Cuando la idealización no nos permite ver con claridad

 

Autor: Mariana Andrea Pulvet


Cuando la idealización no nos permite ver con claridad

Cuando la idealización no nos permite ver con claridad.

Muchas veces, conocemos a una persona e inmediatamente sentimos que reúne todas las cualidades, gloriosas virtudes, que pueden hacer que nuestra vida sea absolutamente feliz. Y si bien, esa persona puede tener características que nos gusten y logremos compatibilizar con el tiempo, nunca debemos perder de vista que las bases de la pareja se construyen y alimentan en el día a día y no una sola vez y para siempre.

Comúnmente, creemos haber encontrado a "nuestra media naranja" y si de mitades hablamos, a rigor de verdad más vale estar completos y ser una "naranja entera" capaz de acompañar a otro, también completo, en un camino a recorrer juntos.

Esta sensación que a veces ocurre, responde a lo que llamamos "Idealización" y es un proceso psíquico en virtud del cual se llevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto. Habla este autor de la idealización en el enamoramiento y dice: "... el objeto es tratado como el propio yo del sujeto y que en el enamoramiento pasa al objeto una parte considerable de libido narcisista. En algunas formas de la elección amorosa llega incluso a evidenciarse que el objeto sirve para substituir un ideal propio y no alcanzado del Yo." (Freud, 1921).

Los cuentos de príncipes y princesas nos muestran una vida sin sobresaltos donde todo es maravilloso y perfecto, pero la realidad es que muchas veces las vicisitudes de la vida nos hacen trastabillar en aquello que creíamos un soporte perfecto y la desilusión es muy grande, cuando, las cosas se terminan. Receta mágica para una vida sin sobresaltos emocionales no existe, solo el diálogo permanente, un "contrato tácito" aún cuando haya situaciones que nos molesten, permitirá que en este ida y vuelta, escuchemos lo que el otro necesita de nosotros y podamos transmitir lo que nos aqueja.

Este "contrato", es un dialogo no hablado en el que se exponen nuestros deseos, carencias, necesidades, exigencias y abarcan todos los aspectos imaginables de la vida en pareja. Comúnmente, sucede que ninguno se percata de que sus esfuerzos por complacer a la persona amada, se basan en la certeza de que el otro es, siente y piensa las cosas como uno mismo.

Si nos retrotraemos a la infancia donde se logran la identidad, el autoconcepto, los modelos de amor, las maneras de ser hombre y mujer, así como los dictados en la familia, los padres, son los representantes de lo social en aquél entonces de nuestra temprana vida. Con ellos, nos enfrentamos al amor incondicional, también al cariño condicionado, y ahogar nuestros más anhelados deseos infantiles de exclusividad, pertenencia, ser solo para ellos y nada más.

Cuando esos conflictos y anhelos infantiles no se resuelven de una manera adecuada, vamos por la vida buscando parejas que nos resuelvan las carencias más intimas depositadas en el alma. Queremos entonces ser únicos en la vida de la pareja, que nos adivinen nuestras necesidades como cuando éramos niños, que con tal solo llorar, la madre responde a la demanda. También esperamos que todas las situaciones estén resueltas, buscando a un proveedor poderoso y cuando esto no se logra, nos sentimos muy desamparados.

Por eso muchas veces, esperamos reacciones, actitudes de los demás, visto desde nuestra óptica, como "necesarias" de un modo particular. Sin embargo, ahí donde reside la diferencia que nos caracteriza de ese "otro", es dónde debemos entender que cada uno hace lo que está a su alcance y como puede. Es por esto, que aceptar al otro distinto, es la clave para poder dialogar de otra manera, descubriendo que esa persona que tiene muchas cosas que nos gustan y atraen, también posee una serie de rasgos que a veces pueden hacer que entremos en cortocircuito en nuestra relación, porque, nosotros mismos contamos también con un bagaje de virtudes y defectos.

Si no logramos mantener esta escucha y diálogo, manteniendo solo este estado idealizado, hace que cuando esa persona cae del pedestal que ocupaba, el dolor y la frustración que puede sentir la persona que la consideraba perfecta pueden ser muy grandes y puede tener un fuerte sentimiento de que esta persona nos ha fallado.

Simple, y no tan sencillo, es el trabajo de todos los días de construir estas bases sólidas en la pareja, a través del dialogo, poder expresarnos con libertad, y sobre todo dejar ser al otro y ser nosotros mismos. Por esas razones que el otro nos eligió y nosotros lo hicimos de igual manera es que la renuncia no debe estar en nuestros ideales en post de sostener una pareja. Solo, manteniendo nuestros espacios y compartiendo las alegrías y penas con el otro, seremos más libres de elegirnos todos los días.