PENSAMIENTO POSITIVO, EMOCIONES, COMPORTAMIENTO Y SALUD

 

Autora: Dª Ana Mª Bastida de Miguel

Licenciada en Psicología - Máster en Psicología Clínica
Psicoterapeuta por la EFPA/COP
Postgrado en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud
Miembro del SEPCyS (Sociedad Española de Psicología Clínica y Salud)
Miembro de la SEPD (Sociedad Española de Patología Dual)
Colegiada R-00478 / PAM-008

Pensar es gratis, no cuesta dinero, lo hacemos y podemos hacerlo todos, por ello utilicemos nuestro pensamiento para sacar el máximo partido a nuestras emociones. Los pensamientos negativos generan muchísima ansiedad, muchísimo malestar emocional y alteran considerablemente el comportamiento de las personas de tal forma que perturban sus vivencias, nos roban bienestar y armonía con uno mismo y con los demás, pueden originar incluso graves trastornos psicosomáticos, pero la peor secuela es que provocan tal estado de insatisfacción, de tristeza, de inseguridad, de ansiedad y tal falta de vitalidad y un malestar físico y mental tan grande que la vida se va consumiendo poco a poco, provocando impotencia, indefensión, irritabilidad contra todo, desagrado e incapacidad para sobrevivir y mantener la ilusión por la vida y por lo que nos rodea.

Los pensamientos positivos por el contrario potencian emociones positivas (alegría, anhelo, felicidad, ilusión, bienestar físico…) pero también muchos comportamientos dirigidos a la gratificación y a la resolución de problemas. Se ha demostrado que quienes gozan de estas emociones incrementan su estado de salud. Se habla incluso de hasta 10 años de diferencia.

Cuando el estado de ánimo es sombrío la vida en general nos resulta deprimente pero si el humor mejora, las relaciones sociales, las esperanzas de futuro, la ilusión por todo es mucho más activa, gratificante y positiva.

Vivimos en una sociedad que cada vez nos pide más, que nos exige un esfuerzo titánico para incrementar los bienes materiales, el prestigio social y todo aquello que se nos presenta como deseable pero que termina con la salud de la persona. Siempre hay alguien con quien compararse y siempre encontraremos alguien que esté por encima de nosotros y que tenga más que nosotros.

Estamos en una sociedad donde se busca la felicidad por encima de todo y eso es lo que se nos vende: playas, viajes, coches, hoteles, fiestas, drogas, rebajas, concursos, ropas caras y baratas, glamour… Muchas personas piensan que si tuvieran mucho dinero serían inmensamente felices porque podrían comprar felicidad, pero no es así pues nos encontramos con altas tasas de depresión, de ansiedad u otras patologías.

La salud es el resultado del equilibrio entre cuerpo y mente. Por este motivo, cada vez se da mayor importancia a los aspectos psicológicos, tanto en la salud como, sobre todo, en la enfermedad. Las personas que se sienten felices y contentas son por ejemplo menos vulnerables al desarrollo de enfermedades cardiacas, entre otras, comparadas con quienes tienden al pesimismo, a la tristeza o a sentirse desgraciadas. Además, el tener una actitud positiva ante la vida la alarga y, en caso de enfermedad, ayuda a reforzar el sistema inmunológico. Incluso es un factor importante en el proceso de recuperación de determinadas patologías graves como por ejemplo el cáncer.

El optimismo es fundamental para la salud, el pesimismo como actitud de vida provoca una salud física mucho más frágil, mayor depresión, mayor ansiedad, mayor tensión física y mental y en consecuencia un rango de mortalidad mayor. Numerosas investigaciones así lo demuestran.

El distrés, esa sensación de agobio permanente, de malestar emocional continuo, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro, de nuestros órganos internos y en la constelación hormonal. A través de diversos estudios se ha podido comprobar que un minuto dedicado a un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario, durante unas horas, en una situación delicada debido a la tensión física y emocional que provoca.

Si nos paramos un poco a pensar, en qué tipo de cambios se pueden producir con el exceso de preocupación y ansiedad, vemos por ejemplo que tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. También afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
Ahora bien ¿tenemos recursos para combatir a ese enemigo interior, o eso es sólo cosa de sabios? Un valioso recurso contra la preocupación es focalizar la atención en practicar por ej. la respiración abdominal o diafragmática, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina además de mejorar la sintonía de los ritmos cerebrales entre los dos hemisferios cerebrales.

