Errores mas frecuentes que se cometen al abordar a una persona en crisis suicida

Resumen: El autor expone los errores que con frecuencia suelen ocurrir en el abordaje de personas en situación de crisis suicidas.

Palabras claves: crisis suicida, errores, abordaje

Abstract: The author exposes errors that often occur in the approach to people in suicidal crisis.

Words key: crisis suicidal, errors, approach

El suicidio, como causa de muerte tiene algunas particularidades que no se observan en otras causas de muerte pues ni las muertes naturales, ni las ocasionadas por accidentes ni tampoco los homicidios, son motivo de las interpretaciones, elucubraciones y hasta intromisiones profesionales que se observan en las muertes por suicidio

Y es que el tema del suicidio se asemeja al fútbol y a la política: Todos se consideran con derecho a opinar y todos se consideran expertos en el tema. Pero las buenas intenciones no son suficientes para un buen desempeño, por lo que no es infrecuente que al ser abordada una crisis suicida por una persona que no tenga las habilidades requeridas ni cuente con la experiencia en el manejo de este tipo particular de crisis,  se pueden cometer diversos errores estratégicos como los que a continuación se mencionan. No están incluidos todos los deslices que pueden cometerse, pero si algunos de los más frecuentes que se pueden observar al abordar a un sujeto en crisis suicida sin que se tenga competencia profesional para ello.

ERROR Nº 1.- Confundir una crisis con una crisis suicida es un error frecuente. Según el sociólogo W. L. Thomas en 1909 definió una crisis como una amenaza, un desafío, una llamada de atención, una exigencia de nuevas conductas. Aunque no siempre tiene por qué ser aguda o extrema, en el desarrollo personal y social la crisis es un cataclismo, perturba los viejos hábitos, evoca nuevas respuestas y se transforma en el mayor elemento generador de innovaciones. En otras palabras se trata de situaciones nuevas que no pueden ser resueltas con soluciones viejas, lo cual incluye el aspecto positivo de las mismas. Hay diversos tipos de crisis las que aunque ocasionan diversos grados de malestar emocional en el sujeto, no pueden ser consideradas como una crisis suicida. Una persona puede tener un brote esquizofrénico y estar teniendo múltiples ideas delirantes poco sistematizadas de daño, perjuicio, referencia y persecución lo cual indica grave perturbación mental, y no tener riesgo suicida alguno.

Un individuo puede estar alcoholizado, vagando por las calles sin rumbo fijo, harapiento, sucio, maloliente, hambriento y nunca cometer suicidio a pesar de estar inmerso en una permanente situación crítica, pero no en una crisis suicida, que como ya hemos referido, es aquella crisis en las que una vez agotados los mecanismos adaptativos, creativos o compensatorios del sujeto, emergen las intenciones suicidas, existiendo la posibilidad que el sujeto resuelva la situación problemática mediante la autoagresión intencionada, requiriendo este tipo de crisis un manejo apropiado del tiempo, ser directivo y tratar de mantener a la persona con vida como principal objetivo. Su duración es variable, puede durar minutos, horas, días, raramente semanas y se debe hacer uso de todos los recursos disponibles para mantener con vida al individuo hasta que la crisis cese.

Si el individuo portador de una esquizofrenia citado en el ejemplo anterior comienza a pensar que debe matarse para no seguir soportando el acoso de sus perseguidores, ya está en crisis suicida.

Si el sujeto portador del alcoholismo citado en el ejemplo previo, considera que debe suicidarse para no seguir viviendo de esa manera tan deplorable, el diagnostico de crisis suicida se impone.

ERROR Nº 2.- Desconocer las características comunes a toda crisis suicida, independientemente de la condición que la provoque y entre esas características comunes las más relevantes son las siguientes: presencia de ideación suicida con mayor o menos grado de planificación y la posibilidad de la ocurrencia de una autoagresión intencionada, independientemente de los significados que pudiera tener dicho acto.

ERROR Nº 3.-  Considerar que si no hay deseos de morir la crisis suicida no es peligrosa, sin tener en cuenta que los significados de un acto suicida son múltiples y muchas personas, principalmente adolescentes y jóvenes cometen los llamados suicidios accidentales, pues aunque no deseaban morir con el intento de suicidio, emplearon un método del cual desconocían su letalidad, como por ejemplo, el fuego, cuyo pronóstico está condicionado por la superficie corporal dañada, siguiendo el principio que rige el pronóstico de los quemados: “ a mayor superficie corporal afectada mayores son las posibilidades de morir”. Estos adolescentes, no deseaban morir pero mueren por desconocer este principio de las quemaduras. Otras veces la superficie corporal no está muy dañada pero las quemaduras han afectado áreas muy peligrosas como los genitales, o el abdomen. Finalmente, en este tipo de intentos de suicidio por fuego, el sujeto puede infectarse por pseudomonas u otros microorganismos y ello ocasionarle la muerte y el acto suicida pudo haber sido realizado para castigar a la pareja, infundirle temor, manipularlo, etc. y el desenlace es la muerte aunque no había realizado el intento de suicidio para morir.

ERROR Nº 4.- No explorar sistemáticamente la presencia de ideación suicida en las personas que acuden a consulta en situación crítica, por cualquier motivo pensando, equivocadamente, que no tiene necesariamente que estar pensando en suicidarse. Y esto el profesional solamente puede saberlo si lo pregunta, pero muchas veces se considera, por lo que está manifestando el sujeto en crisis que no debe estar pensando en el suicidio. Y usted no debe cometer ese error de pensar por la cabeza del otro. Usted explore siempre la presencia de la ideación suicida. Por ello se le reconoce a la pregunta: ¿Estás pensando en suicidarte? como la “Pregunta Salvadora”, pues su realización  puede iniciar la prevención de esta causa de muerte y salvar al sujeto de ser una víctima de suicidio.

ERROR Nº 5.- No considerar las diversas formas de ideación suicida que pueden ayudar a realizar un pronóstico más acertado. Las personas en crisis suicida al preguntárseles como han pensado matarse pueden responder que no saben cómo pero que piensan hacerlo. En ese caso el sujeto aún no ha pensado en método alguno y las posibilidades que tiene el terapeuta para evitar un acto suicida son amplias. Pero puede contestar que piensa suicidarse, ahorcándose, tomando pastillas, lanzándose de la azotea del edificio, pegándose un balazo, y aunque no tenga los medios disponibles para llevarlo a cabo de manera inmediata, el terapeuta tiene menos tiempo para realizar las acciones pertinentes que puedan evitar la ocurrencia de un acto de suicidio, pues a diferencia de la respuesta previa, en esta el sujeto maneja diversas formas de poner fin a su vida, aunque aún no se ha decidido por alguna de ellas. En este caso el peligro se ha incrementado.

Otras veces el sujeto, al preguntársele como ha pensado matarse, responde que ahorcándose y al continuar explorando esa idea suicida no sabe decir cuándo lo hará, ni dónde lo hará o para qué ha de hacerlo. En este caso, el peligro se incrementa pues, a diferencia de los ejemplos previos, ya no maneja la utilización de varios métodos, sino que ya se ha decidido por uno de ellos,  pero aún no lo ha planificado debidamente. Esta ideación suicida conlleva mayor peligro de morir que los ejemplos anteriores.

