Enfrentando la Enfermedad con Inteligencia Emocional

RESUMEN

Este estudio pretende realizar un meta análisis de como la Inteligencia Emocional viene a ser un factor clave e indispensable en la Adherencia al Tratamiento con la finalidad  de que el paciente pueda enfrentarse a la enfermedad con herramientas psicológicas. Esta investigación está fundamentada en una revisión de herramientas bibliográficas profundas, la cual sirvió para indagar y establecer conclusiones concretas luego de haber realizado un análisis exhaustivo tomando como base investigaciones previas. Entendiendo la Adherencia al Tratamiento como el compromiso que tiene el paciente en el uso y manejo adecuado de las recomendaciones e indicaciones que el especialista tratante le ha dado con la finalidad de obtener resultados esperados en un breve periodo de tiempo y haciendo entender que tanto el paciente, familiares y médicos tratantes deben estar capacitados y estimulados en Inteligencia Emocional, para de esta manera poder entender, comprender y regular emociones propias y ajenas. De esta manera se espera que la Inteligencia Emocional permita una adecuada Adherencia al Tratamiento sin descuidar su bienestar tanto físico, psicológico y social, así como el bienestar de los familiares.

Palabras Claves: Inteligencia Emocional, Adherencia al Tratamiento, Enfermedad, Compromiso, Paciente, Familiares, Médicos Tratantes.

ABSTRACT

This study intends to perform a meta-analysis of emotional intelligence as it becomes a key and indispensable factor in the Treatment Adherence in order to allow the patient to face the disease with psychological tools. This research is based on a review of deep bibliographic tools which served to investigate and establish concrete conclusions after performing a thorough analysis based on previous research. Understanding Treatment Adherence as the commitment to the patient in the proper use, handling of recommendations and guidelines for the treating specialist, has been given in order to obtain the desired results in a short period of time and an understanding that patient, family and treating physicians should be trained and encouraged in Emotional Intelligence. Thus they’ll be able to understand, comprehend and regulate their own and others' emotions. Thus it is expected that Emotional Intelligence allows appropriate treatment adherence without neglecting physical, psychological, social well-being and welfare of the family.

Key Words: Emotional Intelligence, Treatment Adherence, Disease, Commitment, Patient, Family, Treating Physicians.

I. Introducción

Son muchas las personas que se quejan de que la medicina no logra curar sus enfermedades, principalmente en casos de enfermos crónicos. Esto es debido a que muchas veces se deja de lado una parte muy importante de la enfermedad: los aspectos emocionales y sociales que están influyendo tanto en la etiología de la enfermedad como en su mantenimiento a lo largo del tiempo. Desde las últimas décadas del siglo XX las enfermedades crónicas se han incrementado significativamente transformándose en una de las principales causas tanto de la reducción de la calidad de vida de la población mundial, como del aumento de las tasas de mortalidad. Entiendo la enfermedad como un proceso de afección caracterizado por una alteración perjudicial de su estado de salud, en donde estos estados vienen a ser multi-causal.

Sin embargo, aunque el principal objetivo de las ciencias de la salud y de la atención sanitaria consiste en mejorar la salud y/o tratamientos, la cura de enfermedad y la reducción de sus síntomas, es necesario abordar resultados más generales de los tratamientos y servicios de la atención sanitaria como lo es el bienestar del paciente. El objetivo es entonces reducir los síntomas pero esto depende primeramente de la disposición del paciente ante el tratamiento y ante el médico.

Con respecto a la adherencia al tratamiento, esta constituye actualmente  un importante problema de salud pública a nivel mundial, ya que muchos pacientes se rehúsan a seguir cabalmente su tratamiento o indicación médica. La adherencia al tratamiento ha sido definida de diferentes formas, pero principalmente como el cumplimiento o seguimiento de las instrucciones médicas. Con el trascurso de los años se ha ido superando esta connotación reduccionista, otorgándole cada vez más un papel activo al paciente. Así como también, la adherencia a otros aspectos no farmacológicos que hacen parte de los tratamientos (como la modificación de hábitos alimentarios, la actividad física, el buen manejo de las emociones, entre otras), ha empezado a considerarse importante dentro del mismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2004 define la adherencia al tratamiento como “el grado en que la persona ejecuta acciones como el cumplimiento de los medicamentos y adopción de estilos de vida saludable, las cuales fueron recomendadas por el personal de salud”. No obstante, esta forma de entender la adherencia al tratamiento no ha trascendido completamente a los servicios de salud que trabajan con diversos pacientes que presentan algunas condiciones de salud (o enfermedad), en los que aún se sigue considerando la adherencia únicamente como la toma de medicamentos y la asistencia a citas médicas, y por tanto, siguen interviniéndose de esta manera, y olvidando el bienestar del paciente.

De acuerdo con Oblitas (2006), expresa que la adherencia al tratamiento es el “grado en que una conducta coincide y es propiciada para cumplir con la indicación médica o de la salud, refiriéndonos a un tratamiento específico, practicada de una manera activa con convicción”. En esta definición, se especifica que estas actitudes que el paciente debe implementar para considerarse adherente al tratamiento, deben incluir una participación realmente activa con conductas que estén orientadas al afrontamiento y a su tratamiento, sin dejar a un lado el plano emocional, ya que el paciente debe tener un buen manejo de sus emociones y la de los demás, y todo esto viene a ser parte de la adherencia al tratamiento.

Por otra parte, Daniel Goleman en 1997 nos define la inteligencia emocional como la capacidad que posee una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes. Entre las habilidades emocionales se incluye la conciencia de uno mismo, la capacidad para identificarse, expresar y controlar los sentimientos, la habilidad de controlar los impulsos y posponer la gratificación así como la capacidad de manejar la tensión y la ansiedad. Tomando en consideración lo antes mencionado, cabe destacar que los pacientes al momento de asumir el compromiso de la adherencia al tratamiento que corresponde a su condición de salud o enfermedad, podrían asumir a su vez como una de las estrategias de afrontamiento la inteligencia emocional.

