Hombres Y Mujeres ¡Cada Vez Menos Diferentes En Lo Sexual!

 

Autores: Marta Mero Psicóloga

Partiendo del hecho de que todos los seres humanos somos sexuados, y que por tanto la sexualidad es una cualidad intrínseca que nos caracteriza, ¿dónde estarían las diferencias en cuanto al desarrollo y/o uso que hacemos de ella?

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Según un trabajo conjunto de la Universidad de Salamanca (Usal) y la Universidad de Cantabria (UNICAN) con adolescentes españoles de tres comunidades autónomas se reducen las diferencias entre ambos sexos en:

  • Tipo de prácticas sexuales que se llevan a cabo (sexo oral, vaginal, etc.).
  • Actitud y/o control sobre las prácticas sexuales. Ya no son los chicos los que toman la iniciativa a la hora de iniciar un posible acercamiento. Ambos (chicos y chicas) se implican de la misma manera.

En cambio sigue habiendo diferencias significativas en cuanto a la motivación que mueve a unos y otros en las relaciones:

  • Los chicos siguen buscando más rellenar aspectos sexuales, las chicas buscan más afecto.

Si atendemos a condicionantes internos, dentro de nuestro arsenal pre-instalado, poseemos lo que se conoce como: Sistema de Apego, que no es más que una tendencia innata a crear "lazos afectivos" con un reducido número de personas, que nos impulsa a buscar proximidad y contacto con ellas a lo largo del tiempo. Se pone en marcha desde el nacimiento y tiene un valor altamente adaptativo, ya que nos asegura la supervivencia.

Según desarrollamos estas primeras relaciones de apego en la infancia, se crean unos determinados patrones mentales , que servirían de modelo de base sobre cómo deben ser para nosotros las relaciones íntimas.

Estos esquemas de apego condicionan nuestras futuras relaciones en dos aspectos:

  • La vinculación afectiva: determinaría como nos relacionamos con el otro en la parte puramente emocional.
  • El sistema sexual: que incluiría unos conceptos de qué significado, y por tanto pretensión tendrían las relaciones sexuales.

Llevan un funcionamiento en paralelo, pero están interconectados en mayor o menos medida. Y es en esta unión dónde surgirían las primeras diferencias. Según numerosos estudios, los chicos tienen una mayor tendencia a separar ambos mecanismos, pudiendo funcionar perfectamente de una forma más "fría" en situaciones de intimidad afectivo-sexual. En cambio las mujeres tenderían de forma innata a relacionar más estas dos vías de funcionamiento.

Por otro lado, atendiendo a las variables más ecológicas u ambientales, ejercerían un gran peso los prejuicios, expectativas, y la educación diferencial en ambos sexos.

En cuanto a los prejuicios: se confunde "pureza" con "puritanía". Los valores religiosos de origen católico que están en la base de muchos valores de nuestra sociedad sitúan a la mujer en un escalón de "debida apariencia virginal"; mientras que el hombre no se devalúa por el tipo/número de relaciones. Todo esto sigue provocando conductas de carácter "represivo" en la mujer, que por mantener una buena apariencia no da rienda suelta a sus instintos; tanto a nivel público como privado. En el caso de la masturbación, por ejemplo, la mujer tarda más en empezar a ejercitar dicha práctica, y siente un mayor grado de culpa asociada que el hombre. Estas ideas irracionales y preconcebidas se han reducido considerablemente desde la incorporación al mundo laboral de la mujer. Esto le ha dotado de una independencia económica y social que le ha dado poder en relación al rol que se supone que debe desempeñar. Este dominio de competencias se traduce en una búsqueda de igualdad también las relaciones íntimas de pareja.

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Al mismo tiempo, la educación promueve unos roles que nos estimulan y sensibilizan de forma muy distinta. Lo que la mujer se supone que debe hacer entra dentro de un perfil de sensibilidad, ternura, sutileza, etc; mientras que el hombre todo lo contrario. Estos modelos se están invirtiendo en las últimas décadas. Cada vez podemos ver más chicas con roles, que hace años eran exclusivamente para chicos (beber grandes cantidades de alcohol, vestir desaliñadas, empezar a formar parte de cargos con alto grado de responsabilidad en lo profesional.) y viceversa (chicos que se depilan, usan cosméticos, se preocupan por la moda, ejercen de "amas de casa".).

Por otro lado, las expectativas que giran en torno a la mujer moderna ya no se encuentran en torno a una mujer dedicada a las labores del hogar y el cuidado de los hijos. Más bien la mujer exitosa entra dentro de un perfil de competencias curriculares y sociales, con derechos a "oportunidades" tanto profesionales como de ocio igual que el varón.

Sin duda, hemos avanzado, hacia una apertura al desarrollo sexual satisfactorio. Hemos distanciado las diferencias entre hombres y mujeres, pero, ¿realmente necesitamos ser iguales en la vivencia de nuestra sexualidad?

Tener una vida sexual satisfactoria no tiene porque llevar implícito una igualdad de formas y si de oportunidades.

En definitiva, debemos potenciar nuestras cualidades individuales (femeninas o masculinas) para llegar a un mayor número de posibilidades que enriquezcan nuestra sexualidad. Y la mejor forma para ello es respetar cada espacio del otro y jugar con una combinación que nos enriquezca, y que jamás nos lleven a una lucha de poder.

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