Finalmente, si el sujeto, al preguntarle cómo se va a suicidar responde que ahorcándose esa noche mientras los familiares duerman, en su habitación porque está muy endeudado y que esa es su única salida, el peligro suicida es inminente y las acciones para prevenir el suicidio deben ser enérgicas pues de lo contrario, el sujeto tiene muchas posibilidades de morir por mano propia.

ERROR Nº 6.- Una vez que se explora la idea suicida y el sujeto dice que si ha pensado en el suicidio, se comete el error de continuar la entrevista interesándose por el motivo, es decir preguntando por qué está pensando en el suicidio sin considerar otras preguntas, las cuales realizadas oportunamente siguiendo la misma secuencia referida en otra parte de este libro, permite la realización del diagnóstico de la idea suicida bien planificada, propia de las crisis suicida que conllevan grave peligro suicida. La secuencia que debe ser observada una vez que el sujeto manifiesta sus ideas suicidas es la siguiente: cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué desea suicidarse. Mientras más preguntas responda más grave es la crisis suicida, más posibilidades tiene de morir y más son las medidas preventivas que debe tomar el terapeuta para mantener con vida al sujeto hasta que la crisis suicida cese.

ERROR Nº 7.- Confundir los diversos tipos de crisis suicidas, que con antelación hemos clasificado en ligeras, moderadas, graves y con inminente peligro suicida, con sus particularidades, quienes pueden yugularlas y cómo hacerlo. No hacer lo debido puede costarle la vida al sujeto.

ERROR Nº 8.- No referir oportunamente a un sujeto en una crisis suicida a un colega de más experiencia por no ser capaz de reconocer la intensidad de la crisis suicida o no desear perder un cliente, puede conllevar suicidio, lo cual es ética y moralmente inaceptable.

ERROR Nº 9.- No saber cómo continuar la entrevista con el sujeto suicida y empezar a hablar de temas que no son de interés a la persona en riesgo de suicidio, que denotan angustia o desconocimiento del terapeuta, quien puede considerar erróneamente, que el otro no evalúa a su interlocutor. Este error se deriva del anterior, cuando al conocer los motivos por los cuales el sujeto ha pensado suicidarse, el terapeuta inexperto comienza a dar sus puntos de vista con respecto al motivo alegado o intenta realizar una intervención con fines terapéuticos para contrarrestar el motivo sin tener en cuenta que el sujeto aún no está preparado para ello por encontrarse inmerso en una crisis suicida.

ERROR Nº 10.- Al encontrarse el sujeto inmerso en una crisis suicida, el terapeuta inexperto puede intentar iniciar la terapia en ese momento crítico, confundiendo los objetivos del afrontamiento a otros tipos de crisis, los cuales difieren en el abordaje a una crisis suicida cuyo principal objetivo es mantener con vida al individuo mientras dure la crisis suicida y no otro. Primero lo primero.

ERROR Nº 11.- Ya me he referido en otra parte de este libro que es un error muy frecuente que los terapeutas intenten encontrar las fortalezas que tiene el individuo inmerso en una crisis suicida para utilizarlas como factores que pueden protegerle de la realización de un acto de suicidio. El error consiste en que el individuo en crisis suicida no percibe, a causa de su estado anímico adverso lo que está percibiendo el terapeuta , pues es como estar mirando por ventanas diferentes paisajes diferentes o también estar mostrándole a un ciego  lo que no puede ver, con la ventaja para el invidente que puede imaginarlo, lo cual no ocurre al sujeto en crisis suicida cuya imaginación  esta matizada por su estado anímico adverso, y por tanto, serian imaginaciones pesimistas, negativas, depresivas.

ERROR Nº 12.- Otro error frecuente es repetir las actitudes que asumen los familiares con el sujeto en crisis suicida, como por ejemplo, pensar que es un manipulador, que es un chantajista, que lo que está haciendo es un teatro para reclamar atención o tomar partido a favor de los familiares y hacer alianzas con ellos en contra del sujeto en crisis suicida. Tales actitudes incrementarían notablemente las dificultades en la relación terapéutica con estas personas pues no es posible lograr establecerla sobre la base de sentirse manipulado, chantajeado, o engañado.

ERROR Nº 13.- El miedo a tratar con personas en crisis suicida puede ser otro error frecuente entre los que no cuentan con la suficiente experiencia para tratar con sujetos en este tipo especifico de crisis y suelen magnifican el riesgo, imponiendo tratamientos inapropiados, los cuales en vez de mejorar al sujeto, le ocasionan múltiples efectos adversos que pueden entorpecer su desenvolvimiento en las actividades cotidianas y que hacen notar ante un observador no experimentado que se encuentra bajo los efectos de potentes medicamentos. Otra conducta asumida a consecuencia del miedo del terapeuta es alarmar a los familiares sobre un posible acto suicida que por las características de la propia crisis suicida, no tiene posibilidad alguna de ocurrir o  remitir al sujeto para ser ingresado en un hospital sin que sea necesaria su hospitalización.

ERROR Nº 14.- Otro error no menos frecuente que el precedente al abordar a un sujeto en crisis suicida es asumir la conducta opuesta al miedo, es decir, la confianza extrema, a ultranza, sin tener en consideración las características semiológicas de la crisis suicida en la que está inmerso el sujeto. Como parte de estos errores es no utilizar aquellos recursos que pueden evitar que ocurra un suicidio, como la hospitalización, el tratamiento psicofarmacológico intensivo, la aplicación del tratamiento de electroshock si fuera necesario debido al grave peligro suicida acompañado de grave perturbación mental que incrementan sustancialmente las posibilidades de cometer suicidio. Recuerde que el electroshock puede dañar algunas células cerebrales, pero el suicidio las dañara todas.

ERROR Nº 15.-  Considerar la crisis suicida ocasionada única y exclusivamente por factores psiquiátricos sin tener en cuenta otras opciones como son las enfermedades físicas que conllevan riesgo de suicidio, como ciertos tumores cerebrales, carcinoma de cabeza de páncreas, etc. los tratamientos con determinados fármacos como por ejemplo los ISRS que fueron satanizados como desencadenante de episodios suicidas en pacientes deprimidos sin reconocer que, precisamente fueron utilizados para esta contingencia que puede conllevar suicidio. En otros tiempos otros antidepresivos corrieron igual suerte. El empleo de modernas tecnologías para el tratamiento de determinadas condiciones puede conllevar la aparición de una crisis suicida.

ERROR Nº 16.- No abordar el factor o los factores desencadenante principales de la crisis suicida, como pueden ser los problemas relacionados con la ingestión de alcohol u otras drogas, la pobre tolerancia a las frustraciones, el pobre control de los impulsos, la agresividad, la depresión, el acoso o bullying,  etc. insistiendo más en el motivo aparente, como los amores contrariados, los problemas económicos, etc. que por lo general puede ser común a muchas personas que no han intentado suicidarse.

ERROR Nº 17.- Magnificar los intentos de suicidio realizados con los llamados métodos duros (ahorcamiento, disparo de arma de fuego, etc.) y minimizar o no hacer caso a los que han intentado el suicidio con los llamados métodos suaves (ingestión de tabletas, inhalación de gas) sin tener en cuenta que la letalidad del método no es sinónimo de la intencionalidad suicida ni del grado de perturbación mental que sufra el sujeto que los ha utilizado para intentar contra su vida. Lo importante a tener en cuenta es que el sujeto intenta contra su vida con el método que tiene disponible, pues ninguna persona puede cometer suicidio con un método del cual no dispone y en el que intervienen diversos factores como la historia personal y familiar, la cultura, etc. Ninguna persona puede cometer suicidio con un método que no dispone.

