La disonancia cognitiva, ¿qué es y por qué nos hace sentir mal?

Quieres comer más sano, pero justificas la decisión de comer pizza y tarta pensando que por un día no pasa nada. Quieres ir al gimnasio todos los días, pero hoy no has ido y te tranquiliza pensar que, por ser sábado, estará lleno. Te habías propuesto estudiar mucho pero ha llegado el día del examen, no estás preparado y te reconforta pensar que de esta manera aprenderás mucho en verano. Tenías que devolver una llamada pero se te ha olvidado y piensas, “da igual, de todos modos ya se habrá acostado, así que mañana podré hablar más tranquilamente con ella”. Son cuatro ejemplos de disonancia cognitiva, que tiene como objetivo hacerte sentir mejor.

¿Qué es la disonancia cognitiva?

La disonancia cognitiva sucede cuando tenemos dos pensamientos contradictorios, o cuando tomamos una decisión que atenta contra nuestras creencias. Según la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger, debido a que no soportamos la tensión y el estrés que este problema nos genera, intentamos sentirnos mejor cambiando nuestra conducta, restando importancia a uno de los dos pensamientos contradictorios o creando un tercer pensamiento que elimina la disonancia entre los dos pensamientos.

Por ejemplo, al pensar que por un día no importa saltarse la dieta restamos importancia a uno de nuestros dos pensamientos (es importante cuidar nuestra alimentación). No sentir culpa al no haber ido hoy al gimnasio (a pesar de que habíamos tomado la decisión de ir) porque pensamos que estará demasiado lleno es nuestra manera de crear un tercer pensamiento que nos ayudará a sentirnos mejor. También hemos creado un tercer pensamiento (que podremos estudiar más en verano) cuando suspendemos un examen, y cuando pensamos que no pasará nada por no haber devuelto la llamada hoy (ya podremos hablar más con ella mañana).

Todos los días buscamos la manera de dar coherencia a dos pensamientos contradictorios, aunque es muy posible que no nos demos cuenta.

La teoría de la disonancia cognitiva (1956): ¿qué pasa cuando no se cumple el presagio de un movimiento religioso?

La teoría de la disonancia cognitiva surgió a partir de algunas investigaciones realizadas por Festinger y su equipo durante los años 50.

En el primer estudio, los investigadores analizaron los procesos cognitivos de los seguidores de Mrs. Marion Keech, quien aseguraba haber recibido mensajes de alienígenas del planeta Clarión diciéndole que un diluvio a finales de 1956 acabaría con el mundo y solamente dejaría como supervivientes a algunos de los creyentes.

El equipo de Festinger acertó al intuir que, cuando el grupo comprobase que el mundo no acabaría de esta manera, en vez de dejar de ser creyentes eliminarían su disonancia cognitiva reinterpretando el hecho de que el mundo no se había acabado. En este caso, los creyentes se aseguraron a sí mismos de que el mundo se había salvado gracias a sus prácticas y creencias.

El experimento de Festinger y Carlsmith (1959): ¿qué pasa cuando mentimos? 

Festinger también estudió la disonancia cognitiva que resulta de adoptar una conducta que no coincide con nuestras creencias. En un experimento de Festinger y Carlsmith realizado en 1959, los dos investigadores pidieron a 71 participantes realizar actividades muy aburridas, y luego (a cambio de $1 ó $20) decir a futuros participantes que las tareas que realizarían son muy entretenidas.

En este caso la creencia es que las actividades no fueron entretenidas, y la conducta es mentir diciendo que fueron divertidas. Una solución para sentirse mejor sería modificar su interpretación de las actividades realizadas.

El resultado fue el siguiente. Las personas que recibieron $20 a cambio de motivar a los futuros participantes a realizar las actividades siguieron considerando que estas actividades fueron muy tediosas, pero los participantes que únicamente recibieron $1 por mentir sí sintieron disonancia cognitiva, ya que esta cantidad no fue suficiente para justificar el haber mentido, y la solución que encontraron para eliminar la disonancia (causada por tener la creencia de que una actividad es aburrida y adoptar la conducta de decir que es divertida) fue creer que las actividades no fueron tan aburridas como habían pensado inicialmente.

Las personas que habían recibido $20 por mentir no sintieron disonancia cognitiva, pues esta cantidad sí justificaba el hecho de haber mentido.

¿Es mala la disonancia cognitiva?

Si bien este proceso cognitivo nos lleva a mentirnos a nosotros mismos, no tiene por qué ser malo porque no causa ningún daño a nadie. Lo importante es analizar si la decisión que hemos tomado nos hace sentir bien realmente, pues este sentimiento nos indicará si la disonancia cognitiva nos ha ayudado. Si, en cambio, después de sentir disonancia cognitiva pensamos en la decisión que hemos tomado y realmente no nos sentimos satisfechos con ella, sería conveniente ver en qué nos hemos equivocado y descubrir cómo podemos tomar mejores decisiones en el futuro.