Sobre la identidad y el cambio

Tendemos a creer que tan solo tenemos un “yo” o un ego pero, en la practica tenemos tantas nociones e imágenes diferentes de nosotros mismos como contextos con los que nos identificamos.

La identidad del latín Identitas. atis ( formada por idem –lo mismo- y ens, entis –ser, cosa, objeto, esencia, entidad-) ; es el conjunto de rasgos de un sujeto o comunidad que le son propios y le confieren ciertas diferencias y particularidades con respecto al resto de individuos. Se identifica también con el concepto de alma (en latín anima, ae = principio vital).

La identidad psicológicamente hablando es la conciencia que una persona posee de ser ella misma, de ser diferente a los demás. Esta identidad está conformada de imágenes e identificaciones con aspectos puntuales del pasado personal, que surgen ante la pregunta sobre nosotros (¿quién soy yo?) y que dotan al individuo de las estructuras propias, individuales y cambiables, que le diferencian del resto de individuos.

Como bien refleja J. Krishnamurti, la identificación es la matriz en la que se desarrolla el “yo”. El proceso del “yo” empieza y continúa en la identificación con sus propias limitaciones auto creadas. Nos identificamos con todo tipo de objetos, personas y situaciones que alimentan la percepción de lo que somos; la idea que vivimos de nosotros.  Sin identificaciones el “yo” no existe. Tampoco existe sin memoria.

En su miedo a no ser, o en su necesidad de sentirse algo fijo, la mente se apega a sus identificaciones con el fin de alcanzar un sentimiento de control y bienestar que la apacigüe.

Según J. Krishnamurti, el “yo” se manifiesta en la división entre pensador y el pensamiento.  Pero ocurre que sin pensamiento, sin recuerdo, no hay sensación de yo. De donde Krishnamurti concluye que el yo no existe o más bien que el pensador y el pensamiento son una y la misma cosa.

El “yo” no es una entidad estática y se alimenta de la propia confusión mental generada por esa misma idea de nosotros con la que vivimos que nos aleja de la realidad que somos. Nos identificamos con algo que no somos (el yo como idea parcial de lo que somos) y esa alienación de la totalidad de lo que somos se manifiesta en síntomas patológicos que hacen que el individuo se sienta infeliz.

Sin posesiones, el “yo” no existe ya que el “yo” son las posesiones, lo mío, mis amigos, mis valores, el nombre... En su miedo a no ser, o en su necesidad de sentirse algo fijo, la mente se apega a las cosas con las que se identifica con el fin de alcanzar un sentimiento de bienestar que la apacigüe ante los conflictos de la vida diaria. .

Si llevamos la atención hacia nosotros, podemos darnos cuenta de cómo funciona la mente y así poner fin a la separación, a la dualidad y ser capaces de vivirnos sin fragmentaciones mentales (yo y no yo).  Cuando el hombre se da cuenta del movimiento de su propia mente, verá la división entre pensador y el pensamiento y descubrirá que sin pensamiento, no existe realmente el pensador, o el ‘yo’.  Es entonces cuando existe la observación pura de nosotros mismos, que es discernimiento directo sin vestigio alguno del pasado. Este discernimiento intemporal origina un cambio radical y profundo en la mente que nos permite en primer lugar ver la realidad de lo que somos y por extensión ver la verdad del mundo en el que vivimos.

El hecho de mantener un concepto de si mismos determinado, cierra nuestra mente a los sentimientos que no cuadran con la visión de nosotros que tenemos, de forma que esos sentimientos rechazados, se proyectan en el exterior.  Si me siento bueno y discuto con otro, ese otro, es el malo. Soy incapaz de ver que el mal también forma parte de mí… (el darse cuenta de que lo positivo y lo negativo forma parte de mí acaba con la alienación que produce el yo y por tanto el yo termina).

La terapia en la que se trabaja la idea del yo se basa en las palabras del Buda: ‘tú no eres eso’.  O también ‘tú eres eso con lo que te identificas y… también lo otro que rechazas. Tienes una idea sobre ti, pero tú no eres esa idea… se podría decir que eres eso y lo otro (eres lo que te crees que eres pero también lo que rechazas de ti).  Cuando uno se identifica con algo concreto, rechaza lo contrario y lo contrario también forma parte de lo que uno es. Eliminar lo no deseado, lo que no me gusta de mí, es una especie de alienación puesto que lo positivo y lo negativo es lo que conforman lo que soy.

Sin trabajo de comprensión no hay acción verdadera, y sin acción no hay cambio, y por tanto no existe mejora. Cuando comprendo que no existe el pensador, que éste aparece sólo cuando hay pensamiento, he dado un paso de gigante en el proceso de autoconocimiento y de… autorrealización.

Frases sobre el yo:

  • ‘El yo no existe sin percepciones’.  Hume.
  • ‘Si no hay yo, ¿cómo puede ser inmortal?’.  Hume
  • No hay un yo permanente, fijo, sólido, sino una serie de patrones cambiantes de experiencia.  Tara Bennett-Goleman.
  • ‘Si el YO se desvaneciera, o mas exactamente, se revelaría ser una simple ficción útil, no habría más esa dualidad sujeto-objeto, pero simplemente una corriente de percepción continua’. Alan Watts.
  • El verdadero valor de un hombre se determina examinando en qué medida y en qué sentido ha logrado liberarse del yo. Albert Einstein.
  • Cuando las percepciones son suprimidas durante algún tiempo, en un sueño profundo por ejemplo; durante todo ese tiempo no me doy cuenta de mi mismo, y puede decirse que verdaderamente uno no existe. David Hume.