En los cuidados médicos modernos a menudo carecen de Inteligencia Emocional, como hace referencia Goleman en su libro Inteligencia Emocional “el problema surge cuando el personal médico pasa por alto la forma en que los pacientes reaccionan a nivel emocional…”. Para el paciente cualquier encuentro con una enfermera o con un médico puede ser una oportunidad para obtener información, consuelo y/o tranquilidad; y si se maneja inadecuadamente, puede ser una invitación a la desesperación. En promedio existe un aumento de las prestaciones médicas como para inferir que una intervención emocional debería ser parte corriente de la atención medica de todas las enfermedades graves. Ha llegado el momento de que la medicina saque un provecho más metódico de la relación que existe entre emoción y salud.

II. Metodología

La presente investigación se caracteriza por presentar un diseño de investigación de tipo documental, de nivel descriptivo, fundamentado con una revisión de herramientas bibliográfica profunda.

Arias (2004), considera a la investigación documental como el proceso basado en la búsqueda y análisis de datos secundarios, es decir, datos registrados por otros investigadores en fuentes documentales, impresas, audiovisuales o electrónicas. Es de gran importancia recalcar que el presente estudio estuvo apoyado en una exhaustiva investigación bibliográfica y documental, señalando a los antecedentes de la investigación y el desarrollo de las bases teóricas asociadas con las variables Adherencia al Tratamiento e Inteligencia Emocional.

Por otro lado corresponde a una investigación de tipo  descriptiva, de acuerdo con Tamayo (2003), refiere a las investigaciones descriptivas como el registro, análisis e interpretación de la naturaleza actual y la composición o procesos de los fenómenos; trabajando así, sobre realidades de hechos y su característica fundamental es la de presentar una interpretación correcta. En este caso la descripción de los hechos se realizó de acuerdo a las teorías previas a la misma.

Méndez, C. (2006), plantea que “Los estudios de tipo descriptivo acuden a técnicas específicas en la recolección de la información como son las entrevistas, los cuestionarios. También se pueden utilizar informes y documentos utilizados por otros investigadores” (p.90). Es por esta razón que se ha tomado el tipo de investigación descriptiva, ya que permite el análisis e interpretación de los hechos, tomando como antecedentes estudios y documentos de otros investigadores, de esta manera se puede describir cada antecedente, fenómeno, contexto, ambiente, medición, entre otros, que ha sucedido a lo largo de la historia hasta este momento, dando así la oportunidad de dar una interpretación más objetiva y concreta.

III. ¿Qué es la Enfermedad?

De acuerdo al Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas (Masson 1999) la define como: “Perdida de Salud. Alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, de etiología en general conocida, que se manifiesta por síntomas y signos característicos y cuya evolución es más o menos previsible”.

En efecto la enfermedad provoca cambios en las sensaciones y funciones corporales que un individuo pueda percibir por sí mismo o de las que, tal vez, puede ser advertido por otra persona. El tipo de indicio que probamente podrá observar el propio individuo implica cambios en el funcionamiento corporal como por ejemplo irregularidades en el ritmo cardiaco, sensaciones como entumecimiento o perdida de la visión, malestares estomacales, nauseas, dolor, fiebre, entre otras. En cambio los demás individuos no pueden percibir estos cambios, pero pueden observar cambios en su apariencia corporal como lo es la pérdida de peso, palidez en la piel, entre otras. Morrison, V., y Bennett, P. (2008) distingue entre signos corporales y síntomas de enfermedad, siendo los signos reconocidos de manera objetiva y los síntomas bajo una interpretación. Aunque algunas enfermedades presenten síntomas visibles, otras no, y por el contrario, muestran un componente de sensación subjetiva de respuestas corporales.

Por otro lado Cassel (1976) utiliza el término trastorno, siendo esto lo que el paciente siente cuando acude al médico, es decir una sensación de no sentirse muy bien en comparación con el estado habitual. Y la enfermedad como lo que tiene el paciente al regresar a la casa luego de consultar con el médico. La enfermedad se considera como algo del órgano, célula o tejido que denota un desorden físico o una patología subyacente, mientras el trastorno es lo que experimenta la persona.

Sin embargo, las personas pueden sentir que tienen una afección sin padecer una enfermedad identificable, y además, los individuos pueden tener una enfermedad sin sentir ninguna afección como lo puede ser el asma de manera controlada o incluso la diabetes, puede darse también casos de VIH en sus etapas iniciales donde no se presenta afecciones pero el paciente padece dicha enfermedad. Tal es el caso que suele suceder que una visita rutinaria al médico, el paciente se siente sano y al llegar puede descubrir que está oficialmente enfermo, dado lo que indican los resultados de algún chequeo. El medico luego de proporcionar un diagnostico deben puntualizar cual es el tratamiento idóneo para este.

IV. ¿Qué se entiende por Adherencia al Tratamiento?

La adherencia al tratamiento constituye actualmente un importante problema de salud pública a nivel mundial, ya que muchos pacientes se rehúsan a seguir cabalmente su tratamiento o indicación médica. La adherencia al tratamiento ha sido definida de diferentes formas, una de las principales definiciones es la que Haynes (1979), este define la adherencia al tratamiento como el “cumplimiento del grado en que la conducta de un paciente, en relación a la toma de medicamentos, el seguimiento de una dieta o la modificación de hábitos de vida, coincide con las instrucciones proporcionadas por el médico o personal sanitario”.  Pero con el trascurso de los años se ha ido superando esta connotación reduccionista, otorgándole cada vez más un papel activo al paciente. Así como también, la adherencia a otros aspectos no farmacológicos que hacen parte de los tratamientos (como la modificación de hábitos alimentarios, la actividad física, el buen manejo de las emociones, entre otras), ha empezado a considerarse importante dentro del mismo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2004 define la adherencia al tratamiento como “el grado en que la persona ejecuta acciones como el cumplimiento de los medicamentos y adopción de estilos de vida saludable, las cuales fueron recomendadas por el personal de salud”. Entendiendo con esto, que no solo implica cumplir con la toma de medicamentos, sino que debe existir un cambio de hábitos en el estilo de vida que este adaptado al proceso de mejoramiento de la enfermedad.