ERROR Nº 18.-  Ocuparse del diagnóstico y tratamiento de la enfermedad mental que está provocando la crisis suicida condicionando al terapeuta a prestar más atención al tratamiento de esa condición que puede demorar semanas en lograr el restablecimiento de los síntomas y no a la crisis suicida cuya duración por lo general es breve y cuyo objetivo principal es mantener al sujeto con vida mientras dure esta crisis.

ERROR Nº 19.- Derivado del error anterior se genera otro muy peligroso  consistente en que el terapeuta inexperto brinda mayor interés a los síntomas de la enfermedad mental que ha generado la crisis suicida y no interroga como objetivo principal de la entrevista, la evolución de la ideación suicida, si el sujeto continua pensando en matarse con la misma frecuencia e intensidad que antes, si ha comenzado a pensar en otras fórmulas para enfrentar la situación que le aqueja que no sea la autoagresión, etc.

ERROR Nº 20.- Hay errores específicos que dependen de otros factores ajenos a la crisis suicida, pero que si se cometen, pueden entorpecen considerablemente su manejo. Uno de los más frecuentes en que incurren muchos terapeutas al abordar una crisis suicida de un adolescente que llega acompañado de sus padres o tutores es no preguntarle si desea que ellos permanezcan en la consulta o prefiere que salgan mientras el adolescente nos confía sus sufrimientos. Algunos contestan que no desean que sus padres o tutores se retiren, pero otros lo prefieren para poder expresar sus pensamientos más libremente. En este último caso, lo mejor es complacer al adolescente pues lo más probable es que desee expresar alguna situación conflictiva que aun no ha puesto en conocimiento de sus progenitores o que no desea que ellos conozcan.

ERROR Nº 21.- Otro error que se comete con frecuencia al enfrentar la crisis suicida de niños o adolescentes es escuchar primero la versión de los padres o tutores en vez de la del niño o el adolescente. Los terapeutas inexpertos pueden contaminarse con esa primera información y predisponerse contra el niño o el adolescente lo cual es sumamente peligroso pues quizás era el terapeuta la última tabla de salvación del niño o el adolescente ante una madre o padre psicópatas que intentan asumir el papel de “buenos y preocupados “ contra el niño o adolescente “ insoportables, desobedientes, irrespetuosos, manipuladores, y chantajistas; que no quieren a nadie”.

ERROR Nº 22.- Cuando acuda a la consulta un niño o adolescente con un solo progenitor no cometa el error de creer únicamente lo que dice el adulto, pues puede estar mintiendo. Escuche a ambos y busque la presencia de signos de maltrato al niño o al adolescente, como por ejemplo la marcada diferencia entre  la vestimenta descuidada del niño o adolescente o la presencia de lesiones en la piel por una higiene inadecuada. Ello contrasta con la pulcritud y buen vestir del progenitor. Por ello es conveniente buscar otra fuente de información que le permita formarse un juicio más certero, pues los adultos por el hecho de serlo no son más confiables que los niños o los adolescentes por el mero hecho de serlo.

ERROR Nº 23.- Si acude a la consulta un anciano en crisis suicida quien viene acompañado de varios familiares interesados en decir lo que le sucede al sujeto, pregúntele si desea que ellos permanezcan acompañándolo mientras nos expresa sus cuitas o si prefiere quedarse a solas para hacerlo. Si se trata de familiares que intentan impedir que el anciano se manifieste libremente, la posibilidad que se trate de un maltrato es un diagnostico a tener en consideración lo cual pudiera ser el motivo de la crisis suicida actual.

ERROR Nº 24.- Considerar que el terapeuta está obligado a creer lo que le dice el sujeto en crisis suicida o sus familiares. La función de un terapeuta no es creer, sino diagnosticar. Si se dedica únicamente a creer sin procesar lo que le dicen, pues será el propio individuo quien se hará su propio diagnóstico. El terapeuta debe escuchar detenidamente lo que dicen, pero también debe confrontar lo que le dicen con su experiencia, con su saber científico, y analizar no solo lo que le dicen, sino lo que le quieren decir con lo que le dicen, y si hay congruencia entre lo que piensa el sujeto, lo que dice, lo que siente y lo que hace, si hay congruencia entre el lenguaje verbal y extraverbal, si cuando dice que se siente triste, al preguntarle que es sentirse triste para él, aporta los síntomas propios de la tristeza que como profesionales de la salud mental estamos familiarizados. Este ejercicio diagnostico positivo y diferencial a partir del síntoma, le permitirá realizar un diagnóstico más certero de la condición que está provocando la crisis suicida, podrá hacer un manejo más adecuado de la misma, le evitará cometer iatrogenia y no incurrirá en el error de hacer alianzas con los pacientes en contra de los familiares y viceversa.

ERROR Nº 25.- Aunque usted sea un experto en el manejo de personas con grave riesgo de suicidio no cometa el craso error de no utilizar los recursos disponibles que pudieran conseguir lo que usted a pesar de su vasta experiencia, pudiera no lograr, que es evitar el suicidio del sujeto. No dude en referirlo para su hospitalización pues es muy probable que allí tenga mejores condiciones para mantenerlo con vida que seguir siendo tratado de forma ambulatoria.

ERROR Nº 26.- Un error frecuente es considerar que entender el discurso del sujeto en crisis suicida es una tácita aceptación de su comportamiento y ello no es acertado. Entender el discurso del sujeto en crisis suicida es la habilidad que debe tener el terapeuta para seguir el hilo conductor del discurso que le hace el sujeto para saber qué es lo que le ha hecho llegar hasta ese punto en que el suicidarse es la opción elegida, lo cual no significa estar de acuerdo con el suicidio como mecanismo de resolución de problemas. Su responsabilidad es ayudar a que la persona encuentre sus propios mecanismos no autodestructivos para enfrentar en el futuro problemas similares o de otra índole a los que se vea expuesto.

ERROR Nº 27.- Un error que debe evitarse es realizar un contrato no suicida que es un pacto que realiza el terapeuta  con un sujeto en riesgo de suicidio. Dicho contrato persigue como objetivo primordial comprometer al individuo a que no se dañe a sí mismo, a no intentar el suicidio, responsabilizándolo con su propia vida. El error consiste en que el contrato no suicida no es una garantía para que el sujeto no cometa suicidio, por lo cual nunca debe ser utilizado con aquellos individuos que no se encuentren en condiciones evidentes de cumplirlo.

ERROR Nº 28.- No realizar su propio diagnóstico al atender a un sujeto en crisis suicida referido por otro colega. Asumir una postura acrítica ante el juicio diagnóstico de un colega puede contribuir a la repetición de los errores que haya cometido quien refirió al individuo, el cual se verá perjudicado por dicha actitud. Si hay coincidencias entre nuestro diagnóstico y el realizado por el profesional que ha referido al sujeto en crisis suicida se incrementan las posibilidades de realizar un abordaje certero. Si no hay coincidencias diagnósticas, lo cual puede ocurrir, realice el abordaje según considere que debe hacerlo de cara al diagnóstico que usted haya realizado y no al que trajo consigo el sujeto al llegar a usted.