Investigaciones recientes han demostrado la correlación que existe entre pensamiento positivo y salud física y mental. El pensamiento influye claramente en nuestro estado físico y mental. Una persona con pensamientos negativos se va a sentir deprimida, con ansiedad, con baja motivación y con baja autoestima, será más propensa a presentar trastornos lumbares, cervicales, molestias gástricas, cardiológicas… Una actitud más positiva ante la vida mejora el sistema cardiovascular y la circulación sanguínea, mejora el buen humor además de la capacidad funcional y cognitiva pero sobre todo mejora considerablemente la salud.

Las emociones positivas juegan un papel muy importante "no sólo en la prevención de enfermedades sino también en su pronóstico pues se logra una recuperación más rápida". "Las personas que potencian emociones positivas tendrán mejores pronósticos, ante una misma enfermedad, que las que no lo hagan”.

Una respuesta común, como es la ansiedad ante determinadas situaciones, no sólo se aprecia en la expresión de la cara, sino que también genera cambios fisiológicos internos, como taquicardias, sudoración, temblores, sequedad de boca, aumento de tensión muscular, dolores tensionales… La enfermedad se verá reducida o incrementada en función de cómo nos contemos las cosas y de cómo interpretemos los acontecimientos y las circunstancias estresantes de la vida cotidiana a la vez que juega un papel muy importante el propio estilo de vida.

Si la respuesta de ansiedad o estrés provoca una activación fisiológica frecuente, duradera o intensa, puede que los órganos afectados no puedan recuperarse y como consecuencia puede producirse algún trastorno fisiológico en varios o en un sólo órgano. Los sistemas nervioso, endocrino e inmune están íntimamente relacionados debido a la multitud de vías anatómicas y fisiológicas que interaccionan entre ellos. Por este motivo, los factores psicológicos pueden afectar al pronóstico de muchas enfermedades, a través de su influencia en el sistema inmunitario (psiconeuroinmunología). El cómo se enfrente y reaccione una persona a las diferentes situaciones ansiógenas o estresantes puede ser tan importante para establecer el pronóstico de una enfermedad como muchos de los parámetros médicos.

Un pensamiento positivo, es incompatible con una emoción negativa o con un estado anímico desagradable, a veces aunque las situaciones sean negativas podemos encontrar pensamientos más sanos y más adaptativos que nos pueden ayudar a tener en cuenta otras alternativas, a ver las soluciones con más eficacia, a sentirnos un poco mejor y con más fortaleza interior.

No es la primera vez que oímos comentar a pacientes gravemente enfermos el siguiente mensaje: “Ahora es cuando realmente soy feliz, antes sólo pensaba en trabajar, en ganar dinero, en ascender, en triunfar. Sin embargo ahora, con todos mis miedos me considero feliz, es ahora cuando disfruto de cosas que antes no valoraba ni tenía en cuenta, vivo lo que me está tocando vivir, no niego mi enfermedad, ni intento obviarla, esta enfermedad ha hecho que comprenda cosas de mí insospechadas, ahora me emociona la vida a mi alrededor, mi familia, mi pareja, mis hijos, mis amigos, los que vienen a verme, los que me saludan, los que preguntan por mí y pasan un rato conmigo, todos me aceptan como soy, no por mi dinero, ni por lo que he conseguido en la vida, sino por mí como persona, por mis valores, por mi sensibilidad, por mi afecto y cariño hacia ellos, por mi agradecimiento, cosas que cuestan muy poco pero que antes me pasaban desapercibidas. Ahora a pesar de mi enfermedad es cuando realmente soy feliz pues disfruto de cosas que no exigen ningún esfuerzo pero que sin embargo son tan importantes para mí.

Pensar es gratis ¡Aprendamos a pensar! Un pensamiento positivo tiene que desmentir al negativo, confrontarlo continuamente y buscar otras alternativas que lo desmientan, que lo contrasten pero sobre todo que nos permitan ver la realidad bajo otro punto de vista para poder así comprobar los resultados producidos por las consecuencias generadas por la elección de otras alternativas más racionales, más adaptativas y más gratificantes.