No obstante, esta forma de entender la adherencia al tratamiento no ha trascendido completamente a los servicios de salud que trabajan con diversos pacientes que presentan algunas condiciones de salud (o enfermedad), en los que aún se sigue considerando la adherencia únicamente como la toma de medicamentos y la asistencia a citas médicas, y por tanto, siguen interviniéndose de esta manera, y olvidando el bienestar del paciente.

Sin embargo Oblitas (2006), expresa que la adherencia al tratamiento es el “grado en que una conducta coincide y es propiciada para cumplir con la indicación médica o de la salud, refiriéndonos a un tratamiento específico, practicada de una manera activa con convicción”. En esta definición, se especifica que estas actitudes que el paciente debe implementar para considerarse adherente al tratamiento, deben incluir una participación realmente activa con conductas que estén orientadas al afrontamiento y a su tratamiento, sin dejar a un lado el plano emocional, ya que el paciente debe tener un buen manejo de sus emociones y la de los demás, y todo esto viene a ser parte de la adherencia al tratamiento.

Por su parte, Cañas y Roca (2007), refieren la adherencia terapéutica como “una serie de conductas o el cambio de las mismas como consecuencia de las recomendaciones proporcionadas por los profesionales de la salud” (p. 5). De igual forma describen diferentes aspectos que consideran pueden influenciar en la adherencia, entre los que se encuentran las “características del tratamiento recomendado, características de la enfermedad, relación entre el individuo y el profesional de salud, los aspectos situacionales o las características relacionada con el individuo”. Lo que deja en evidencia, que la adherencia de un paciente a su tratamiento puede depender de varios factores, los cuales deben ser analizados en su totalidad para su promoción en salud.

V. ¿Cómo debe ser el control sobre la ingesta de medicamentos y alimentos?

En este sentido los aspectos que pueden relacionarse para ocasionar que los pacientes tengan o no adherencia a su tratamiento se encuentra el control sobre la ingesta de medicamentos y alimentación.  Dentro del estudio de la adherencia al tratamiento en los pacientes con alguna enfermedad médica, se ha planteado con gran auge las diferentes formas de medición sobre si está o no ingiriendo los medicamentos prescritos y si se alimenta adecuadamente respecto a su padecimiento. Lo cual conlleva a discernir sobre a lo que hace referencia a la ingesta de éstos para hacer a pacientes adherentes a su tratamiento.

En la adherencia a la hemodiálisis, tiene un impacto directo en la vida y además previene descompensaciones agudas entre sesiones de diálisis, el tratamiento integral de un paciente en hemodiálisis, requiere un control adecuado de la ingesta de fluidos, dieta y medicación. Según García, Fajardo, Guevara, González y Hurtado (2002) estas exigencias puede resultar una fuente de insatisfacción para muchos pacientes, generando conflictos que pueden derivar en conductas de autoagresión tales como la falta de adherencia con la restricción de líquidos y de dieta.

De acuerdo con Hotz, Kaptein, Pruitt, Sánchez, Sosa y Willey (2003) señalan que la adherencia “es un proceso conductual complejo determinado por varios factores en interacción: atributos del paciente, medio ambiente (comprende apoyos sociales, características del sistema de salud, funcionamiento del equipo de salud, disponibilidad y accesibilidad de los recursos de salud) y características de la enfermedad en cuestión y su tratamiento”. Además estos mismos autores mencionan que la adherencia puede ser mejor entendida como “... el proceso de esfuerzos que ocurren en el curso de una enfermedad, para cumplir con las demandas conductuales impuestas por la enfermedad”.

En virtud de lo antes mencionado, se destaca la importancia y el papel determinante que tienen múltiples factores al momento de que un paciente asuma el compromiso de la adherencia al tratamiento, como lo son factores personales (aceptación o negación), factores sociales (apoyo percibido, motivación, entre otras), factores ambientales (donde se incluye desde el sistema de salud, el equipo de salud, la disponibilidad y el acceso a los mismos). Aparte si se debe incluir una ingesta de medicamentos permanentes, esto suele ocasionar un rechazo o resistencia para aquellos pacientes que no estén acostumbrados, de igual forma para aquellos pacientes que poseen una ingesta periódica. Todo esto puede generar una descompensación significativa en la vida del mismo, ya que muchas veces cambian su modo de vida de manera drástica o radical, y no existe un adecuado manejo de las emociones por parte del paciente, ni un personal idóneo que pueda ayudar al paciente a manejar dicha situación.

Por otra parte Oblitas y Cols., (2006), refieren que además de la complejidad en el plan terapéutico, también interviene otro factor relacionado con la prescripción de medicamentos que deben ser fabricados en laboratorios, indicando “que si bien cubren los requisitos de calidad en cuanto a la cantidad de sustancia activa, no cubren aspectos que están relacionados con calidad en la compactación de las pastillas o vehículo que ayude a disminuir las reacciones secundarias”, entre las cuales está la “irritación gástrica por la toma, encontrando tabletas que se disuelven en la boca del paciente esparciendo tanto su sabor amargo, como irritación por el químico”. Produciendo con esto que muchos pacientes abandonen el medicamento por el malestar que éste les ocasiona.

En este mismo orden de ideas Trujano, Vega y Nava (2009) expresan:

“consideramos que la adherencia en el ámbito psicológico se refiere al conjunto de comportamientos efectivos para el cumplimiento de las prescripciones médicas que conllevan al control de la enfermedad. Este conjunto de comportamientos explícitos tendrían que contemplar si el paciente ingiere los medicamentos y alimentos prescritos, si sus conductas son efectivas para mejorar su salud y su creencia de si considera que lo que hace es eficaz para controlar su enfermedad”.