ERROR Nº 29.- Otro de los errores más frecuentes es considerar el sujeto que tiene la suficiente preparación para enfrentar una crisis de esta naturaleza por haber ayudado a otras personas en situaciones de crisis. No se debe olvidar que la vocación de servicio predispone al sujeto para ayudar a otros pero ello no basta para hacerlo acertadamente si esta aptitud no es acompañada de los conocimientos que se requieren para ello y del mantenimiento de su aptitud para la autoayuda

ERROR Nº 30.- Confundir los motivos del intento de suicidio con los significados del acto. Los motivos responden a la pregunta “¿por qué?”y los terapeutas inexpertos sobrevaloran su importancia, intentando abordarlos con prioridad, sin tener en consideración que los motivos son comunes en este tipo de acto autodestructivo siendo los más frecuentes los conflictos de pareja  amores contrariados , ruptura de una relación, etc), los conflictos familiares ( relaciones paterno filiales conflictivas, maltrato fisico, psicologico o sexual) y en el caso de los adolescentes se añaden los conflictos escolares, principalmente el acoso o bullying. Los significados del acto suicida son múltiples y se pueden descubrir realizando al sujeto que ha cometido una tentativa de suicidio la pregunta “¿para que has intentado suicidarte?”. 

Si lo ha pensado, pero aun no ha intentado contra su vida, la pregunta seria “¿Para que deseas intentar contra tu vida?”

Las respuestas pueden ser “para castigar a otros”, “para mostrar a otros cuan grandes son los problemas”, “para pedir ayuda”, “para vengarse de otro”, “para dormir”, “para culpar a otros o responsabilizarlos de su propia muerte”, “para descansar”, “para escapar de todo”, “para morir”.

Este último significado es el más peligroso de todos. Generalmente es la última de las preguntas que se le debe realizar a un sujeto en situación de crisis suicida, siendo precedida, como ya se ha mencionado en otra parte de este libro de las preguntas: “¿Cómo?”, “¿Cuando?”, “¿Donde?” Y “¿Por qué?“.

ERROR Nº 31.- Incrementar ante los familiares, el riesgo real del sujeto en situación de crisis suicida con la dolosa intención de incrementar los honorarios, desarrollar un supuesto prestigio por saber afrontar “casos difíciles”  a sabiendas por conocimiento de las características propias de una crisis con riesgo suicida inminente que ello no es así. El error consiste en creer que es un buen profesional quien se engañe a sí mismo y ocasiona iatrogenia con los familiares a quienes origina preocupaciones y sufrimientos innecesarios. 

ERROR Nº 32.-  Considerar los amores contrariados o el fomento de relaciones caóticas un motivo de suicidio en la adolescencia en vez de una característica de los adolescentes vulnerables y con predisposición a la autoagresión.

Aprender a fomentar relaciones amorosas es una de las características de esta etapa de la vida. Una relación amorosa puede tornarse  conflictiva, con diversas manifestaciones de irrespeto pero cuando los adolescentes o las adolescentes tienen atributos personales  protectores, pues saben tomar una decisión a tiempo.

La poca tolerancia a las frustraciones suele ser una característica de los adolescentes y las adolescentes con propensión a las reacciones catastróficas cuando las cosas no salen como se esperaba que ocurrieran. Y no ser aceptado por “el amor de su vida” puede ser el detonante de conductas autolesivas en adolescentes predispuestos.

ERROR Nº 33.- Considerar las deudas monetarias como un motivo de suicidio en vez de una característica de la personalidad de quien las asumen. No todas las deudas son similares. Hay personas que se endeudan temporalmente en proyectos imprescindibles para mejorar su calidad de vida a sabiendas que van a poder pagar el dinero que han pedido. Generalmente solicitan el dinero a personas con las que sostienen vínculos afectivos, amistoso o algún parentesco y saldan su deuda en la fecha acordada. Cuando ello no es posible, van pagando la deuda por plazos hasta concluirla.

Otros se involucran en proyectos que no son realmente imprescindibles para mejorar su calidad de vida, sino por motivos fútiles, como pueden ser formarse una nueva imagen social que no han logrado alcanzar hasta esos momentos y para lo cual deben tener determinadas posesiones que no tienen, por competir con otros que tienen determinados bienes que ellos desean tener también. Estos proyectos están por encima de sus posibilidades reales de lograrlos, y para llevarlos a cabo piden dinero a personas que tienen medios financieros para realizar el préstamo, pero a los que no les une lazo afectivo alguno y a los que por lo general, hay que pagarles más de lo que se les pidió. Otras veces el pedido lo realizan a una institución financiera que impone determinados intereses y plazos para pagar esa deuda. El proyecto usualmente y por diversas razones no llega al fin deseado en el plazo convenido. Entonces, el prestamista comienza a presionar al sujeto para recibir su paga lo cual genera diversas reacciones estresantes en el individuo, y ello le pone en desventaja parar poder lograr los objetivos que se había trazado y que fueron el motivo de esa petición. El individuo continúa utilizando mecanismos de afrontamiento  ineficientes que profundizan la crisis como el abuso de alcohol u otras drogas, el pedido de mayores cantidades de dinero, etc. La presión constante del acreedor o los acreedores preparan las condiciones para que el sujeto utilice entonces uno de los mecanismos de afrontamiento más ineficientes: la autoagresión.

ERROR Nº 34.- No tomar en serio al sujeto que dice desear matarse, actitud sustentada en creencias equivocadas con relación al suicidio, los llamados mitos entre los que sobresale “el que se quiere matar no lo dice” o “el que lo va a hacer no lo anda diciendo” y olvidan que con respecto al suicidio “perro que ladra muerde”. De cada 10 personas que cometieron suicidio, nueve expresaron claramente de forma verbal sus propósitos de quitarse la vida y el otro lo dio a entender con sus evidentes cambios de comportamiento.

La amenaza suicida por no tomarse usualmente con la debida seriedad, conlleva enorme peligro suicida.

ERROR Nº 35.- Negar la posibilidad de la ocurrencia de un suicidio, por considerar que debido a las características de la familia del sujeto eso no puede suceder y no tener en cuenta que el suicidio es una causa de muerte muy democrática que puede afectar a cualquier individuo de cualquier familia, tenga buen funcionamiento o sea disfuncional aunque los suicidios ocurran más frecuentemente en aquellas en la que hayan ocurrido otros suicidios.

ERROR Nº 36.- Retar al sujeto que haya realizado un intento suicida proponiéndole otros métodos de mayor letalidad, para ver si se atreve a utilizarlos para matarse sin tener en cuenta que a las personas que se encuentran inmersos en una crisis suicida no se les reta, sino que se les ayuda y se les debe proteger de sus impulsos autodestructivos. No es usual encontrar a una persona que tenga mecanismos de adaptación eficaces, intentar contra su vida, por lo que lo más sensato es pensar que el que intenta el suicidio no cuenta con tales mecanismos, pues si los tuviera los utilizara y no se auto-agrediera.

