Dependencia emocional: Un mundo de príncipes y princesas

 

Cuando somos apenas unas niñas nos enseñan cuentos de princesas y príncipes que deben rescatarnos. Mientras a los niños los educan para reprimir sus emociones y ser en el futuro “hombres fuertes, valientes”. ¿No sería maravilloso que no hubiera princesas que salvar ni príncipes que tuvieran que reprimir sus emociones para parecer más fuertes?”

¿Qué es el amor romántico? Este tipo de amor, “amor romántico”, muy en auge en estos momentos, ha inculcado en nuestra sociedad, una serie de valores distorsionados sobre el amor. Caracterizándose por dependencia, subordinación y obediencia dentro de la relación.

El amor romántico da lugar a un tipo de relaciones no explicitado dentro del grupo de los 7 tipos de relaciones de la teoría triangular de Sternberg (1988), “relaciones tóxicas”. Este tipo de relaciones crean “adicción”, sintiéndose las personas involucradas incapaces de poner fin a las mismas. En ocasiones, por el temor al abandono o pérdida, no aceptando de ninguna manera la ruptura.

Este tipo de amor, es un tipo de amor que se da solamente en las culturas occidentales, es relativo a la cultura y por tanto, no es ni universal ni constante. Este tipo de amor sería el amor idealizado de cada uno, con un valor ensalzado, puro, universal, eterno e irracional que supera todas las barreras y que concebimos como forma única de tener pareja estable y formar una familia.

Por estos motivos, por estas razones, este tipo de amor, o mejor dicho, la dependencia emocional en concreto, se ha convertido en un tema muy relevante para la Psicología.

Desde que nacemos nos enseñan a amar, aprendemos qué es lo que esperamos de una pareja, y acompañando a estos aprendizajes, una “pizca” de dependencia emocional los transforma en apegos viciados.

Esta dependencia emocional que transforma nuestros sentimientos, es una necesidad extrema y enfermiza que alguien siente hacia otra persona, a lo largo de sus relaciones de pareja.

Pero, ¿qué caracteriza a la dependencia emocional? Una de las principales características que sufren estas personas es que les horroriza la mera idea de quedarse sol@s, temen la soledad. Esto determina que la ruptura de una relación implique el inicio de una nueva rápidamente. Por tanto, las personas con dependencia emocional son incapaces de vivir y disfrutar su vida ellos mismos, necesitan vivir y disfrutar con alguien. El tiempo necesario para depurarse tras una ruptura no lo tienen, fomentando relaciones muy desadaptativas y exponiéndose a cometer los mismos errores que conllevaron a la ruptura de la relación anterior.

Además, las personas que sufren dependencia emocional necesitan un acceso constante a la persona de la cual dependen. Esto se traduce en un constante control sobre la vida del otro.

Dado que la persona con dependencia emocional tiene excesivo miedo a quedarse sola, subordina sus expectativas y planes a los de la persona de la cual depende. Su prioridad es no permanecer sola, y por ello, “debe” mantener content@ al otr@, sólo así, piensa la persona con dependencia emocional, la otra persona permanecerá a su lado.

Para la persona con dependencia emocional, la vida no tiene sentido sin la pareja, “necesitan” estar con el otro. En consecuencia, el “amor” se traduce en “necesidad”.

Generalmente, todas las personas compartimos con los demás nuestros logros, pero en el caso de la dependencia emocional, la aprobación es imprescindible, necesaria, para poder otorgar a estos logros el valor que les corresponde.

En el cuadro de dependencia emocional, aparece una idealización de la pareja, negando rotundamente sus defectos y planteando un futuro con la persona recién conocida.

Las personas con dependencia emocional se creen incompletas, insatisfechas. Para ell@s, los mitos como “la media naranja”, “el príncipe azul”, etc., rigen su vida amorosa.

  • Mito de la “media naranja”: la primera alusión al concepto de la búsqueda de la "media naranja" aparece en la obra El banquete, de Platón. En el libro, tras un copioso festín, Aristófanes cuenta a los asistentes que, en una época remota, los humanos eran seres redondos, como naranjas; tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando. Estos seres podían ser de tres clases:
  1. Uno, compuesto de hombre + hombre
  2. Otro de mujer + mujer
  3. Y, un tercero (lo llamaba el ‘andrógino’), de hombre + mujer.

Estos quisieron enfrentarse a los dioses y escalar el cielo, pero Zeus los castigó cortándolos en dos. Desde entonces, narraba la obra de Platón, cada mitad busca a su otra mitad para fundirse con ella para siempre en un abrazo.

Media Naranja

El mito de la media naranja pone su acento en la búsqueda pero no en el encuentro. Sostiene la idea que sólo hay una llave para cada cerradura. Buscar lo que no tengo en el otro es tener la ilusión que una pareja es un salvavidas.

Por supuesto que hay pares complementarios que nutren la relación amorosa y dan equilibrio a la vida cotidiana. No es lo mismo complemento que completud. Se trata de encontrar a alguien que te devuelva paredes y no buscar alguien que construya muros.

Al fin y al cabo, todas las personas nacemos solas y morimos solas. Compartir el tiempo con una persona que te enriquezca y te respete es la mayor de las suertes, siempre que se mantengan la independencia y autonomía de las mismas. No debemos olvidar que la parcela más grande de nuestra vida la cubrimos nosotras mismas/os.

  • Mito de “Todo el mundo encuentra a alguien”. Este mito incide sobre la necesidad de vivir buscando a esa persona que “debe” acompañarte.

Puede que encuentres a muchas personas a lo largo de tu vida con las que quieras establecer una relación o también puede que no. Y no pasa nada, cada uno vive la vida como puede y como quiere.

  • Mito del “Amor a primera vista”. "Cuando encuentre al amor de mi vida, le reconoceré a primera vista". Otro gran mito. Eso sólo pasa en las películas. ¿Reconociste a primera vista a tu mejor amiga? Pues lo mismo sucede con el amor.
  • Mito del “príncipe azul”: ¿Qué posibilidades tenemos de encontrar en nuestra vida a la persona perfecta para compartirla? ¿Y cuáles, si tenemos la suerte de hallarla, de pasar el resto de nuestra existencia con ella?

En mi opinión, prácticamente no ninguna. No existen las personas perfectas, y mucho menos, perfecta para acompañarnos en este viaje. Existen personas que nos hacen crecer y nos dan la mano, para ir a la par, recorriendo este camino.

La idea anticuada de príncipes y princesas se alimenta probablemente de la fantasía de los cuentos infantiles, donde siempre una princesa bella, virtuosa, comprensiva y complaciente termina feliz y contenta en los brazos de un guapo príncipe, noble, fuerte y valiente, que tras arriesgar su vida en innumerables ocasiones, ya sea con brujas hechiceras y malvados que encarnan la envidia y la mezquindad, llegan hasta ellas.

Este mito nos hace caer en el gran error de buscar al ser perfecto, ideal, dando lugar a la infelicidad que ello supone.