En efecto que importante que la adherencia no se vea solo como la ingesta de fármacos o la visita médica, si no que se vea como el control de una enfermedad y que el paciente asuma una postura efectiva y acorde para el cumplimiento exacto de cada una de las indicaciones que se le den desde el mismo momento en que es diagnosticada la enfermedad, estas indicaciones vienen dadas desde: cambios en la rutina de vida, la ingesta de alimentos, la ingesta de fármacos, entre otros, y es fundamental que en cada momento se le explique al paciente el porqué de las cosas, para de esta manera disminuir la incertidumbre que puede ocasionar el desconocimiento que puede generar los cambios radicales que este percibe, para de esta manera poder tener una adherencia óptima.

VI. ¿Cómo debe ser el seguimiento Médico Conductual?

Entre los temas tratados se ha estudiado la diversidad de factores que integran la adherencia terapéutica, entre ellos están las acciones que el paciente ejerce para cumplir con los requerimientos médicos. En este sentido, Soria, Vega y Nava (2009), describen que el seguimiento médico conductual está referido a la “medida en la que el individuo cuenta con conductas efectivas de cuidados de salud a largo plazo” (p. 8). De tal modo, que implica una participación activa no sólo para la toma de medicamentos, sino también para la asistencia a consultas médicas, realización de análisis clínicos, entre otras.

De acuerdo con Martin, L y Grau, J, 2004.La adherencia al tratamiento comienza a desempeñar su papel en el momento posterior al diagnóstico de la enfermedad, cuando suele producirse una diferenciación subjetiva entre su carácter nosológico (etiología, pronóstico y tratamiento) y la forma en que la persona percibe la enfermedad, el significado que le confiere (una pérdida, un reto, una amenaza, incluso un alivio…)

Por su parte, Cañas y Roca (2007), hacen referencia a una serie de actitudes relacionados con las “conductas de salud, es decir, aquellas cuya finalidad es eliminar comportamientos de riesgo de la persona y poner en marcha recomendaciones de salud general tales como no beber alcohol, hacer ejercicio, no fumar, comer de manera equilibrada, etc.”. De igual forma describen las “conductas de enfermedad, es decir, recomendaciones cuyo objetivo es el de reducir sintomatología. Se incluye en este último apartado el seguimiento de prescripciones terapéuticas” (p. 4). De este modo, se entiende que dentro de las conductas adherentes están el seguimiento de recomendaciones médicas, tanto a en la toma de medicamento como en la ejecución de comportamientos positivos.

Por otro lado, Oblitas y Cols., (2006), habla que entre los aspectos que se deben tomar en cuenta dentro del proceso de adherencia terapéutica es la autoeficacia, y este la describe como “el juicio que cada individuo tiene acerca de sus capacidades, sobre la base de las cuales organizara y ejecutara sus actos de modo que le permitan alcanza el rendimiento deseado”. Luego de que el paciente ya es diagnosticado con una enfermedad o con una condición de salud, inmediatamente comienza el proceso de adherencia al tratamiento en conjunto con la autoeficacia, esto busca darle seguridad y confianza al paciente para que este pueda enfrentar la enfermedad de la mejor manera posible. Esto viene a ser un papel fundamental sobretodo en la carga emocional del paciente, ya que el paciente percibe la enfermedad y muchas veces le da otro significado, algunos lo pueden tomar como una perdida, un reto, una amenaza, entre otros, cada paciente le da un significado único según sea su percepción, su conocimiento previo de dicha enfermedad, su grado de instrucción, entre otras.

VII. ¿Cuáles son los factores que están relacionados con la Adherencia?

Llama la atención de que muchos de los factores ligados a la enfermedad y a los síntomas que le acompañan han demostrado estar relacionados con la adherencia. Según Cañas y Roca (2007) si un paciente obtiene alivio a sus síntomas de forma inmediata, es más probable que cumpla con las prescripciones. El paciente que experimenta un conjunto particular de síntomas perturbadores y un alivio inmediato para estos síntomas, al adherirse a las pautas de tratamiento tiene mayores probabilidades de desarrollar buena adherencia.

En contraposición un paciente con una enfermedad asintomática, al que la ingesta de medicamentos no alivia los síntomas a corto plazo, además no solo dispone de claves internas para la acción, sino que su conducta de seguimiento de la prescripción no recibe refuerzo (o si lo recibe no es inmediato), con lo cual su probabilidad de adherencia disminuye.

VIII. ¿Qué es Inteligencia Emocional?

La Inteligencia Emocional ha sido propuesta por varios autores, pero en el año 1990 aparece el término por primera vez, y es propuesto por Mayer y Salovey, la cual definen como la capacidad para supervisar los sentimientos y las emociones de uno mismo y de los demás, de discriminar entre ellos y de usar esta información para la orientación de la acción y el pensamiento propios. (Salovey y Mayer, 1990, p.189). Por otro lado, Gardner (1993) define la inteligencia personal conceptualizada como la habilidad para comprender las emociones propias y de los demás y en 1995 vuelve aparecer con su teoría de las inteligencias múltiples, en donde distingue siete inteligencias: musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal e intrapersonal. Posteriormente Gardner (2001) añade dos más: inteligencia existencial e inteligencia naturalista. La inteligencia naturalista se refiere a la conciencia ecológica que permite la conservación del entorno; la existencial es la que utilizamos cuando nos formulamos preguntas sobre el sentido de la vida, el más allá, entre otras. Incluso sugiere la posibilidad de otras inteligencias. Desde este momento se le da un auge muy importante a lo que respecta a la Inteligencia Emocional, siendo esta la encargada de entender y regular los propios sentimientos y el de los demás.