ERROR Nº 37.- Sentir temor por calificarse incapaz de afrontar dicha situación y pensar que el sujeto realizará el acto suicida  a pesar de la ayuda que se le ofrezca, sin tener en cuenta que para los individuos en riesgo suicida, el acompañamiento y brindarles la oportunidad de expresar libremente sus emociones y sentimientos, puede contribuir a abortar una crisis suicida. No todas las crisis suicidas requieren de intervención especializada ni de medicamentos para yugularlas, pero la cuestión es detectar cuales crisis suicidas son las que cumplen esta característica. No ser capaz de diferenciarlas de aquellas que requieren intervención especializada y medicación especifica, puede costarle la vida al sujeto.

ERROR Nº 38.- No se debe posponer la búsqueda de ayuda especializada para el individuo en crisis suicida por tener otras prioridades y pensar que el sujeto puede esperar, pues en tales casos no se tiene en cuenta que la crisis suicida constituye una urgencia psiquiátrica que requiere atención inmediata y remisión  oportunamente del paciente a los servicios de salud mental, para recibir atención especializada. Recordar que mañana puede ser demasiado tarde para un suicida en potencia.

ERROR Nº 39.- Perder el tiempo buscando ayuda no especializada o inefectiva, dirigiéndose a personas, instituciones u organizaciones no competentes en el manejo de una crisis suicida, sin tener en cuenta que una crisis suicida es un trastorno que por lo general aparece en personas que tienen una enfermedad mental diagnosticable y tratable, en más del 90% de los casos. Otros estudios consideran que puede llegar al 94%. Sin embargo estos porcentajes son cuestionados por diversas investigaciones que consideran que los episodios adversos de la vida, no tienen la capacidad de ocasionar estados anímicos adversos como lo es la depresión o el abuso de alcohol y drogas, los cuales, para estos investigadores no son condiciones mórbidas que pueden conllevar suicidio, sino personas normales que han elegido el suicidio como forma anormal de resolución de tales conflictos.

ERROR Nº 40.- No advertir a aquellas familias que pertenecen a determinadas congregaciones religiosas y cometen el error de considerar los pensamientos suicidas como un síntoma de posesión diabólica o satánica, lo cual puede retardar o impedir al sujeto el acceso oportuno a los servicios de salud mental para recibir el tratamiento especializado, por lo que es una  responsabilidad de los pastores y sacerdotes incrementar la cultura suicidiológica propia y de sus fieles, para que aquellos que puedan estar en riesgo de cometer suicidio reciban ayuda médica pertinente y opten por la cultura de la vida, no de la muerte.

ERROR Nº 41.- Considerar que cuando el sujeto expresa deseos de morir tiene peligro suicida. El deseo de morir es común en las personas con emociones desagradables como la depresión, el tedio, el hastío, el fastidio, el disgusto y otras similares. Es una actitud pasiva en que el individuo desea morir por una causa externa o muchas veces sin siquiera imaginar esa posible causa. Por eso he considerado el deseo de morir como “el portal” del comportamiento suicida y representa la insatisfacción del sujeto con su modo de vivir en el momento presente (“el aquí- ahora”). Se manifiesta en frases como las que siguen:”la vida no merece la pena vivirla”, “lo que debiera es morirme”, “para vivir de esta manera es preferible desaparecer de la faz de la tierra” y otras expresiones similares. No es lo mismo tener deseos de morir que tener deseos de matarse, más cuando el deseo de morir se agrava, puede evolucionar hacia una forma activa de conseguir la muerte, que es el deseo de suicidarse.

ERROR Nº 42.- Realizar intervenciones similares en los individuos que han  intentado el suicidio y los que han realizado un suicidio frustrado. El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada, es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo. El suicidio frustrado, por el contrario es aquel acto suicida que, de no mediar situaciones fortuitas, no esperadas, casuales, hubiera terminado en la muerte.

Los que intentan el suicidio se caracterizan por pertenecer al sexo femenino, ser adolescentes o jóvenes, los intentos de suicidio adquieren el significado de llamada de atención, socorro o ayuda y pueden tener un componente impulsivo y ambivalente. Predominan los siguientes diagnósticos: los trastornos de la personalidad, la dependencia de sustancias, los trastornos de ansiedad y los trastornos situacionales. Las personas que realizan un suicidio frustrado tienen algunas de las siguientes características: sexo masculino, edad comprendida entre los 35 a 44 años, recurren a métodos mortales como las armas de fuego, la precipitación y el ahorcamiento, padecer de alcoholismo, dependencia de sustancias, trastornos esquizofrénicos y los trastornos del humor en forma depresiva.

ERROR Nº 43.- Dar por sentado que cuando haya varios miembros de la familia en compañía del sujeto en situación de crisis suicida, no hay peligro alguno que realice un acto de suicidio. En múltiples ocasiones se encuentran en el domicilio varios miembros de la familia realizando disímiles actividades hogareñas dentro de la vivienda mientras el suicida permanece a solas en alguna de las habitaciones ejecutando su propia muerte. La observación y el acompañamiento continuo pueden evitar un desenlace fatal.

ERROR Nº 44.- Que los terapeutas tengan actitudes permisivas con relación al suicidio entre las que se encuentra con mayor frecuencia considerarlo como una muestra de suprema libertad del individuo que lo realiza, que cada quien tiene el derecho de morir como considera que debe morir, o asumir una actitud solidaria al imaginar que en una circunstancia similar también hubiera pensado en el suicidio, lo cual interferirá en el adecuado abordaje de esta causa de muerte evitable. Si el suicidio es una manifestación de suprema libertad, los enfermos mentales estarían entre los individuos que gozan de más libertad, por las elevadas tasas de suicidio en estas personas si se les compara con la población en general.

ERROR Nº 45.- Considerar como cierto que si el sujeto en crisis suicida tiene suficientes motivos para continuar viviendo no se suicidará. No deje a otros lo que dependa de usted. Si tiene motivos para seguir viviendo, significa únicamente que tiene motivos para seguir viviendo pero no descarta que a pesar de tenerlos desee suicidarse. Se impone entonces delimitar en el sujeto el grado de planificación de la idea suicida, su estado de perturbación mental, sus antecedentes familiares de conducta suicida y los antecedentes personales de intentos suicidas previos, haciendo énfasis en descubrir, cuando se trata de repetidores si se ha incrementado la letalidad del método empleado en las distintas tentativas.

ERROR Nº 46.- Que no se reconozcan ni se tengan en cuenta las barreras que pudieran entorpecen la adecuada comunicación del terapeuta con el sujeto en crisis suicida entre las que se encuentran las siguientes: que el terapeuta esté apurado por irse a cumplir otras obligaciones laborales, que se encuentre extenuado después de una larga jornada laboral o que se sienta anímicamente comprometido por reales problemas personales que le preocupen y le distraigan entorpeciendo la debida atención al discurso del sujeto en riesgo suicida.

ERROR Nº 47.- No ser capaz de descartar el exceso de información que enmascara el contenido esencial que se desea considerar lo cual es frecuente en los mensajes prolijos y detallistas de los sujetos en crisis suicida que tienen rasgos obsesivos o en los que predominan las ideas hipocondríacas cuyas quejas físicas son expuestas con lujo de detalles antes que las ideas suicidas, las cuales pueden surgir a consecuencia de las interpretaciones de tales molestias somáticas. Puede observarse también en personas con delirios paranoides los que harán un extenso discurso con lujo de detalles acerca de las injusticias, persecuciones y otros temas afines a esta condición antes de manifestar sus pensamientos suicidas.

