Ante El Nihilismo: ¿Es Posible Una Terapia Psicológica?

 

Autor: Santiago Villar Pallás

La incertidumbre y la precariedad.

Nos encontramos en una época que por doquier se alzan voces para señalar que vivimos en unos tiempos inciertos y la precarios. Los valores que nos han mantenido durante mucho tiempo se están haciendo añicos, y obligados a dar respuesta velozmente a las exigencias de la vida cotidiana podemos sentirnos abrumados. Una mayoría nada desdeñable reclama valores a los que asirse, brújulas para orientarse en la complejidad. El mundo actual además de complejo es sustancialmente nihilista.

El nihilismo.

Nietzsche comprendió que el nihilismo es “el más inquietante” de los huéspedes. Un espeluznante huésped que puede justificar innumerables tropelías, además dejarnos huérfanos. Somos huérfanos porque hemos triturado a cualquier autoridad que sea capaz de menoscabar cualquier ápice de nuestra libertad personal. Se ha definido el nihilismo como “la falta de un fin; falta de una respuesta al ¿para qué?”. Así, los valores supremos se desvalorizan, y los conceptos como la “nada”, el “vacío”, lo “incomunicable” o lo “incognoscible” definen los contornos de los tiempos nihilistas.

El poder de la racionalidad

Para Weber, la modernidad se define por el “sutil manto de la racionalidad”,  que inicialmente al servicio de la vida se ha transformado en una “bóveda de acero”. La racionalidad científica ha producido el irreversible desencantamiento del mundo. Está conciencia desencantada se ha traducido en politeísmo de valores, en una época privada de “dioses y profetas”. Toca preguntarnos: ¿cómo podemos vivir sin unos valores que nos entusiasmen?

Los valores que nos definen

Cada uno de nosotros se sostiene en sus propios valores. En el proceso de una terapia psicológica se va desgajando los valores –conscientes o inconscientes- que guían nuestra conducta. Generalmente afloran valores contradictorios (amamos igual que odiamos a la misma persona, necesitamos que nos cuiden igual que nos dejen nuestro espacio…). Los conflictos entre distintos valores implica un proceso de deconstrucción y de reconstrucción personal. El espíritu del nihilismo socava la posibilidad de una reconstrucción personal porque al renunciar a los ideales no nos queda más que vagar en las tinieblas de la incertidumbre y la precariedad.

La disolución de los dogmatismos y de las ideologías

El espíritu del nihilismo contiene un reverso liberador: se ha disuelto el dogmatismo y ha hecho caer a las ideologías. Así, el espíritu del nihilismo puede sernos útil para demoler, para crear un “vacío fértil” que nos permita reconstruir nuestra propia identidad. En el proceso de una terapia psicológica el nihilismo tienen que ser superado por una “mirada entusiasmada” de nuestras aspiraciones vitales.

Una terapia psicológica para los espíritus nihilistas

La base psicológica de los nihilistas es parecida a la de los fundamentalistas. Todo lo categorizan en blanco o negro, y se les hace muy difícil convivir con los claroscuros. Así, ante una forma de sentir y pensar rígida (todo o nada) se tiene que abordar desde la búsqueda de elementos que nos permitan dotar de flexibilidad a nuestros ideales. El planteamiento de espacios emocionales, con el uso de fantasías e imágenes, puede ser una intervención psicológica adecuada. Así, no se trata de convencer a través de la razón (o el sucedáneo de la racionalización) de que es inadecuado sostenerse en posturas nihilistas o fundamentalistas, si no de aflorar a la superficie aquellas emociones que nos permitan atenuar las emociones inflexibles del fundamentalistas y potenciar la emociones silenciadas de los nihilistas.