Test de Rorschach

Las manchas de tinta de Rorschach son sin duda la técnica proyectiva más popular. El psiquiatra suizo Hermann Rorschach las describió por primera vez en 1921 y desde entonces se han difundido entre la comunidad psicoanalítica y la sociedad en general. No es difícil, por ejemplo, encontrarse con empresas que utilizan este método para la selección de trabajadores.

Las técnicas proyectivas se caracterizan por su vaga estructuración. Esto repercute en una variedad casi infinita de respuestas posibles de los sujetos analizados delante de los estímulos dados. A estos se les dan unas mínimas pautas a fin de concederles gran libertad de interpretación. Cuánto más vagas sean las instrucciones más se fomenta el uso de la imaginación del sujeto y más subjetiva es la respuesta. De este modo, la clave de la hipótesis reside en la forma de interpretar, convirtiéndose el test en un espejo en donde el sujeto refleja sus procesos de pensamiento y sus conflictos. Son pues, grandes aliadas para la interpretación de la personalidad y especialmente eficaces en la revelación de aspectos encubiertos de esta, que están latentes o son inconscientes.

El creador de la técnica que aquí nos incumbe, Rorschach, que le ha dado también el nombre a esta, la desarrolló a raíz de su interés por ver la reacción de sus pacientes delante de sus láminas pintadas. Hermann Rorschach (Zurich, 1884 – Herisau, 1922), no solo era un psiquiatra suizo sino que también un apasionado de la pintura. Estudió medicina y se doctoró en 1912, tras lo cual dirigió su carrera hacia el psicoanálisis. Trabajando con sus pacientes se interesó en ver como estos reaccionaban a diferentes formas descritas en tinta. Comparaba después las respuestas de estos con personas que no tenían problemas mentales. Ya existían por esa época algunos estudios que utilizaban manchas de tinta para trabajar la imaginación y otras funciones, pero Rorschach fue el primero en aplicarlas al estudio del diagnóstico de la personalidad global. Así pues, gradualmente fue enriqueciendo su sistema enseñando diferentes imágenes a diferentes colectivos y comparando los resultados. Trató, por ejemplo, con deficientes mentales, artistas e intelectuales.

Su investigación concluyó en un test que consta de diez láminas, que describió un año antes de su muerte. El test Rorschach se compone de imágenes de manchas simétricas, las cuales se consiguen plegando por la mitad la hoja con la tinta húmeda.  Cinco son en escala de grises y negro, dos contienen toques adicionales de rojo brillante y las otras tres combinan diferentes colores. Su interpretación y aplicación son realmente difíciles dado el alto grado de subjetividad de estas.

La metodología a seguir en la puesta en práctica del test es muy sencilla. No obstante, puesto que el abanico de respuestas es ilimitado, se deberá recopilar toda la información posible de forma meticulosa. El experto mostrará las láminas al paciente o cualquier persona que se quiera someter al test, una a una. Se le pedirá, cada vez, que describa aquello que ve en las imágenes. El paciente deberá, por tanto, expresar que le sugieren las manchas abstractas con descripciones de formas icónicas concretas. Es decir, debe expresar si ve personas, animales, objetos, etc. Además explicará las sensaciones y sentimientos que le puedan sugerir, así como otras reacciones espontáneas que pueda experimentar. No se deberá influenciar al paciente durante este proceso, solo apelarlo para que este se exprese con total libertad. Se deberá transcribir de forma literal sus respuestas y también anotar detalladamente las diferentes reacciones y expresiones que pueda transmitir el sujeto con su lenguaje corporal. Acabado con una lámina se mostrará la siguiente y así sucesivamente, sin interrupción, hasta terminar con las diez. A continuación, el examinador preguntará al sujeto sobre las diferentes partes y aspectos de las láminas que motivaron las respuestas y reacciones. En esta parte el sujeto tiene la oportunidad de elaborar respuestas más meditadas, pudiendo aclarar sus anteriores respuestas.

