Las Comunidades Terapéuticas y su perspectiva de futuro

En las últimas dos décadas hemos sido testigos de un incremento considerable del consumo problemático de sustancias psicoactivas.

Las características más relevantes han sido, a saber: el policonsumo; es decir, si bien existe una droga de elección, todas se consumen sin límite alguno. A esto se le agrega una disminución en la edad de inicio (aproximadamente los 12 ó 13 años), abarcando todos los sectores socioeconómicos, y géneros. Ante los notorios fracasos de los abordajes clásicos, las comunidades terapéuticas aparecen como una viable alternativa para poder hacer frente a este problema.

La comunidad terapéutica como forma de tratamiento surge a mediados del siglo XX, para ser más preciso, en la década de los 50 y es fruto de determinado contexto, se respiraba aires de cambio en muchos ámbitos y la psiquiatría no fue ajena. La antipsiquiatría  comenzaba a hacerse escuchar cuestionando los tratamientos previos de las enfermedades mentales graves, cuestionando los asilos en donde los pacientes permanecían ajenos a lo social, se los separaba de la sociedad y de sus familias.

Estos cambios en algunos hospitales psiquiátricos dejan sus semillas que, años después, germinarán para conformar la comunidad terapéutica para pacientes drogodependientes. Con el correr de los años aumentaron las comunidades para drogodependientes, así como, también, aumentó desde los 60 la cantidad de pacientes. Hasta el punto que hoy en día se cuenta con una Federación Mundial de Comunidades Terapéuticas (WFTC).

Las Comunidades Terapéuticas surgieron en los años 60 como tratamiento de ayuda por un igual y de autoayuda para el consumo de drogas y dependencia. Se crearon debido a la falta de centros médicos, psicológicos y correccionales especializados en consumidores de drogas que recuperaran a drogadictos y alcohólicos.  Varios estudios de investigación (Departamento de California para el Alcohol y las Drogas, 1994; Psicología de Comportamientos Adictivos, 11, 1997) han sugerido que las Comunidades Terapéuticas pueden ser muy eficaces en el tratamiento del consumo de drogas.

Quizás una de las cosas que más resaltan al introducirnos en la estructura de una comunidad de este tipo, sea la gran cantidad y variedad de actividades diarias que tienen los residentes. En general, existen uno o dos “grupos terapéuticos” diarios, a los que se agrega actividades como educación física, alguna actividad de aprendizaje de herramientas laborales (computación, talleres de oficios), alguna actividad donde prime lo corporal (teatro espontáneo, etc), que si bien no suelen tener una carga diaria, muchas veces aparecen de manera semanal. El día está reglado y se fomenta su máximo usufructo. El adicto tiene dificultades para escuchar; entonces, en las reuniones debe estar más de una hora escuchando a otros. Tiene una fuerte inhibición de lo afectivo y de lo corporal, por lo cual se le brindan espacios como teatro espontáneo en donde, necesariamente, deberá exponerse.

A diferencia de otras modalidades de tratamiento, las Comunidades Terapéuticas constituye un “medio terapéutico”, cuyo régimen diario consiste en actividades estructuradas y no estructuradas e interacciones sociales que se desarrollan en situaciones y entornos formales e informales, y que constituyen entre todas las intervenciones terapéuticas durante el proceso.

Actualmente, la oferta de servicios asistenciales para drogodependientes es relativamente amplia, variada y bien conocida. La elección del contexto y modalidad de intervención debería estar basada en las demandas de un plan de tratamiento, las necesidades del paciente y las  características de los servicios disponibles.

En nuestro país, los programas basados en el modelo de comunidad terapéutica para drogodependientes están relativamente bien consolidados, los profesionales acumulan años de experiencia con adictos y mantienen una fuerte sensibilidad en la necesidad del cambio y adaptación de los programas de rehabilitación.

La adicción y el uso de las drogas es un complejo problema social y personal. Debe abordarse con diversas intervenciones; las Comunidades Terapéuticas no solo es un modelo actual, sino que es el futuro. Esto es válido especialmente para algunos pacientes con diagnóstico dual al estar integrado en un programa estructurado y no estructurado residencial, proporcionando  las herramientas para un cambio profundo; de esta forma se rompe con una manera de vivir (para ser más preciso, de escaparle a la vida) por otra manera de vivir; es decir  formular y formularse un proyecto de vida viable en algunos casos, una tarea harto difícil, sobre todo cuando el proyecto de muerte es el que gobierna, en una Comunidad Terapéutica se busca que el paciente se reinserte a la sociedad de forma activa, participando y no siendo una persona aparte de ella.

Referencias bibliográficas

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