Psicoanálisis: El camino de la transformación

Cuando Freud (1890) conceptualizó la terapia psicoanalítica como un “Tratamiento psíquico: tratamiento  del alma” (p.1014),  concebía un estado de iluminación propiciado por Aristóteles  que muchos humanos aún no consideramos relevante posiblemente por la amplitud del significado y por la naturaleza de trascendencia de esta expresión que el maestro explicó pero el alumno aún no logra elaborar de manera significante.

Cuando el alma (Psiqué) decide realizar un recorrido escabroso en la búsqueda del  amor (Eros) necesita transcender su ser físico, terrenal y mortal para transformarse en un ser espiritual, sobrenatural, inmortal, y de esa manera ir más allá de su existencia y alcanzar la dicha  plena en su esencia: el amor.

Un tratamiento psíquico es un tratamiento del alma. En analogía con la psicología, la metamorfosis; un huevito se convierte en larva, una simple oruga o gusano arrastrándose por la tierra, cambia de piel muchas veces y cuando ha terminado su crecimiento teje un capullo dentro del cual se encierra y se aísla, desgarra su piel, resquebraja su ser y en el tiempo exacto, renace; ya no es un gusano, se ha transformado en una maravillosa mariposa que vuela libre. Ha trascendido, se ha convertido en un nuevo ser. He aquí la esencia del tratamiento psíquico, ocurre desde adentro, desde el alma.

Para que no exista duda, Freud (1890) lo delimita claramente: “Podría creerse, entonces,  que  por  tal  se entiende tratamiento de  los fenómenos patológicos de la  vida anímica.  Pero no es este el significado de la expresión.  «Tratamiento psíquico»  quiere  decir,  más bien,  tratamiento desde el alma -ya sea de perturbaciones  anímicas o corporales--con recursos que  de manera primaria  e inmediata influyen sobre  lo anímico del ser humano” (p.1014).

Esta metamorfosis y transformación es el mismo recorrido que toda alma humana debe realizar para alcanzar su trascendencia, las perturbaciones, lo escabroso y complicado  es purificación, aprendizaje, moldeamiento, es el cambio de piel. Pero el humano alejado de la idea de trascendencia traduce estas perturbaciones en sufrimiento, congoja, desesperanza, enfermedad, tragedia. Las enfermedades del alma, se curan desde el alma.

El psicoanálisis entonces se traduce en una metodología base para iniciar este camino, un recorrido interior hacia las profundidades del ser para desde ahí, desde el alma, encontrar las respuestas, sentimientos, conflictos y deseos, perturbaciones anímicas, muchas veces traducidas en corporales e inconscientes, que nos limitan. Afectos y emociones pulsando y generando barreras al proceso de deconstrucción y construcción del ser, que impiden la mudanza y desgarre de piel y el paso hacia la siguiente fase. En este tratamiento psíquico se mediatiza un proceso hacia la conciencia, el despertar.

El tratamiento del alma tiene un componente particular de compromiso, el viaje para nuestro análisis interior, el psicoanálisis; es completamente individual y en solitario; basta una guía del analista que acompaña pero no resuelve, que desde la palabra intenta mostrar un camino de asociación libre que no le pertenece. Como cada humano, cada camino es diferente, cada recorrido muy particular y único, independientemente que la esencia del ser sea la misma para toda la humanidad, de la misma forma que Psiqué, cada uno debe encontrar la senda de regreso y con sus propios medios. Anotando Freud (1890) una idea clara al respecto: “Estos medios y los caminos para conseguirlo estarán signados por la intelección más honda de los procesos de la vida anímica misma” (p.1027).

Desde su nacimiento el Psicoanálisis no solo ha chocado con barreras externas sociales y culturales, las que más se resisten son las barreras internas: miedo, culpa y vergüenza; todas  ellas constructos sociales. Desde lo social prevalece una barrera primordial: el sentido común;  la resistencia al cambio y desde ahí la desidia, el desgano, la resistencia.  Pues este proceso conlleva un esfuerzo que muy pocos desean hacer, puede resultar muy doloroso o difícil el encuentro con nosotros mismos, nos resistimos al saber de hechos o impulsos. Nos resistimos al tratamiento. Esta misma y poderosa resistencia de represión obliga a la humanidad a descalificar al único método psicológico que la llevaría a descubrir su verdadera y poderosa esencia. Es para muchos un método peligroso. Se ha reprimido nuevamente, es mejor que continúe en estado inconsciente: “Parecieron temer que  si concedían cierta  autonomía  a  la vida anímica, dejarían de pisar  el  seguro terreno de la ciencia” (Freud, p.1016).

Las enfermedades del alma manifiestan una serie de signos patológicos, ideas delirantes, ideas obsesivas, preocupaciones, tristeza, duelos y temores que proviene de un estado alterado de la vida anímica y se manifiestan corporalmente. De tal manera que las causas de estas enfermedades deben ser buscadas en el alma.

¿Cómo iniciar este tratamiento? Los pasos hacia la transformación son similares a los de la mariposa: En primer lugar debemos hacer un alto, parar en este mismo instante y el primer análisis será determinar en qué lugar del camino estamos. Esta primera toma de conciencia implica un desprendimiento del ego para la búsqueda interior del sí mismo. En segundo lugar desgarras tu piel muchas veces hasta encontrar y reconocer el sí mismo. En tercer lugar se debe aceptar la condición del sí mismo tal y como es; abrazarlo con sus defectos, enfermedades y virtudes. En cuarto lugar se debe hacer epojé de la teoría y la tradición, te desconectas del mundo para iniciar el camino hacia la conciencia pura y trascendental. En quinto lugar meditas, ahora ya estarás en el capullo, aquí resquebrajas, transformas tus miedos, culpas, apegos y angustias en energía positiva que te permita transformarte, renacer a la vida misma.

Finalmente miras tu cuerpo de luz, estarás en la esencia y tu psicoanálisis ha sido completado, las perturbaciones anímicas se han transformado en energía, ya no hay sufrimiento has superado la existencia física, la sociedad no te determina, ya no tienes miedo, encuentras el amor del cual estás hecho y comprendes que tu camino no termina aquí, continúa en el más allá, en lo sobrenatural, en la divinidad. Empiezas a prepararte para un nuevo viaje: la trascendencia.

Este es el tratamiento del alma, es la utopía de Freud, el porvenir de una ilusión, el psicoanálisis: el camino de la transformación que nos resistimos a realizar.

Bibliografía:

Freud, S. (1890), XXIV “Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)”, Obras Completas, tomo I. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, España 1981.