Por otro lado Mayer y Salovey (1997) actualizan la definición de la inteligencia emocional, añadiéndole un factor y la conceptualizan como una habilidad mental que comprende distintas habilidades: percibir, evaluar y expresar emociones con precisión; acceder y generar sentimientos que faciliten un pensamiento adecuado; comprender emociones y su significado y regular emociones que promuevan el desarrollo intelectual y emocional.

Así mismo existen autores como Goleman (1997) que entiende la Inteligencia Emocional como la “capacidad de conocer y manejar nuestras propias emociones, motivarse a uno mismo, reconocer emociones en otros y manejar relaciones.” De esta manera se entiende que la afectividad, la conducta y el pensamiento deben entenderse como componentes directos de la inteligencia, en donde la acción y el pensamiento logren tener sentido a través del deseo. El ser humano tiene la habilidad o la capacidad de conocer y manejar sus propias emociones de manera adecuada, cabe destacar que para alguno esto resulta más fácil que para otros, pero como toda habilidad se puede estimular hasta lograr el perfeccionamiento.

De acuerdo con Salovey, Mayer, Caruso (2002) “implica analizar la capacidad del individuo para procesar la información afectiva proveniente de emociones tanto básicas como complejas, positivas como negativas, y su eficacia para resolver los problemas cotidianos”. Cabe destacar que entre las habilidades emocionales se incluyen la conciencia de uno mismo; la capacidad para identificar, expresar y controlar los sentimientos, la habilidad de controlar los impulsos y posponer la gratificación así como la capacidad de manejar la tensión y la ansiedad.

Por otro lado cabe en consideración la inteligencia emocional como una combinación de atributos estrechamente relacionados con la personalidad, que es distinta del CI, y está relacionada con competencias ligadas al logro académico y profesional (Bar-On, 2000; Goleman, 1995, 1998; McCrae, 2000). Sin embargo existen autores que la consideran como la capacidad para percibir y entender información emocional (Mayer, Caruso y Salovey, 2000; Mayer, Caruso, Salovey y Sitarenios, 2003)

De acuerdo con Mireya Vivas y Cols. (2007). Dan una definición general y breve de la Inteligencia Emocional, como la capacidad para reconocer, comprender y regular nuestras emociones y la de los demás, implicando tres procesos: Percibir, Comprender y Regular. Por otro lado explica que la inteligencia emocional se refleja en la manera en que las personas interactúan con el mundo. Las personas emocionalmente inteligentes toman muy en cuenta sus propios sentimientos y los de los demás; tienen habilidades relacionadas con el control de los impulsos, la autoconciencia, la valoración adecuada de uno mismo, la adaptabilidad, motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, que configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, indispensables para una buena y creativa adaptación.

IX. ¿Cuáles son los Modelos de la Inteligencia Emocional?

Modelo de inteligencia socio-emocional de Reuven Bar-On

Bar-On (1997) define la inteligencia socio-emocional como un conjunto de habilidades emocionales, personales e interpersonales que influyen en nuestra habilidad general para afrontar las demandas y presiones del medio ambiente. De esta manera, la inteligencia emocional es un factor importante determinante tanto en nuestra habilidad para tener éxito en la vida y como en nuestro bienestar emocional general. Este modelo parte de cinco importantes trabajos de la literatura psicológica (Bar-On, 2006). De los trabajos de Darwin (1872) destaca la importancia que tiene la expresión emocional en la adaptación al entorno. También se apoya en el concepto de inteligencia social de Thorndike (1920) y de la influencia que este tipo de inteligencia tiene en el rendimiento personal, los otros tres puntos clave en su trabajo son las observaciones de Wechsler (1958) acerca de la influencia de factores no cognitivos, los estudios de Sifneos (1973) sobre la alexitimia y, por último, los estudios de Appelbaum (1973) acerca de la autoconciencia.

Partiendo de los trabajos antes mencionados, Bar-On (2006) plantea que su modelo consta de las siguientes habilidades: (a) la habilidad para reconocer, comprender y expresar emociones y sentimientos; (b) la habilidad para comprender como las personas se sienten y se relacionan; (c) la habilidad para regular y controlar las emociones; (d) la habilidad para cambiar, adaptar y solucionar problemas de índole personal e interpersonal y (e) la habilidad para generar un estado de automotivación y afectos positivos.

Según este modelo, las personas socio-emocionalmente inteligentes son capaces de reconocer y expresar sus emociones, comprender y relacionarse con los demás, comprenden cómo se sienten las otras personas, pueden tener y mantener relaciones interpersonales satisfactorias y responsables, sin llegar a ser dependientes de los demás; son, generalmente, optimistas, flexibles, realistas, tienen éxito en resolver sus problemas y afrontan el estrés sin perder el control.

Modelo de las habilidades de Salovey y Mayer

Inicialmente, Salovey y Mayer (1990) buscaban unir la emoción y la razón en un solo constructo, más tarde se movieron hacia un enfoque cognitivo, más concretamente hacia los modelos del procesamiento de la información, proponiendo que la inteligencia emocional es un tipo más de inteligencia, como puede ser la inteligencia verbal o espacial. Para Mayer et al. (2000a) la inteligencia es un sistema que se compone de dos grupos de habilidades o capacidades, uno que recibe o identifica información y otro que la procesa, así, proponen que la inteligencia emocional trabaja sobre el sistema cognitivo y el emocional.

En 1990, Salovey y Mayer sientan las bases de este modelo en un artículo publicado en la revista “Imagination, Cognition and Personality”. En este artículo definen inicialmente la inteligencia emocional como la habilidad para sentir las emociones propias y las de los demás, para distinguirlas y para utilizarlas para guiar nuestros pensamientos y acciones.

Ahora pasaremos a describir los factores del modelo propuesto inicialmente por los autores.