Después de la recopilación de datos viene la parte más complicada del proceso: la interpretación de las respuestas. Se han pensado varios métodos de puntuación e interpretación de este test. Sin embargo, aun aplicándolos con rigurosidad,  la alta subjetividad de las respuestas hace que las conclusiones sean vagas si se habla en términos generales. La localización, los determinantes y el contenido, serían las categorías de puntuación más corrientes.

Cuando se puntúa la localización se refiere a la parte de la mancha la cual ha hecho reaccionar al sujeto. Se valora si se trata de la mancha en su totalidad, o solo un detalle. Se tomará nota si se trata de un detalle común o no, uno inusitado. También, si el sujeto ha reaccionado contrario a la mancha al espacio en blanco, al vacío. También se deberá considerar si las respuestas han sido motivadas por una mancha aislada o ha sido por la combinación de varias.

En cuanto a los determinantes incluyen la forma y el color. Por las diferentes texturas y tonos de las manchas se deberá prestar atención a la interpretación del volumen. Este puede darse por diferentes zonas donde se aprecia sombreado. También se considerará la interpretación de diferentes tipos de texturas: grumos, diferentes tipos de tejidos, formas brumosas, etc. Del mismo modo, se deberá tener en cuenta,  por los ritmos propios de las manchas, la sensación de movimiento y en qué sentidos lo interpreta el sujeto. Siempre en el análisis de una imagen, bidimensional y estática, el cerebro humano hace una lectura dinámica y esto es clave dentro de un buen análisis. Se deberá puntuar además, de forma separada, si se observa un movimiento humano, animal, abstracto, etc.

Por último tenemos el contenido que suele variar de un sistema de puntuación a otro. No obstante, existen unas categorías principales que siempre se repiten y entre las cuales destacan: las figuras humanas o los detalles de estas, la figuras de animales, o también detalles de estos. También son comunes las nubes, sangre, rayos X, objetos sexuales y diferentes símbolos del imaginario colectivo. Se suele puntuar algunas respuestas que aparecen muy frecuentemente como vulgares por su obviedad.

En una aplicación corriente del test de Rorschach se suele dar mayor importancia a la descripción final, global, del sujeto, donde como se había explicado, clarífica y relaciona sus respuestas con las diferentes partes de las láminas. Aquí el experto integra los resultados de las diferentes partes del registro y considera las relaciones entre los distintos índices y puntuaciones. También será importante para un buen análisis del sujeto la comparación de los resultados de este test con otros, así como entrevistas. Del mismo modo será útil compararlo con registros de historias de otros casos.

Se considera que el test de Rorschach es aplicable para todas las edades desde nivel preescolar. Sin embargo, suele funcionar mejor en adultos y esto está comprobado por la acumulación clínica de experiencias. La edad es uno de los factores que más hace variar las respuestas. Otros factores que dificultan la estandarización del test serían, por ejemplo, el nivel de complejidad verbal (el cual se podría determinar en un test de aptitud verbal), el nivel intelectual y el tiempo de asistencia a los centros educativos. Otro gran factor que dificulta la interpretación de las puntaciones es el número total de respuestas, conocido también como R o como productividad de respuestas. A causa de la gran diferencia en R en los diferentes test, motivada muchas veces por los factores anteriores, es realmente difícil la puesta en común de un test individual con la totalidad.

Para intentar concretizar y salvar la complejidad de este test, algunos investigadores proponen la concentración en el análisis de contenido en las respuestas (Zubin, Eron y Sultan, 1956). Así pues, se podría decir que este análisis se centraría más en lo que el sujeto ve, y no tanto en cómo lo ve. De este modo, se genera un contenido que se puede tratar en forma muy similar a la empleada en cualquier otro material que se haya trabajado en las entrevistas clínicas. Los resultados obtenidos siguiendo esta metodología parecen más prometedores y parecen mostrar con mayor claridad como los rasgos de la personalidad del sujeto influyen sobre la percepción. No obstante, es evidente que siguiendo estas pautas mucha información no sería aprovechada. Y es que, en conclusión, el test de Rorschach es una increíble fuente de información sobre el sujeto, aunque en la práctica y globalidad sea complicado llegar a conclusiones sólidas.