El pensamiento positivo es algo que se puede aprender. Cuántas veces visualizamos las mismas escenas negativas una y otra vez, cuántas veces nos las repetimos, nos las contamos de mil maneras y todas a cuál peor, cuántas veces anticipamos lo negativo y nos recreamos en el dolor, en la preocupación, en el miedo, en la angustia, en la desesperación, en la impotencia… ¿Os habéis planteado qué ocurriría si hiciéramos lo contrario? ¿Si nos contáramos una y otra vez las mismas historias pero bajo un punto de vista positivo y nos recreáramos en ello? Hay dos palabras que son mágicas: ¡PUEDO! y ¡QUIERO! Puedo hacerlo, quiero hacerlo, sólo tengo que intentarlo.

No hay edad para el cambio, la ciencia ya lo ha demostrado. Nuestro cerebro tiene una gran plasticidad, por lo que si pensamos y sentimos que nuestra edad de máxima producción y capacidad no tiene límites y actuamos en consecuencia, nuestro cerebro crecerá pues pondremos en marcha todos los mecanismos necesarios para ello y activaremos nuevos circuitos neuronales y con ellos incrementaremos nuestras posibilidades.

Ante cada problema, relajémonos, pensemos que somos capaces de solucionarlo, eliminemos la inhibición y el bloqueo y actuemos en consecuencia. Repitamos una y otra vez que vamos a realizar todo lo posible para resolverlo, que vamos a tener en cuenta otras alternativas, que nuestro esfuerzo no va a ser en vano, que lo vamos a intentar…, y la solución llegará. No perdamos el tiempo ni la energía en lamentaciones ni en cosas improductivas e ineficaces que no sirven para nada, utilicemos esa energía en aportar soluciones, en   movilizarnos para resolver, utilizando todos los recursos a nuestro alcance y la solución llegará.

Un pensamiento positivo siempre provoca emociones positivas, sumamente agradables y un enorme beneficio tanto físico como psicológico. Un pensamiento positivo hace que aflore lo mejor de nosotros mismos. Un pensamiento positivo potencia relajación, autoestima y seguridad, ayuda a valorarnos y a querernos, a sentirnos orgullosos de nosotros mismos y a reconocer nuestra valía, a incrementar la motivación para luchar, para vivir y para disfrutar de la vida. Nuestras reacciones físicas y psíquicas, nuestros comportamientos y sentimientos dependen de cómo nos contemos nuestras propias historias y de cuánta credibilidad les otorguemos.

Aprender a generar pensamientos positivos es aprender a potenciar habilidades y recursos hacia una mejor resolución de cualquier problema, es aprender a estimular y a potenciar la esperanza, el optimismo, el enfrentamiento a las adversidades, la motivación hacia la consecución de objetivos, las fortalezas emocionales, la calidad de vida y en definitiva incrementar nuestra salud física y mental de tal forma que nos permita adquirir una mayor percepción de control cognitivo, emocional, social, conductual y fisiológico lo que nos pondrá en la mejor posición para transformar y generalizar unas reacciones mucho más adecuadas ante cualquier situación que requiera una mayor adaptación y afrontamiento a la vez que estimula la transformación personal y una mejor adaptación social.

Los beneficios del pensamiento positivo, en la salud física y psicológica, son incalculables pues aportan:

  • Más relajación (un organismo relajado es un organismo que física y psicológicamente funciona mucho mejor).
  • Más paz, serenidad, equilibrio, armonía en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.
  • Más sueños positivos y mayor optimismo.
  • Mayor acción y mayor movilización a la hora de resolver cualquier problema por difícil que pueda parecer.
  • Mayor creatividad y dinamismo.
  • Mayor claridad y eficacia.
  • Mayor concentración.
  • Más respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás
  • Más ilusiones, más ganas de disfrutar, más ganas de vivir, más ganas de compartir los mejores momentos de nuestra vida…

Todos sabemos lo que no queremos, lo que no nos gusta, pero cuando nos preguntan por nuestras cualidades y virtudes dudamos, si nos preguntan por nuestros defectos o por aspectos negativos de nuestra vida rápidamente contestamos, a lo mejor no en presencia de otras personas pero a nosotros mismos nos lo contamos continuamente. Es evidente que prestamos mucha más atención y mucho más tiempo y energía a los aspectos negativos de la vida, que a los aspectos positivos. ¡Cambiemos esa actitud y demos la vuelta! Como cualquier aprendizaje es cuestión de esfuerzo, práctica y tiempo dedicado a conseguirlo.

Si uno tiene una actitud negativa ante la vida, cuando aparezcan problemas y dificultades reales la persona no estará en condiciones de asumirlos, digamos que el pesimismo actuará como factor de vulnerabilidad.