  • Evaluación y percepción emocional:

Esta rama se puede descomponer en factores personales e interpersonales. Respecto al primero, los autores plantean que, al entrar la información en el sistema perceptual es cuando tienen lugar los procesos que subyacen a la inteligencia emocional, este factor permitiría una correcta evaluación y expresión de emociones, la evaluación de la emoción condiciona la experiencia emocional y, por lo tanto, la expresión emocional.

Hay dos vías por las que se procesa la información emocional de uno mismo, la verbal y la no verbal. Los autores equiparan la primera vía con la alexitimia, es decir, la incapacidad para evaluar y expresar emociones. En cuanto a la vía no verbal, los autores señalan que la mayor parte de la comunicación emocional se produce a través de los canales no verbales y plantean que las diferencias individuales respecto a la claridad con la que perciben estas señales emocionales se observa en sus expresiones emocionales.

El factor interpersonal de la evaluación y expresión emocional también se divide en dos bloques, la vía no verbal y la empatía. Salovey y Mayer (1990) argumentan que, desde un punto de vista evolutivo, para una mejor cooperación interpersonal es fundamental detectar con precisión las emociones en las personas que nos rodean. Por lo tanto, partiendo de los estudios que han encontrado diferencias individuales a la hora de identificar las emociones en las expresiones faciales, los autores concluyen que las personas con mayor capacidad en este factor tendrán patrones de conducta más adaptativos. La empatía, es decir, la capacidad para comprender y sentir lo que otra persona está experimentando, es un aspecto central de la inteligencia emocional.

Las personas con altos niveles de inteligencia emocional, entendida desde el punto de vista inicial de Salovey y Mayer (1990), son capaces de promover relaciones interpersonales cálidas; además, a mayor número de amigos, compañeros, familiares, entre otros., con alta inteligencia emocional, mejor será el entorno social. Este fenómeno ha sido estudiado en el contexto deportivo por Crombie et al. (2009), quienes hallaron que la puntuación media en inteligencia emocional de un equipo de cricket correlacionaba con el número de puntos conseguidos a lo largo de una temporada; posteriormente se analizará con más detalle este trabajo.

Como conclusión, podremos señalar que las personas con una mayor inteligencia emocional pueden percibir y responder más rápido a sus propias emociones y, de esta manera, expresar mejor sus emociones a los demás. Además, estas personas son más empáticas y expresivas emocionalmente (Mayer, Di Paolo y Salovey, 1990). Estos autores también señalan que personas jóvenes con problemas legales no suelen conseguir y/o adquirir habilidades de percepción emocional. Esto podría ser bastante importante en el contexto deportivo, ya que deportistas con bajas capacidades de percepción emocional podrían caer en conductas agresivas durante la práctica deportiva.

  • Regulación de las emociones:

Salovey y Mayer argumentan que las personas con habilidades de inteligencia emocional deberían ser capaces de regular tanto las emociones como los estados de ánimo ya que, estos últimos, aunque más duraderos, son menos intensos. Al igual que en la rama evaluación y expresión de emociones, plantean que hay dos factores, uno personal y otro interpersonal.

Las emociones se pueden regular a través de situaciones o a través de personas, es decir, a través de situaciones, supone que un deportista amateur que considera el entrenamiento como uno de los momentos más alegres de la semana y que después de una larga temporada de mucho estrés en el trabajo y sin haber podido jugar al fútbol, vuelve a un equipo de fútbol para sentir las emociones positivas de las que solía disfrutar, en esta situación vemos que una situación determinada alegra al deportista. Otro método que plantean los autores para regular los estados de ánimo propios es eligiendo las personas que nos rodean. Estos dos métodos buscan regular los estados de ánimo a través de mecanismos indirectos, pero también se ha observado que las personas pueden utilizar mecanismos directos, así, podemos mantener y alargar las experiencias alegres, a la vez que minimizamos las experiencias tristes.

Otro método directo para regular los estados de ánimo sería a través del fenómeno en los sentimientos de tristeza o desagradables pueden provocar emociones positivas, esto ha sido estudiado por Solomon (1980) y explicado a través de la teoría del proceso oponente. Por ejemplo, después de ver una película o una obra de teatro triste o de terror nos puede invadir un sentimiento de alegría o alivio.

Respecto a la regulación emocional de otras personas, plantean que ejemplos de inteligencia emocional se pueden observar en la capacidad que tienen los grandes oradores para atraer la atención de las personas, o en la astucia de una persona que va a una entrevista de trabajo y elige la ropa y el peinado para causar una emoción o impresión a los entrevistadores. Los autores concluyen que todas las personas regulan tanto las emociones propias como las de los demás, además proponen que las personas inteligentes emocionalmente son más hábiles en estas tareas. También plantean que esto se puede utilizar con fines positivos o negativos, por ejemplo un buen entrenador puede conseguir que sus jugadores regulen su ansiedad para conseguir un mejor rendimiento, pero también se puede utilizar para manipular, como pueden hacer líderes de sectas.

  • Uso de las emociones:

El tercer factor o rama que propusieron Salovey y Mayer (1990) es el uso o utilización de emociones para solucionar problemas. Proponen que las emociones o los estados de ánimo pueden ayudar a través de las siguientes cuatro vías, planificación flexible, pensamiento creativo, atención redirigida y emociones motivantes. La planificación flexible hace hincapié en que, dependiendo del estado de ánimo, veremos el futuro de un color o de otro, así que, las personas que suelen tener cambios de humor podrán visualizar diferentes perspectivas de futuro, unas positivas y otras menos positivas, por lo que es probable que también planteen diferentes planes de acción y, por lo tanto, puedan enfrentarse con más éxito a las diferentes situaciones. Imaginemos un joven atleta que quiere correr el mundial; sabe que, entre otras cosas, necesita conseguir la marca mínima y el dinero para poder pagar el viaje, el primer requisito lo planifica con su entrenador, mientras que él mismo se encarga de conseguir dinero para los viajes.

