Correlación positiva entre crisis e intento de autolisis

La palabra crisis (del latín crisis, a su vez del griego κρ?σις) es un cambio brusco o una modificación importante en el desarrollo de algún suceso, y puede ser tanto física como simbólica.

Según datos del INE, en 2010 se alcanzó la cifra de 3.145 suicidios en España. En 2011 el número de suicidios alcanzó la cifra de 3.180 fallecidos. Desde 2008 el suicidio ha pasado a constituir la primera causa de muerte violenta en España, por delante de los accidentes de tráfico.

¿Qué es lo que le puede suceder a una persona para tomar la decisión de llegar a ese fin último? ¿Qué factores son determinantes en el intento de autolisis?

Éstas son preguntas que nos hacemos cuando llega a nuestros oídos este tipo de noticias.

Para poder llegar a responder estas cuestiones, podemos ver el modelo planteado y desarrollado por Marin E. P. Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pensilvania.

Seligman descubrió que, tras someter a un animal a descargas eléctricas sin posibilidad de escapar de ellas, dicho animal no emitía ya ninguna respuesta de huida; a pesar de poder escapar de ellas, había aprendido a sentirse indefenso y a no luchar contra ello.

Seligman explicó este fenómeno de percepción de no contingencia entre las posibles conductas de huida y sus nulas consecuencias: haga lo que haga, el animal siempre obtendrá el mismo resultado negativo. La consecuencia más directa es la pérdida de respuesta de afrontamiento. En esto está basada su «teoría de la indefensión aprendida».

Esta teoría se enriquece en los años 80 con las del «estilo atribucional» del psicólogo Weyner, definidas en su libro «The Psychology of Interpersonal Relations».

Según Weyner, los efectos de la indefensión aprendida serán más o menos severos en función del estilo atribucional que tenga la persona en relación con las causas atribuibles a la no contingencia. Así, los efectos serán mayores si uno tiende a pensar que la no contingencia es debida a factores estables o de carácter global, mientras que los efectos serán menores o transitorios si uno tiende a atribuir el fenómeno a factores inestables o de carácter más específico. La estabilidad y la especificidad, junto a la importancia atribuida al efecto o factores de personalidad, como el Locus de control, explicarían diferentes síntomas de indefensión entre diferentes personas ante una misma situación vital.

Así pues, repasadas estas teorías, podemos intentar comprender qué es lo que sucede en las mentes para no ver alternativas posibles y adoptar como única solución atentar contra la propia vida.

Además de estas teorías, existen otros determinantes como son los estados motivacionales, la percepción de nosotros mismos, las metas que queremos alcanzar y los objetivos planteados para poderla conseguir.

Una persona que disponga de pocos recursos personales en estado de crisis será vulnerable y podrá tomar la decisión de atentar contra su vida, adoptándola como única via de escape ante la situación.

Como decía Seligman, cuando una persona intente adaptarse a un nuevo medio y, haga lo que haga, siempre obtenga resultados de fracaso incontrolables, si ha adquirido la indefensión aprendida, dejará de luchar. Esto ocurre si su estilo atribucional es externo.

Este hecho sucedía en los campos de concentración de la II Guerra Mundial: millones de personas judías aprendieron que, hicieran lo que hicieran, iban a ser asesinados por el ejército alemán. No ponían impedimento, asumieron su derrota. La mayoría de ellos no intentaba rebelarse como último acto de salvación.

Actualmente, en la sociedad en que vivimos, hemos de adaptarnos rápidamente a diferentes situaciones y, cuando estamos aclimatados, vuelve a exigírsenos que nos enfrentemos a otro contexto al que de nuevo tenemos que habituarnos. Algunos llaman a estas circunstancias problemas; otros, retos.

Quien intenta atentar contra su propia vida tiene muy asimilada la indefensión aprendida. Para que puedan desaprenderla, hemos de dotar a dicha parte de la población de los siguientes recursos y estrategias:

  • Capacidad resolutiva de problemas, conociendo las alternativas disponibles y usando un razonamiento hipotético-deductivo, adoptando la solución más viable.
  • Herramientas para que dispongan de inteligencia emocional, extrayendo de las situaciones adversas lo positivo y usándolo como recurso en otras situaciones que se planteen en sus vidas.
  • Mejora de la autoestima, tomando como referencia el autoconcepto realista, proponiendo objetivos y metas alcanzables, con un nivel óptimo de dificultad.
  • Adquisición del estilo atribucional del Locus de control interno.

Con estas y otras estrategias, una persona no adoptará la decisión de atentar contra su vida, sino que buscará entre sus recursos y estrategias los posibles caminos y, si no los ve, caminará por uno nuevo.

Los períodos de crisis nos deben servir para aprender de lo vivido, de las experiencias, ya sean positivas o negativas. Es un proceso más de nuestro camino en la vida. En este proceso de cambios, nos medimos con los obstáculos que van apareciendo en nuestra historia. Está en nosotros adoptar un estilo pasivo y quejarnos o adoptar un estilo activo, tomando medidas para poderlos superar.

Si elegimos la primera opción, estamos haciendo uso del Locus de control externo, es decir, nada depende de lo que hagamos nosotros, sino que todo depende del azar y de lo fortuito. Si optamos por la segunda opción, estamos haciendo uso del Locus de control interno, o sea, adoptamos una postura con la que nos responsabilizamos en gran medida de lo que nos sucede, que se debe al resultado de nuestras múltiples elecciones. Con esta manera de enfrentarnos a los problemas, afrontándolos activamente, aprenderemos nuevas formas de superar problemas, dispondremos de más recursos y, además, mejoraremos nuestra autoestima y nuestro autoconcepto. La satisfacción personal que obtenemos cuando conseguimos superar un problema, a pesar de las múltiples dificultades que puedan existir, es la mayor recompensa.

A modo de conclusión, podemos decir que el mejor mecanismo de defensa y protección que puede tener cualquier ser humano ante las crisis o cambios que sucedan a lo largo de su ciclo vital es poseer estilos de afrontamiento adecuados: una buena inteligencia emocional con la que extraer la esencia positiva de cualquier circunstancia; la adopción de la postura de Locus de control interno, siendo responsables de la mayoría de las cosas que suceden; capacidad resolutiva de problemas, analizando las opciones disponibles y eligiendo la más adecuada; una buena autoestima; y, finalmente, un sólido apoyo social de la familia, las amistades, los compañeros y las compañeras de trabajo, etc.

Además de todo lo referido, para poseer esta armadura o protección, debe evitarse pensar continuamente en las posibles equivocaciones, ya que esto tan sólo impide ver otras opciones. Por el contrario, hay que aprender de los errores y utilizar la crítica constructiva como una herramienta para mejorar.

Por último, cabría citar a Bruce Lee, que decía que «en el centro de las dificultades estriba la oportunidad». La vida es un desafío continuo y es muy importante disponer de nuestros recursos personales para que, cada vez que nos caigamos, podamos levantarnos y aprender de esa caída.