El infortunio del secuestro

Vivir un secuestro en los tiempos actuales es una de las experiencias más devastadoras para quien lo padece y su entorno. Las posibilidades de morir en manos de otros trastocan gran parte de la razón. El rapto comienza desde mucho tiempo atrás: con los referentes que se tengan de ese hecho, con los esquemas comunicativos de la víctima, con su estructura afectiva y otros aspectos más. Al sufrir el secuestro las respuestas son diversas y se derivan de la sistematización de los victimarios, tomando en cuenta que esta actividad tiene dimensiones industriales, siendo común que tengan secuestradas al mismo tiempo y lugar a varias personas, lo que permite inferir que tienen procesos y métodos definidos, que aplican, repiten y, desgraciadamente, les resultan efectivos para la obtención de ganancias.

La variedad de actitudes en el plagiado pueden incurrir en cualquiera de las siguientes:

  • Baja adaptación a las condiciones del cautiverio en tanto se prolonga cognitivamente la negación de lo que está experimentando. Sin duda no es fácil, incluso puede ser absurdo proponerle al secuestrado que se adapte, lo cual no quiere decir que valide la situación; sino que asuma que una idea de incorporación de su existencia a lo que está viviendo le resultará favorable, especialmente por las condiciones de interlocución que mostrará con los captores. Mayor interacción recíproca con los captores, menor posibilidades de maltrato.
  • Pérdida alta del control emocional y cognitivo. Sin duda es absolutamente esperada esta reacción, lo que tiene sus grados de diferencia. Se requiere de una medida de distensión en el organismo, pese a las embestidas de temor por los victimarios, éstos tienen como base primordial en la búsqueda de ganancias el miedo en los demás, confundiendo el miedo que se requiere con los negociadores, no con la víctima. Aún así, el plagiado debe hacer uso de cierto control para proyectar una imagen de respeto, mínima, que aporte a las probabilidades de un trato mejor, incluso la conservación de la vida.
  • Baja imaginación para transitar el tiempo de cautiverio. Al igual que múltiples experiencias no agradables que ponen en juego la capacidad de supervivencia, como sentido de continuidad en un sitio y tiempo. No es sencillo, las motivaciones puntuales se revuelven con los miedos. Comúnmente no se desea comer, se tiene poca sed, hay poco sueño, mucho menos a ponerse creativos con recursos de entretenimiento. Sin embargo, no conviene renunciar al intento de indagar qué acciones aún allí se pueden llevar a cabo. Valga la anécdota, en una charla de una persona que pasó 10 años, por motivos políticos en una cárcel mexicana, dentro del público una voz le hizo la observación de que se veía muy joven, a manera de sorna se le preguntó si la cárcel rejuvenecía: él planteó que un preso de más tiempo le aconsejó que se formara la idea de que iba a estar ahí el resto de su vida, por lo que le sugirió hiciera proyectos ahí dentro. Eso hizo. Describió también cómo la pasaban mal quienes suponían que podían ser liberados en cualquier momento en comparación con él que fungió como su tutor en la cárcel y montó un pequeño comercio al interior del centro penitenciario.
  • Capacidad de Supervivencia, Imagen de un secuetrado

  • Mínima o total renuncia a desempeñar conductas empáticas. En efecto, el plagiado desconoce a sus captores, en la inmensa mayoría de los casos pasa la totalidad del encierro con los ojos vendados, lo que obstaculiza configurar las características de sus victimarios. Aún con ello, es posible buscar un acoplamiento al tono de voz. Sin perder de vista que las bandas de secuestradores llevan a cabo una división del trabajo: unos estudian los movimientos de la víctima, quizá otros la capturan, el resguardo, lo que se conoce como “casas de seguridad” lo efectúan miembros próximos a relacionarse en forma doméstica, no es raro que sean mujeres quienes alimentan, vigilan o asean a la víctima, al menos en turnos diurnos. No descartando la influencia que las personas cercanas en el cuidado del secuestrado puedan tener en la toma de decisiones, siendo el caso que ante abusos sexuales y agresiones físicas expresen defensa de la víctima, que podría tener origen en componentes de empatía.
  • Dificultad para el manejo de temas, datos y actitudes. Con estrecha relación a las anteriores actitudes es recomendable que el secuestrado tenga cálculos de los alcances que sus manifestaciones orales tienen. Hay información que impactaría negativamente a sus plagiarios. De ninguna forma la víctima debe intentar llevar las conversaciones a modificar los esquemas morales de sus plagiarios. Si bien debe mostrar una actitud confiable basada en exhibir inteligencia, ésta no puede ser desafiante ni propiciar hacer evidente la menor formación cultural o intelectual de los victimarios. Tampoco hay que mostrarse agresivo ni parecer sumiso en la medida que suscite la repugnancia de los captores.
  • Estrecha Relación, Imagen de una raptada