Las emociones negativas conducen a depresiones, a ansiedad, a inseguridad y a malestar general. Numerosas investigaciones muestran cómo las emociones positivas facilitan la puesta en marcha de patrones de pensamiento mucho más receptivos, flexibles, creativos y resolutivos, además de favorecer la emisión de respuestas novedosas y altamente gratificantes.

El optimismo también puede actuar como potenciador del bienestar y de la salud en aquellas personas que, sin presentar trastornos, quieren mejorar su calidad de vida. El humor “sirve como una válvula interna de seguridad que nos permite liberar tensiones, disipar preocupaciones, relajarnos y olvidarnos de todo lo que nos pueda hacer desdichados”

La llave de las emociones positivas la tenemos nosotros, es fundamental buscar situaciones que nos hagan sentir bienestar como por ejemplo: bailar, pasear, reír, conversar con amigos, amar, y sobre todo usar la llave más importante a pesar de las situaciones “PIENSA BIEN, O LO MEJOR QUE PUEDAS, QUE TODO SE APRENDE”, deshazte de pensamientos negativos que sólo conducen a respuestas y emociones dañinas y perjudiciales, todas esas emociones se enquistan y provocan mucho daño emocional.

Cuando utilizamos palabras negativas de forma continua “esto es terrible” “esto es espantoso” “no puedo más” “no valgo” “seguro que me vuelve a pasar” “por qué a mí”… de tanto repetirlas terminamos creyéndolas y convirtiéndolas en verdades absolutas, sintiendo impotencia y un gran malestar emocional que genera emociones sumamente dañinas y desagradables debido a todas estas expresiones negativas que tantas veces nos contamos a nosotros mismos, permitiendo con esta narrativa que nuestro cerebro funcione y responda, en base a todo ello, como si realmente fuera cierto.

El cerebro funciona por repetición. Repite las cosas una y otra vez. Cuando algo tiene especial importancia para él, nuestro cerebro responde y produce una respuesta emocional, de alerta y de activación. Sea buena o mala, el cerebro repite esa misma respuesta una y otra vez ante el mismo estímulo. Por ejemplo, ¿qué pasa por nuestra cabeza cuando escuchamos aquella canción especial o aquel recuerdo tan importante y maravilloso para nosotros? La canción o el recuerdo hacen que nos vengan a la cabeza, no sólo el recuerdo de lo que ocurrió, sino también todas las sensaciones que nuestro cerebro tiene relacionadas con aquella situación tan especial.

También lo negativo lo aprendemos por repetición. Si nuestro cerebro aprende a funcionar mediante pensamientos negativos, eso es lo que volverá a hacer una y otra vez. La ansiedad, por ejemplo, funciona de la misma manera, se queda "enganchada" y se activa cada vez que algo se lo recuerda al cerebro. Cuando vamos siempre por el mismo camino, llegamos siempre al mismo sitio. ¡Enseñemos al cerebro a pensar de forma diferente y a tomar caminos diferentes, simplemente para ver qué ocurre!

Es importante darnos cuenta que entre los muchos pensamientos y actitudes que tenemos hay muchas cosas equivocadas y no somos conscientes de ello. Aprender a observar y a detectar pensamientos, actitudes y creencias que nos perjudican y tener estrategias, recursos y habilidades para combatirlos y afrontar las situaciones de nuestra vida es algo que se aprende y es fundamental. Podemos aprender a vivir y a disfrutar.

Si nos convencemos de que somos capaces de hacer algo concreto, por difícil que sea, terminaremos consiguiéndolo. Pero si por el contrario nos repetimos continuamente que somos incapaces, que no podemos, que no valemos, terminaremos convirtiendo un grano de arena en una montaña imposible de escalar pues nuestro punto de partida será de total bloqueo e inhibición.

Vivir en el pasado y en los recuerdos tristes sólo trae tristeza, desgana, impotencia, bloqueo, amargura, depresión y en general todo tipo de emociones negativas y dañinas. ¡Lo que pasó, pasó! No podemos cambiar el pasado pero sí el presente. Miremos hacia delante y construyamos nuestro futuro trabajando nuestro presente, el día a día, el minuto a minuto, el segundo a segundo.

Tampoco se trata de que los demás cambien para que nosotros podamos sentirnos mejor. Se trata de aprender a cambiar nosotros para ser los responsables de nuestras propias consecuencias. ¡Si no podemos cambiar la situación cambiemos nosotros¡ y para conseguir este cambio el pensamiento juega un papel fundamental.

