Aproximación a las representaciones sociales desde algunos "teóricos del espíritu"

Las representaciones sociales son expresiones del tejido social interrelacionadas con actitudes, estereotipos, prejuicios, costumbres, tradiciones y valores, como dimensiones de la subjetividad cotidiana (Martin, 1986). En ellas convergen sentimientos, emociones, vivencias y simbolismos que propician la unidad cognitiva-efectiva; esto determina el gran potencial regulador de la conducta que tiene dicha categoría.

Para abordar  las representaciones sociales en tanto construcciones colectivas que articulan lo psicológico  con lo social, con un carácter simbólico y peculiar en cada contexto, la psicología está acompañada por los aportes realizados desde otras ciencias sociales como la Filosofía y la Sociología.

Este análisis, sin pretender ser concluyente, valora algunos posicionamientos  teóricos que por su pertinencia se considera necesario tener en cuenta en el estudio de las representaciones sociales.

El objeto de la psicología es el estudio de la subjetividad  a nivel de la vivencia individual, pero también del hecho colectivo. Tanto en los  programas  de investigación académicos que le dieron origen, como  en algunos de los paradigmas que le permitieron salir de la crisis,  se puede notar  tendencias a plantear el experimento y otros procedimientos cualitativos como alternativa en  la búsqueda de lo subjetivo.

Resaltan el positivismo con la reflexología y el conductismo; mientras dentro de  fenomenología, la Gestalt también apostó por la suficiencia de las ciencias “duras” como única vía para acceder a lo subjetivo.

El Psicoanálisis y el Humanismo  en cambio, nacieron dentro de  la fenomenología, pero ya más alejados de las tendencias positivistas, sin embargo mantenían el apego a la individualidad como principal limitación. ¿Serían suficientes estos paradigmas para  aproximarse de forma verosímil a los dinamismos psicosociales en tanto elementos grupales subjetivos? - Obviamente no.

Mucho se podría decir de Freud y del viraje que implicó en la comprensión de lo humano su transgresora teoría. Pero si bien tiene  este psicoanalista el mérito de inaugurar una tendencia que resaltó  y justificó seriamente el valor de lo simbólico en el comportamiento colectivo; tuvo la limitación de reducir la conducta social a proyecciones de lo individual psicodinámico.

 Algunos de sus sucesores menos ortodoxos avanzaron en la comprensión de lo social. En tal sentido resalta Carl Jung, quien introdujo el concepto de inconsciente colectivo. En su criterio el individuo  lleva en su interior las experiencias acumuladas por las generaciones anteriores. Este inconsciente colectivo es compartido por todos los seres humanos  y una parte importante  de él son las imágenes universales o símbolos.

En el criterio de la autora estos posicionamientos resultan de interés, sobre todo para la psicología clínica, pero no llegan a valorar  adecuadamente la relación bilateral que establece el individuo con la sociedad.

Si bien es cierto que autores como Vigotsly, Rubinstein y Petrosky, apoyados en la comprensión dialéctica-materialista de la historia, pudieron explicar de forma coherente y dinámica  el papel de lo histórico y lo social en la constitución del fenómeno subjetivo, no se debe desconocer otros aportes  valiosos realizados desde las ciencias sociales.

Para lograr un análisis desprejuiciado de las representaciones psicológicas como categoría, no es apropiado concebir las ciencias sociales aisladas entre sí, puesto que ellas se han ido complementando a través del desarrollo histórico de la humanidad. Cada una de ellas ha utilizado su andamiaje teórico-metodológico para dar respuestas a las demandas y fenómenos que aparecen en la conciencia social, en su interacción compleja con el ser social; y este  quehacer propio ha generado conocimiento, a veces desde miradas diferentes, pero  con  igual valor científico en la comprensión lo psicosocial.

En  primer lugar es necesario abordar la noción kantiana (retomada en el siglo XIX por la Sociología) y pensar los fenómenos sociales  desde la legitimación de la existencia de una “realidad en sí”  y una realidad para el sujeto que la vivencia. Ello sugiere desde que  lo que se ha dado a llamar madre se todas las ciencias, que  la realidad, antes de ser un contenido psicológicamente significativo, pasa por el filtro de la percepción como fenómeno cognitivo; para transitar luego  a través del tamiz de las representaciones y de la personalidad como sistema peculiar en cada caso.

Siendo así, la causa de esta pluralidad de realidades que sugiere Kant probablemente podría encontrarse en las representaciones psicológicas, tanto en las individuales como en las sociales (puesto que son categorías que se entrelazan) y esta posibilidad explicativa resalta la importancia de su estudio como categoría.

