El Proceso Terapéutico Gestáltico

Lo más importante  en el proceso terapéutico gestáltico es la relación que se crea entre terapeuta y paciente, una relación basada en la aceptación y el entendimiento del otro tal como es,  poniéndose en su lugar y acercándose a su visión del mundo. Solo así puede ofrecerse  la atención, el acompañamiento y la escucha que por sí solos  ayudan y curan.

 Cuando la persona se siente aceptada totalmente es cuando se atreve a minimizar sus defensas y puede mostrar su yo más vulnerable y escondido, su dolor y sus sentimientos heridos. Por  eso  el proceso terapéutico es para mí un acto de amor y de voluntad de  ayudar en el que  creamos un diálogo auténtico con el paciente, engendrando confianza y dejando que la persona sea, sin emitir juicios ni valoraciones. Para esta difícil tarea necesito, como terapeuta, hacer todo un trabajo personal de conocimiento y aceptación propia que me facilita la comprensión y aceptación del otro y me permite acompañarlo hacia donde él quiere ir, sin dirigirlo hacía donde yo quiero que él vaya.

La relación sincera, la aceptación, el interés y la escucha activa ya contribuyen en gran medida  a la sanación del paciente. Una buena escucha ya es la mitad del trabajo. Cuando una persona se siente escuchada y unida a una relación de interés le es más fácil curarse. Y aquí puedo decir por propia experiencia de las veces que he sido paciente, que recibir el amor y el interés del terapeuta  da fuerza y motivo para sanar y aumenta la fe en el proceso, en el guía y en el poder de sanación de uno mismo. Cuando he sentido  la energía del amor y la aceptación de mi terapeuta ha surgido en mí una confianza que hasta ese momento desconocía, o no recordaba; un descubrimiento de mi propia fuerza y poder.

Y así, veo la terapia como un momento para   indagar en lo más íntimo de uno mismo, en los puntos de atasco, en lo que resulta difícil de la vida, en las propias incapacidades… con la ayuda de un guía que  facilita verse desde fuera  ,  descubrir los puntos ciegos y a adquirir una visión más amplia y una conciencia  orientadora. Es un tiempo para explorar y a darse cuenta de lo que  evitaciones inconscientes  y de los patrones de conducta obsoletos en el vivir cotidiano. Me parece un privilegio poder permitirse  ese tiempo de profundizar en uno mismo  teniendo la oportunidad de aumentar el autoconocimiento y la mejora de uno mismo.

 Dice Shakti Gawain que hacer terapia es poner en contacto al paciente con su sabiduría interior. Es decir, conectarlo con su guía interno, con su lado sanador, para que él aprenda a ser su propio terapeuta.

Yo comparto este concepto de la terapia como lugar de reencuentro con la parte más sabia e intuitiva de nosotros mismos, nuestro guía interior que en ocasiones ha quedado rezagado o perdido en el trascurso del tiempo y los diferentes acontecimientos de la vida llevándonos a sentimientos de desorientación y falta de rumbo.

Desde la intuición me acerco a una  vida intensa y menos mecanizada en la que me siento más cerca de expresar lo que  yo soy, mi propia individualidad y de confiar más en mí misma y en mi conocimiento interior.

 Y desde esta forma de entender la terapia, el proceso terapéutico no tiene como finalidad solucionar los problemas del otro, sino desvelar las actitudes y los laberintos que entorpecen las soluciones, alentando lo genuino del paciente e inhibiendo sus manipulaciones neuróticas.

No se trata de indicar el camino sino de ayudar a que el otro lo descubra, devolviéndole lo que percibimos de él, ayudando a que  se vea como es y no como dice que es o como le gustaría ser. Apoyando el acercamiento a lo genuino y frustrando lo neurótico. Buscando, finalmente, ese difícil equilibrio en el que el paciente pueda encontrar su autoapoyo.