ERROR Nº 48.- Que el terapeuta no sea capaz de interpretar el lenguaje metafórico, simbólico o ambiguo utilizado por individuos en crisis suicida aquejados de graves trastornos del curso del pensamiento y también en personas con una elevada cultura que utilizan refranes, aforismos, sentencias bíblicas o literarias como formas de comunicación verbal enmascarada e indirecta de sus propósitos suicidas. Ante sujetos con antecedentes personales de historia de larga data de problemas emocionales que utilizan la jerga médica al exponer sus quejas, el terapeuta debe pedir al individuo que esclarezca que desea expresar cuando utiliza dichos términos, pues en no pocas ocasiones, no coinciden las definiciones populares con las profesionales. De no tener en cuenta esta posibilidad, el terapeuta inexperto puede dar por sentado que lo que dice el individuo es lo que está padeciendo.  

ERROR Nº 49.- Que el terapeuta acopie deficiente información presuponiendo que es suficiente para comprender lo que el sujeto pretende comunicar lo cual es común en individuos lacónicos, tímidos, con dificultades en la expresión de sus pensamientos. Forma parte de este error cuando existe entre el terapeuta y el sujeto en crisis suicida un vínculo terapéutico previo lo  que pudiera hacerle suponer que es capaz de entenderlo solamente con mirarle en vez de realizar una entrevista siguiendo el método usualmente utilizado para intervenir en tales situaciones críticas.

ERROR Nº 50.- Hablar demasiado sin permitir que el sujeto en crisis suicida comunique su mensaje es frecuente en los terapeutas inexpertos, egocéntricos y con afán de protagonismo, quienes consideran que exponiendo sus propios problemas pueden ayudarlos u ofreciendo consejos prematuros, personales y no pedidos. Pueden padecer de lectura mental, actitud muy dañina que impide que el terapeuta conozca realmente lo que piensa el sujeto sin cerciorarse de la veracidad de lo que se asume como tal sin tener todos los elementos de juicio que les permita tener una visión más próxima a la realidad.

ERROR Nº 51.- No considerar el género de las personas con las que el individuo con riesgo suicida ha tenido importantes problemas en las relaciones interpersonales y que pueden repetirse en la relación terapéutica provocando diversos malestares cognitivos, emocionales y conductuales en el sujeto. Estos inconvenientes pueden manejarse de dos maneras: derivar al individuo en riesgo de suicidio a un terapeuta de similar género de aquellas figuras significativas con las que mantenía mejores relaciones humanas o conversar sobre este tema, haciendo hincapié en que las personas de similar genero pueden tener comportamientos totalmente diferentes. El terapeuta debe insistir que la generalización es un buen mecanismo cuando se utiliza para aprender, pero muy dañino cuando se utiliza para sufrir.

ERROR Nº 52.- Que el terapeuta haya olvidado al “niño”, “adolescente” o “joven” que lleva dentro, pues asumiría el papel de “persona mayor”, con todos los inconvenientes que tienen “las personas mayores” para entender a los niños, los adolescentes y los jóvenes y más aun cuando se encuentran en situación de crisis suicida. Entonces debe dominar la jerga propia de estas edades, las preferencias musicales, las modas y otras particularidades de estas etapas de la vida para que sirvan al basamento empático con ellos.

ERROR Nº 53.- No tener en consideración los métodos utilizados por los sujetos repetidores para determinar si el riesgo suicida se está incrementando o disminuyendo. Si el individuo hizo un primer intento suicida ingiriendo un frasco de vitaminas, el segundo ingiriendo un frasco de antidepresivos triciclicos y el tercero cortándose los vasos sanguíneos del cuello, la letalidad se ha incrementado notablemente y se debe esperar que un cuarto intento suicida sea con un método cuya posibilidad de lograr el suicidio sea muy elevada. Si el sujeto realizo su primer intento cortándose los vasos sanguíneos del cuello, el segundo ingiriendo un frasco de antidepresivos triciclicos y el tercer intento suicida ingiriendo un frasco de vitaminas el riesgo de morir por suicidio está disminuyendo ostensiblemente.

ERROR Nº 54.- No tener en cuenta la historia familiar de utilización de un método suicida específico mediante el cual los miembros de esa familia deciden suicidarse. Si el abuelo cometió suicidio por arma de fuego, dos tíos maternos se suicidaron por arma de fuego y el sujeto en crisis suicida dice que va a matarse “de un balazo en la sien”, no dude de la certeza de esta información, por lo que debe evitar que tenga acceso a este método y a cualquier otro mediante el cual pudiera consumar el suicidio.

ERROR Nº 55.- Desconocer los aspectos culturales del sujeto en crisis suicida, pues las personas se suicidan según su cultura. Por ello es recomendable que los sujetos en crisis suicida sean tratados por terapeutas provenientes de su propia cultura o contar con un asesor perteneciente a esa cultura que le permita al terapeuta decodificar la información brindada por el sujeto en crisis suicida. Mantener una actitud de aprendizaje permanente en las nuevas condiciones culturales puede mitigar los errores por este concepto.

ERROR Nº 56.- No seguir un método para la entrevista que incluya los siguientes tópicos a investigar: antecedentes personales y familiares de enfermedad psiquiátrica y evolución de esas condiciones (ingresos previos, tratamientos requeridos); antecedentes personales y familiares de conducta suicida y métodos empleados, eventos vitales que sirvieron de motivo a los intentos suicidas personales y posibles significados para el sujeto, presencia de ideación suicida actual, variante y grado de planificación de la misma, grado de perturbación mental del individuo, etc. Estos tópicos son esenciales para evaluar la peligrosidad de la crisis suicida.

ERROR Nº 57.- Considerar que los sujetos en crisis suicida muy perturbados mentalmente tienen mayor peligro suicida que aquellos sin perturbación mental alguna. Si bien es cierto que los individuos mentalmente muy perturbados que padecen alucinaciones auditivas verbales imperativas al suicidio (“mátate”) tienen grave riesgo, también es cierto que al coexistir con otras alteraciones cualitativas del fenómeno psíquico se hace mucho más evidente dicha perturbación y facilitan su diagnostico, lo cual facilita sean ayudados oportunamente. Sin embargo, cuando el individuo que se encuentra en crisis suicida no está perturbado mentalmente, el riesgo se incrementa al ser menos evidente su malestar y menores las posibilidades de ser ayudado que en el sujeto cuya perturbación mental es indiscutible.

ERROR Nº 58.- No reformular aquellas preguntas que no han sido contestadas explícitamente y que el terapeuta puede dar por sentado, como por ejemplo, cuando se le pregunta “¿Ha tenido pensamientos malos?” y el terapeuta considerar que esos pensamientos malos se refieren a cometer suicidio. Sin embargo, si reformula la pregunta de la manera siguiente “¿Cuáles son esos pensamientos malos a los que usted se refiere?” puede obtener la respuesta precisa como por ejemplo: “Que me van a dar una mala noticia”, “que nada me va a salir bien”, “que me van a correr del trabajo” y muchas otras sin que aparezca el deseo de matarse entre ellas. 