Cuando está contento se imagina que si consigue la marca mínima el representante de una prestigiosa marca le financiará, pero cuando se entristece se da cuenta que, en estas épocas de crisis, es muy difícil conseguir patrocinador, así que se dedica a pensar que otra cosa puede hacer para conseguir dinero, llegando a la conclusión que podría solicitar una ayuda del Ministerio, hablar con el Ayuntamiento de su ciudad o contactar con un agente deportivo.

Respecto al pensamiento creativo, Salovey y Mayer sugieren que los sujetos con un estado de ánimo positivo categorizan mejor diferentes aspectos de los problemas y una mejor categorización conlleva a ver relaciones entre los fenómenos, lo que les ayuda a encontrar una solución al problema. Así, las personas que puedan fomentar estados de ánimo positivos serán más hábiles a la hora de hallar soluciones a los problemas.

El tercer mecanismo, atención dirigida por el estado de ánimo, se basa en el hecho de que, ante un problema nuevo se generan emociones muy intensas y éstas dirigen la atención, por ejemplo, un jugador de tenis al que abuchean desde el estadio tendrá que redirigir la atención hacia el oponente si no quiere perder el partido. Los autores plantean que personas con un mayor nivel de inteligencia emocional serán más hábiles en esta tarea.

X. ¿Cómo influye la Inteligencia Emocional en el Ámbito Hospitalario?

Como hace referencia Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional” (p.198), “el problema surge cuando el personal médico pasa por alto la forma en que los pacientes reaccionan a nivel emocional…”. Este descuido por la realidad emocional de la enfermedad deja de lado un conjunto creciente de pruebas que demuestran que los estados emocionales de las personas pueden jugar a veces un papel significativo en su vulnerabilidad ante la enfermedad y en el curso de su recuperación. Los cuidados médicos modernos a menudo carecen de Inteligencia Emocional, para el paciente cualquier encuentro con una enfermera o un médico puede ser una oportunidad para obtener información, consuelo y/o tranquilidad, y si se maneja inadecuadamente puede ser una invitación a la desesperación.

Tal es el caso de observar con demasiada frecuencia de quienes se ocupan de los cuidados médicos actúan con precipitación o son indiferentes a la aflicción del paciente. Por supuesto, existen enfermeras y médicos compasivos que se ocupan de tranquilizar e informar tanto al paciente como a sus familiares, esto aparte de seguir administrando cabalmente los medicamentos.

En este sentido, más allá del argumento humanitario de que los médicos deben mostrar preocupación además de ofrecer una cura, existen otras razones apremiantes para considerar la realidad psicológica y social de los pacientes como algo que pertenece al reino medico en lugar de estar separado del mismo. En la actualizad se puede afirmar que existen un margen de eficacia médica, tanto en la prevención como en el tratamiento, que puede lograrse tratando el estado emocional de las personas junto con su estado físico. Por supuesto no en todos los casos ni en todos los estados. Pero si observamos los datos de centenares de casos, existen en general, en promedio, un aumento suficiente de las prestaciones médicas como para inferir que una intervención emocional debería ser una parte corriente de la atención medica de todas las enfermedades graves.

Sin embargo, las preguntas sin respuesta alimentan la incertidumbre, el temor y la sensación de catástrofe y llevan a los pacientes a negarse a seguir tratamientos que no comprenden totalmente. Existen muchas formas en que la medicina puede expandir su visión de la salud para incluir las realidades emocionales de la enfermedad, por un lado, como parte de una rutina, se podría ofrecer a los pacientes mayor información esencial para las decisiones que deben tomar con respecto a sus cuidados; Ha llegado el momento de que la medicina saque un provecho más metódico de la relación que existe entre la emoción y salud.

XI. ¿Cuáles son los beneficios de la Inteligencia Emocional en la Adherencia al Tratamiento?

La medicina contemporánea ha sido trasformada por el progreso tecnológico, cuyos avances han permitido mejorar el tratamiento de los enfermos, pero, a la vez, han desvirtuado las relaciones entre médico y paciente. La medicina muchas veces para no decir todas sigue funcionando bajo un modelo biomédico tradicional y se deja a un lado algo muy importante y es que el ser humano es un ente biopsicosocial, es decir, posee una parte biológica, psicológica y social, dando a entender que no es solo el plano biológico como lo hace ver la medicina, sino que también está el plano psicológico en donde caben las emociones tanto positivas como negativas, los sentimientos, los pensamientos, y todas las funciones superiores mentales, también está el plano social donde incluye la interacción que tiene el individuo con su medio ambiente, todo esto visto como una triada en donde uno se mueve en concordancia y al ritmo del otro, y si alguno de estos aspectos se ve afectado el resto también, por ejemplo: lo social puede dañar lo físico, lo psicológico mejora o deteriorar lo físico, y así sucesivamente; y esto puede generar somatizaciones, pensamientos y sentimientos negativos, incapacidad para relacionarse con los demás, ciertos trastornos, afecciones de la salud, entre otras.

En efecto la relación médico – paciente es fundamental para el avance y mejora del paciente, pero si esta relación se da de manera negativa y/o drástica, puede generar ansiedad, depresión, miedo, frustración, insomnio, entre otras, tanto para el paciente como para sus familiares. Y es aquí donde la Inteligencia Emocional juega un papel fundamental ya que le permite al paciente reconocer, regular y controlar tanto sus emociones como las de los demás, permite a su vez darse cuenta y entender cuáles le pertenecen y cuales adquirió de lo que le transmite el médico o los familiares.

Por otra parte, la Inteligencia Emocional también ayuda al médico y demás especialistas tratantes para tener un mejor desempeño y desenvolvimiento, debido a que se da el caso de que estos se enganchan emocionalmente y padecen las mismas emociones que el paciente, incluso se da el caso extremo de manejarlas de manera exacerbada y esto impide en el tratamiento óptimo.

