APRENDER A RELAJAR ES INVERTIR EN SALUD: PROGRAMA PARA SU APRENDIZAJE Y PUESTA EN PRÁCTICA

Autora: Ana Mª Bastida de Miguel

Licenciada en Psicología - Máster en Psicología Clínica
Psicoterapeuta por la EFPA/COP (Certificado Europeo de Psicóloga Especialista en Psicoterapia)
Postgrado Universitario en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud
Miembro del SEPCyS (Sociedad Española de Psicología Clínica y Salud)
Miembro de la SEPD (Sociedad Española de Patología Dual)
Colegiada R-00478 / PAM-008

Actualmente existen muchas técnicas de relajación y cualquiera de ellas nos puede ayudar a lograr un mejor estado psicosomático y un mejor enfrentamiento al medio que nos rodea. Los pioneros en el campo de la relajación como técnica psicoterapéutica fueron Jacobson y Schultz, allá por los años 30, quienes ya pudieron comprobar la importancia que la tensión y los estados emocionales jugaban en la aparición, desarrollo y mantenimiento de multitud de problemas psicopatológicos tanto en niños como en adultos. Con el desarrollo de la Medicina Psicosomática comienza a cobrar fuerza la relación tan importante que existe entre mente y cuerpo así como su influencia en la evolución y desarrollo de las enfermedades psicosomáticas. De entre las múltiples técnicas existentes es la Relajación Muscular Progresiva de Jacobson la que ocupa un lugar privilegiado por haber sido objeto de multitud de investigaciones y aplicaciones clínicas.

Actualmente esta técnica psicoterapéutica es imprescindible en clínica a la hora de tratar problemas tan diversos como insomnio, fobias, ansiedad, hipertensión, adicciones, migrañas, dolores de todo tipo y patologías de lo más diversas.

Los músculos requieren una determinada tensión para su funcionamiento pero todo ello dentro de un equilibrio constante y un tono adecuado para cada desempeño concreto. Cuando este tono deja de ser adecuado y se convierte en patológico, por superar los umbrales adaptativos, deja de ser normal para pasar a ser dañino para la salud.

La tensión se va a manifestar de muy diferentes formas en función de cada persona. Unos sufrirán taquicardias, opresión en pecho, contracturas musculares…, otros molestias abdominales, vómitos, náuseas…, otros temblores, mareos y calambres…, y así un largo etc., acompañado en todos los casos de respuestas cognitivas y motoras distorsionadas e inapropiadas. El saber detectar y relajar aquellas partes de nuestro cuerpo que se encuentren alteradas será de vital importancia a la hora de resolver multitud de estados ansiógenos que para nada nos benefician.

La relajación como cualquier actividad tiene que aprenderse y mucho más si queremos utilizarla como medida psicoterapéutica, preventiva y de enfrentamiento a situaciones complejas o que requieran un mínimo de autocontrol. La relajación será fundamental combinarla con una adecuada respiración que nos ayude a oxigenar adecuadamente el organismo.

Aprender a relajar y a respirar correctamente es aprender a invertir en salud y en satisfacción personal. Por lo que el tiempo dedicado a ello no será en vano.