Acerca de la toma de decisiones en las empresas

Todos sabemos que las exigencias que el mercado impone hoy a las compañías –sean grandes o pymes- son extremadamente complejas y cambiantes.

El desarrollo tecnológico tiene un impacto doble:

  1. hace que los productos y servicios estén sometidos permanentemente a un proceso de innovación contínua y veloz, lo que obliga a las empresas a lanzar al mercado en períodos de tiempo cada vez más cortos, productos y servicios novedosos para no quedar relegados ante competidores más imaginativos;
  2. la amplia disponibilidad de información hace que los clientes aumenten su capacidad de análisis y poder de decisión, lo que los hace más exigentes y menos fieles. En este sentido, las empresas han entendido que su gestión debe ir orientada hacia ellos: desde su captación, el entendimiento de sus necesidades, la creación de departamentos específicos de atención, gestión de incidencias, programas de fidelización, renovación y mejora de la oferta (punto 1). Desatender a los clientes, significa cederlos a la competencia.

Este contexto genera mucha presión sobre los actores involucrados en la toma de decisiones dentro de las compañías. Las mismas serán complejas, multidimensionales, originales, rompedoras, tendrán un sentido estratégico muy marcado, y se toman en un estado de presión temporal, es decir, con sentido de urgencia.

Las personas encargadas de la toma de decisiones saben que de ellas depende la continuidad de la compañía. Hoy en día, las decisiones equivocadas se pagan muy caro. Porque cuando cometes un error, le das una oportunidad a la competencia.

Por todo ello, podemos concluir, que la toma de decisiones en las empresas, es un proceso de alta exigencia que puede generar:

  • temor
  • ansiedad
  • inseguridad
  • actitudes o conductas agresivas y defensivas
  • bloqueo mental y de la capacidad de análisis

factores éstos, que tendrán, entre otras consecuencias:

  • toma de decisiones de alcance insuficiente
  • deficiente asignación de recursos
  • errores de apreciación estratégica
  • desaprobación del personal lo que repercutirá en el clima organizacional
  • clientes insatisfechos
  • pérdida de cuota de mercado
  • aumento de costes

Quienes toman decisiones son personas, y como tales, pueden necesitar en situaciones de alta exigencia la asistencia de un profesional que desde una posición objetiva, y de manera sistemática y comprometida, les acompañe en este proceso, permitiéndoles así:

  • detectar fortalezas
  • reconocer debilidades y generar respuestas para superarlas
  • despejar obstáculos mentales que interfieren en su capacidad de análisis de la situación a la que se enfrenta
  • plantear de manera racional objetivos
  • establecer pautas de rendimiento y de medición de resultados para evaluar el impacto de la decisión que se vaya a tomar
  • mejorar el pensamiento estratégico y de planificación empresarial

Creo que nunca se insistirá lo suficiente con respecto a la necesidad de recurrir por parte de las empresas a psicólogos formados y entrenados para la comprensión de los factores anímicos que inciden siempre en el complejo proceso de la toma de decisiones, y conocedores además, por trayectoria y formación, del mundo empresarial.

Un Psicólogo es un profesional que en calidad de asesor trabaja sobre aspectos de la persona que inciden en el buen desempeño y resultados de la compañía.

Cuesta mucho reconocer en las empresas que los aspectos anímicos y mentales son tan importantes como la competencia, la formación, el know how, la experiencia.