  • Ha sido relato constante que los secuestrados describan haber percibido conflictos dentro de los integrantes de la banda. Discutir por responsabilidades, por desconfianza, por desacuerdos en el desempeño de cada uno, por el dinero. La víctima no tiene que involucrarse en esas dinámicas, so riesgo de venganza de alguno de ellos, que agravaría su estado. Una actitud anímica fomentada a través del agradecimiento hacia los victimarios durante el cautiverio pueden favorecer el trato y contribuir para sí mismo a contar con algún grado de bienestar emocional. Si es posible puede tratar de colaborar de tal suerte que los captores sientan que la víctima les hace favores. Aunque el término “resignación” puede configurar una idea negativa, se requiere su papel, considerando un propósito de resolución favorable para los secuestradores.
  • Las acciones heroicas durante el secuestro incrementan de manera superlativa los riesgos: no se sabe su paradero, no conoce cuántas personas están participando, se ignora el tamaño de la información que los captores tienen de la víctima, incluyendo la posibilidad de que alguien cercano a ella esté participando, pues según las autoridades entre el 40% y el 50% de los secuestros se hallan participando conocidos, familiares o amigos de las víctimas. Pretender llevar a cabo una acción para liberarse es complicada por sus bajas probabilidades, claro que hay quienes lo han conseguido, pero fueron circunstancias por demás fortuitas. Si la víctima dedica tiempo a considerar su fuga tenderá a padecer un agotamiento emocional que le afectará aún más su estancia.
  • En el vínculo de subordinación, la autoestima de la víctima tendrá un impacto devastador. No como desafío a sus victimarios; pero sí es importante que el secuestrado mantenga vigente el valor de sí mismo, que recuerde hechos o acciones que le hacen enorgullecerse, no verbalizándolo; sino en imágenes mentales. Que tenga evocaciones de experiencias gratificantes para amortiguar la realidad que está padeciendo. Estas acciones le proporcionaran momentos agradables que oxigenen sus estados de ánimo, energizando elementos de su pensamiento para poder elaborar su propio espacio existencial.
  • El agotamiento dominará su físico y su mente. De todas maneras, es favorable que dedique algún tiempo al ejercicio físico. Si se halla atado se podrá ladear, mover sus articulaciones, dedos, extremidades inferiores. Puede generar una rutina que lo mantenga comprometido a mantenerse lo más vigoroso posible. Acepte la comida, aunque no sea de su agrado, coma lo suficiente para sentirse bien. Duerma en posiciones que favorezcan el descanso. Practique inventando algún recurso que lo relaje. Su creatividad conservada será un mensaje de sus afanes por vivir.
  • Una vez que se percate de cuánto ha perdido control de sí mismo, trace la meta de recobrarlo. Es probable que los captores lleven a cabo medidas para infundirle continuamente temor, usted se puede esforzar en hacerles parecer que sus intentos lo están consiguiendo, no obstante, reserve en su interior su fortaleza y autocontrol.

Una vez transcurrida la experiencia busqué ayuda profesional. No apoye su recuperación únicamente en el tiempo. La intervención organizada de un terapeuta contribuirá a la aceleración de superar ese dolor.

Referencias

  • Besares Escobar, Marco Antonio (2003). El secuestro. México: Porrúa
  • Jiménez Órnelas, René (2001). El secuestro: uno de los males sociales del mexicano. México: Porrúa.
  • Jiménez Órnelas, René (2002). El secuestro. Problemas sociales y jurídicos. México: UNAM.
  • Meluk, E. (1998). El Secuestro, una muerte suspendida, su impacto Psicológico. Bogotá: Uniandes.
  • Padgett, Humberto (2010). Jauría. La verdadera historia del secuestro en México. México: Grijalbo.
  • http://libro.ugr.es/bitstream/10481/2048/1/17658822.pdf
  • www.secuestro.freeservers.com/bibliografia.htm

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