Lo importante es aprender a detectar los errores para aprender de ellos. Hay que vivir el día a día, el minuto a minuto, el segundo a segundo, hay que aprender del pasado para no cometer los mismos errores. Los errores no hay que verlos como fracasos sino como mecanismos para aprender y poder, a través de ellos, salir fortalecidos. Cuantos más errores más intentos y cuantos más intentos mejor aprendizaje.

Lo importante no es lo que nos ocurre, sino cómo nos lo contamos, cómo lo percibimos, cómo lo afrontamos, cómo lo resolvemos. Las palabras que verbalizamos o que pensamos tienen gran poder para modificar nuestro estado de ánimo o nuestro comportamiento. Por ejemplo, las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las críticas en jueces prepotentes; las autodescalificaciones nos bloquean (pobre de mí, todo lo hago mal, soy un inútil…) y nos derrotan de antemano, si nos contamos que estamos enfermos nos sentiremos enfermos y actuaremos como tal. Si aprendemos a ser conscientes de ello las utilizaremos con mucho cuidado, pues cada vez que las usemos estaremos creando algo, tanto bueno como malo.

Cuando pensamos de forma intensa en algo, esa idea cobra fuerza y es mucho más fácil que suceda. Si pensamos que vamos a equivocarnos, que lo vamos a hacer mal, que no somos capaces… incrementaremos nuestras probabilidades de fallar. Esto se debe a que los pensamientos negativos producen emociones negativas, si yo pienso: lo haré mal, mi emoción será la inseguridad y por tanto tendré muchas probabilidades de que mi comportamiento al respecto sea más ineficaz y me inhiba o me bloquee. En lugar de pensar en un resultado negativo, es mucho mejor centrarnos en qué hacer o en cómo resolver la situación de la mejor forma posible y esto nos va a predisponer a enfrentarnos mucho mejor a cualquier situación.

Rumiar sin parar aquello que nos preocupa no sólo no sirve para nada, sino que es muy dañino además de causar gran fatiga emocional. Siempre es mejor actuar y analizar consecuencias que inhibirnos o contarnos películas cuya narrativa sea nefasta, dañina y cargada de errores cognitivos.

Cuando los pensamientos están cargados de ira, de resentimiento, de desánimo, de preocupación o de cualquier otra emoción negativa hace que automáticamente tomemos decisiones inadecuadas y muy diferentes de como lo haríamos en otras condiciones emocionales más optimistas y positivas.

No hagamos anticipaciones negativas pues casi siempre van a estar basadas en creencias erróneas que terminamos creyéndolas y convirtiéndolas en verdades absolutas a partir de las cuales montamos todo nuestro comportamiento. Generalmente cuando no son positivas suelen estar guiadas por nuestros miedos e inseguridades. Por ej. “si alguien no me llama por tfno. (cuando yo espero que lo haga) o pasa a mi lado y no me saluda… mi mente rápidamente organiza toda una realidad en torno a ello y deduzco que está enfadado conmigo, que no me quiere saludar, que algo tiene en mi contra, que si no me llama por algo será…” Creamos realidades en base a elementos sueltos o a elucubraciones y películas que nos montamos pero sin una base sólida y real que las justifique. Siempre es mejor preguntar y esperar que sacar conclusiones precipitadas y erróneas.

Con las enfermedades actuemos de la misma forma. No anticipemos preocupaciones o desastres que no sabemos si realmente van a ocurrir o no, pues estaremos sufriendo inútilmente por algo que la mayor parte de las veces nunca ocurre. Los problemas o las enfermedades hay que enfrentarlos y resolverlos cuando realmente se presenten y hacerlo de la mejor forma posible y con las mejores expectativas por nuestra parte pero no cuando no se han presentado todavía y que posiblemente nunca se presenten.

Gastamos demasiado esfuerzo y demasiado tiempo en preocuparnos por cosas que nunca suceden, el aprender a controlar nuestros pensamientos nos puede ahorrar mucho sufrimiento y mucha ansiedad. Cualquier pensamiento que llega a nuestra mente lo damos como cierto y montamos toda una serie de emociones en base a ello. ¡Gran error!, pues muchas veces somos incapaces de filtrar lo que es real de lo que es una creencia errónea. Una misma situación puede interpretarse de muy diversos modos y todo va a depender de nuestros pensamientos, por ello aprendamos a controlar los pensamientos y a potenciar los que ayudan a resolver y no perdamos tiempo ni energía en mantener los que generan daños innecesarios.