Igualmente se da el caso que en vez de demostrar o poseer un buen control de las emociones, los médicos y demás especialistas transmiten sentimientos de desesperanza, ira y/o frustración, entre otras, en las que a su vez el paciente las adquiere y todo esto impide en la adecuada adherencia al tratamiento. Todo esto puede considerarse como factores alienantes que impiden en la adherencia al tratamiento debido a que el paciente lo tomo como suyo, producto de: desconocimiento de la enfermedad, el mal manejo de sus emociones, la mala comunicación entre médico – paciente, distorsiones cognitivas que aparecen a medida que avanza el tratamiento, el poder social que el paciente da a la enfermedad o alguna conducta o comportamiento inadecuado, aprendizaje social inadecuado, entre otras.

Con esa finalidad se debe capacitar principalmente a los especialistas tratantes para de esta manera no contaminar en la adecuada adherencia, por otro lado se debe capacitar y estimular a los pacientes con Inteligencia Emocional con la finalidad de que estos tengan un adecuado manejo de sus emociones, tengan la capacidad de reconocerlas, y tengan herramientas para enfrentarlas sobre todo las emociones negativas, así como la capacidad para regular su estado de ánimo. Todo esto tiene que darse de la mano con los familiares y médicos tratantes, para de esta manera poder obtener una adherencia oportuna y óptima, así como la obtención de los resultados esperados y/o deseados luego de haber cumplido cabalmente con todas las instrucciones y recomendaciones sin haber afectado el bienestar tanto del paciente como de sus familiares.

Por último, pareciera que culturalmente los médicos no están en la capacidad para transmitirle al paciente y comunicarle sus síntomas, el porqué de los síntomas, explicar de manera detallada el tratamiento establecido, explicar el nuevo estilo de vida que la persona debe llevar luego de ser diagnosticada con algún tipo de enfermedad, explicar el tiempo de alimentación que deben tener, entre otras, y allí es donde la Psicología viene a ser la encargada de realizar toda la psicoeducación necesaria y pertinente, con la finalidad de tranquilizar al paciente entre las principales finalidades. Se debe tratar en pro del bienestar percibido por el paciente, tanto físico, psicológico como social, y todo esto viene a ser el producto de una adecuada Inteligencia Emocional.

XII. CONCLUSIONES

El cuidado y tratamiento con personas con diversos tipos de enfermedades, como el SIDA, la diabetes y el cáncer, han encontrado que hay acciones comunes que son percibidas como útiles, como una ayuda practica y expresiones de amor, preocupación y compresión, y una consistencia relativa en cuanto a acciones que se considera que no ayudan, por ejemplo, minimizar la situación, tener alegría irrealista, subestimar los efectos de la enfermedad sobre el paciente, o ser criticó o excesivamente exigente.

Por otro lado, se puede afirmar que los cuidados médicos modernos carecen de Inteligencia Emocional, y a pesar del progreso y el avance tecnológico todavía los servicios médicos siguen funcionando bajo un modelo biomédico tradicional dejando a un lado el plano emocional y algo muy importante que es el ser humano en su totalidad, visto como un ente biopsicosocial. En efecto es fundamental que se de en óptimas condiciones la relación médico – paciente para de esta manera evitar estados de ansiedad, depresión, miedo, frustración, insomnio, entre otras, tanto para el paciente, como para la familia y especialistas tratantes.

En relación a la evidente existencia de acciones de cuidados que ayudan y que no ayudan, tal vez no resulte sorprendente que cuando se tiene que asumir inicialmente el papel del cuidador, médico, psicoterapeuta o cualquier especialista tratante, estos se planteen preguntas como: “¿tengo los medios necesarios para satisfacer las necesidades de la persona que tengo al frente?. Y de esta manera asumir el claro déficit que existe en relación al aspecto emocional del ser humano, con la finalidad de capacitarse en Inteligencia Emocional.

Cabe destacar que la Inteligencia Emocional ayuda al médico y demás especialistas tratantes para tener un mejor desempeño y desenvolvimiento, evitando adquirir emociones, sentimientos y pensamientos que impidan en su buena labor. Por otro lado permite tener un adecuado manejo emocional para de esta manera ayudar al paciente a obtener de manera oportuna y optima su adherencia al tratamiento, así como también en la obtención de los resultados esperados y deseados, tanto por el paciente, familiares y especialistas tratantes.

Sin embargo, es importante resaltar que la problemática de la no adhesión es muy compleja como se analizó en este trabajo. No depende exclusivamente del paciente, si no también de otros actores  del sistema de cuidados, como podría ser los familiares, el equipo médico, entre otras. Se debe considerar todo el contexto donde se presenta el comportamiento para no llegar a conclusiones precipitadas.

Por último, cabe destacar la Importancia que tiene conocer, saber, reconocer, aprender, capacitarnos, entre otras, en Inteligencia Emocional, ya que nadie es ajeno a vivir este tipo de situaciones en donde es tan necesaria e indispensable, sobretodo en la Psicología donde día a día nos enfrentamos a sin fin de situaciones, a pacientes, afecciones de salud, entre otras, y que importante reconocer las emociones propias y las de los demás, y poseer herramientas para regular las emociones tanto negativas como positivas, y así poder tener la capacidad de psicoeducar y comunicarle al paciente desde su diagnóstico diferencial, los signos y síntomas, el tipo de tratamiento establecido por los especialistas, el estilo de vida que este debe adquirir de hoy en adelante, el tipo de alimentación, entre otras, con la finalidad de tranquilizar al paciente, y de esta manera su adherencia no influya en su bienestar físico, psicológico ni social.

Desde esta perspectiva, la Psicología puede hacer grandes aportes, considerando la Inteligencia Emocional (IE) en la Adherencia al tratamiento, siendo esto un comportamiento de la vida cotidiana de muchos, y viene a estar estrechamente relacionados con aspectos biológicos, psicológicos y sociales del paciente.

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