La Hipocondría: Definición, causas y consejos para superarla

 

Autora: Inma Ortega López


La hipocondría podría definirse como un miedo y preocupación excesiva e irracional a sufrir alguna enfermedad, y la consiguiente obsesión y seguridad de que es así, al más mínimo síntoma o cambio en nuestro cuerpo.


Aquel que padece este trastorno vive permanentemente alerta ante cualquier señal de su cuerpo que pueda hacer sospechar  de una enfermedad, y por tanto esto le lleva a un estado de angustia e inquietud realmente agotador.


La hipocondría puede surgir de la nada, como un rasgo más del carácter que nos inclina a ella, y es más habitual en personas negativas y con propensión al pesimismo; en algunos casos el desencadenante de esta hipocondría puede ser el haber padecido alguna enfermedad real más o menos grave, y a partir de ella comienza  la obsesión con la falta de salud.


Aunque lo más habitual y el tópico que todos conocemos es el de la persona que se pasa el tiempo de consulta médica en consulta médica solicitando pruebas y análisis, no siempre es así, otro tanto por ciento nada despreciable se sitúa en el otro extremo y prefieren vivir con el miedo y la preocupación flotando siempre a su alrededor antes que acudir al médico, porque el pánico a que sus sospechas puedan resultar ciertas los paralizan.


Como muchos otros trastornos la diferencia entre que esta hipocondría sea un problema grave que incluso nos inhabilite para llevar una vida normal, o simplemente una preocupación excesiva pero más o menos controlable, es una cuestión de grado.


En el primer caso será conveniente buscar ayuda profesional que nos ayude a superar esta situación, para los casos más leves siempre podemos hacer un ejercicio de superación de este problema por nosotros mismos.


Hay además que tener cuidado y tratar de salir de esta espiral en la que nos envuelve la hipocondría, porque esa angustia nos genera estrés, el estrés baja nuestras defensas, y por tanto de alguna manera precisamente esa preocupación por la salud nos puede arrastrar justo dónde no queremos, por no hablar de cómo muchas veces incluso esos síntomas que hemos creído descubrir no existen, si no que los crea nuestra propia mente y la observación obsesiva y excesiva de nuestro cuerpo.


Lo más importante es ser conscientes de que realmente la irracionalidad se ha instalado en nuestra mente,  saber que las probabilidades reales de enfermedad siempre son inferiores a las de estar sano, y que la mayoría de los síntomas que creemos tener tienen explicaciones sencillas.


Es necesario ante todo no dejar que se instalen los pensamientos negativos ni nos controlen. Nosotros debemos poder controlarlos a ellos, para ello hay que ir practicando, al principio nos costará más, pero poco a poco iremos aprendiendo a hacerlo. Cuando alguna duda o miedo empiece rondar por nuestra cabeza no debemos permitir que se desarrolle alentándola y dándole vueltas, debemos cambiar de actividad, concentrarnos en alguna tarea, evadirnos pensando en cualquier otra cosa.


Evitemos siempre los programas, lecturas, y conversaciones sobre enfermedades, cualquier hipocondríaco sabe que tras esas informaciones, siempre encuentra algún síntoma parecido en su cuerpo, o como poco se queda en su mente el miedo a padecerlos en algún momento.


Y sobre todo, nunca consultar por Internet los indicios de posibles enfermedades, no tenemos el conocimiento necesario para discernir la información veraz de la que no lo es, y aunque ésta sea seria y real, siempre será demasiado general  y para curarse en salud, nunca mejor dicho, apuntando siempre al peor de los casos. Debemos recordar que cada persona y cada caso es diferente y único.


Si aún así vemos que no somos capaces de resolver y paliar el problema por nosotros mismos, lo mejor antes de seguir nuestro periplo de consulta en consulta, es acudir a un buen psicólogo, ahorraremos tiempo y padecimiento innecesario.