Si estamos tristes por recuerdos dolorosos o por unas circunstancias concretas, solemos pensar en todo con un tinte de tristeza, desánimo y melancolía, esto condiciona enormemente nuestras posibilidades de sentirnos bien, alegres, optimistas... Podemos llegar a pensar que nadie nos quiere, que nos olvidan, que nada saldrá bien, que no valemos, que pocas cosas merecen la pena... Somos libres para pensar, para tomar decisiones, por ello aprendamos a pensar pero sin hacernos daño.

Las psicoterapias buscan que la persona tenga toda la información posible sobre el papel que pueden jugar los pensamientos, las emociones y los comportamientos tanto en su bienestar como en su salud, cómo controlar aquello que pueda resultar ineficaz y negativo, qué errores cognitivos o comportamentales están impidiendo el desarrollo de aprendizajes adaptativos, qué hacer y cómo hacerlo para potenciar actitudes más positivas que le ayuden tanto a recuperarse como a atenuar las consecuencias desagradables y dañinas. En definitiva qué se puede hacer en cada caso particular para resolver situaciones que impiden llevar una vida con la máxima calidad posible.

¡Si pensamos que podemos, podremos! ¡Si pensamos que estamos vencidos los estaremos! ¡Si pensamos que no nos atrevemos no lo haremos! ¡Si pensamos que estamos enfermos nos comportaremos y nos sentiremos como tal! Todo está en nuestra mente. Salimos adelante cuando creemos que podemos hacerlo. La actitud es mucho más importante que el pasado, el pasado no podemos modificarlo, tampoco podemos cambiar lo inevitable, lo que sí podemos cambiar es el presente para  a través de él mejorar nuestro futuro pero sobre todo nuestra actitud ante los problemas y ante la vida en general. No nos convirtamos en víctimas de nuestros propios pensamientos, aprendamos a modificarlos para utilizarlos en nuestro propio beneficio y poder afrontar de la mejor manera posible las adversidades.

Estamos siempre buscando el porqué de nuestro malestar y nos olvidamos de lo más importante y de lo que realmente provoca este malestar, y no es otra cosa que nuestra propia actitud, nuestros propios pensamientos negativos destinados a incrementar el daño tanto el real como el creado por nuestra propia imaginación. Seguro que si lo pensamos detenidamente nos sentimos identificad os con ello. Propongámonos la tarea de comenzar a deshacernos de esa forma tan negativa de enfrentarnos al mundo. ¡Al principio, como todo aprendizaje, nos costará pero después habrá merecido la pena!

Una persona cuyos pensamientos ante la vida son negativos es una persona que está en continuo estado de ansiedad y no hay nada que provoque mayor daño físico y mental que dejar que la ansiedad se adueñe de nuestras vidas, nos acompañe y tome fuerza, pues la tensión que generemos con ella se encargará del resto.

Recordar siempre que no hay edad para aprender a potenciar pensamientos positivos y gratificantes, siempre podemos aprender sin importar la edad que tengamos. Cuanto más tiempo dediquemos a su aprendizaje mayor beneficio aportaremos a nuestra salud. Los pensamientos positivos siempre van a venir acompañados de emociones positivas y por ello gratificantes. Los pensamientos positiv os son totalmente incompatibles con emociones negativas, dañinas y perjudiciales. Por tanto todo el tiempo y energía que invirtamos en ello habrá merecido la pena pues nuestro bienestar físico y mental dependerán de ello.

Recordar también que aprendemos por repetición, repitamos todo aquello que nos resulte eficaz y nos aporte seguridad, bienestar físico y mental y eliminemos lo que nos aporte malestar y sufrimiento. El sufrimiento es inútil y altamente dañino para la salud por ello no invirtamos tiempo en aprender a desarrollarlo. Hagamos justamente lo contrario y habremos ganado la batalla al pensamiento negativo y al malestar físico y mental que conlleva este tipo de pensamiento. El aprender a desarrollar el pensamiento positivo contribuirá a mejorar nuestra salud física y mental y con ello nuestra calidad de vida se verá altamente beneficiada.

Por último recordar que:

  • ¡Si no podemos cambiar la situación cambiemos nosotros¡ y para conseguir este cambio  el pensamiento juega un papel fundamental!
  • ¡Pensar es gratis, no cuesta dinero pero aporta tanto beneficio, que ni todo el oro del mundo podría servir para comprarlo!

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