ERROR Nº 59.- Desconocer la existencia de situaciones que pueden ser interpretadas a través del prisma del adolescente como dañinas, peligrosas, conflictivas en extremo, sin que necesariamente concuerde con la realidad, lo cual significa que hechos triviales para adolescentes normales, pueden tornarse potencialmente suicidas en adolescentes vulnerables, quienes las perciben como una amenaza directa a la auto imagen o a su dignidad y ser afrontadas mediante la autoagresión intencionada.

ERROR Nº 60.- Considerar que el método empleado para suicidarse guarda relación con los deseos de morir del sujeto sin tener en cuenta que en ocasiones el sujeto fallece sin haber tenido intención de morir por haber utilizado un método altamente letal y otras veces sobrevive después de haber intentado el suicidio con un método mortífero como por ejemplo, un disparo de arma de fuego en la cabeza. La letalidad del método guarda relación con la letalidad y no con la intención suicida.  

ERROR Nº 61.- Considerar la presencia de ideación suicida un signo inequívoco de peligro de cometer suicidio. Prácticamente la generalidad de los seres humanos ha tenido ideas suicidas pasajeras, como una prueba a su instinto de conservación. Sin embargo, cuando estas ideas logran determinada planificación o cuando son expresión de una enfermedad mental subyacente, hay que considerarlas seriamente por la posibilidad que quien las tiene las ejecute

ERROR Nº 62.- Considerar que se tiene experiencia suficiente para tratar a personas con las cuales se mantienen estrechos vínculos afectivos (familiares cercanos, parejas, amigos íntimos) al no tener en cuenta el “escotoma afectivo” que impedirá el juicio certero. Lo más sensato es que, una vez detectada la potencialidad suicida del ser querido y tomadas las medidas primordiales para evitar la realización de un acto suicida, se ponga en manos del terapeuta elegido, en el cual se confíe para que se haga cargo de la intervención terapéutica.  

ERROR Nº 63.- Que el terapeuta inexperto se sienta presionado por mostrar su eficiencia al tratar a un sujeto “recomendado” o “V.I.P” y no respete el método usual que ha utilizado con otras personas en situación de crisis suicida. La inobservancia de lo reglamentado conlleva errores al intentar que los sujetos con tales características y sus familiares se sientan “bien tratados”, “a gusto”,  “complacidos”, interesándose más el terapeuta por estos aspectos que por la evaluación de la peligrosidad suicida del sujeto. En tales casos, se puede perder el dominio de la relación terapéutica y que ser los familiares y el propio sujeto quienes determinen que hacer y qué no hacer, cómo y cuándo hacerlo. Los terapeutas expertos discuten tales actitudes y los inconvenientes que ello acarrea en la toma de decisiones para yugular la crisis suicida y brindará confianza y seguridad para que estas características no entorpezcan su ejercicio terapéutico. 

ERROR Nº 64.- No tener en cuentas las particularidades del entorno para  orientar debidamente a los familiares de un sujeto con peligro suicida inminente pues pueden obviarse aspectos trascendentes para preservar la vida del sujeto, principalmente lo relacionado con la accesibilidad a los métodos suicidas, como por ejemplo, no aconsejar que se evite el acceso a las armas de fuego por el mero hecho que el terapeuta no las posea o porque en su contexto no sea frecuente su utilización. Lo más conveniente es sugerir que no tenga acceso a cualquier método mediante los cuales pueda dañarse.

ERROR Nº 65.- No considerar en serio peligro suicida a las mujeres en etapa involutiva de la vida que amenazan furiosamente con suicidarse y presenten marcado egocentrismo, intensa angustia y excesiva preocupación por mantener su aspecto personal, siendo este último aspecto el que puede confundir al terapeuta inexperto al suponer que estos deseos de lucir impecable son sinónimos de sus deseos de vivir y no una manifestación propia del referido egocentrismo, para cuando encuentren el cadáver les vean hermosas hasta el final.

ERROR Nº 66.-  Si el sujeto en crisis suicida requiere una segunda evaluación, que esta sea realizada por otro terapeuta que desconozca los pormenores del caso. Se considera que la reevaluación debe ser efectuada por quien recibió originalmente al sujeto en crisis suicida y de no poder hacerlo, lo adecuado es que el terapeuta conocedor de la historia clínica del sujeto en crisis suicida le ofrezca una detallada información al terapeuta que lo suplantará en la evaluación.

ERROR Nº 67.- No considerar la hospitalización forzosa del sujeto en crisis suicida cuando todos los demás recursos se agoten. Es conveniente tener en consideración que en tales casos es usual la mala evolución la cual tiene que ver, no tanto con lo forzoso del internamiento, sino con aquellas condiciones que conllevan utilizar este recurso y no otros.

ERROR Nº 68.- En ocasiones para explicar las secuelas de suicidios frustrados (marca de surco en el cuello debido al ahorcamiento, deformidad facial o craneal derivadas del disparo de arma de fuego) los pacientes esgrimen diversos argumentos que no corresponden con la realidad, tejiendo toda una historia ficticia al respecto, signo evidente del sufrimiento cerebral padecido. Es recomendable no intentar destruir tales mecanismos por varias razones, primera porque no dependen de la voluntad del sujeto sino del daño cerebral subyacente y segunda porque se pueden desencadenar reacciones afectivas insospechadas, catastróficas.

ERROR Nº 69.- No investigar la crítica para lo acontecido en un sujeto que ha realizado un intento suicida o un suicidio frustrado, si considera que su acto suicida fue un acto acertado o desatinado, si los motivos que le llevaron a intentar contra su vida se modificaron o no con la autoagresión, si necesariamente tenía que realizar el acto suicida, o si por el contrario, tenía otras alternativas y si las tenía porque no se decidió por otras menos destructivas.

ERROR Nº 70.- Desconocer que una idea fija puede asumir la forma de presentación de una idea suicida. En tales casos el sujeto padece las manifestaciones propias de la idea fija entre los que sobresalen reconocerla como propia pero intrusiva, que se hace más persistente en la conciencia mientras el individuo hace mayores esfuerzos por desembarazarse de ella y que genera gran angustia por temor a llevarla a vías de hecho. El error que este desconocimiento conlleva es manejar la idea suicida como se realiza en cualquier crisis suicida y no como intentar maniobrar con la idea fija sugiriendo no intentar desembarazarse de ella para disminuir su persistencia, traerla voluntariamente al pensamiento cuando no esté pensando en ella para disminuir su intrusión, no temerle a la idea suicida que es lo que habitualmente ocurre, sino analizar critica y razonablemente el suicidio como forma de morir, logrando con esta actitud realizar la “autopsia” a la idea suicida, familiarizarse con sus características y con ello neutralizar su efecto nocivo para el sujeto.  

ERROR Nº 71.- Ante un sujeto que haya realizado un intento suicida reciente, y que se manifieste con discreta somnolencia, realizar la entrevista en un tono de voz elevado es un error que se comete frecuentemente por aquellos profesionales que reciben a estas personas en emergencias. Esta manera de entrevistar impide percibir los estadios preliminares de la obnubilación, trastorno de conciencia en el cual el sujeto es incapaz de responder a los estímulos sensoriales de intensidad media. Al hablarle en tono elevado, el sujeto puede responder y el terapeuta novicio considerar que esta fuera de peligro, y que la dosis de fármacos ingerida con propósitos suicidas no deben tener complicación alguna para su vida. Si le hubiera entrevistado con un tono de voz con una intensidad promedio, hubiera detectado que el sujeto era incapaz de responder, que podría fruncir el ceño en señal de extrañeza o perplejidad o simplemente presentaría adormecimiento durante la entrevista, signos todos de alteraciones incipientes de la conciencia.

