Anatomía de un coleccionista de agravios

Por Arnoldo Arana

 

(Inspirado en el artículo ¿Es usted un coleccionista de agravios?, publicado por la revista Selecciones en el año de 1960).

“¿Quién no ha convertido alguna vez los sucesos cotidianos en insoportables y los eventos triviales en desmesurados? Amargarse la vida es muy fácil. Pero desarrollar el arte de amargarse la vida de manera sistemática y consistente demanda cierto aprendizaje, muchas veces inconsciente y, las más, de manera consciente”.

Paul Watzlawick

¿Es usted un coleccionista de agravios? ¿Tiende a extraer un agravio de toda relación o contacto con los demás? Estas preguntas pueden parecerle extrañas o amenazantes, e incluso ajenas a usted. Pero tal vez las personas que están a su alrededor, pueden responder afirmativamente esas preguntas respecto a usted. En todo caso la información contenida en este artículo puede ayudarle a aclaras sus dudas.

¿Qué es un agravio?

Un agravio es, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una “ofensa o perjuicio que se hace a alguien en sus derechos e intereses”. En el plano de las relaciones interpersonales, el agravio ocurre cuando una persona le hace a otra, algún desaire, desprecio, descortesía, menosprecio u ofensa.

El coleccionista de agravios: Un caso más común de lo que parece

El coleccionista de agravios se siente blanco de las ofensas y desaires de las personas que le rodean. Esta forma de ser y conducirse en la vida no es propia de alguna cultura en particular, o estrato social específico. Los coleccionistas de agravios abundan en todos los contextos: trabajo, centro de estudios, vecindario, etc. Los agravios son una manía tan generalizada como nociva, que actúan como pesadas cargas que le impiden a las personas enriquecerse en el trato con otras personas y les roban los momentos de felicidad. La actitud de coleccionar agravios en un subproducto de la pseudocultura de la intolerancia y la despersonalización de las relaciones humanas.

El coleccionista de agravios: Una imaginación fértil para concebir agravios

Para este tipo de personas las ofensas o perjuicios, en la mayoría de los casos, no obedecen es una situación real o actitud malintencionada, con premeditación y alevosía del supuesto agraviador, sino a una proyección suya que ve “agravios” donde no los hay.

Este tipo de persona, dada su hipersensibilidad, tiene la tendencia a ver (imaginar) en las circunstancias de la vida, y en las actitudes y gestos de las personas, la confirmación de “la injusticia y maltrato” de que supuestamente es objeto. Su mente extremamente suspicaz es capaz de asociar cualquier opinión, seña o expresión de otras personas como un desprecio u ofensa. Tiene además una gran habilidad para percibir supuestas “malas caras”, “gestos de desaire”, “ceños fruncidos”, o “caras largas” para con él o con ella.

El coleccionista de agravios es un buscador profesional de ofensas, muy diligente y perseverante en el oficio de recolectar agravios. Tal como lo expresa Guillar Gaylin: “Son los buscadores de tristezas que en cada agravio encuentran un tesoro más para su colección”. A este tipo personaje bien podría aplicársele el dicho “quien busca encuentra”. Como busca con tenacidad los agravios, termina encontrándolos; también termina herido más veces y sufre más, lo que refuerza su “mentalidad de víctima”.

El coleccionista de agravios: Una “víctima” en la relación

El papel que mejor desempeña el coleccionista de agravios es el de víctima, y desde esa posición establece relaciones con el otro, aun cuando él (ella) no lo percibe así.

Las personas que son coleccionistas de agravios nunca reconocen que están recibiendo lo que sus actitudes, capacidades y esfuerzos merecen. Estas personas tienden a pensar que la vida es injusta con ellos. Son avanzados estudiantes en el “arte de la victimización”. Constantemente culpan a otras personas, al estado, a la economía, a los astros, o la vida misma, por sus desaciertos y fracasos, por lo que son incapaces de aprender de sus errores, condenándose a repetirlos cíclicamente.

Constantemente necesitan un chivo expiatorio. Cuando no es su jefe que es injusto, son sus suegros que son malos, o sus amigos que se aprovechan de él (ella); y aun les queda como comodín sus padres que no lo amaron lo suficiente, o el estado que no es competente, o los astros cuya influencia no logran sortear. El todo es vivir en una experiencia negativa.

El coleccionista de agravios tiene, además, una gran memoria para almacenar todo tipo de “afrentas”, desengaños, experiencias negativas u “ofensas”, que le coloquen en la posición de víctima, las cuales acumula como cuentas pendientes, amarguras, penas y resentimientos, que alimentan su neurosis, y que a la vez le permiten ciertas “ganancias”, al utilizar todo ese equipaje para manipular y chantajear emocionalmente a los que le rodean.

