Sexualidad en el adulto mayor

El tema de la sexualidad en los adultos mayores, va ganando cada vez más terreno en el campo de la formación sexual, aunque parece aún ser un tema no tocado en el contexto social.

Causa fricción para algunos sectores, pensar que los adultos mayores tienen el mismo derecho a vivir y ejercer su sexualidad plenamente que cualquier individuo en edad joven. Con plenitud nos referimos a la capacidad y potencialidad, de acuerdo a sus posibilidades físicas y psíquicas.

Comencemos entendiendo qué es la sexualidad. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) El término “sexualidad” se refiere a una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano: Basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor, y la reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales.

Si bien la sexualidad puede abarcar todos estos aspectos, no es necesario que se experimenten ni se expresen todos. Sin embargo, en resumen, la sexualidad se experiencia y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos¹

Siguiendo la línea de esta definición, entenderemos que la sexualidad es un derecho que tiene todo ser humano, sin importar edad o condición. Por lo tanto, omitir este derecho en un adulto mayor, es una violación a su integridad.

Nuestra sociedad occidental descalifica a los adultos que pretenden ejercer su sexualidad, atribuyéndoles frases denigrantes que los posicionan como “impedidos” para esta práctica que parece solo estar abierta a otros sectores poblacionales. Con ello se niega toda posibilidad de disfrute y se tiende al rechazo y menosprecio.

No olvidemos que un ser humano lo es desde que nace hasta que muere. De igual forma la sexualidad la llevamos con nosotros desde nuestro nacimiento hasta que expiramos, y ocultarla o no ejercerla, es como pretender negar que se ha nacido con esta dimensión humana.

Socialmente hemos contribuido a formar una idea falsa en los adultos mayores que han buscado por algún medio darle continuidad a este ejercicio. Si bien es cierto que ya no abarca, por condiciones físicas y fisiológicas la reproductividad, existen vínculos afectivos y la forma de expresar estas necesidades como el erotismo, la autoexploración, así como la cuestión de género e identidad.

Tal parece que entre más nos acercamos a la adultez, y nos vemos enfrentados con situaciones como enfermedad, soledad, inclusive muerte, vamos vetando espacios de desarrollo emocional e integral, en total negación con esta realidad que tarde o temprano nos alcanzará y pasará factura. Tendemos a separar el libre ejercicio de la sexualidad de la adultez, por el miedo a no alcanzar los mismos niveles de placer que en edades reproductivas. Se vuelve sinónimo de “incapacidad”. Y… ¿a quién le gusta sentirse incapacitado, inhabilitado?

Hoy por hoy, la sexualidad en el adulto mayor, es un tema que deberíamos abordar con la mayor de las naturalidades. En ocasiones, las dificultades económicas, la falta de intimidad por la presencia de los hijos, los nietos, inclusive el exceso de tiempo libre, puede mermar las funciones sexuales, tanto de hombres como de mujeres. Aunado a esto, las enfermedades crónicas y las preocupaciones propias de la edad, comienzan a tomar mayor atención, lo que fomenta la angustia, la ansiedad y por lo tanto, la disminución del placer sexual.

Pero no es necesario que los adultos mayores tengan encuentros donde se llegue al clímax, como lo hacían en los años mozos. Primero hay que entender que existen cambios en la autoimagen, tanto de la mujer como del hombre,  factores de tipo hormonal y fisiológico (menopausia, andropausia), enfermedades que merman las funciones de los órganos reproductivos y vivencias que socialmente han desplazado la manera de ejercer la sexualidad. Recordemos que la sexualidad no se enfoca solo en la genitalidad. Una vez comprendido este punto, se puede comenzar a estimular el desarrollo de nuevas formas de reconquistar la propia estima y la de la pareja en caso de haberla. No olvidemos que los mayores índices de casos de cáncer ocurren en el útero y en la próstata…

Pensemos en “reinventar el amor”, es así como yo lo llamaría. La monotonía que puede padecer una pareja cuando no se promueven formas distintas de vivir plenamente, se presenta de igual forma en la sexualidad de los adultos mayores. Por tanto, es necesario comprender que hay cuestiones que salvan la actividad sexual y proporcionan el espacio idóneo para la práctica de relaciones sexuales acordes a las posibilidades de los adultos.

Las ventajas que se tienen son asombrosas, es cuestión de “dejarse sorprender” por ellas. Por ejemplo, la mujer ya no tiene la preocupación por quedar embarazada, las parejas ya no tienen que competir por ser mejores amantes, los periodos menstruales ya no son problema, y, sobre todo, haciendo referencia al Dr. Horacio Sánchez “el corazón no envejece”.

Por todo ello, cada vez que pensemos en la sexualidad del adulto mayor, recordemos que hay un ser humano con necesidades y derechos iguales que los de cualquiera. Entender esto no solo nos llevará a desmitificar al clásico anciano con mirada lasciva que pone sus ojos llenos de maledicencia en una mujer, con el que las series y películas nos han hecho crecer, sino a comprender también que la falta de aceptación de las necesidades sexuales de ellos provoca que se dé este tipo de situaciones, como respuesta a la marginación social, con lo cual se sienten –una vez más- reprimidos socialmente, sin encontrar la manera correcta de vivir su sexualidad porque pareciera que todas las miradas estuvieran puestas en ellos, miradas acusadoras y despectivas.

Brindemos un espacio de plenitud a nuestros adultos mayores. No olvidemos que nosotros también llegaremos a esa edad y nos enfrentaremos a la misma disyuntiva. Quizá entonces entendamos lo que debimos haber hecho por ellos y sea ya algo tarde para revertir los resultados. Comencemos, pues, a brindarles la oportunidad de reinventar el amor…


(1) Reunión Regional de Consulta. Asociación Mundial de Sexología (WAS). Guatemala, mayo del 2000

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