ERROR Nº 72.- Es un error que ante un sujeto que ha realizado un intento suicida que requiere atención quirúrgica o de medicina interna se priorice el abordaje psicológico, en vez de derivar al individuo a esas especialidades para que sea evaluado y evitar complicaciones físicas que puedan poner en peligro su vida o imposibilitar que se encuentre en optimas condiciones para el tratamiento psicoterapéutico.

ERROR Nº 73.- Hay que tener especial cuidado con los sujetos que realizan una tentativa de suicidio en el curso de una embriaguez alcohólica, pues en ocasiones lo expresado por el sujeto puede no coincidir con lo ocurrido. Un joven de 27 años que intento degollarse pues sus amigos le dijeron que mientras estaban tomando en el bar, se había introducido una botella de cerveza en el ano, y como no tenia recuerdo alguno de lo sucedido lo dio por hecho, fue a su casa y se intentó degollar, siendo salvado por sus propios amigos que le encontraron. Al entrevistarlos, negaron que hubiera hecho tal cosa y confesaron que era una broma teniendo en cuenta que nunca se acordaba lo que hacía después de haber ingerido varias copas de licor. Mientras más fuentes de información se tengan más posibilidades hay de acercarse a la verdad y menos probabilidades de tratar contenidos expresados por el sujeto que no sean veraces.

ERROR Nº 74.- Si el terapeuta es un psiquiatra de adultos y se le refiere un niño o adolescente en crisis suicida debe evaluar el riesgo suicida actual y referirlo al psiquiatra infantojuvenil quien tiene mayores posibilidades de abordarlos acertadamente por el cuerpo de conocimientos de dicha especialidad en el manejo de niños y adolescentes. En caso que no haya especialistas en Psiquiatria Infanto-juvenil, el psiquiatra de adultos debe echar mano a todas sus habilidades para lograr el objetivo principal del enfrentamiento a cualquier crisis suicida, independientemente de la edad de quien la padezca: mantenerlo con vida mientras dure la crisis.

ERROR Nº 75.- Todas las personas que tienen riesgo de cometer suicidio no aquejan el mismo diagnostico medico, el mismo trastorno psiquiátrico, la misma enfermedad mental y eso los hace diferentes. También los hace diferentes provenir de medios familiares distintos, tener historias personales únicas e irrepetibles. Es un error trabajar con las diferencias en vez de hacerlo con las semejanzas, pues lo común en todas las crisis suicidas es la  posibilidad que el individuo resuelva o intente resolver la situación problemática mediante la autoagresión. Si no hay esta posibilidad, el individuo puede estar en crisis, pero no en una crisis suicida.

ERROR Nº 76.- No asesorarse oportunamente con un psiquiatra para precisar el diagnostico e imponer el tratamiento psicofarmacológico correcto ya que la crisis suicida puede estar determinada por un trastorno mental especifico y si no se trata adecuadamente esta condición, el riesgo suicida no disminuirá e incluso puede incrementarse. Similar evolución acarreará la imposición de un tratamiento correcto a un individuo al que se le ha realizado un diagnóstico desacertado o un tratamiento inadecuado para un sujeto al que se le ha hecho un diagnostico certero.

ERROR Nº 77.- Considerar que la hospitalización evita el suicidio, pues no son pocos los pacientes que lo consuman en las salas de Psiquiatría o en otros servicios no psiquiátricos cuando no se toman las medidas de vigilancia continua mientras dure la crisis suicida. La fijación química para lo cual se puede utilizar cualquier psicofármaco que garantice su sedación evita el suicidio, pues un sujeto dormido no puede autolesionarse. Otras medidas contribuirán a disminuir el riesgo de que el sujeto realice un suicidio en el hospital, como marcar en rojo la historia del paciente y separarla del resto de las historias clínicas de otros enfermos que se encuentren hospitalizados por otras condiciones, ubicarlos donde puedan observarles  constantemente durante las 24 horas del día, advertir a todo el personal que labore en la sala de hospitalización acerca del peligro suicida, evolucionar el plan suicida como objetivo fundamental del pase de visita medico, el cual puede realizarse varias veces al día si el riesgo suicida se incrementa, cuando mejore motoramente y persista la ideación suicida incrementar la vigilancia ya que se incrementa el peligro suicida pues está en mejores condiciones de llevarlo a cabo, etc.

ERROR Nº 78.- Si el sujeto tiene grave peligro suicida y debe ser remitido a un centro hospitalario, debe advertirse al familiar que nunca le siente en el asiento delantero del coche al lado del chofer, sino detrás y en medio de dos personas alertas y con capacidad para reducirlo a la obediencia si fuera necesario pues puede intentar proyectar el automóvil contra alguno que venga en sentido contrario. Si se trata de una ambulancia, debe advertirse al personal paramédico, si no es posible mantenerlo sedado, que impidan que el suicida potencial intente el acceso a las puertas y detener el vehículo si el sujeto se excita y forcejea dentro del mismo. En tales casos no dudar en realizar la fijación mecánica hasta llegar al centro hospitalario.

ERROR Nº 79.- Cuando el sujeto tiene grave peligro suicida debe advertirse al familiar que es un grave error obedecer sus supuestas intenciones de estar “presentables”, “pulcros” para la consulta con el terapeuta, pues pueden utilizar ese subterfugio para degollarse con las navajas o proyectarse debajo de un vehículo en el trayecto al lugar donde supuestamente se iban a acicalar llevados por sus familiares quienes presencian incrédulos, la muerte de su ser querido ante sus propios ojos.

ERROR Nº 80.- No advertir a los familiares la posibilidad de la ocurrencia de un homicidio-suicidio en situaciones en que debe sospecharse como el sujeto que ha realizado un intento suicida grave aduciendo como motivo que su ex pareja ha logrado rehacer su vida, quien también ha amenazando con matarla pues “si no es mía no es de nadie” y aqueja sufrimiento insoportable, no acepta la pérdida de esa relación amorosa y aqueja sentimientos de rencor y de posesividad exclusiva hacia su ex pareja.

ERROR Nº 81.- Considerar que las personas en grave crisis suicida con severas afectaciones motoras no pueden suicidarse. El filme “Mar adentro” es una historia real en la que un sujeto tetrapléjico convence a una amiga para que le facilite los medios para suicidarse y logra su cometido. Los individuos  que requieren sillas de rueda para trasladarse, pueden cometer suicidio por ahorcamiento una vez que ate una cuerda a cualquier saliente que resista su peso, la anude al cuello y se deje caer, proyectarse contra un vehículo de motor o precipitarse de una altura a la que pueda acceder.

ERROR Nº 82.- Asumir que estos son los únicos errores que pueden ser cometidos al abordar a un presunto suicida. Podrá descubrir otros que no aparecen en esta lista, aunque no debe cometer el error de obviarlos al abordar una crisis suicida o no difundirlos a todos los que les interesa evitar que una persona muera por esta causa de muerte evitable.

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