En la búsqueda del bienestar de las personas muy mayores y sus familias

 

Autora: Lic. Liliana Kizlansky - Psicologa.U.B.A.

El estar segura de la posibilidad de cambio en la calidad de vida de las personas muy mayores y sus vínculos, guía mi trabajo y sostienen el impulso con el que desarrollo mi tarea.

A veces dada la situación, parece imposible el cambio, pero este aparece, y las situaciones mejoran...

Otras veces las personas solo consultan para asegurarse que el cambio es imposible, y en este caso es más difícil, pero algo se mueve, y algo se reacomoda en su forma de vivir.

Trabajar con gente de edad mayor implica saber que les puede estar pasando, física y emocionalmente, de acuerdo a la etapa vital en que están.

Considero que el abordaje debe ser triple: el medico tratante, las entrevistas y estimulación a la persona mayor y el contacto y asesoramiento al grupo familiar.

El anciano no es el mismo que el que fue, pero siempre puede estar mejor en su situación actual, física, emocional, familiar y social.

La vejez, va asociada con declinación mental y física, que puede ser mas o menos grave.

Generalmente las funciones están retardadas, a veces algún órgano o función ha quedado dañado o disminuida seriamente su capacidad.

Hay fallas de la memoria, olvidos, repeticiones de lo dicho en corto tiempo, sin conciencia de la repetición.

Otras, son dificultades o inhibición del movimiento, o las personas padecen dolor.

A veces toman conciencia de su discapacidades, otras no, tampoco se dan cuenta de aquellas que tienen que ver con su carácter y su forma de ser.

Pero se ven "viejos", y el verse con la perdida de sus potencialidades previas, el no poder vincularse con facilidad con otros, el no poder realizar las tareas a las que estaban acostumbrados, van generando impotencia, enojo y aislamiento, que, como un circulo vicioso, uno re-alimenta al otro, cada vez mas.

A veces quedan instalados en la depresión, y a veces, hasta la violencia se desata.

Cuando me convocan por una persona muy mayor, encerrada, enojada, reclamante, no feliz, comienzo observado todo la situación, viendo desde donde se pueden potenciar las capacidades preservadas de esa persona, para mejorar su calidad de vida.

Hablo con el medico tratante, para ver su estado biológico y los cuidados necesarios, las posibilidades reales para generar un cambio en su estancamiento, lo que puede o no, lo que hay que estimular, la medicación que toma y sus efectos colaterales.

Investigo su sociabilidad, que recuerda, que le gusta y busco que se contacte con ello y se repita, ciertas canciones, ciertas habilidades manuales y fundamentalmente busco espacios en interacción con otros de su edad.

Incentivo estimular momentos los momentos de satisfacción, y mejorar sus vínculos, intervengo para que se reencuentre con otros, busco mediar en las viejas rencillas.

A veces acompaño al anciano a ayudarlo a conectarse con grupos de su edad.

Todo esto respetando y reconociendo las necesidades del grupo familiar que conserva el geronte.

Hablo con los hijos, desde el lugar de comprender sus esfuerzos, hablo con las personas cuidadoras que los acompañan, limando diferencias, generando el reconocimiento de unos con otros, reuniéndome con el hijo o los hijos cuidadores, para reflexionar sobre todo esto, buscando estrategias para que todos puedan vivir mejor.

Las personas muy mayores pasan por dos momentos distintos: donde pueden aun manejarse con cierta autonomía, y donde ya deben estar permanentemente acompañadas y cuidadas.

El grado de la afección o deterioro biológico, no impide que la persona muy mayor, sienta, quiera o sufra, pues todos los humanos nos damos cuenta si somos queridos y cuidados, queridos y respetados.

La persona mayor necesita sentirse valiosa para su familia y su entorno, necesita sentirse querida y respetada.

El valor, para la persona muy mayor, a veces esta en el reconocimiento a su trayectoria el amor de los que los rodean, otras, en aquellas personas que no pudieron desarrollar buenos vínculos afectuosos, el valor queda depositado en el manejo del dinero.

Si su vida ha sido la de una persona trabajadora y hay armonía con los hijos, este estadio de la vida, es mas pacifico, si en su vida quedaron quejas dolorosas pendientes desde los hijos, de acuerdo a la forma de ser de la persona mayor, el enojo sigue instalado en la familia,

A veces, existe aun cierta posibilidad de hablar y reconocer errores, otras, es imposible.

Apelar a reconocer el dolor que esto implica, y la posibilidad de ver, ante las elecciones posibles, la plasticidad de un cierto olvido piadoso(lo que no es fácil), o seguir sintiendo y actuando igual y durante el resto de la vida de la persona mayor, y aun muerto, enojo, rabia, y rencor. (lo que a la vez impide la utilización de esa energía estancada y también sigue lastimando a la persona que lo siente)

Dicen que esta la bendición de recordar y la bendición de olvidar, y esto vale para el anciano y su grupo familiar.

Las crisis de la familia recrudece fuertemente en la época de desvalimiento, (donde el geronte no puede ser dejado solo, olvida apagar el fuego, vestirse adecuadamente, etc.).

El otro tema muy difícil es el aspecto económico, lo necesario para pro -veer los cuidados que el mayor necesita, como se maneja el dinero del anciano, que hijo se hace cargo del cuidado, todo esto, genera profundas tensiones entre los hijos, y también hay crisis con los otros miembros de la familia, esposos, nietos, pues si el anciano se incorpora a un hogar, modifica los ritmos, comunicación y funcionamiento de todos los que allí viven.

Todos opinan, todos juzgan, todos están tensos.

Aun cuando la adaptación haya sido buena, y si el anciano ha preservado el movimiento y un buen nivel de conciencia, en su familia, (si vive con ellos), se siente perdido, en un mundo donde todos corren por sus horarios, donde en general no se vive como en otra época donde estaban todos juntos participando en tareas en común, y donde las personas mayores compartían todos los momentos familiares.

El anciano, se siente desubicado, se aburre, se entristece, se enoja, reclama, se enferma.

Para los hijos, estar con los ancianos, implica una atadura, una obligación moral, económica, y social, que impide desarrollar con libertad, el momento de vida en que están, no disfrutar la actividad y sociabilidad que podrían vivir, pues también los hijos saben que están envejeciendo, y ver sus padres ancianos se los recuerda.....

esta etapa es muy difícil, para la persona mayor y para su familia.

A veces los ancianos quedan solos, acompañados por obligación por auxiliares, y sin alegría.

A veces la familia, ante la gravedad del cuadro del geronte, o por imposibilidad de tenerlo en la casa, debe decidir internarlo, lo que moviliza fuertes sentimientos de culpa.

Transitar por esta etapa de la vida, no es fácil, pero si el bienestar de todos supera los momentos ineludibles de crisis y dolor, la vida es mejor vivida.

Mientras se pueda hablar de lo que se siente, acompañar en esta etapa o, ayudarse entre todos en los esfuerzos, la persona muy mayor vive y finaliza su vida de una manera más humana.