El coleccionista de agravios es un desconfiado muy tenaz

Las personas que coleccionan agravios son hiperdesconfiadas. La desconfianza en su vestimenta de trabajo y su equipaje al establecer relaciones con otros. Viven sospechando supuestas “malas intenciones” y confabulaciones de los demás.

Como consecuencia de ser tan superprevenidos les cuesta establecer relaciones profundas y significativas, por lo que terminan alejando de sí a las personas. Arriesgan poco en las relaciones. Piensan que las personas tratan permanentemente de aprovecharse de ellas, por lo que tienden a actuar con cautela extrema al relacionarse con otros. Al actuar con tanta desconfianza provocan el rechazo de los demás, lo cual los vuelve más desconfiados.

Por otra parte, a este tipo de persona le cuesta recibir elogios, reconocimientos o muestras de aprecio. Ven en todo gesto de cortesía y amabilidad una “trampa”, alguna doble intención, alguna conspiración.

El ser tan desconfiados los hace vivir a la defensiva, por lo que sus estilo de gestionarse en más reactivo que proactivo. Viven en estado de tensión ya que necesitan estar permanentemente en alerta para evitar que se aprovechen de ellos. El coleccionista de agravios anda en una constante “cacería de brujas”, desconfiando de las intenciones de los demás.

El coleccionista de agravios es un pesimista de oficio

Por otra parte, los coleccionistas de agravios tienen una actitud negativa y son de carácter pesimista – escépticos de oficio. No se dan cuenta de que su propia actitud negativa es la que les gana la aversión y el relegamiento – falta de simpatía - de otras personas. En la mayoría de los casos es su propia actitud la que genera la segregación y la indiferencia de otras personas.

Como profetas de su propio desastre, tienden a magnificar los problemas y situaciones en su vida, y a albergar expectativas catastróficas acerca de su futuro. Son, además, muy hábiles para encontrarle el lado negativo a las circunstancias. Su tendencia a esperar lo peor los mantiene en temor.

El coleccionista de agravios es un experto en el arte de amargarse

Cualquiera puede amargarse por un resultado adverso; pero amargarse la vida sistemáticamente es un oficio que se aprende, una habilidad que requiere ser trabajada, una competencia que debe ser instalada. En este asunto de sufrir ofensas, desaires y perjuicios el coleccionista de agravios se ha hecho un experto; ha perfeccionado el amagarse al punto de convertirlo en un arte. El coleccionista de agravios es un amargado crónico. Para esta persona vivir amargada, con rencor, cargando agravios, se ha convertido en una forma de ser y estar en mundo, caracterizada por el mal humor constante, el rencor, la intolerancia y la amargura de espíritu. Viven con rencor como un mecanismo para no olvidar las heridas y caer en la tentación de confiar nuevamente. El rencor alimenta las raíces de amargura, incapacitándole para perdonar.

Algunos han sido capaces de llevar la empresa de amargarse demasiado lejos, hacia límites insospechados y niveles difíciles de creer, imaginar, o emular; son los campeones de la amargura. Éstos son personas expertas en el arte de amargarse; maestros diestros, como dice Paul Watzlawick, en convertir lo cotidiano en insoportable y lo trivial en desmesurado. Aún los sucesos más triviales pueden parecer de dimensiones épicas, con tal de terminar amargándose la vida.

Algunos coleccionistas de agravios han logrado desempeños excepcionales, dignos de reconocimiento del libro de record de Guinness. Éstos han perfeccionado tanto la técnica para amargarse, que son capaces de generar la desdicha y el fracaso en el retiro total de su propia cabeza, sin que medie ningún tercero.

La amargura es una enfermedad del alma que conlleva a la infelicidad. Les roba, además, a las personas el gozo y la alegría de vivir, les priva del enamoramiento y la alegría por la vida. Les resta entusiasmo para los emprendimientos en la vida. La amargura empobrece espiritualmente; les impide a las personas crecer a través del contacto nutritivo con otros.

¿Cómo podemos identificar a un coleccionista de agravios?

