), yendo este siempre en aumento, (Stets, 1991).

Autores como Pence y Shepard, 1999, han propuesto una teoría, “La rueda de control”, que nos viene a decir como funcionan las estrategias de los agresores para conseguir el control total de una persona, esta teoría ha sido muy aceptada en algunos ámbitos sobre todo en el estudio de la conducta criminal, y por supuesto en el tema que nos toca, la violencia en las parejas.

Esta teoría nos viene a decir muy resumidamente que los agresores antes de llegar a ejercer la violencia física como tal, recurren a otras estrategias que responden a la violencia psicológica (burlas, intimidación, amenazas, etc.). Estas estrategias atienden a la “lógica” de someter a una persona anulándola, hasta el punto de que en el momento de ejercer una violencia física, la victima, crea o considere que la culpa es de ella, o que realmente se lo merece.

Llegados a este punto cabe hacer referencia a que los agresores son considerados sujetos con una baja autoestima, lo que los hace susceptibles  de que ellos mismos sean víctimas de otros problemas de inadaptación social (burlas, aislamiento, alcoholismo, etc.) esto es apoyado por varios estudios (Stih y Farley, 1993), en cambio los estudios de Prince y Arias, 1994, no encuentran una clara correlación entre estos dos factores, teniendo esto en consideración mi punto de vista me inclina a pensar que no solo factores como la autoestima estén implicados en estas correlaciones debiendo investigar más sobre esta correlación atendiendo a factores como el ambiente, la situación o factores emocionales tales como la desesperanza, depresión, o calidad de vida.

También apuntar que varios autores hacen referencia a algo interesante, que esta baja autoestima no se trate de una causa para ejercer la violencia, sino de una consecuencia derivada de la categorización social que adquieren estos sujetos al ser tratados como agresores, o las etiquetas impuestas por la sociedad, que aun no siendo denunciados por sus parejas, en determinados momentos ellos se perciben como tales.

Siguiendo por este ámbito social no podemos dejar de hablar del constructo teórico conocido como  “cultura del honor”, este ,tristemente a mi parecer, esta bien arraigado en nuestro país y en muchos otros, consiste en una idea atribuida por el entorno de que tenemos que proteger nuestro honor por todos los medios y que cualquier amenaza a este debe ser apaciguada o “vengada” en sus casos más drásticos, produciéndose una representación colectiva o idea mental de qué es o no correcto y cuáles serán las consecuencias relacionadas con las acciones emitidas, es decir, se convierte en un producto cultural. Cuando alcanza este nivel de producto cultural y se enraíza este principio en la cultura ya es incuestionable su importancia y genera diferencias culturales en su manifestación (López-Zafra, 2007ª).

Esta idea de la cultura del honor lleva inevitablemente relacionado el problema de los celos y la satisfacción en la pareja ya que se presupone que la pareja también tiene que velar por el honor culpabilizando a esta si se rompe la relación o si no se cumple como una de las partes percibe que es correcto (López-Zafra, 2007ª).

Algunos autores en sus estudios centrados a los celos concluyen desmitificando esta emoción terminando definitivamente de apartarla del amor considerando que mas que una muestra de lo anterior son una muestra de egoísmo (encontrando alta correlación entre estos dos constructos), amor, si, pero hacia uno mismo, llegando a surgir a raíz de ellos otras emociones como la envidia y el rencor si se percibe que a la otra parte le va mejor que a ellos, siendo la sociedad el detonante para este tipo de percepciones que si están escondidas hace que florezcan (amigos, trabajo, religión…), (Pine, 1998).

En los últimos años muchos autores han trabajado con la “hipótesis de la transmisión”, esto se refiere a la idea de que los niños que han sufrido maltratos o han visto como sus personas de referencia han ejercido o sufrido estos, tienden ha convertirse en agresores o victimas, esta idea aunque apoyada por muchos investigadores también es rechazada por muchos otros ya que no se obtienen datos fidedignos ni generalizables.