Kant a la vez plantea una noción de subjetividad, y según el criterio de esta autora, también de construcción social de significados y representaciones, cuando plantea que un hombre abandonado en una isla desierta no engalanaría para sí solo su cabaña, ni buscaría flores; y refiere que las  mismas flores sin significado en la situación anterior, pueden acabar por adquirir importancia social, revistiéndose de gran interés, pero sólo en el vínculo con el otro (citado por Hoyos, Vargas, 2002).

Tales ideas remiten ante todo al papel que tiene lo social en la formación de representaciones desde la  constitución y legitimación de sentidos, significados y valores; categorías todas que integran el marco referencial a partir del cual las personas perciben determinado elemento de la realidad como valioso o inservible, hermoso, aceptado o cuestionable.

Se comparte por tanto el criterio expresado por Hoyos y Vargas  en el 2002, cuando expresan que  para Kant la estética  se expresa en la medida en que se quiere niveles de convivencia, de acuerdo, de sedimentación de la experiencia comunitaria, comunicativa; y  que ella  se revela como un espacio para la comprensión del sentido y la constitución de acuerdos.

 Se puede apreciar que al abordar  el tema de la estética, Kant hace, tal vez sin proponérselo, una clara descripción de lo interpsicológico y de la importancia del vínculo social en la formación de lo subjetivo. Tales planteamientos fueron luego reafirmados por Pichón Riviére, importante  exponente  de la psicología en Argentina, quién resaltó rol protagónico del vínculo en la constitución de lo subjetivo.

Dentro de la Sociología podemos encontrar dos pilares fundamentales para la comprensión de lo psicológico  grupal. El primero es  Emile Durkheim, cuando resalta la necesidad de estudio del hecho social,  al cual  define como maneras de actuar, de pensar y de sentir,  dotadas de  poder de coerción (Durkheim, 1956). Sin dudas se está refiriendo a  las construcciones sociales que se afianzan culturalmente  y se internalizan a nivel individual, funcionando como fuerza motriz y orientadora de la conducta social  e individual. 

Para él, el hecho social puede tener una  contribución positiva o negativa al mantenimiento o cambio de la estructura social. En esta dirección se podría apuntar la existencia de alguna coincidencia entre este análisis y el planteamiento de Marx  en cuanto a la  existencia de una relación dialéctica  y bidireccional entre el ser social y la conciencia social. Es válido resaltar  en el pensamiento Durkheim, que ubica la posibilidad de acción social en todas las esferas de constitución y manifestación de lo psíquico (Cognitivo, afectivo, conductual).

En convergencia con el autor anterior podemos citar a Max Weber, quién también coloca a la acción social como objetivo de la interpretación de la Sociología,  y la piensa como un comportamiento cargado de significado.

Para Weber la acción social es toda actitud y comportamiento social, que puede ser puede ser  explícita o subjetiva; tanto si se trata de una intervención  activa, pasiva, o de  una aptitud de abstención ante las diferente situaciones y contextos  en los que se desarrollan los individuos en su accionar social. Sin embargo, se considera que su interés último está en el componente subjetivo de la acción social, como determinante de esta.

 Desde su punto de vista, el hombre está inserto en tramas de significado que él mismo construye. Se valora  esta construcción es claramente social, en tanto no se trata sólo de las significaciones individuales que movilizan la acción social, sino también de las  internacionalizaciones  de significaciones  colectivas cristalizadas a partir de la experiencia histórica y transmitidas trasgeneracionalmente a través de la cultura.

Los elementos planteados anteriormente  hacen reflexionar en cuanto  al estudio de las representaciones sociales  y a la necesidad de pensarlo libre de inflexibilidades científicas, pensamientos deterministas y generalizaciones; puesto que por su naturaleza, las representaciones están dadas por la articulación de los sentidos individuales y los significados compartidos, peculiares en cada contexto.

Aún cuando adentrarse  en las particularidades de esta categoría implique notar gran complejidad en su comprensión, es imprescindible retar a las “ciencias del espíritu” para intentar aproximarse tanto como sea posible a  sus esencias. Porque como tal y como  lo han sospechado  los anteriores autores  desde hace mucho tiempo, en su entendimiento va la posibilidad de explicar e incluso modificar el comportamiento  colectivo y el funcionamiento social.

BIBLIOGRAFÍA.

  • Calviño M. (1987). La categoría sentido personal. Revista Cubana de Psicología. Volumen 4. No.
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  • González Rey Fernando. (1997). Epistemología cualitativa y subjetividad. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.
  • Hoyos Guillermo, Vargas Germán. (2002).La teoría de la acción comunicativa como nuevo paradigma de investigación en ciencias sociales: las ciencias de la discusión. Bogotá: ARFO Editores e Impresores Ltda.
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  • Weber Max. (1994). Sociological Writings:Continuum