Veamos algunas de sus manifestaciones conductuales:

  • Constantemente se siente víctima de alguna persona o situación.
  • Con frecuencia ve la vida con pesimismo.
  • Muchas veces se siente excluido de algún grupo.
  • Le cuesta asumir la responsabilidad por lo negativo que sucede en su vida; o peor aún, le cuesta reconocer lo positivo que ocurre en su vida.
  • Con frecuencia se siente incomprendido y no tomado en cuenta.
  • Tiende a magnificar y personalizar los desacuerdos y discusiones con otras personas.
  • Comúnmente se siente abrumado y agobiado por las circunstancias.
  • Rara vez o casi nunca piden retroalimentación de las percepciones de otras personas.

A estas alturas hay una pregunta obligada que me gustaría volver a hacerle: ¿Es usted un coleccionista de agravios? Le invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas, que pueden darle alguna pista acerca de si usted puede estar conduciéndose como un coleccionista de agravios.

Test para identificar a una coleccionista de agravios

  • ¿Se siente constantemente desairado, incomprendido, menospreciado o agraviado por la vida o las personas que le rodean?
  • ¿Cree que la gente lo trata injustamente?
  • ¿Salta a conclusiones, formando sus propios juicios, sin validar con las personas, las percepciones y hechos?
  • ¿Tiende a tomar las cosas por el lado trágico?
  • ¿Tiene un estilo negativo de reaccionar ante los sucesos y circunstancias que le ocurren? ¿Tal vez fatalista?
  • ¿Vive con un descontento general?
  • ¿Constantemente culpa a otras personas por sus errores y fracasos?
  • ¿Cree en la mala suerte?
  • ¿Mantiene resentimiento en su corazón?
  • ¿Cree que nadie lo toma en cuenta?
  • ¿Constantemente se siente víctima de las circunstancias u otras personas?
  • ¿Se cree atacado constantemente por otras personas?
  • ¿Cree que sus problemas son más grandes que los de las demás personas?

Si su respuesta es afirmativa a la mayoría de las preguntas, entonces usted es un coleccionista de agravios. Descubrir que usted es un coleccionista de agravios puede ser una sorpresa no grata. Algunas personas no están conscientes de que padecen de esta manía.

Enfrentando la manía de sentirse agraviado

Este oficio de andar por la vida recogiendo y coleccionando agravios, crea un tipo de individuo difícil de sobrellevar para el resto de las personas; una compañía con quien nadie quiere estar, un huésped no deseado; un no-invitado con quien la mayoría de las personas no quiere compartir, trabajar o estudiar. Este tipo de persona crea mucha estática (conflicto, ambigüedad e incertidumbre) en las relaciones con otros, por ser tan difícil de descifrar y de sobrellevar.

Si usted es un coleccionista de agravios necesita forzarse a mirar “los agravios” cara a cara. Las personas no son normalmente duras e injustas, o indiferentes e insensibles, ni las circunstancias están permanentemente confabuladas en contra suya. Se necesita de mucha fortaleza de espíritu para encarar los agravios, confrontando y validando con las personas sus percepciones. Los desdenes o desaires aparentes se deben casi siempre a inadvertencia, preocupación o simple incultura, más que a motivaciones incorrectas o malos deseos.

Las ofensas y los agravios son un pesado equipaje difícil de llevar. Cargar por largo tiempo esa mochila de “oprobios e injusticias” desgata y agobia el alma. Si usted es un coleccionista de agravios, necesita tomar un descanso, darse tregua. Necesita liberarse de ese equipaje. Ahora, dejar ese equipaje puede resultar difícil de lograr, pues ha cargado tanto tiempo con él, que ya es parte de usted; le define. Sin embargo, vivir coleccionando agravios en una forma distorsionada y disfuncional de ser y estar en el mundo. Usted puede darse cuenta que esa forma de ser y de relacionarse con otros, ha dañado sus relaciones, le ha hecho infeliz, ha impedido su crecimiento personal, lo ha convertido en una persona disfuncional. Por lo tanto, necesita encarar los agravios, y soltar esa pesada mochila, para así recuperar un sano equilibrio.

Si usted es un coleccionista de agravios, le invito a justipreciar el agravio y luego echarlo por la ventana. No lo guarde en una urna para luego recrearse contemplándolo. El agravio es una pesada carga. No deje que se hunda en su mente para que prolifere como una bacteria venenosa en su sistema circulatorio emocional, convirtiendo su corazón en un jardín de flores de negatividad, pesimismo y desesperanza cuyas raíces de amargura secan su espíritu e inyectan negatividad y pesimismo a otras personas.

Bibliografía:

  1. Watzlawick Paul, El Arte de Amargarse, Editorial Herder, 1988.
  2. Revista Selecciones, 1960.
  3. Sills Judith, Exceso de Equipaje, Editorial Norma, 1993