En lo que si se ponen de acuerdo es en que no hay que etiquetar ni a agresores ni a victimas, ya que las etiquetas en personas con este tipo de problemas producen una categorización y una adquisición de roles por su parte; todas las personas en un momento dado de nuestras vidas reaccionamos en consecuencia a como nos tratan y mucho más los jóvenes, por tanto si un joven violento es tratado mal, normalmente, él se portara mal (“antes de que tu me hagas daño te lo hago yo a ti”), esto se conoce como la “profecía autocumplida”; en cambio en personas sumisas tienden a portarse también en consecuencia pero creen que el no destacar o no llamar la atención es la mejor técnica de escape, llevando a estas personas a no reaccionar ante la violencia que sufren o incluso creer que es lo normal, esto se conoce como la “indefensión aprendida”.

Johnson (1995), a raíz de estas ideas define dos tipos de violencia de género, que generaliza a relaciones de parejas jóvenes, estas serían:

  1. Terrorismo patriarcal: son individuos con un sistema de creencias tradicionalista al máximo, mantienen una imagen devaluada de la mujer (esta es menos que el hombre y su deber es servirlo), la violencia ejercida por los agresores que poseen este perfil es sistemática, funcional y continuada, suele englobar los cuatro tipos, física, psicológica, económica y en muchos casos sexual (aunque está siempre es más difícil de reconocer por parte de las victimas al creer que es su obligación). La violencia ejercida por estos sujetos tiene consecuencias devastadoras en las victimas, por lo continuado de esta y por el fluido manejo de los agresores de estrategias de manipulación psicológica (menosprecio, burlas, sarcasmo…).
  2. Violencia externa: definida como más sutil, en esta se englobarían el machismo, sexismo, misoginia… en está se engloban también los papeles paternalistas y maternalistas de las relaciones que no hacen otra cosa que mantener el papel patriarcal por parte del hombre y el de la “mujer cuidadora” por parte de la mujer, distinguiendo estas conductas como micromachismos (Bonino, 2004).

Se trata también por parte de algunos autores la teoría del apego, pero sin resultados concluyentes. Si, ganan más fuerzas las últimas teorías sobre el recuerdo que dice, que estos se sustentan en partes específicas de nuestro cerebro encargadas de la memoria, pero que son modulados e incluso modificados por nuestra situación actual (emociones, actitudes, entorno, etc.), que los reconstruye incluso de distinta forma en momentos muy específicos, (Damasio, 1994), (Shank y Abelson, 1995).

Ideas acerca del amor romántico:

“mientras más sufrimiento haya, más fuerte será el amor” (Rougemont, 1938), idea mantenida por libros de caballerías desde la edad media, v.g. Tristán e Isolda…

Pero sin ir más lejos y que nos parezcan ideas descabelladas todos las películas y series actuales dirigidas a jóvenes mantienen y se sustentan de estas ideas, la idea caballeresca del amor romántico da mucho juego a los autores (que en su mayoría dirigen a mujeres), las protagonistas (femeninas) de estas series y películas (crepúsculo, 3msc, etc..)persiguen una única meta que es conseguir estar con su “amor” y para conseguirlo están dispuestas a pasar por lo que sea, sufrimiento, dolor, desprecios, etc… en cambio sus caballeros de brillante armadura, no tienen por qué esforzarse en absoluto, se escudan detrás de ideas como, “para mi ya es tarde, no puedo cambiar, si quieres que estemos juntos sabes a lo que te enfrentas”, (Edward, crepúsculo, (frase sacada de la versión original en ingles)), ¿que nos vienen a decir con esto?, yo lo veo claro “yo soy como soy, no voy a cambiar porque no tengo que hacerlo, si alguien aquí tiene que esforzarse por cambiar, esa eres tu”, lo que mantiene de nuevo la idea maternalista, “seguro que yo con mi amor lo cambiare”, lo que nos lleva a otra de las ideas clásicas del amor romántico, “EL AMOR LO PUEDE TODO”.

Nada más alejado de la realidad el amor no cura una paliza, el amor no sana un hueso roto, el amor no es capaz de resucitar a nadie, el amor es lo que es, un sentimiento necesario para todos que viene y se va pero que no nos tiene que hacer mantener una situación perjudicial para nosotros mismos ya que el amor va unido a la felicidad y en ningún caso debemos soportar el sufrimiento reiterado por el.