Algunas ideas para superar el halo de la indecisión (o qué criterios seguir para tomar decisiones)

A veces nos bloqueamos cuando tenemos que tomar decisiones importantes. Pero es necesario. Como dice la frase: ¿Tomas algo para ser feliz? Sí, decisiones. Peor que tomar una decisión es no tomarla por miedo a equivocarse, y estar cronificando una situación de incertidumbre. Cuando las personas somos insistentemente indecisas suele ser por miedo al fracaso, por no asumir que, lo normal, es equivocarse de vez en cuando, y que hay que aprender a relativizarlo.

Algunas pautas pueden ayudar a decidirnos, aunque nada ni nadie nos va a garantizar que sea la mejor elección, o la más correcta. Pero es nuestra decisión, en base a unos criterios.

Una forma de empezar es VALORAR LAS CONSECUENCIAS. Seguramente lo hagamos casi siempre, pero lo hacemos ·”de cabeza”, pensando y repensando; sin un orden claro; y lo que pensamos hoy, quizá, no lo recordemos mañana, o lo descartemos sin más. Para evitarlo, interesa escribir todas las consecuencias: podemos listar las ventajas y los inconvenientes de determinada decisión; a corto y largo plazo. Interesa dedicarle varios días a escribirlas; habrá días que valoremos más las consecuencias negativas y otros seguramente priorizaremos las positivas. Haciendo una tabla con ellas podemos ver la globalidad de las opciones y cuáles son a las que damos más importancia.

VENTAJAS INCONVENIENTES
Corto plazo      Largo plazo Corto plazo      Largo plazo

Aquí también entran en juego nuestras prioridades en la vida. Si las tenemos claras, será más fácil realizar una elección. Si aún no hemos pensado sobre ello, podemos reflexionar sobre lo que nos hace feliz y lo que nos gusta; cuáles son nuestros valores y cuáles son los más importantes para nosotr@s.

Otra vía para considerar en la toma de decisiones es ANALIZAR LAS EXPERIENCIAS PREVIAS. A lo largo de nuestra vida hemos tenido que tomar decisiones en situaciones similares, o no tan similares, pero sobre las que podemos reflexionar; y podemos considerar los aspectos que se nos hayan podido escapar en ese momento y que, ahora, “a toro pasado” se ven más claramente.  

También es interesante analizar las experiencias ajenas desde nuestra propia perspectiva; pero considerando siempre que lo que es adecuado para una persona no tiene que serlo para otra. El carácter, las creencias y valores personales están presentes a la hora de decidirnos por una u otra opción. De hecho, si mi elección es coherente con mis valores suele ser más fácil.

A veces no sabemos exactamente lo que queremos, pero tenemos claro lo que no queremos. Eso también nos puede ayudar. Intentemos visualizar cómo nos queremos ver en un futuro próximo, qué es lo que nos puede ayudar a ser más felices, a cubrir nuestras expectativas (realistas, por favor), qué es lo que realmente merece la pena, lo verdaderamente importante y que se mantiene en el tiempo…

Y hay una última (y relevante) cuestión a considerar: EL RIESGO CERO NO EXISTE.

¿Pretendes estar totalmente preparad@ para decidirte? Pues que sepas que ese momento no va a llegar.

Si esperas a estar totalmente preparad@, es muy complicado que emprendas algo diferente. Y si además eres de las personas que se centra más en las complicaciones que en los beneficios… peor nos lo ponemos. El riesgo cero no existe. Así que: sopesa cuánto riesgo estás dispuest@ a asumir y ¡adelante!

¿Y qué puedo hacer?

Pues por lo pronto aceptar que, efectivamente, nunca se llega a aprender del todo y por eso cometemos errores (¡y los que nos quedan!). Después, aceptar cómo han sido las circunstancias en ese pasado nuestro, a qué dábamos más o menos importancia, nuestros valores de entonces (esos éramos nosotr@s). Y seguidamente, lo más valioso que podemos hacer ahora, es mirar el día de hoy como una oportunidad para mejorar sabiendo todo lo que sabemos (gracias a ese pasado).

En fin, la posibilidad de equivocarnos existe siempre; pero de los errores se aprende, ¡y mucho!, y no suele ser tan dramático como lo pensamos. Elige lo que consideres la mejor opción, siempre en consonancia con tus valores.